Pregones Semana Santa Catral 2017-2010

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN 2017

A cargo de  Clara Armengol Calvo

Reverendo Señor Cura Párroco de los Santos Juanes.

Reverendos Sacerdotes que nos acompañáis.

Ilustrísimo Señor Alcalde y Corporación Municipal.

Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades.

Cofrades y fieles todos.

¡BUENAS NOCHES!

A todos vosotros vaya mi saludo más cordial en esta noche del Pregón, especialmente a los que no podéis asistir y nos veis a través de la televisión.

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Es un honor para mí presentar al pregonero de la Semana Santa 2017, de Catral: mi tío Pedro Calvo Úbeda.

Quién le iba a decir a él que iba a ser yo la que llevara a cabo su presentación. Ni yo me lo hubiera imaginado nunca, ni él tampoco.

Pero vayamos al grano:

Pedro Calvo Úbeda nació en Catral el 14 de julio de 1957. Nace en el seno de una familia humilde y trabajadora, que le transmitió no solamente la vida, sino también una profunda fe cristiana y un verdadero amor a Dios y al prójimo.

Sus padres fueron Pedro Calvo, conocido como Pedro el de la tía Municipala y María Úbeda, más bien conocida como María la Carrasca.

Desde bien pequeño ya sentía la vocación al sacerdocio.

Contaba mi abuela que apenas sabía pronunciar palabra y al preguntarle por lo que quería ser de mayor siempre respondía: “yo cura “.

Su infancia fue como la de cualquier otro niño de aquella época, se desarrolló en la calle entre juegos que a buen seguro que todos conocéis o recordaréis: cromos, canicas, etc., entre otros muchos.

A la edad de cuatro años inició sus estudios en el colegio Azorín de Catral. Sus maestros siempre destacaron su buen comportamiento y sus ganas de aprender.

Un 2 de noviembre a la edad de nueve años, tras salir del colegio y llegar a casa, le dieron la feliz noticia de que su hermana María Dolores había nacido. Tanta era su alegría, que iba casa por casa diciendo: “¡Tengo una chiquita!”, “¡Tengo una chiquita!”.

A los diez años ingresa en el colegio Santo Domingo de Orihuela, donde permaneció como estudiante hasta terminar el Bachillerato.

El verano en el que finalizó sus estudios de Bachillerato, los padres franciscanos pasaron por casa a dejar los almanaques de Espigas y Azucenas, como era habitual. Hablando con ellos, mi tío les comunicó su intención de ser sacerdote, a lo que Fray Pablo, que era quien venía repartiendo los almanaques, le preguntó: “¿Te da igual ser cura que fraile?”. A lo que él respondió que sí, que le daba igual una cosa que otra, que él lo que quería era cantar Misa y darse a los demás.

Por eso, en septiembre de 1975, a los dieciocho años ingresa en el seminario de los Padres Franciscanos de Hellín (Albacete) donde termina el curso de COU.

Un año después, en 1976, realiza el noviciado en el convento de Nuestra Señora de las Huertas, de Lorca (Murcia).

En este tiempo se dedicó a aprender en qué consiste ser franciscano, al estudio, a la oración y a las tareas conventuales. Tras acabar el noviciado, tomó el hábito franciscano un 28 de agosto de 1977.

Prosiguió sus estudios eclesiásticos de Filosofía y Teología, durante cinco años, en el Convento de Santa Catalina del Monte, de Murcia.

El 3 de octubre de 1982, año en que los franciscanos celebraban el 8º centenario del nacimiento de san Francisco, hizo su Profesión Solemne en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma. Privilegio que muy pocos religiosos pueden ostentar.

Y el 26 de junio de 1983 llegó el día más esperado por él y toda su familia. Su Ordenación Sacerdotal, que tuvo lugar en el Convento franciscano de Hellín, ante su adorada imagen de la Inmaculada Invicta.

Una semana después, el 3 de julio celebró su Primera Misa cantada en esta parroquia de los Santos Juanes de Catral. El pueblo entero quiso compartir ese momento tan importante para él y su familia, y para ello decoraron la calle pintándola de alegres colores y adornándola con banderas y gallardetes. Todo Catral lució ese día sus mejores galas para acompañarlo.

Su primer destino como sacerdote, con el fin de que se diera a los demás, fue al Colegio de La Inmaculada de los padres franciscanos de Cartagena, donde ejerció durante once años de profesor, de director espiritual, de encargado de pastoral, catequesis, etc.  (Como anécdota, nos contaba el padre Valenzuela, compañero suyo, que en los primeros momentos todo se le hacía cuesta arriba por la falta de experiencia, pero que con los años fue tomando el terreno y se hizo dueño del Colegio: alumnos, padres, profesores, todos tenían a gala ser amigos del padre Pedro). Tan bien tomó el terreno y tan bien aprendió la lección, que a los once años, es decir, en 1993, los superiores lo destinaron a Alicante, como Vicario parroquial y Superior de la Comunidad franciscana. Ahí ejerció su sacerdocio en la parroquia de San Antonio de Padua y siguió impartiendo clases en el colegio del mismo nombre. Pero sobre todo, ejerció de economista, aunque no tenía estudios ni formación adecuada. Resulta que la Comunidad franciscana se encontró con un desfalco económico por causas desconocidas. Y a mi tío le tocó hacer frente a semejante problema. Pues bien, quitándose a veces hasta el pan de la boca y privándose de cosas elementales y necesarias, saldó el déficit económico, arregló para mejor la vivienda de la Comunidad y dejó superávit cuando lo destinaron a otro lugar. Pero no todo fueron problemas en Alicante. Tuvo también sus alegrías, como cuando con otro religioso, fray Antonio Cifuentes, iban a los invernaderos a comprar flores y disfrutaban haciendo arreglos florales para la iglesia, o para el Monumento del Jueves Santo o para los tronos procesionales que salían de la misma.

Seis años después, en 1999, cambia de destino para dirigirse al convento de Ntra de los Ángeles de la ciudad de Hellín (Albacete), donde fue nombrado superior y donde ha pasado los mejores años de su vida como sacerdote y como franciscano. Junto a sus tareas sacerdotales, también siguió de profesor, impartiendo clases en el colegio de la Compañía de María. Las Cofradías de Hellín los nombraron pregonero de la Semana Santa de esa ciudad, Pregón que dijo en la tarde-noche del 12 de marzo de 2005.

En Hellín, la ciudad del tambor, mi tío formó también parte de la Peña Los Sereneles, en la que aprendió a tocar el tambor y los redobles típicos de aquella tierra. Todavía hoy, en la actualidad, mi familia y yo seguimos formando parte de esa peña tamborilera. Él, cuando puede, al llegar la Semana Santa, aprovecha para hacer alguna escapada y tocar el tambor junto a su peña.

Entre las anécdotas más curiosas de su paso por Hellín está la siguiente: Un día mi tío estaba limpiando uno de los claustros del convento. Era verano. Él tenía puesta una camiseta y un pantalón corto, tipo bermudas. Pero quiso el Señor que unas monjas clarisas, que asistían a un Curso de Formación en el convento, aparecieran por el claustro que él estaba limpiando. Con el fin de que las monjas no lo vieran en pantalón corto, él dejó los utensilios de limpieza y echó a correr. Las monjas, que nunca lo habían visto de tal guisa, pensaron que era un ladrón que había entrado al convento. Y empezaron a gritar como locas. “¡LADRONES, LADRONES!” A los gritos de estas, que estaban encabezadas por la Madre Reyes, acudieron todas las demás a perseguir al ladrón. Y echaron a correr detrás de mi tío. Mi tío corriendo por aquellos claustros para que no lo vieran y ellas corriendo como locas para alcanzarlo. Hasta que logró alcanzar la puerta de su habitación. Se metió dentro, se encerró con llave y trató de vestirse en condiciones. En esto llega  a la puerta todo el tropel de monjas que, gritando y tocando a la misma, decían: “¡PADRE, PADRE! ¡QUE HAY LADRONES EN EL CONVENTO!”. En esto sale él,  ya todo vestido y muerto de risa, y les dice: “¡EL LADRÓN ERA YO!”. Y ahí quedó la historia de los ladrones del convento.

En el año de 2005, sufre un nuevo cambio, esta vez de nuevo a Cartagena. Aquí vuelve a ejercer de profesor en el colegio de La Inmaculada y es responsable de la Pastoral del mismo, en el que todavía hoy sigue manteniendo el aprecio, la estima y la relación con muchos de sus profesores, padres y antiguos alumnos.

En el año 2011 le dan como destino Almería, más lejos de casa. Allí estuvo de párroco en la parroquia de San Agustín, durante un año, ya que el convento se cerró por escasez de vocaciones, enviándolo a Cehegín, al convento de Nuestra Señora de las Maravillas, primero como vicario y después como párroco.

Pasado un año, es decir, el año 2016, lo destinaron a Lorca, donde actualmente ejerce de párroco en la parroquia de “Santa María la Real de las Huertas”.

Cada cambio de destino ha supuesto para él un nuevo reto, en el que tenía que adaptarse a nuevos cambios, nuevas gentes, nuevas costumbres. Pero, de lo que sí que estoy segura es que, allá donde ha estado, me consta que ha dejado una huella imborrable por el contacto que aún mantiene y mantenemos con muchas familias.

Y esta es la breve semblanza de la  persona que la Junta Mayor ha elegido como pregonero de nuestra Semana Santa de 2017: la de mi tío Pedro Calvo  Úbeda, catralense de nacimiento y sacerdote franciscano por vocación.

Tío: Yo con esto doy fin a mis palabras. Ahora te toca ti decirnos las tuyas.

MUCHAS GRACIAS.

PREGÓN DE SAMANA SANTA,

por

D.PEDRO CALVO ÚBEDA

Catral, 2017

EXORDIO INTRODUCTORIO

O SALUTACIÓN INICIAL

Reverendo Señor Cura Párroco de los Santos Juanes, Don Alejandro Lucas.

Reverendos Sacerdotes concelebrantes, que nos acompañáis en esta exaltación de nuestra Semana Santa.

Ilustrísimo Señor Alcalde, Don Pedro Zaplana , y Corporación Municipal.

Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades.

Cofrades y fieles todos.

¡BUENAS NOCHES!

A todos Ustedes vaya mi saludo más cordial en esta noche del Pregón, especialmente a los que, impedidos por cualquier causa, nos siguen a través de la televisión.

En primer lugar, vaya mi reconocimiento más profundo y mis gracias más sinceras a Doña Clara María Armengol Calvo por su presentación. Junto a la gratísima e inimaginada sorpresa por su presentación, sus palabras, llenas de cariño, me han llegado al corazón.

En segundo lugar, vaya también mi gratitud a la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Catral, por haberse fijado en mi persona a la hora de elegir pregonero de nuestra Semana Santa. Ellos saben y yo también que en Catral hay muchas otras personas con más méritos que los míos para haber pregonado dignamente nuestra Semana Santa. Me daría por contento si no les defraudo con mi intervención.

Y en tercer y último lugar, vayan mis gracias a todos Ustedes, aquí presentes en esta Iglesia Parroquial de los Santos Juanes para escuchar mi pregón. Su sola presencia ya es señal de confianza y de apoyo en la misión que se me ha encomendado. Gracias también por anticipado.

Y sin más preámbulos, entremos en el PREGÓN.

Hoy, veinticinco de marzo,

fiesta de la Anunciación,

como el ángel que a María

le preguntó si quería

ser santa Madre de Dios,

a los hijos de Catral

vengo a preguntarles yo:

-        ¿Quién os convoca, cofrades,

en esta noche, al Pregón?

¿Qué celestes mensajeros

pregonan con dulce voz

que termina la Cuaresma,

que se acerca la Pasión,

que nuestra ciudad se apresta

a lucir galas al sol?”.

-         “¡Los de la Semana Santa

y la Pasión del Señor!”.

-         “¿Por quién las túnicas nuestras

de tan diverso color,

las capas de mayordomo,

los capirotes, cordón,

los guantes de seda blancos,

son sacados del arcón?”.

-         “¡Por ser la Semana Santa,

en la que murió el Señor!”.

-         “Las insignias que presiden,

¿por quién están junto a nos?

¿Por quién tanta concurrencia?

¿Por quién tanta expectación?

¿Por quién visten hoy de fiesta

la señora y el señor?”.

-         “¡Por nuestra Semana Santa,

que es Semana de Pasión!”.

Por ella late esta noche

el cofrade corazón,

en ella de nuevo haremos

penitencial estación,

en ella la fe mostramos

en pública confesión,

y en ella daremos culto

público en la procesión.

Por eso esta noche todo

os invita a devoción,

porque es la Semana Santa,

la semana de Pasión,

que Catral celebra y llora

a Jesús, el Redentor.

Pasión de un pueblo que vibra

al compás del ronco son

de cornetas y timbales,

porque tiempo y hora son

de sacar nuestros desfiles

a feliz contemplación.

Pasión de un pueblo que vibra

a ritmo de tradición,

heredada de sus padres

por la muerte del Señor.

Aquella que en Palestina

hace siglos sucedió

y hoy en nuestras calles tiene

viva representación.

Pero, decidme, cristianos,

respondedme en alta voz:

De Catral y Palestina,

¿cuál escogéis de las dos?

Catral, ¿de qué careció

que tuviera Palestina

en los tiempos del Señor?

Abrid bien los vuestros ojos,

ved a vuestro alrededor

el paisaje que tenemos

cómo se transfiguró:

¡Hoy Catral es Palestina!

¡En ella se convirtió

en esta Semana Santa

por arte y gracia de Dios!

Ved las gentiles palmeras

entre las manos del sol,

cual cirios de llama verde

iluminando al Señor.

Palmeras de esbelto talle

donde Jesús se ocultó

cuando huía del rey Herodes

y de su persecución.

Ved al humilde naranjo

dando frutos de dulzor,

como aquel que en el romance

a Jesús la sed calmó,

al ciego le dió la vista,

y a María la perfumó.

Ved los sagrados olivos

de plateado verdor,

como los que dieron nombre

al Huerto de la Oración.

Olivos que a nuestros campos

ungen de una santa unción

de paz, de amor, de concordia,

entre el pueblo labrador.

Mirad las viejas higueras

dando fruto en su sazón,

como aquella maldecida

por Jesús, ya que no dio

ni hojas, ni flor, ni fruto…

Ved los pinos en el monte,

ved en el campo el pastor,

como aquellos que adoraron

a Jeús cuando nació.

Hoy Catral es Palestina,

y en ella se transformó.

Decid, cristianos, decidme,

Catral ¿de qué careció

que tuviera Palestina

en los tiempos del Señor?

Para la Semana Santa

no hay escenario mejor

que el que Catral nos ofrece

para oficiar la Pasión.

Por eso, decid vosotros,

por eso os dijera yo:

Palestina, ¿en qué supera,

en qué le fue superior

en estos días a Catral,

en estos días de Pasión?

Si ella tuvo a Jesucristo

en su terrena misión,

con nosotros está siempre,

hasta la consumación.

Treinta y tres años de huésped

en Palestina vivió;

ventiún siglos en Catral

lleva viviendo con nos.

No envidieis a Palestina,

no se debe envidiar, no.

¡Que también Catral obtuvo

la bendición del Señor!

¡Que tiene a gala Catral

ser también tierra de Dios!

¡Para lucir sus misterios

no hay escenario mejor!

¡Que Catral sólo hay uno,

y no tiene parangón!

Que lo digan LOS DESFILES

que en solemne procesión

discurren por nuestras calles

la Semana de Pasión.

Díganlo las COFRADÍAS…

Diga la JUNTA MAYOR

de Cofradías y Hermandades,

que este año del Señor

cumple sus Bodas de Plata…

Que lo digan los COFRADES…

Dígalo el PUEBLO a una voz:

No envidiéis a Palestina.

No se debe envidiar, no,

Porque Catral tiene a gala

ser también tierra de Dios.

Para lucir sus misterios

no hay escenario mejor.

¡Catral hay uno en el mundo

y no tiene parangón!

Dígalo la procesión

de LA CORONA, que en prenda

de amor y de devoción

a la Virgen le rezamos

cuando todo oscureció

en el Viernes de Dolores,

en el Viernes de Dolor.

Dígalo JESÚS TRIUNFANTE

entre palmas de blancor

y un rumor de olivos verdes

bajo un reluciente sol

en el Domingo de Ramos,

que inaugura la Pasión.

Dígalo la BORRIQUILLA

en la que el Señor montó

y a Jerusalén lo lleva

entre cantos y fervor,

entre ramos florecidos

y entre Hosannas al Señor.

Que lo digan LAS MANTILLAS

de femenino primor,

las que a la Dolorosa

hacen su corte de honor

en la noche del Domingo

de Ramos y de Pasión.

Las mantillas españolas

símbolo de distinción.

Las mantillas recamadas

con tanto estilo y primor,

para realzar la belleza

de la Virgen del Dolor,

la VIRGEN DE LOS DOLORES

en nocturna procesión.

Dígalo JESÚS CAUTIVO,

cautivo de nuestro amor,

con su red de escapularios

para pescar nuestro amor.

Dígalo la VIRGEN pura

que por MERCED atendió.

Díganlo en el LUNES SANTO,

díganlo a una sola voz:

¿A Catral qué le ha faltado,

a Catral qué le faltó

para no ser Palestina

estos días de la Pasión?

Hoy Catral es Palestina.

En ella se transformó.

Para la Pasión de Cristo

no hay escenario mejor.

Que lo digan los TRASLADOS

que salen en procesión

desde el templo hasta la sede

de nuestra Junta Mayor.

Que lo diga el NAZARENO,

el que con la cruz cargó.

Sea san JUAN EVANGELISTA,

el que levante su voz,

el que escribió el Evangelio

y su pecho reclinó

sobre Jesús Redentor.

Dígalo LA DOLOROSA,

la Virgen, Madre de Dios,

a quien siete espadas, siete,

le hirieron el corazón.

Que lo diga LA VERÓNICA,

la que su rostro limpió

y recibió en su toalla

la faz de Dios como don.

Que lo diga el JUEVES SANTO,

reluciendo más que el sol,

según sabio testimonio

del refranero español.

JUEVES SANTO, día sagrado

de la CENA DEL SEÑOR,

día de la EUCARISTÍA

como locura de amor,

día del AMOR FRATERNO,

pues somos hijos de Dios

y hermanos entre nosotros

- amaos como os amo yo -.

Y para amar, el silencio

es el espacio mejor.

Sea el CRISTO DE LA SALUD

quien hable a continuación,

el JUEVES SANTO en la noche…

Contemplad con atención

la PROCESIÓN DEL SILENCIO.

No se oye en ella una voz.

Las calles quedan a oscuras.

Solo se alumbra al Señor

que va en la cruz enclavado

y muerto por nuestro amor.

¡Qué Procesión del Silencio!

Qué Jueves Santo de Amor!

¡Qué amor de Dios a los hombres!

¡Qué amor del hombre hacia Dios!

Para la Semana Santa

¿quién os parece mejor?

¿Es Catral o Palestina?

¿Cuál escogeis de las dos?

¡Catral, sin duda ninguna,

pues no tiene parangón!

El VIERNES SANTO nos llega

con sonidos de emoción.

Cuando va llegando el alba,

cuando asoma su claror,

cuando los cuerpos descansan

de haber seguido al Señor

por las calles de Catral

en solemne procesión,

LAS BOCINAS DAN AL AIRE

SU TÉTRICO Y RONCO SON,

para cantarle a Catral

el Canto de la Pasión,

ancestral canto que viene

de los tiempos del Señor.

En VIERNES SANTO que hablen

dos figuras, solo dos:

La VIRGEN MARÍA y su HIJO

que, en Via Crucis de dolor,

en nuestra Plaza se encuentran

suscitando compasión.

¡ENCUENTRO de Madre e Hijo

en su supremo dolor…!

¡ENCUENTRO que a Madre e Hijo

les rebana el corazón…!

¿Comprendéis por qué esta noche

me atrevo a deciros yo:

qué tiene la Palestina

que no tenga Catral, no?

Alegraos en estos días,

gozaos con nuestra Pasión,

que Catral logró en su día

ser escenario de Dios.

Para este drama sagrado

no hay un proscenio mejor

que este pueblo mío y vuestro,

que este pueblo labrador.

Y ya, en la NOCHE callada

del VIERNES SANTO, una voz

nos diga y pida: “¡SILENCIO!

¡CALLEN TODOS, POR FAVOR,

POR LA MUERTE Y EL ENTIERRO

DE NUESTRO DIOS Y SEÑOR!”.

Y en silencio, consumado

un deicidio tan atroz,

se procede al SANTO ENTIERRO,

al ENTIERRO del Señor.

Sobran todas las palabras,

sobra esta noche el tambor,

para el llanto faltan lágrimas,

para el amor corazón,

sólo bastan las pupilas

para la admiración,

sólo se requieren ojos

para la contemplación

de Cristo muerto y yacente,

de Cristo que ya murió.

Mirad, cofrades, miradlo

con el maternal amor

que LA SOLEDAD lo mira,

más sola con su dolor.

Mirad, cofrades, miradlo

con casi el mismo fervor

que SAN JUAN EVANGELISTA

con sus ojos lo miró.

Mirad esa despedida

de MADRE e HIJO DE DIOS

despidiéndose hasta luego,

hasta la Resurrección.

Mirad cómo el VIERNES SANTO

de esta manera acabó.

Ya ha cumplido su tarea,

ya ha cumplido su misión,

ya ha dado su vida toda

por nuestra liberación,

ya ha cancelado la deuda

que Adán con Dios adquirió,

ya fue vencido el pecado,

ya somos hijos de Dios.

¿Comprendéis por qué esta noche

me atrevo a deciros yo:

qué tiene la Palestina

que no tenga Catral, no?

Alegraos en estos días,

gozaos con nuestra Pasión,

que Catral logró en su día

ser escenario de Dios.

Pero con esta vil muerte

todo en Cristo no acabó,

que nos aguarda mañana

su SANTA RESURRECCIÓN.

Nos quedan LAS CORTESÍAS

de la Virgen al Señor,

el encuentro con su Hijo,

tras de su Resurrección.

¡Ya la mañana alborea!

¡Ya la piedra se movió!

¡Ya el sepulcro está vació!

¡EL SEÑOR RESUCITÓ!

¡Feliz mañana de PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Es la mañana de PASCUA,

de la PASCUA del Señor,

la PASCUA en la que Jesús

al pecado derrotó,

la PASCUA en que de la muerte

victorioso se volvió.

Cristo sale del sepulcro

como un rey vencedor.

¡Gloria, gloria, Aleluya!

¡Que el Señor resucitó!

¡Catral, que es PASCUA FLORIDA!

¡Catral, que es Fiesta Mayor!

¡Acude a ver El Encuentro!

¡Que el Señor resucitó!

¡Costaleros, al varal!

¡Termine nuestra estación

de rigor penitencial!

¡Que el Señor resucitó!

¡Que Catral se eche a la calle!

¡Que la calle sea un clamor!

Que han visto a la Magdalena

y a la Madre del Señor

volver del sepulcro alegres,

y cantando esta canción:

“Que no me llaméis Dolores,

que el dolor se me pasó;

llamadme Lola, Lolita,

pues Jesús resucitó”.

¡A San Juan Evangelista

también por allí se vio

y nos dice en su Evangelio

que el Señor resucitó!

¡Costaleros, al varal!

¡Termine nuestra estación

de rigor penitencial!

¡Comience la procesión

de este DOMINGO DE PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

¡Que los estandartes luzcan

sus bordados de primor!

¡Que humeen los incensarios

nubes de incienso y olor!

¡Que las campanas repiquen

su alegre din, dan, din, don!

¡Que los cirios aprisionen

entre sus llamas al sol!

¡Que los tronos brillen todos

con su radiante fulgor!

¡Que en las varas nazarenas

hoy florezca hasta una flor!,

¡Que suene a fiesta, a fiesta,

el redoble del tambor,

por ser DOMINGO DE PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

En la calle Santa Bárbara

un Encuentro sucedió.

La Encarnación con su Hijo

Resucitado topó.

Su Hijo vivo en la Custodia

más reluciente que el sol.

Su Hijo vivo en la Custodia,

como una cárcel de amor.

La Encarnación a su Hijo

en la Custodia encontró.

¡Ved qué pasos dan! ¡Qué pasos!

Movidos al dulce son

de la música que suena,

del redoble del tambor,

de las palmas que repican,

del latir del corazón,

de las lágrimas que brotan

movidas por la emoción

al ver la Madre y el Hijo

el día de Resurrección,

Ella sin puñal ni espadas,

Él sin clavos ni dolor!

¡Gloria, gloria, Aleluya!

¡Que el Señor resucitó!

Por eso, palmas y vivas

repiquen al mismo son,

que se rompan las gargantas,

que se nos queden sin voz,

por los  vítores y vivas

que brotan del corazón,

al proclamar la grandeza

de tan ilustre Señor,

el Señor Resucitado

y su Madre Encarnación.

¡Viva la Semana Santa

que en Catral se celebró!

¡Vivan nuestras Cofradías

y Hermandades de Pasión!

¡Viva quien ellas gobierna,

desde la Junta Mayor!

¡Viva Catral cofradiero

y su cofrade legión!

¡Y viva la madre, viva

la madre que os parió!

Que así alaban en mi tierra

al Hijo y Madre de Dios.

Amén.

Muchas gracias.


Fr. Pedro Calvo Úbeda

Franciscano

PREGONERO D. PEDRO CALVO  Y NAZARENO DE HONOR DE HONOR  D. FRANCISCO ALBERO, mpresidente SUM LA CONSTANCIA

PRESENTACIÓN Y GLOSA DEL PREGÓN SEMANA SANTA 2016

PRESENTACIÓN PREGONERO:

María Pilar Leal Ferrández


Muy buenas noches a toda la familia cofrade catralense, a los presentes en este acto y a aquellos que nos siguen por la televisión local.

Faltan muy pocos días para que el ambiente de nuestro pueblo se transforme. Las diferentes cofradías, un año más, sacarán sus “Pasos” y, con gran solemnidad, recorrerán las calles más antiguas y tradicionales de nuestra villa,  remitiéndonos a los momentos de la PASIÓN, MUERTE y RESURRECCIÓN de Jesús, celebrando con ello, la semana más grande del año para todos los cristianos.  Como preparativo a esta SEMANA GRANDE, se realiza  este acto sencillo pero a la vez muy emotivo: EL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA catralense.

Con gran felicidad e inmenso orgullo voy a llevar a cabo la presentación del pregonero de la Semana Santa 2016, JUAN DE DIOS LEAL CASAINS, mi padre. Me ilusiona sobre todo estar aquí  por la  gran sorpresa que sé que se ha llevado al verme, pues les aseguro que nunca habría pensado que yo me atreviera a realizar su presentación.

Cuando nos reunimos la familia, por supuesto, sin la presencia de mi padre,  para decidir quién iba  a realizar este preámbulo, sentí una gran alegría cuando mi madre y mis hermanos me dijeron: “¿Quién mejor que tú para hacerlo? Eres su chiguita”.

He de  confesarles que tengo los sentimientos a flor de piel  y,  al mismo tiempo,  siento un gran respeto por la responsabilidad que contraigo, aunque espero que cualquier fallo lo subsane el enorme cariño con el que he redactado esta introducción. 

Mi padre ve por primera vez la luz un 6 de agosto del año 1947, es el séptimo hijo del matrimonio formado en la fe y que la mayoría de ustedes conocieron, mi abuelita Maravillas Casaíns y mi abuelo, conocido como el tío Joaquín “el Montano”. Al ser el menor de los hermanos siempre ha sido cuidado por todos ellos con esmero pero, especialmente, por su hermana Maravillas, que ha velado por él como una verdadera madre, ya que cuando nació su Juan de Dios, ella tenía veinte años.

Su infancia, como la de cualquier otro niño, transcurre entre juegos, risas y sueños. He de resaltar que,  sobre todo, mi padre guarda un gran recuerdo de sus comienzos escolares como alumno de D. José Navarro Lillo y de su paso por  la Academia de Josefita Sierras en donde se prepara para el ingreso a Bachiller allá por el año 1958 y en la que continuará hasta acabar 2º de Bachiller. También siente un cariño especial por los P.P. Franciscanos de  Cehegín con quienes estudia 3º y 4º y reválida, viviendo en casa de su hermana Milagros, que residía en esta localidad.

Mi padre obtiene la titulación de Maestro por la Universidad de Murcia en 1968. Diferentes destinos van escalonando su vida profesional: comienza como funcionario interino en Jijona para pasar luego a Crevillente, Callosa de Segura, Catral y Tarragona. Ya obtenida la plaza como funcionario de carrera continúa en Tarragona, para pasar luego a la Pobla de Lillet (Barcelona) y, al curso siguiente, es destinado definitivamente a Catral. Será en nuestro colegio Azorín en  donde desarrolle su labor docente con gran amplitud ya que, además de dar clase como especialista en Ciencias Sociales,  se hace cargo de la jefatura de estudios hasta el año 1997 en que es nombrado director, cargo que ostenta hasta su jubilación en 2010.

Siempre ha procurado realizar su trabajo con la mayor dedicación y responsabilidad y pienso que su labor ha sido valorada muy positivamente por toda la Comunidad  Educativa.

En lo que se refiere a nuestra familia, el 31 de agosto de 1976 se casa con Mª Dolores Ferrández Penalva, mi madre. Su vida en común les ha traído mucha felicidad y les ha regalado tres hijos: mis dos hermanos, Juan de Dios y Antonio José y la que les habla, Pilar.

En esta comunidad cristina comenzó, de la mano de sus padres, a vivir la fe y continúa en ella como miembro activo: forma parte del Coro Mixto Parroquial “Santos Juanes” y es presidente del mismo. Además,  siempre ha estado dispuesto para ayudar en cualquier actividad artística de la parroquia ¿Quién no recuerda sus belenes en la Capilla del Pilar colaborando con la Asociación de Amas de Casa?

Su relación con la Semana Santa le viene desde pequeño. Siempre ha pertenecido a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Encarnación, participando como nazareno en las procesiones de su niñez y juventud.

Actualmente procesiona acompañando al Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz y ha dejado su huella como pintor, la otra de sus pasiones, con la elaboración de diez cuadros en los que recoge con gran maestría, no solo la belleza de  nuestras imágenes sino también el sentir de un pueblo. Esta obra se encuentra en la Capilla de la Resurrección, sede de la Junta Mayor de Cofradías ¡Qué feliz que fue mientras realizaba cada una de esas pinturas! ¡Y las veces que nos llamaba para que viésemos sus avances y fuéramos críticos con la mayor objetividad! Además, ha elaborado el estandarte y el banderín de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y de Nuestra Señora de la Merced, que realiza su estación penitencial el Lunes Santo y diseñó varios años el cartel anunciador del certamen de cornetas y tambores organizado por la banda Santos Juanes de Catral.

Por último, quiero manifestar que, además de sus dos vocaciones, la docencia y la pintura, para él el núcleo fundamental de su vida es la familia y, junto con nuestra madre, nos han transmitido todos los valores que para ellos son fundamentales.

Y ahora papá, te cedo la palabra como pregonero de esta Semana Santa, pero antes permíteme recordar que hace seis años quien subió a este mismo lugar del altar mayor fue la abuelita María, que desde el cielo te ayudará a que expreses con todo tu corazón lo que deseas transmitirnos.

Tuya es la palabra.

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2016

JUAN DE DIOS LEAL CASAINS


Vicario General de la Diócesis de Orihuela -Alicante y Sacerdotes de la Parroquia,

Excmo.  Sr. Alcalde y Autoridades,

Sr. Presidente y miembros de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral,

Pregoneros que me antecedieron,  Cofrades,  Amigos  y vecinos que sintonizáis  los canales de las televisiones locales.

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE CATRAL. AÑO 2016

PRÓLOGO

Muy buenas noches. Me van a permitir que para llegar al presente, parta del pasado,  aunque para ello tenga que modificar la estructura habitual del pregón que tan dignamente han ejecutado mis antecesores, a los que aprovecho para felicitar  y recordar.

Mi iniciación en los desfiles procesionales se remonta a finales de los cincuenta o principio de los sesenta.  Recuerdo que me despertaban  muy temprano y mientras me levantaba, luchando con el impulso de seguir en la cama, percibía un delicioso olor a monas que se extendía por toda la casa, aunque ellas…, las monas, seguían durmiendo.  A todo correr, casi en volandas, llegábamos a la puerta de la Ermita y allí  me incorporaba al grupo de niños,  medio-dormidos como yo;  el lugar era lo de menos,  pues en aquella simpática anarquía todos campaban a sus anchas. Ante mí se erguía, sobre un impresionante trono  repleto de flores, la majestuosa figura de Nuestro Padre Jesús  Nazareno; y como siempre, encajada en sus sienes, la terrible corona de espinas, y  sus ojos…, esos ojos  que nos miraban con un poder cautivador, y que a mí me llenaban de estupor y de atracción

Mi compromiso con la Semana Santa y la colaboración con mi Cofradía y, después con la Junta Mayor de Cofradías,  no ha cesado nunca. Desearía resaltar un hecho que muchos de los presentes conocen sobradamente. Durante cinco años he permanecido viviendo la Semana Santa de mi pueblo en la más absoluta intimidad, rodeado de pinceles, tubos de óleo, aceites, barnices, para dar cumplimiento al encargo que    Pascual Flores Culiáñez,  presidente de la Junta Mayor de Cofradías, en nombre de la misma, me hizo para la ejecución  de diez lienzos de gran formato con motivos de cada una de las Hermandades de nuestra Semana Santa. En ellos han quedado reflejados los elementos constitutivos de las mismas: nazarenos con sus colores propios, capirotes, capas y orfebrería, estandartes, tronos…; en definitiva, todo aquello que caracteriza a cada agrupación.  El resultado son los cuadros que pueden contemplarse en la Capilla de la Resurrección. Hoy es para mí una satisfacción haber podido plasmar nuestra Semana Santa y dejar así un testimonio para la posteridad. De la misma manera que me honra el haber pintado el estandarte de El Cautivo y  el diseño del  guión de La Merced.

Presentada, a modo de prólogo, mi implicación con nuestra Semana Santa, con la Semana Santa de mis vivencias, heme, pues, aquí, volviendo al PRESENTE  para dar comienzo  a mi exposición y divulgar la Semana Santa Catralense:

Este pueblo, el mío, el que todos los años  abre su corazón al dolor de María y a la Redención de su Hijo, mostrará la pasión de Cristo tal como lo viene haciendo desde tiempo inmemorial.  Ello tendrá lugar en nuestras calles  entre los próximos 20 y 27 de marzo.

Entrados en Cuaresma, en esta Cuaresma de la Misericordia, las Hermandades  abren sus puertas a la primavera y el trabajo que a lo largo del año ha venido planificando y realizando,  tan dignamente, su Junta Mayor tendrá su momento de solemne presentación para general contemplación. También el  mensajero está aquí ya, y no tiene otra misión que servir de puente entre  los organizadores  y su pueblo.

¡En qué larga meditación me ha sumido esta tarea -tan ardua como honorable-  de pregonar la Semana Santa, en busca del sentido justo a nuestra manera de celebrar la muerte y pasión de Cristo! ¿Son las procesiones un folclore popular? ¿Acaso una pedagogía, como tantas veces ha hecho la Iglesia en tiempos más incultos,  para ilustrar al pueblo sencillo y facilitar un conocimiento sensible del Misterio de la Redención?  ¿Se puede caer en la idolatría por una devoción exagerada a las  imágenes, que representan pero que no son las personas sagradas? Y nuestra Semana Santa, ¿qué tiene de propio, cuáles son nuestras costumbres locales? ¿Qué de peculiar compartimos con el entorno geográfico? ¿Cómo se facilita o, incluso, se estimula la afloración  del sentimiento religioso?

A estas cuestiones pretendo, de la forma más escueta posible, dar respuesta en este  pregón. Para ello, voy a desarrollar la exposición en torno a dos ideas centrales: las Cofradías como alma e impulso de los desfiles procesionales y la religiosidad como componente irrenunciable de sus celebraciones, y ello desarrollado a lo largo de los epígrafes siguientes:

1)    LAS COFRADÍAS, ESAS ESTRUCTURAS COMPLEJAS.

2)    EL SENTIMIENTO ÍNTIMO EN LA SEMANA SANTA BAJO EL SIGNO DE LA MISERICORDIA

LAS COFRADÍAS, ESAS ESTRUCTURAS COMPLEJAS

Entendemos una Cofradía de Semana Santa como la  agrupación de personas que se reúnen para actos de culto y devoción en las celebraciones litúrgicas de la Pasión,  Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y así las contemplamos cuando las vemos desfilar solemnemente detrás de sus estandartes  y delante de sus espléndidos tronos. Pero todos sabemos que detrás de esa apariencia elemental, hay mucho más: son verdaderas empresas, en primer lugar para el fervor y la devoción  -como queda definido- , pero que también se sustentan en una complicada organización interna, poco visible pero necesaria, y que contribuye también a su configuración e identidad. Una Cofradía necesita liderazgo, financiación, ordenamiento social  y órganos de planificación y ejecución…, y colaboradores  (esa pléyade de agentes externos que prestan una contribución imprescindible al fasto de las procesiones: artesanos, escultores, ebanistas, bordadoras, orfebres, floristas, electricistas, etc., etc.). Ahora bien,  las personas son el alma y la vida de los desfiles procesionales. El trabajo grupal e individual  es primordial  y no se pueden dejar a la improvisación los objetivos que marcarán sus tiempos. Muchas son las personas que están sometidas a la disciplina interna de la Cofradía: Hermano Mayor, miembros de su Junta,  nazarenos, manolas, costaleros, porta-carros,  y ¿cómo no?, cofrades.   A ellos hay que añadir  los compromisos externos: agrupación musical, bandas de  cornetas, agrupaciones corales y tantos y tantos elementos para que  EL ARTE SALGA A LA CALLE. Desde aquí quiero expresar mi reconocimiento para toda esta labor silenciosa.

Nuestras Cofradías, hasta el último tercio del siglo XX, estaban asentadas  sobre el patronazgo de algunas generosas familias  que con gran sacrificio y tesón, mantenían  imágenes  legadas por sus antepasados y proveían lo necesario para su culto. Ello suponía una onerosa carga económica. Con gran acierto, los nuevos responsables abrieron las puertas de esta especie de patrimonio religioso a la participación de las personas que lo desearan; de esta manera, la colaboración, el reparto de responsabilidades y la aportación de recursos, han procurado nueva vida a  las  congregaciones.

La modernización  de los desfiles procesionales ha permitido superar ciertos escollos que el estilo de vida actual requería. El desplazamiento de los tronos ha sido motivo y quebradero de cabeza para las Hermandades: hoy se cuenta con medios mecánicos rodantes o, en ciertos casos, se llevan los tronos a hombros, realzando la estética y el sentido penitencial del traslado.

Deseo hacer mención aquí también a una cuestión  no menor, la del relevo generacional de los cofrades atrayendo a los niños para que se incorporen a las procesiones. Permítanme que me refiera otra vez a mis vivencias  infantiles, cuando las tubas, también llamadas bocinas, se orientaban al Nazareno. El solitario sonido de la corneta,  tocada por Paco Adsuar, era respondido, a renglón seguido  por  las bocinas,  entonces tocadas  por   José  Llopis Morante  y Juan Rocamora; era el vulgarmente conocido TURURURURU  RURURU RU. Al finalizar y, de manera espontánea, un estruendo de campanillas, manejadas por los niños, inundaba la calle. Esos acordes escuchados en la actualidad, me transportan al pasado; es decir, a la iniciación de los actuales penitentes. De ahí, que sugiero a la Junta Mayor y a las mismas Cofradías,  que se ocupen con denuedo de las comúnmente denominadas GUARDERÍAS; ¡son el futuro de nuevas generaciones para nuestra Semana Santa!.

Íntimamente ligadas a los desvelos de las Cofradías está la música a interpretar en sus manifestaciones religiosas. Cuando los tronos comienzan a circular, el cofrade se complace en escuchar  la marcha procesional que siempre le acompaña. He aquí, algunos títulos relacionados con esta celebración: Mater Mea, Cristo de la Sangre, Mektub (a sus acordes marcan los pasos, acomodándolos a sus ritmos, las costaleras de Ntra. Sra. De la Soledad), La Madrugá, Pasan los Campanilleros, etc

Ha llegado el momento de hacer una breve alusión a las Cofradías que hoy desfilan en nuestra Semana Santa.  Ciertamente, hay agrupaciones de reciente creación, nacidas al impulso que han tomado las procesiones de Semana Santa en toda España; pero otras, las de toda la vida, hunden sus raíces en años lejanos e, incluso, siglos pasados.

Son nuevas las siguientes: Cofradía de Nuestro Padre Jesús Triunfante, creada en 1990 por los miembros de la Banda de Cornetas y Tambores Santos Juanes; Cofradía de la Santa Mujer Verónica, nacida en 2001, gracias al esfuerzo y compromiso de una familia catralense; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced, fundada en el 2003, y Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús-Agrupación del Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz, que inicia su andadura en el año 2012, tutelada, sin embargo, por la Muy Digna Hermandad del Sagrado Corazón, cuyo culto se remonta a 1891

Ahora me centraré en las Cofradías de más antigua tradición. Hay que advertir que la mayor parte de las imágenes son de reciente factura, realizadas en el siglo pasado para suplir a las que desaparecieron  en nuestra contienda civil, con  dos excepciones: la Virgen de los Dolores y la Virgen de la Encarnación.

Estas cofradías son: Cofradía del Cristo de la Salud y la Cruz de los Labradores: sus antecedentes se remontan al siglo XVIII por la existencia de una imagen de Cristo Crucificado y  también por unos estatutos de carácter caritativo y gremial; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Encarnación, en 1707 ya se veneraba una imagen de Nuestro  Padre Jesús, lo que nos permite pensar  que se consolida –como otras cofradías- a lo largo del siglo XVIII; Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII; Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro, también  del siglo XVIII; Cofradía de San Juan Evangelista,  agrupación muy dinámica, activa  más de un siglo, ya que fue fundada en 1883, Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia, fundada en 1882 y, por tanto, de notable antigüedad.

Unas y otras, las antiguas y las nuevas Cofradías han provocado un impulso innegable de renovación en nuestra Semana Santa; las nuevas, con su juvenil vitalidad; las anteriores, aceptando el reto y actualizando sus tradiciones y contenidos. De todo ello,  disfrutamos y nos congratulamos.

En este lugar -obligado por la triste actualidad- hago un breve paréntesis para recordar a  protagonistas  notables de nuestros desfiles profesionales.

Deseo expresar mi reconocimiento al Hermano Mayor de la Verónica,  Juan Grau Bernabé, y hago votos por su recuperación de la enfermedad que padece.

Lamentamos también el fallecimiento de dos dignos cofrades de la Cofradía de San Juan, Joaquín Lacal Garcia, Nazareno Mayor del año 2015, y David García Grau. ¡Descansen en la paz del Señor!

Próximo a cumplirse un año de aquel  luctuoso suceso, se hace preciso recordar al Hermano Mayor  y alma de la agrupación de La Soledad,  José María Cabrera Candela.  El 3 de abril de 2015,  Viernes Santo,  la Soledad hace su salida nocturna a hombros de sus numerosas  costaleras. Su Hermano Mayor se sitúa, como habitual es en él, a su izquierda, silencioso, solitario, impávido y elegante.  A cada parada, vuelve José María el rostro y contempla su Virgen de la Soledad, de la que ha sido, desde muy joven, devotísimo hijo y a la que ha dedicado todos sus desvelos. Restan a sus portadoras los últimos esfuerzos para concluir su promesa y paseo anual: a trescientos metros, la comitiva habrá cubierto el itinerario marcado.

Como una premonición, cito aquellos versos de Gerardo Diego, en los que el poeta asume compartir el dolor de la Madre y suplica a la Virgen:

Dame tu mano, María,

la de las tocas moradas.

Clávame tus siete espadas

en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía

tarde negra y amarilla.

Aquí en mi torpe mejilla

quiero ver si se retrata

esa lividez de plata,

esa lágrima amarilla.

Déjame que te restañe

Ese llanto cristalino,

Y  a la vera del camino

permite que te acompañe.

Esa noche José María tendió su mano a la Virgen y su rostro se tiñó de esa lividez de plata…Fue José María un gran impulsor de nuestra Semana Santa y un gran cooperador en el resurgir  de esta  muy digna Semana Santa. ¡Descanse en paz!

EL SENTIMIENTO ÍNTIMO EN LA SEMANA SANTA BAJO EL SIGNO DE LA MISERICORDIA

La semana Santa de Catral, nuestra Semana Santa, tiene su historia, su tradición,  proclamada en el esplendor de sus manifestaciones, el orden de sus desfiles, el ornato de sus pasos…Todo eso nos satisface, nos enorgullece. Pero hay más: no podemos olvidar que esta santa semana es para recordar el  sacrificio de Jesucristo, para identificarnos con su padecer, para agradecer su acto de salvación… Nosotros los creyentes no podemos quedarnos en la magnificencia del espectáculo o en lo formal del festejo; para un creyente la Semana Santa es un sentimiento de fe y celebración piadosa o no es nada.

Quiero destacar ahora algunas de estas prácticas devotas que el pueblo creyente de Catral repite cada año con gran fervor y perseverancia, porque constituyen la entraña misma de la celebración pasional.

La asistencia de los fieles a la Misa de la Cena del Señor (y no a la de la Muerte, como vulgarmente  es conocida) es algo  tan ceremonial que nuestros vecinos asisten a este memorable acto  como si verdaderamente fueran invitados a una celebración, ataviados con sus mejores galas; para muchos, es la ocasión de cumplir con el precepto de confesar y comulgar por Pascua Florida, como enseñaba el catecismo.  Finalizada la misa, el sacerdote deposita las Formas Consagradas que serán dispensadas en los oficios de Viernes  Santo, en un sagrario especialmente habilitado al efecto: es el Monumento; simbólicamente, representa la prisión de Cristo, que ha sido prendido y encarcelado. Convenientemente realzado, Cristo sacramentado se ofrece a la adoración de los fieles, que es tanto como convocarlos a que  compartan con Él estas horas de angustia, vejación y castigo.

La Adoración de Cristo en su Monumento  tuvo en otro tiempo un gran arraigo popular. Los turnos de vela estaban rigurosamente ordenados por agrupaciones religiosas de la localidad: Acción Católica,  Amas de casa, Devotos de la Purísima  y un largo etcétera; también las organizaciones juveniles tenían cabida y participaban con seriedad  y respeto. Como personas piadosas debemos recuperar esos momentos de encuentro intimo con Dios. Esta ocasión  en que el redimido se encuentra ante su Redentor,  es el mejor antídoto para vencer la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Es pues el momento de la oración.

El  Jueves  Santo la Iglesia celebra también el Día del Amor Fraterno, otro acto de misericordia, que este año adquiere relevancia por la declaración del Papa Francisco.

Esa misma noche, el Cristo de la Salud desfila, como única imagen, en la Procesión del Silencio; ésta es una procesión de devoción, cuyo  argumento es el rezo del Vía Crucis; procesión de recogimiento que transcurre en la oscuridad de la noche, iluminada por la luz insegura de los faroles  de sus cofrades y acompasada la cadencia de su trono por el sonido del tambor; el Coro Parroquial desgrana sus cantatas en cada una de las estaciones.

En la madrugada del Viernes  Santo,  envueltos en la humedad  y la soledad de la calle,  hacen su entrada los intérpretes del CANTO DE LA PASIÓN; al grave sonido  de dos enormes bocinas  o “tubas”, se interpretan fragmentos de la Pasión de Cristo,  haciendo bueno  aquel dicho de San Agustín de que cantar es rezar dos veces. Parece ser que fueron los franciscanos los que introdujeron  esta devoción,  hacia el siglo XVI; la costumbre se ha conservado en muchos lugares, no sólo en Catral, y ahora los sucesores de aquellos músicos y cantores, mantienen tan rica tradición coral y musical.

CONCLUSIÓN

Amigos y vecinos, ha llegado el momento de concluir  mi pregón; su contenido nos  ha permitido percibir que el presente  es consecuencia de un pasado heredado, en el que la fe de nuestros antepasados sigue viva en nosotros. Nuestra Junta Mayor de Cofradías ha sabido dignificar la herencia recibida y ha transformado, con el paso de los años, los talentos que en sus manos depositaron los antiguos fundadores  de estas hermosas Cofradías y Hermandades.

Es mucho lo que un catralense  siente y ama su Semana Santa. Año tras año  veo pasar las imágenes protagonistas de la Pasión de Cristo y nunca me canso de admirarlas. Porque las quiero, porque forman parte de mí…

Debemos seguir  enriqueciendo esta sentida Semana Santa, tan nuestra, en la que no solo vemos arte,  belleza  y color; también hay  dedicación y esfuerzo. Debemos abrir además nuestro corazón y dar testimonio de nuestra fe; de ahí, que no podamos finalizar este pregón sin hacer mención a la actividad que nuestra parroquia tiene encomendada por el Papa Francisco en su Bula  Misericordiae Vultus, , bajo el lema Misericordiosos como el Padre, en la que se nos dice que estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también  nosotros mismos, signo eficaz del obrar del Padre.

Tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna; esto dice el Evangelio de San Juan, en boca de nuestro Señor.

Jesús es el rostro humano del Padre y, como tal, el protagonista exclusivo de la  salvación que supuso su Pasión y Muerte. ¡Este es el acto supremo de misericordia! y si nosotros pretendemos ser imitadores de Cristo en esta Semana Santa, tenemos que incorporar el mensaje del Papa Francisco, que dice: Crecer misericordioso significa aprender a ser valiente en el amor concreto y desinteresado, (…) capaces de construir todos los días, incluso en las pequeñas cosas, un mundo de paz. No es tan difícil, porque MISERICORDIA es, simplemente,  un sencillo acto de amor al otro

La Junta ha cumplido con su obligación,  ha proclamado la Semana Santa del 2016 en mis palabras; antes aún se ha entregado a un prolongado e intenso trabajo, callado pero fructífero, para que la celebración tenga el esplendor y dignidad que se merece.

Ahora nos pide PARTICIPACIÓN. Sí , aquí  y ahora,  en la calle, en  las procesiones, como penitentes o como respetuosos espectadores; en las ceremonias  religiosas, en los momentos de soledad del Cristo yacente, en su Monumento, en el silencio del Jueves Santo…  para que los actores y responsables de los eventos sientan el latir y el calor de este nuestro querido pueblo de Catral.

El  mensajero ha cumplido su misión,  con humildad  pero con la mejor voluntad, y espera -lo reitera una vez más- una participación entusiasta en todas aquellas actividades  que con rigor y esfuerzo ha programado la JUNTA MAYOR DE COFRADIAS DE NUESTRO PUEBLO DE CATRAL.

Muchas gracias amigos y vecinos.

NAZARENO DE HONOR 2016

E

n el año 2010 se institucionalizó el nombramiento del NAZARENO DE HONOR,  cargo que recae en aquellas personas o Entidades que se hayan distinguido por su colaboración, fomento y/o dedicación a  nuestra Semana Santa y por extensión en nuestra comunidad parroquial.

En este del 2016, la Junta Mayor acordó por unanimidad, que en esta ocasión, debía caer en una persona que nos ha dejado sobrada muestras de su cariño y apego por Catral.

GABRIEL, el hijo del tío Juan Rocamora y de la tía Candelaria Martínez, correteando  por la plaza se empapó de Catral y cuando echó a volar por esos mundos de Dios, siempre supo dónde estaba su nido, donde vuelve cada vez que puede, pues aquí, quedó parte de su esencia: sus hermanas (Candelaria, Mª Teresa y Lolita) y sus quereres, La Purísima, Santa Águeda, San Juan.

Muchos son los meritos que se han valorado y acumula Gabriel para ser elegido. No voy a hablar de los materiales porque a él no le ha gustado nunca que se sepan.  Voy a hablar de los valores que transmite, a nosotros, sus vecinos, y a su pareja e hijos: Es, ese orgullo de pertenencia. Es, el poner en valor el verbo SER antes que el TENER. Ese verbo solo se conjuga con cariño y el cariño se corresponde con un abrazo, un  sentido abrazo  que le devolvemos con la nominación de NAZARENO DE HONOR DE LA SEMANA SANTA DE CATRAL 2016:

D. GABRIEL ROCAMORA MARTÍNEZ

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PREGÓN SEMANA SANTA CATRALENSE 2015

14 – MARZO – 2015

Presentación del pregonero a cargo de Dª Inmaculada Úbeda Sierras

Buenas noches a todos los presentes  y a  los que , desde vuestras casas,  estáis compartiendo  con nosotros estos momentos tan especiales .Gracias por acompañarnos

Quiero agradecer a la Junta Mayor de Cofradías ,    primero su dedicación a conservar y transmitir una de nuestras tradiciones  ,  organizando y mejorando  año tras año nuestra Semana Santa,     y segundo la oportunidad de presentar al pregonero de este año.

Un tres de marzo de 1953  dos jóvenes , José y Concepción , contrajeron matrimonio en este mismo altar.  Al   tiempo y para alegría de las dos familias  nació su primer hijo al que pusieron de nombre  José Luis.

El niño fue creciendo   entre el cariño de   su familia ,   el  de los vecinos    ,la tía Concepción y el tio Jose   el Sisena , la tía  Amparo  , la tía Carmen  la Aguilara , recientemente fallecida,  la tía Asunción la Sánchez  ,    las chicas del taller que  cosían con su madre y  los amigos  de la calle.  Para todos ellos  sigue siendo  “El   José Luis “  de la Concha .

Realiza sus estudios primarios en Catral  , con D. José Lucas .Un día llegó a casa muy enfadado porque no le dejaba ir de excursión, su madre le preguntó a D. José  el motivo y le contestó “Hija ya tendrá tiempo de viajar “.Como buen maestro le detectó   la inquietud de ver  mundo.

A  los siete años decide ser monaguillo , al poco tiempo  fue diciendo  que quería irse al Seminario .Al   cumplir los diez ya se  puso serio  y dijo que cuándo se iba a ir, a lo  que sus padres le contestaron que primero tenía que aprobar el examen de Ingreso. Cuando recogió las notas  y llegó a  casa solo dijo “¿ Ya me puedo ir al Seminario ? “

Su madre le dijo a su esposo , Pepe prepara el camión que hay que subir la cuesta del Seminario, ¡y la estuvo subiendo  mientras estuvo allí ¡

Allí desarrolló su espíritu, lo primero  y  sus conocimientos de lenguas , latín , griego,  y francés  también se  aficiono al deporte ,le gusta el futbol,  ,pero sobre todo destacó en frontón formando    parte del equipo  del Seminario llegando a ser campeón  provincial y  regional y a  participar en competiciones nacionales .

En  los veranos repartía el tiempo entre los campamentos del Seminario, ayudar en la tierra,

Y    junto con unos buenos amigos  ,  Antonio ,José Luis Zamora ,Jesús Ros, Francis  Cecilia formaron      “LA ACADEMIA “ donde dio clases de latín.

Por fin  llegó el día de su ordenación , un  20    de julio en  Guardamar  y de su primera misa  solemne ,el día 27 de julio  aquí , en   su parroquia  .Los vecinos ,compartiendo la alegría de la familia  se volcaron  engalanando  la calle y   acompañándolo.

Su primer destino fue como vicario de la Iglesia Parroquial de San Martín de Callosa de Segura

Y nada menos que con la suerte de tener como párroco y mentor a nuestro querido D. José María García Bernabé , que fue el sacerdote que lo bautizó.

En todas las parroquias  que ha estado ha procurado estar a disposición  de sus feligreses , interesándose por sus necesidades ,  costumbres, tradiciones ,  además de  estar abierto a cualquier iniciativa que acercase la parroquia a la gente , el chiringuito “NO ME CANSO “ en Callosa  o  en  Benidorm, que organizó grupos  que se turnaban para tener  la Iglesia de           San Jaime  abierta hasta tarde y asi  pudieran entrar todas las personas de las distintas  nacionalidades  que por allí pasaban .

De cada una de las parroquias guarda recuerdos muy especiales  y   , como un padre  que tiene varios hijos , para él son todas únicas y especiales.

De su paso por el Seminario ,  aún  suenan  en Orihuela   las notas del concierto de campanas que organizó  en  1992  con motivo del 250  aniversario de  su fundación ,pero sobre todo  la alegría que me embarga   cuando algún que otro sacerdote joven  me tropieza y me dice con cariño                     “É l fue mi Rector “   .

¿ Cómo se puede tomar uno tanto cambio de residencia y de tipo de trabajo?

L as diferentes parroquias , el Seminario , el tribunal ,  Dirigir dos colegios , San José Obrero y el Oratorio festivo de San Miguel , incluyendo terminar las obras de este último en una gran peña que hubo que horadar y reforzar los cimientos que dejó el padre RODA  y así seguir     con su labor de ayudar a los jóvenes.

¡ PUES……   UNA COSA DETRÁS DE OTRA Y EL SEÑOR ME AYUDARÁ. VAMOS A POR ELLO.

.Tiene visión de futuro y antes que nuestros políticos empezaran con el bilingüismo , él ya lo impuso desde la guardería en el Oratorio festivo.

. Le gusta aprender , habla francés, italiano e inglés , así  puede entender a la gente, hacer una boda  , llevar consuelo a las  personas en momentos difíciles   en cualquiera  de  estos idiomas

También  tenemos la faceta viajera. Prepara   viajes  y siempre con un motivo  espiritual  . Es una manera de acercarse ,de estar a pie de calle  , hablar distendidamente ya que  no todo el mundo va al  despacho  o a su casa   y en estas ocasiones aprovecha para, aunque sea un poco, charlar con todos y conocerlos directamente .

Es un enamorado del  CAMINO DE SANTIAGO. No sabe por qué , pero de vez en cuando             El Camino lo llama  y  hay que hacer alguna etapa, cuando no….EL CAMINO ENTERO , que empezó en Roncesvalles  con las parroquias de Elche, Catral y San Bartolomé.   El primer verano  salió  con un grupo de amigos en  dos  furgonetas de alquiler  y hoy son ya 110 personas las que llevan hecho la mitad  , y aunque él no lo ha podido continuar , será por que ahora no toca, todo llegará, “Si Dios Quiere “  está contento porque ha trasmitido la espiritualidad que tiene.                                                                                                                                    El 5 de febrero del  año pasado, después de celebrar la misa en la ermita de Santa Águeda el  Señor obispo le llamó a Alicante .  Allí , al amparo de María Auxiliadora, le comunicó su nuevo nombramiento  “VICARIO GENERAL “ de la Diocesis . – Hijo , ¿Otro cambio ?   .                                    –  Mamá,  esto es  otra cosa  . “Es una forma de amar a la Iglesia estando codo con codo con el Señor Obispo ,cuidando de los compañeros y  llevando  la Diócesis en el corazón “.

Pero sigue siendo persona  de familia y  de su pueblo ,del que se siente orgulloso  por la manera de ser  de sus gentes que saben conservar sus creencias y tradiciones y transmitirlas a los más jóvenes y del que nunca se ha ido.

Sin más dilación les dejo con  el pregonero de la SEMANA SANTA 2015.

D.JOSÉ LUIS UBEDA SIERRAS.  VICARIO GENERAL DE LA DIOCESIS DE ORIHUELA – ALICANTE .

M I   H E R M A N O.

PREGÓN SEMANA SANTA 2015

1.- SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS

Queridos hermanos sacerdotes: D. Alejandro, D. José María, D. Sebastián:

Excelentísimo Sr. Alcalde, D. Pedro,  y miembros de la Corporación municipal.

Sr. Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Catral, D. Pascual, y junta directiva.

Sr. Nazareno de honor, D.

Presidentes de las Cofradías y Hermandades:

Señoras y señores

Sean mis primeras palabras para honrar la memoria de María Penalva, a la que esta tarde se ha despedido de su caminar terrestre para entrar en la casa del Padre del cielo. Ella proclamó este pregón hace cinco años. Nos unimos a su familia.

También os traigo el saludo de nuestro obispo D. Jesús. Sabe de mi presencia hoy aquí. Os transmito su aprecio por Catral y su historia, Recuerda su grata visita a santa Águeda en este febrero.

Con humildad y gratitud recibí el encargo de anunciaros las solemnidades que en torno a la Semana Santa se van a desarrollar en Catral, al compás de las celebraciones del mundo cristiano. Agradezco este honor que me encomendó la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades,  y pido a nuestra Madre que mis palabras sean acordes al corazón y puedan mover el vuestro para vivir con profundidad, alegría y espíritu de fe la Semana de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Agradezco también a mi hermana Inmaculada que, como portavoz de mi familia, os ha expuesto esos matices de mi vida, con mucha gracia, calor y afecto, que inciden especialmente en mi amor a Catral y a mi itinerario sacerdotal.

En Catral el Señor, a través de mis padres, me dio nombre, familia, fe, cultura y fraternidad. Aquí Dios despertó el deseo de acompañarle como discípulo y apóstol. Desde aquí, al tiempo, fui enviado por los caminos de la Diócesis en el servicio a la Iglesia y al pueblo de Dios. En muchos pueblos de la provincia, han conocido Catral a través de los sacerdotes.

Gracias, hermana, por tus palabras. Gracias, pueblo de Catral, por haber sido la cuna de mis sueños y la universidad popular de mis saberes, con acento de huerta, algo de gramática parda, y mucho de organizar al ritmo de la naturaleza: cada cosa a su tiempo.

2.- PREGONERO DEL AMOR DE DIOS

Mi misión hoy es pregonaros que a través del desierto cuaresmal y atravesando los acontecimientos, antiguos y siempre nuevos, de la Semana santa, Jesucristo sigue vivo y que su presencia es salvadora para todos.

Que en Jesús cada persona es amada en sí misma y que el Padre Dios, que nos permitió la vida, tanto nos amó que nos entregó a su Hijo único por todos nosotros. ¡Cómo no amar al que nos ha amado tanto! ¡Cómo no proclamar las maravillas de Dios, que permitió la ignominia de su Hijo provocada por el pecado en muchas de sus formas, para así provocar en nosotros el arrepentimiento, la conversión y la esperanza en una vida mejor!

¡Cómo no hacer memoria de María Santísima, a la que acompañamos en sus diversos momentos siempre junto a su Hijo, en sus momentos de la Encarnación, de la gracia de la Merced, en sus Dolores, en su Soledad, y recogiendo a su Hijo al pie de la cruz!. Una Madre tal siempre nos dará esperanza, pues también tiene presencia y brazos para acompañarnos y acogernos.

3.- EL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA COMIENZA EN LA FAMILIA

Una de las imágenes más simpáticas de las procesiones son las de los niños con las palmas y los ramos o envueltos en sus capas, incluso a veces con los bolsillos llenos de caramelos, para darles una actividad en la procesión. “Es para que continúen las tradiciones”, decís los padres y los abuelos. Y hacéis bien. Estos niños tendrán cosas que vivir y contar. Tendrán historia.

Por eso, la primera parada del pregón es en las familias. Qué misión tan esencial la de transmitir la fe, las tradiciones, el amor a las raíces y la peculiaridad del pueblo. Es cierto que no tenemos muchos monumentos, pero los que hay son referenciales para nosotros. Pero tenemos historias. A veces nuestros niños y jóvenes se admiran cuando los mayores les contamos historias de personas, de costumbres y de situaciones anecdóticas que provocan la sonrisa, cuando no la carcajada. Entonces parecen reconciliarse con su origen: también en Catral tenemos cosas que contar.

Por esto, quisiera contaros mis primeros recuerdos de la Semana Santa, pues estoy seguro que los vais a reconocer.

Esos recuerdos para mí comienzan en mi casa, como pienso que a todos. Cuando llegaban estas celebraciones se ponía en marcha una maquinaria especial. Nosotros pertenecemos desde hace mucho tiempo a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.  Cuando llegaba la Semana santa y las procesiones, se participaban en ellas, sean la de Ramos, como especialmente la del Silencio de Jueves Santo, la del encuentro el viernes santo por la mañana  y la del Santo Entierro del viernes santo por la tarde.

Lógicamente, se sacaban de los armarios las capas, las vestas, los capirotes y los faroles, que tan diligentemente se habían guardado el año anterior. Las vestimentas se pasaban de unos a otros, como si pasáramos el testigo en una carrera de relevos.

Pero en mi casa había un trasiego especial. La tarde de domingo de ramos, para la procesión de las mantillas, yo veía una cantidad de mujeres jóvenes y mayores que iban a que mi madre les arreglara la teja, la caída de la mantilla, los tacones, los complementos de rosario, guantes y vela. Todo lo componía y compone la imagen de la mujer catralense, la cual, con su especial elegancia y buena percha, se disponía, con arte en el vestido y con gracia en el corazón, a acompañar a la Virgen de los Dolores en su paso por las calles de Catral. Y no salían de casa sin estar todo perfectamente en su sitio.

En mi casa, como estoy seguro en las vuestras, hemos vivido las tradiciones religiosas y los encuentros de familia envueltas también en aromas de “monas”, en mesas de vigilia, en visitas al Hondo, en paseos de huerta, que invitan a los presentes y a los ausentes al reencuentro.

¡Cuánta riqueza aporta el ritmo de la fe y de la vida a la familia! Así ella se destaca como espacio donde tienen lugar historias con alma y nombres con rostro.

¡Cuántos valores: la fe, la humanidad, la fraternidad, la solidaridad efectiva, los lazos familiares y de la amistad, tienen su base y se renuevan especialmente en este tiempo! ¡Cuántas virtudes se aprenden desde el evangelio y son la base de la personalidad de los hijos! Este es un buen tiempo para seguir en ello: la transmisión de las oraciones, los gestos de caridad y solidaridad con los vecinos, el amor a la Iglesia especialmente a través de la parroquia

Vaya por delante el agradecimiento a mis padres y a todas las familias del pueblo por vivir lo que nos transmitieron y seguís haciéndolo. Si hay familia, hay vida.

4.- EL PREGON TIENE ESPACIO PRIVILEGIADO EN EL TEMPLO PARROQUIAL

La parroquia de los Santos Juanes, nuestra parroquia, es el siguiente referente de mi pregón. Desde pequeños ella ha formado parte de nuestras retinas. El hogar de la familia cristiana, la casa de los santos, el templo donde se nos abría el corazón a otro mundo, el del olor a incienso, los sonidos de las campanas y las campanillas, los cantos, donde el José María el Llopis repetía las notas gregorianas con el viril acento de huerta, donde los sacerdotes de mi niñez, D. Trino., D. José María, D. Iván, D. Francisco, eran parte de mis personas referenciales, junto con los seminaristas.

Venir a la parroquia a la misa de los domingos y a algún acto de la tarde, tanto de niño como ya de monaguillo, fueron parte de mi historia infantil.

Veneramos con cariño sus muros centenarios. Nuestros padres, abuelo, bisabuelos, los antepasados, han rezado aquí, han despertado a la vida del espíritu. Cómo se han vivido y se viven las comuniones, las confirmaciones, la alegría de los matrimonios de jóvenes cristianos que solicitan al Señor su bendición para el proyecto de vida de matrimonio y familia. Aquí se recupera el aliento vital con el perdón de los pecados, y se tiene la despedida de nuestros seres queridos, cuando les encomendamos en el viaje hacia la ciudad celeste.

Aquí se pueden descubrir las tres “Gs”: la gratuidad de los dones de Dios, la gratitud por lo que recibimos y la generosidad con que hemos de compartirlo, especialmente las tres “Ts”: el tiempo, el talento y el tesoro.

En la parroquia aprendimos la veneración por lo sagrado, a saber estar con educación en el lugar y a respetar las personas que buscan el encuentro con Dios y la fraternidad. “La casa de mi Padre es casa de oración”. Con cariño y convicción, el entorno familiar nos enseña a respetar el nombre de Dios, a honrarlo en cualquiera de sus denominaciones, a que sea un signo de cultura religiosa y fraternal que no salieran palabras ofensivas al sentimiento religioso de nadie. Sabemos hablar y decir bien de Dios. Somos gente de cultura y cultura religiosa.

Os dejo esta indicación del papa Francisco para nuestras parroquias y comunidades. “Que lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”

¡Cómo no estar agradecidos al espacio donde podemos encontrarnos con Dios y recibir lo mejor de él, que es a su Hijo en la Palabra y la Eucaristía, y sentirnos parte de un pueblo que camina, con sentido de Iglesia, e Iglesia Diocesana”

5.- LA SEMANA SANTA DE CATRAL

Hasta el momento de irme al Seminario participé en los oficios y procesiones, en los primeros, por ser monaguillo; en los segundos, por ser de la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.

Continué en el Seminario, participando en los oficios tanto dentro como en la Catedral. Después, la misma experiencia sacerdotal en las diversas parroquias donde he servido, como ahora dentro de mi actual ministerio, me ha ayudado a descubrir muchísimos matices propios de la Semana Santa.

En ocasiones hemos escuchado preguntas o planteamientos tales como:

¿Qué tiene que decir la Semana Santa a nuestro mundo? ¿No se puede estar convirtiendo en una fiesta cultural, turística o etnográfica, residuo de épocas míticas, con un vago contenido religioso? ¿Qué puede suponer para los hijos de Catral el celebrar el Misterio de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, a través de la liturgia y las procesiones? ¿Qué aporta a su humanidad, a su convivencia, a su fraternidad? ¿Cómo entender el esfuerzo de los costaleros y portadores de andas: son sufridores o testigos? ¿Cómo entender, por otro lado, el auge de cofradías y hermandades?

No puedo responder directamente a estas cuestiones pero tal vez sí podamos situarnos frente a ellas desde la Verdad de lo que celebramos. Pues la realidad del auge de las cofradías y hermandades es un signo muy potente que invita a mirar el fondo y la forma desde la esperanza. Las cofradías se han rejuvenecido, han incorporado nuevos miembros, con mejora de tronos, organización y deseos de vivir más al estilo del evangelio, mirando más el fondo, la razón de ser,  no sólo lo organizativo. Se han implicado más en la caridad y ayuda a las necesidades.

Vuestra presencia hoy así lo manifiesta, la tradición pasada de padres a hijos es una gracia, las costumbres al hilo de las celebraciones han arraigado en el colectivo del pueblo, se ha mejorado sin duda a través del buen trabajo de las juntas mayores y las directivas el aspecto organizativo, espiritual y de caridad de estas asociaciones. Mi enhorabuena.

a) LOS MISTERIOS QUE SE CELEBRAN

Contemplemos el Misterio. No hablamos de ritos, no hablamos de mitos, no exponemos teorías más o menos bellas sobre el sentido de la vida o la injusticia de la muerte de un justo.. Hablamos y traemos al corazón a “Jesús nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a éste conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo en una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio” (Hechos 2, 22-24).

Con estas palabras, presentó Pedro a Jesús el día de Pentecostés. Dios se ha apiadado de la humanidad, la muerte no es la última palabra, el mundo puede seguir con esperanza a pesar de sus dolores; y  cada persona tiene lugar en el corazón de Dios.

Esta experiencia de fe conocida y vivida provoca que deseemos compartirla, pues la salvación que viene de Dios es para todos. No queremos retenerla como un bien exclusivo de un grupo de privilegiados. Jesús ha dado su vida por todos y cada uno de nosotros. Y nos gustaría contagiar esta fe.

Es verdad que hoy nos encontramos con lo que llama el papa Francisco “la globalización de la indiferencia”, pues incluso los cristianos tenemos la tentación de la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Pues cuando estamos más o menos bien económicamente tenemos la tentación de caer en el “sálvese quien pueda” o en aquello otro de justificar la inacción diciendo que una gota de agua no puede cambiar el océano. Es sin duda el riego de cerrarse en sí mismo y cerrar las puertas del alma a Dios y al prójimo.

En este contexto, que afecta a nuestra cultura occidental, y  también a nuestro pueblo, necesitamos oír el grito de los profetas, el grito de Jesús en las escenas de su Pasión, para que nos sacudan y nos provoquen. Aquí tiene lugar y razón de ser vuestro testimonio litúrgico y eclesial, una de las razones para vivir la Semana Santa en las celebraciones litúrgicas en la parroquia y en la calle con las procesiones: ser el grito de Dios para ofrecer el misterio del amor de Dios, implicado hasta el fondo para decirnos: “Mira a mi Hijo, mira a su Madre, mira a tu hermano”. También las imágenes de los pasos nos pueden ayudar visual y emotivamente a este “despertar”.

b) LA LITURGIA DE CATRAL.

Con Jesús, dice el papa Francisco, “se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (mensaje de Cuaresma 2015)

Esta frase me permite invitaros a participar en las celebraciones litúrgicas, especialmente del domingo de ramos, del Jueves Santo, del viernes Santo y de la noche de resurrección: para seguir con la puerta abierta entre Dios y los hombres, para que fluya la corriente de amor, para que la palabra cale en el alma y su eco mueva sentimientos y acciones, para que la fuerza de la Eucaristía configure a cada cristiano con Jesús, para que la alegría siga impulsando el compromiso por un mundo según el corazón de Dios, según El lo pensó para bien de todos.

Pero hay un momento singular, que me atrevo a recomendaros con intensidad. Se trata de la Adoración del Santísimo en el Monumento la noche del jueves santo. Después de la celebración de la Misa de Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y la entrega del mandamiento del amor fraterno, “como Él nos ha amado”, se reserva el Santísimo para la Adoración durante toda la noche.

El espectacular “Monumento”, bien trabado en su estructura y magníficamente adornado con las plantas y macetas de las familias del pueblo, en el silencio de la noche, nos permite reservarnos un tiempo especial para estar con Jesús y dejarnos amar por él. En la paz de la adoración, nos unimos a toda la Iglesia que custodia lo más preciado: el Cuerpo, la sangre, alma y divinidad de Jesús bajo las especies de pan: la Eucaristía. Tiempo para el Señor. El tesoro del nuestro tiempo lo retornamos en forma de oración, amistad, afecto, memoria agradecida a nuestros padres, gratitud a Dios por su entrega, humilde ofrecimiento de la vida, porque él nos la ha dado primero. Y conmigo, en mi oración, multitud de hermanos que vienen a Dios a adorarlo. A estar con Él.

Esta oración es el mejor antídoto para vencer la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Con esta fuerza no nos dejaremos robar ni nos cansaremos de vivir el ideal de la fe y del amor fraterno.

c) LAS PUERTAS DE LA IGLESIA, LAS PUERTAS DEL TEMPLO

Junto con la liturgia, están también las procesiones. Es un honor y una responsabilidad que la Iglesia permita a una cofradía o hermandad procesionar los misterios de la Pasión, pues lo hacen en nombre de la misma Iglesia, no a título particular. Por eso todas las cofradías y hermandades han de tener una aprobación canónica de estatutos y estar erigidas como asociación publica de fieles. La Iglesia vela para que lo referente a la fe y a sus manifestaciones responda a la verdad y dignidad de lo que allí se manifiesta. Sentíos, pues, parte de esta Iglesia Diocesana que camina en Orihuela-Alicante.

Antes os decía que la Iglesia es la mano que tiene abierta la puerta entre Dios y el hombre. Pues bien, hermanos cofrades, vosotros, como cristianos, como iglesia, como cofrades, al sacar una procesión a la calle, estáis abriendo las puertas físicas del templo, como símbolo de que hay que facilitar que se abran las puertas del corazón a Dios y a la Iglesia.

También es verdad que la historia nos dice que de diversos modos no se quiere que esa puerta se abra y que en ocasiones es posible que a los cristianos les cojan la mano en la puerta o incluso que las hieran. Es parte del rechazo o de la indiferencia hacia Dios. Lo hicieron con Jesús. Pero no olvidéis que ni la piedra del sepulcro pudo con la fuerza del corazón de Dios.

En este punto os digo a todos los cofrades: asumid este cometido: que las puertas de la fe, de la Iglesia, estén abiertas para que muchos puedan sentir el amor que viene a llamarles o la invitación a entrar para el encuentro con Dios.

Abrid las puertas del templo: salgan las procesiones: salgan las cofradías y hermandades. Salid, salid.

d) LAS PROCESIONES: LAS IMÁGENES

Para las procesiones, unid tres características: religiosidad, sentimiento y arte. Y sobre todo aprovechad para fortalecer vuestros corazones. Las imágenes nos pueden hablar.

*Alrededor de la imagen de nuestro Padre Jesús Triunfante, se arremolinan niños y mayores con palmas y olivos, recordando la entrada en Jerusalén. Es el día especial de las familias: todos con las palmas, los ramos, acompañando festivamente al Señor, al son de la Banda de cornetas y tambores santos Juanes. Y de la Sociedad Unión Musical La Constancia.

Al paso de Jesús, fortaleced el corazón de los niños. Que nadie les robe la inocencia ni les aparte del amor de Dios. Acercadlos, desde su lenguaje simbólico y festivo, al Señor. Les ama.

*A la serena belleza de la Virgen de los Dolores le acompañan las mantillas, las mujeres que se afanan en acompañar sobria y afectuosamente esta imagen que nos evoca a María atravesada por la espada del dolor, porque su Hijo está en Pasión.

Mujeres, fortaleced vuestro corazón junto a María. Poned vuestro genio femenino en humanizar con sentido y superando desánimos, y aunque también llevéis alguna espada en el corazón, orad y pedid para que nada ni nadie os arrebate la fortaleza y el estar siempre junto a nuestro Señor. Porque la mirada de una mujer, la mirada de una madre es bálsamo y garantía de superación.

*Cuando veáis a Nuestro Padre Jesús Cautivo y a nuestra Señora de la Merced, en la procesión de los Escapularios,  recordando sus historias de cautiverios y de gracias o mercedes, ¡cuántas gracias hemos de dar a nuestro Señor por ser solidario de las esclavitudes humanas, sean del alma por los pecados, sean del cuerpo por los efectos de la enfermedad, de las dependencias! Y cuántas gracias y alabanzas hay que dar  por haber sido liberados a los largo de la vida de algunas de estas servidumbres que nos ataban.

Por esto, fortalezcamos los corazones para seguir trabajando en la liberación del cuerpo y del alma, para dar gracias por los bienes recibidos, por la alegría recuperada, por las batallas ganadas, y por las que aún quedan por ganar.

*A vuestro lado pasará la santa Mujer Verónica, ostentando el lienzo con la imagen de Jesús: la santa Faz, el santo rostro. Me admira la valentía, el arrojo, la carga de misericordia de esta hebrea. El desafío al miedo, al temor, al respeto humano, tuvo su premio: el rostro de Jesús quedó impreso en su tela, que ella solo quería para aliviar el sudor, la sangre, el dolor.

Hermanos: fortaleced vuestro corazón al recordar esta historia: fuera miedos, fuera el temor al qué dirán cuando se trata de hacer el bien, o manifestar la propia condición de creyente, desafiad lo políticamente correcto cuando se trata de amor y respeto: no hay colores partidistas ni distinciones de razas o credos. El amor es patrimonio del corazón. Y si necesitamos una referencia, ¡ésta es la mujer!

*San Juan evangelista, el joven discípulo, porta el cáliz y la palma, así nos lo han descrito los libros apócrifos: el cáliz, porque estuvo en la última cena y fue quien con más profundidad nos describe el corazón de Jesús. La palma, que la recibe de la Virgen como prenda de gloria futura y regalo maternal por haber estado junto a ella en todo momento.

A vosotros, los jóvenes os digo: fortaleced vuestro corazón, acercándoos al corazón de Jesús. Conocer para amar, amar para servir, servir para que la vida tenga sentido. Sed fuertes, no abandonéis la fe en los momentos complicados de la edad, pues solo en Jesús encontraréis el agua que sacia, la vida en abundancia. Confiad en Jesús, venced al mal.

*Ver procesionar a Nuestro Padre Jesús Nazareno con la cruz a cuestas hace memoria de las estaciones del Via Crucis. Con cuánta fuerza Jesús avanzó hacia su meta final. No se desvió un ápice de la voluntad de Dios, aunque ésta en ese momento fuera tan dura. Pero el fondo era lo que salvaba: “Aquí me tienes, Padre, para hacer tu voluntad”.

A los que lleváis la cruz y a los que ayudáis a llevarla: fortaleced vuestro corazón, pues mirando la debilidad de otros, comprendemos la propia, y no caemos en la prepotencia o la indiferencia hacia el dolor del otro. Pues yo mismo me comprendo frágil y también, ahora o más tarde, necesitado de cirineos.

*Silencio: El Santísimo Cristo de la Salud procesiona solemnemente en la noche del jueves santo. Solo se oye la oración del Vía Crucis, y los cantos penitenciales del coro mixto de la parroquia. Silencio, oscuridad, meditación: es muy grande el misterio del dolor y del amor.

Ocasión preciosa para contemplar en recogimiento el misterio de Cristo en la Cruz: salud para el alma, salvación para todos. Fortaleced los corazones desde el silencio, desde el paso acompasado de los cofrades, desde la luz del compañero que unidas entre sí, nos unen también a la cruz, a Cristo traspasado. Silencio.

La mañana de viernes santo, despertados por las tubas o bocinas del alba, somos convocados al encuentro y al sermón de la Pasión. Y por la tarde, la procesión del Santo Entierro. Es todo el pueblo el que se echa a la calle.

Casi todas las cofradías procesionan: junto con las nombradas, también están las imágenes de la cruz de Labradores, El Santísimo Cristo de la Misericordia, en brazos de María, el Descendimiento, el Señor en el Sepulcro, la Soledad: lo miro como todo un conjunto.

El viernes santo es muy singular. Estáis todos al lado de nuestro Señor,  y de Santa María. Se ha consumado, todo está cumplido.

Sabed estar junto al caído, ayudad en la dificultad, acompañad al difunto y al que llora, tened compasión del corazón de la Madre que en su soledad lora la muerte de su Hijo: solo miradlos a El y a Ella. Solo mirad.

A todos los que participáis, aprovechad para fortaleced vuestra religiosidad bien fundada en el evangelio; el sentimiento de amor y adhesión a Cristo y a María.

Pero nos queda la noche de Resurrección y el día de Pascua. Vivid la Vigilia Pascual y en la mañana de Resurrección nos alegraremos al quitar el manto negro a la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación al encontrarse con su Hijo,  nunca mejor dicho su Hijo en la Eucaristía, en la custodia y bajo palio. LAS CORTESÍAS dejan volar la imaginación, la alegría pascual, vuelve el color, la luz, la esperanza y renovamos la vida y la ilusión: Cristo vive. Este es el solemne mensaje de la mañana de Pascua.

CONCLUSION

Hermanos todos: esta es nuestra historia de salvación, que hemos recibido y transmitimos.         Esta es parte de la tradición de Catral, impregnada de evangelio, de religiosidad, de belleza y arte.

Nada de desánimo ni desmotivación. La fe ha perdurado en el tiempo. Hemos sido constantes en pasar la tradición de padres a hijos, en sembrar esperanza y energía.

Animo, hermanos; valor, cofrades: Jesús y María son los auténticos protagonistas de esta historia. Poneos en la piel del Señor y acurrucaos en el corazón de María. Hay gente que os necesita para mantener la luz, para creer en Dios, para poder mirar hacia arriba y hacia delante. Mantened la generosidad al compartir vuestros bienes con las más necesitados.

Animo, familias, creed en todo lo bueno y renovad vuestra propia fe.

Animo parroquia de los Santos Juanes: eres la casa de la comunidad, aquí está el corazón del pueblo: Nuestro Señor. Como Jesús, aquí nosotros no buscamos el éxito, sino la fecundidad. Que seáis Isla de misericordia en el mar de la indiferencia.

Animo, querido pueblo de Catral: proclamad que Dios no sabe expresarnos mejor ni más alto su amor que ofreciéndonos a su Hijo, “para que todo el que cree en él tenga vida eterna”

Que se abran las puertas:

Salen los Santos.

Sale la Santísima Virgen.

Sale… El Señor

Muchísimas gracias.

José Luis Úbeda Sierras

Vicario General

Hijo de Catral

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2014

PRESENTACION DEL PREGON DE SEMANA SANTA DE CATRAL 2014


Buenas noches a todos los aquí presentes y también para todos
aquellos que no han podido asistir y nos siguen a través de Telecatral.
Antes de empezar quiero dar la gracias al presidente de la Junta Mayor
de Cofradías y a su directiva, por haberme encomendado la labor de presentar
a mi padre como pregonero de la Semana Santa 2014, de lo cual hoy me
siento muy orgullosa. ¡Ya ves!, tanta intriga por saber quién te iba a presentar y
jamás hubieras pensado que era yo.
Cuando me lo propusieron, no me lo podía creer, ¡yo presentando a mi
padre! Para mí es un sueño, pues recuerdo cuando en el Cine Marina se le
hizo un homenaje a mi abuelo Miguel y él fue el presentador, tan orgulloso de
mi abuelo. En aquel momento con ocho o nueve años que yo tenía, recuerdo
que pensé, quizá algún día yo haga lo mismo por él. Y aquí estoy.
Deciros que Miguel Berenguer Gómez nació en el seno de una familia
trabajadora, su padre, Miguel Berenguer Rodríguez, agricultor, amante de la
música y de la familia, y su madre Concha Gómez Mompeán, mujer de
carácter y trabajadora de su casa. Ese amor por la familia que mis abuelos
transmitieron a mi padre, es el que él me ha transmitido y lo que me hace estar
hoy aquí haciendo su presentación con todo mi cariño.
Su infancia se desarrolla aquí en Catral, entre las dificultades de la
época que le toca vivir, muy protegido por parte de mi abuela, pues como
sabéis es hijo único, la cual ejerce una influencia muy grande sobre él.
Realizó sus primeros estudios, hasta los diez años, con el maestro D.
José Navarro. Este hombre lo estuvo preparando, como a muchos vecinos,
hasta el tercer curso de bachillerato para poderse presentar a los exámenes
que se realizaban en el Instituto Jorge Juan de Alicante, único centro de
enseñanza pública en la provincia por aquellos años. A partir de este curso, se
instala en Alicante, en casa de unos conocidos de mi abuela hasta que acaba
el bachiller.
De firme vocación militar, comenta en su casa su intención de ingresar
en la Academia Militar de Zaragoza, lo que provoca la firme oposición de mi
abuela, que le dice que no, por lo que realiza con éxito el Examen de Estado e
ingresa en la Facultad de Derecho de Murcia. Aquí realiza el primer curso y
descubre que aquello no era lo suyo, lo suyo era lo que vivió en su familia, la
agricultura. Al finalizar el curso, se presenta al examen de ingreso en la
Escuela de Ingenieros Agrícolas de Barcelona. Para realizar estos estudios,
abandona Catral y se instala, en Barcelona, en la casa de una señora de
Catral, pero que vivía allí y que aquí se le conocía como la Isabel “del médico”,
donde ocurren múltiples anécdotas muchas de ellas conocidas por algunos de
los aquí presentes.
Una vez acabados los estudios, comienza su andadura profesional al
ingresar en el cuerpo de Ingenieros del Estado, obteniendo una plaza en la
provincia de Cuenca. Allí permanece unos meses hasta que vuelve
definitivamente a Catral, y empieza a trabajar en una empresa norteamericana,
dedicada a la comercialización de productos fitosanitarios, establecida en
Murcia.
A pesar de sus vocaciones y su trayectoria profesional descritas
anteriormente, su verdadera vocación fue Catral, su amor a Catral, y así
accede al Ayuntamiento como concejal electo por el tercio de entidades, cargo
que jura el día de Santa Agueda de 1967. El 7 de Agosto de 1970 es elegido
Alcalde, cargo que ostenta hasta su cese el 16 de abril de 1979.
Desde esta fecha, hace un paréntesis, y el 30 de junio de 1987 jura de
nuevo como concejal del Ayuntamiento de Catral, hasta el 30 de marzo de
1988 en que jura de nuevo como Alcalde hasta el 5 de diciembre de 1989 que
renuncia a la Alcaldía y pasa a ser de nuevo concejal hasta el 14 de junio de
2003, que se retira definitivamente de la vida pública.
Durante todos estos 30 años de servicio a Catral, 11 años como Alcalde
y 19 años como concejal, la mayor satisfacción que ha podido experimentar y
que él manifiesta con orgullo, es que lo hizo por amor a su pueblo y de forma
totalmente desinteresada y altruista, ya que siempre compaginó la dedicación a
su trabajo con el servicio a Catral. Pues no podemos olvidar, o yo no puedo
olvidar, que el tiempo que le dedicaba a Catral era tiempo que no nos dedicaba
a la familia, aunque eso sabes que lo tienes perdonado, pues ese tiempo que
no nos dedicaste, hoy se lo dedicas a tus nietas, mis hijas, tu alegría.
Como la Semana Santa es parte inseparable de la vida de Catral, su
amor profesado a Catral se traduce en su amor a su Semana Santa, pues
siempre ha presumido, siguiendo el consejo de mi abuelo, de ser cofrade del
Cristo de la Salud y de Ntro. Padre Jesús Nazareno.
Con todo lo dicho y sin más premura, pues hoy el protagonista es él, os
dejo con el pregonero de la Semana Santa de Catral 2014, D. Miguel
Berenguer Gómez, mi padre, al que quiero, adoro y admiro.

Anabel Berenguer Manzanaro. Año 2014

PREGON DE SEMANA SANTA DE CATRAL 2014
MIS AÑORANZAS


La Semana Santa en mis añoranzas es la solemne celebración del
Misterio de la Pascua. El Hijo de Dios llega en su amor a lo sublime, que es su
Pasión y Muerte. El amor triunfa a la muerte. Es la semana grande del
cristianismo, donde se manifiesta en toda su grandeza el amor y el dolor, la
semana de la vida y la muerte. Es la semana donde se manifiesta todo el amor
de Dios a los hombres creados por El.
Buenas noches y un saludo cordial al Sr. Cura Párroco D. Alejandro, al
Rvdo. D. José María García Bernabé, al Rvdo. D. Sebastián Aguilar Ferrández,
así como al Sr. Alcalde y al Pleno Municipal, al Presidente de la Junta Mayor de
Cofradías de la Semana Santa y a su directiva. Saludo afectuoso a los
presidentes y miembros de las Cofradías:
1º Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sª de la Encarnación.
2º Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Triunfante.
3º Cofradía de Ntro. Padre Jesús Cautivo y Ntra. Sra. De la Merced.
4º Cofradía de la Santa Mujer Verónica.
5º Cofradía de San Juan Evangelista.
6º Cofradía de Ntra Sra de Los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia.
7º Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.
8º Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro.
9º Cofradía del Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz.
10º Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.
También a todos ustedes que están en el templo y que son la base y sustento
de la Iglesia.
La Junta Mayor de Cofradías me pidió realizar el pregón de Semana
Santa de 2014, en una visita prácticamente oficial que me hicieron en casa, no
me negué a ello por varios motivos, el primero porque soy cofrade de varias
cofradías desde muy pequeño, ya que mis padres estaban inscritos en varias
de ellas y por tanto no podía de ninguna manera negarme y, en segundo lugar,
porque soy una persona católica practicante desde el bautismo, así como mi
familia y la Semana Santa siempre ha sido un oasis de religiosidad, que
normalmente, durante el resto del año, por diversos motivos, se ve disminuido.
La Semana Santa es la actualización anual del Misterio de Dios, que es
amor, escondido desde la eternidad y revelado en Jesucristo. De no ser así el
cofrade sería un mero actor, la procesión teatro en la calle y la expresión
religiosa una manipulación de la religión.
Mis recuerdos de niño de la Semana Santa en Catral se resumen en
vivencias y consultas al libro editado por D. Manuel Sierras Alonso y D. José
María Penalva Martínez, a lo siguiente:

Domingo de Ramos.- A las diez se celebraba la procesión de Las
Palmas. Los niños vienen con palmas a la ermita de la Purísima para
presentarlas al sacerdote, que las bendecía, así como los ramos de flores.
La procesión se trasladaba de la ermita a la Iglesia y allí se celebraba la
Santa Misa. La Misa, después de la Procesión de las Palmas era un
espectáculo porque los niños estaban inquietos y era imposible concentrarse.
Martes Santo.- En la noche se hacía el traslado de algunas imágenes a
la ermita de la Purísima. Esta procesión carecía de solemnidad y era
acompañada por los miembros de las cofradías y por los fieles más
involucrados con la Semana Santa.
Miércoles Santo.- Ya había ambiente de Semana Santa, pues
empezaban las confesiones de los fieles en la iglesia con los sacerdotes
locales y algunos que venían de fuera, ya que éstas eran masivas, pues
prácticamente todo el pueblo asistía a ellas.
Jueves Santo.- Se hacían dos misas, como ahora, en las cuales la
segunda era la más solemne, asistía el Ayuntamiento en pleno y las
comuniones eran masivas. El templo estaba completamente lleno y como no
había bancos para sentarse, cada uno se traía su propia silla de casa.
Acabada la misa solemne, como el monumento se había colocado, se
llevaban las Sagradas Especies al mismo con toda la solemnidad bajo palio.
Lo importante era que el monumento estuviera acompañado de fieles
durante el día y la noche. Recuerdo perfectamente las guardias que se hacían
por parte de la Sección Femenina, Falange Española y más tarde, cuando
éstas desaparecieron, empezaron a hacerlas las Amas de Casa, con unas
relaciones que se ponían en la puerta de la iglesia, para que los afectados
supieran su horario.
Se hacían los oficios de tinieblas. Los sacerdotes intervenían cantando
salmos.
Los niños nos encontrábamos en la Plaza de España y, de vez en
cuando, nos asomábamos para ir comprobando como iban los oficios
religiosos, para comprobar cuantas velas estaban encendidas en el candelero
y, cuando las velas estaban todas apagadas, se entonaba, por los sacerdotes,
el miserere, golpeando con sus misales los bancos y sillones donde se
encontraban sentados, siguiendo el ritual religioso.
Todos nosotros, en la Plaza de España, con palos y con lo que
podíamos, golpeábamos puertas, ventanas, carros, tartanas, armando un
tremendo escándalo, hasta que los municipales, el tío Pichi y el tío Manuel, los
dos únicos municipales, nos hacían callar.

Sermón de la “bofetá“.- Este era un sermón muy célebre, en mis tiempos
infantiles ya había desaparecido, pero se lo había oído contar a mi padre
muchas veces, el escándalo que se montaba dentro de la iglesia, dándose
bofetadas unos a otros, cuando el predicador narraba el episodio, cuando el
criado de Anás da una bofetada a Jesús, en una de las contestaciones del
Redentor a Anás, en el juicio que se estaba celebrando. Según me contaban,
incluso en la calle, continuaban las bofetadas. Algunos tenían que pasar por la
consulta del médico López (Dr. en Medicina) y padre de Lola, Isabel y Aurora.
Procesión del Silencio.- La procesión del Silencio la conocemos todos. A
las doce en punto de la noche, en estas fechas a las once, recorría las calles
tradicionales de Catral ésta procesión, saliendo de la ermita de la Purísima y
volviendo a la ermita.
La Pasión.- Terminada la Procesión del Silencio, unos se van a
descansar a su casa, otros a velar al Señor y un grupo numeroso va
recorriendo las calles cantando “La Pasión” con el sonido de una grandes
trompetas, cuyo nombre concreto desconozco. La melodía no sé de qué época
será, pero es un sonido, que me da la sensación, que eran como instrumentos
romanos.
Siempre he conocido a la familia Llopis hacerlas sonar. Durante los
cantos de La Pasión, la gente que va aprovecha las paradas para reciclarse
con invitaciones de los vecinos.
Viernes Santo.- A primera hora y desde la ermita de la Purísima, salía
una procesión en la que, según mis recuerdos, desfilaban las imágenes: Ntro.
Padre Jesús, San Juan, Virgen de los Dolores y el Cristo de la Salud.
Cuando se llegaba a la Plaza de España, y desde el balcón del
Ayuntamiento, se hacía un sermón, igual que hoy en día. Este sermón se
refería al encuentro de Jesús con su madre en la calle de la Amargura.
Terminado el sermón, la procesión continúa por el resto del pueblo y
terminaba en la ermita de la Purísima.
A primera hora de la tarde se traen las imágenes a la iglesia para
prepararlas para la procesión del Santo Entierro de la noche.
A las 10 de la noche, salía la primera imagen de la Iglesia para dar
comienzo a la procesión del Santo Entierro. En esta procesión, de una
solemnidad extrema, acompañaba a las imágenes el Ayuntamiento en pleno,
los cofrades con sus túnicas y muchas mujeres con traje negro y mantilla, lo
que en este municipio se les llama “manolas”.
Sábado Santo.- A las 9 de la mañana, Misa de Resurrección, es una
misa que a mí siempre me ha gustado, ya que empezando en una tenue
oscuridad, al entonar el sacerdote el “Gloria in Excelsis Deo”, las luces se

encendían en su totalidad, las campanas al vuelo, se empezaban a disparar
escopetas al aire y los chiquillos iban con palos dando porrazos a las puertas
que no estaban vigiladas. Si coincidía con la tanda de riego, en la plaza de la
iglesia, por la que pasaba la antigua acequia de riego descubierta, los allí
presentes se arrojaban cubos de agua unos a otros.
Como anécdota, el Sábado Santo de 1945, siendo yo un niño, un
agricultor, donde la mayoría vivía en plena huerta, vino con una carriola a
recoger a Dª Lola, la comadrona.
Este agricultor venía a recogerla para llevar a la comadrona a su casa en
la huerta, ya que su esposa iba a dar a luz, pues en aquella época los partos se
hacían en el domicilio particular. Este hombre aparcó la carriola en la calle,
esperó y cuando bajó Dª Lola la subió para desplazarse a asistir a la futura
madre en su parto. En ese momento pasaban con cubos de agua, Juan
Rocamora, Juan de Dios “el toca” y su hermano Ricardo y, sin pensárselo dos
veces, lanzaron los cubos de agua al marido de la parturienta y a la
comadrona, la cual “echa una sopa”, bajó de la carriola y subió a su casa a
cambiarse, diciendo disparates a los que la habían duchado. El parto se atrasó
media hora.
Domingo de Resurrección.- Se realizaba a una hora temprana la
procesión de las Cortesías. La Virgen, cubierta con un velo negro desfilaba por
la calle San Juan, cruzaba por Cervantes y doblaba hacia Santa Bárbara. De la
Iglesia sale el Santísimo bajo palio dirigiéndose por la calle Santa Bárbara. En
mitad de la calle había un altar y allí ambas procesiones se encontraban,
haciéndose unas cortesías en ese momento. A continuación ambas
procesiones se funden y se dirigían a la iglesia donde se celebraba la Misa.
A grandes trazos, ésta era la Semana Santa de mi niñez.
Hoy es distinto, no es comparable, los tronos de los pasos actuales, con
la belleza de su ornamentación, los estandartes con sus preciosos bordados,
con los tronos de aquellos años, aunque en religiosidad, fe, creencias y amor al
Resucitado, dudo que hubiera diferencia alguna.
Para mí la Semana Santa, no sólo es la semana donde conmemoramos
la crucifixión y muerte de Jesús, ya que durante todo el año la tenemos que
tener presente y vivir con arreglo a ella, ya que el cristiano convencido tiene
que tenerla como referencia de su vida.
Si la muerte es el final de todo, ¿la vida tiene algún sentido?, todos los
esfuerzos que realizamos durante nuestra vida son vanos, ¿para qué seguir
unas normas que, aunque socialmente nos sirven de convivencia cívica, no
tienen recompensa alguna en el más allá?

Si Jesús no hubiera resucitado, sería un muerto a través de la historia,
que no significaría nada, que no representaría nada, ya que sería un ser vivo
más que ha habitado la tierra. Lo más importante es la inmortalidad del alma.
Si la Resurrección no existiera y Jesús se hubiera corrompido, que era lo
normal, todo habría quedado sin terminar, pues se demostraría que lo
importante para un cristiano, que es la Resurrección, no habría tenido lugar y,
por ello, todo quedaría sin hacer. Se diría que todas las buenas obras de una
persona cristiana no le sirven para nada, que todas las atenciones con el
prójimo son innecesarias, que las buenas obras no tienen importancia.
De ahí el interés en intentar suprimir el Domingo de Resurrección, que
en nuestra religión es lo más importante, ya que si Jesús no resucita, es un
hombre más que ha existido, buena persona, pero sin significado en nuestra
historia.
Dios quiere al hombre con un amor infinito y esto se demuestra mediante
la Resurrección de Jesús, ya que esto es el cariño de Dios al hombre y por ello
el cristiano tiene que tener la esperanza de la salvación.
Esta fe es la que tenemos o debíamos tener todos los cristianos. La
muerte es dura y todos los sufrimientos durante nuestra vida son difíciles de
sobrellevar, pero el cristiano tiene una característica muy importante, que es su
ánimo de resistencia, que es capaz de llevarlo hasta la muerte si es preciso y, a
través de la historia, tenemos ejemplos notables de esto y que al mismo tiempo
ha servido de caja de resonancia para los propios cristianos.
Hay momentos difíciles en nuestra vida, ya que el cristiano durante su
vida pasa por momentos desagradables y algunas veces trágicos, como la
muerte de seres queridos, unas veces por enfermedad, otras veces por
accidentes trágicos, pero el cristiano tiene la convicción de que Dios lo hace
por nuestro bien y darle sentido a nuestra vida, en un futuro no muy lejano.
El amor es lo más importante que tiene el cristiano, sin él es imposible
vivir una vida cristiana.
Acompañando al amor, tenemos que tener fe y, al mismo tiempo,
esperanza, ya que sin estas virtudes es imposible vivir en situaciones que, por
desgracia, vivimos los cristianos en ciertos momentos con verdadera
desesperación.
No debemos andar por la vida con tristeza, ni con amargura, ya que la fe
del verdadero cristiano tiene que transmitirse a los demás y precisamente que
al cristiano lo reconozcan por ello.
Pero el ejemplo de los creyentes es necesario para transmitir nuestra fe
a los demás, ya que el ajetreo de la vida, cada vez más complicada, nos hace
muchas veces olvidarnos de nuestras creencias y actuar de forma distinta a

ellas dando malos ejemplos. Hoy yo, desde este altar, doy las gracias a mis
padres por haberme educado en la fe de la Iglesia, por haber sabido
transmitirme esa fe que profesaban y que a ellos también les transmitieron.
Siendo yo estudiante de séptimo de Bachillerato, ya que en aquellas
fechas el Bachillerato eran siete cursos y posteriormente un Examen de Estado
para ingresar en facultades o en politécnicos, nos hacían, en la asignatura de
literatura, leer libros de autores reconocidos, tanto en prosa como en verso.
Entre los varios que leí, llegó a mis manos un poema de José María Gabriel y
Galán, poeta no muy conocido en esta época, titulado “La Pedrada”. Describía
una procesión de Semana Santa en Castilla, donde los pasos de la procesión
no eran imágenes, si no que eran personas físicas. El paso en cuestión era el
de Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario. En esta procesión, detrás
de Jesús, iban los sayones, simulando dar latigazos a Jesús, y las cabezas las
llevaban cubiertas con caperuzas de cartón. Un niño, que iba con su padre en
la procesión, al ver aquello, cogió una piedra del suelo y se la tiró a uno de los
sayones, le dio y la caperuza cayó al suelo. El padre, sorprendido, recriminó a
su hijo y, algunos componentes de la procesión se acercaron al niño a
preguntarle por que había hecho aquello. El niño contesta: porque sí, porque le
pegáis sin haber hecho nada malo. Este niño se hace mayor, vive su vida y
reflexiona:
Hoy, que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?
Feliz Semana Santa y feliz Pascua de Resurrección. Muchas gracias.


Miguel Berenguer Gómez. Año 2014.

PREGÓN SEMANA SANTA 2013

PRESENTACIÓN DE JOSÉ ABELLÁN MARTÍNEZ COMO PREGONERO DE LA SEMANA SANTA 2013

ANTONIO GRAU SÁEZ


Catral, 16 de marzo de 2013

Buenas tardes a todos los que habéis querido acercaros a este Pregón de nuestra querida Semana Santa. También un saludo especial a todos los que, al no poder asistir, lo siguen  por televisión. Gracias porque es una alegría compartir juntos la fe.

Mi agradecimiento a la Junta Mayor de Cofradías por pensar que podía presentar al pregonero de la Semana Santa 2013. Gracias a Pascual Flores y Pedro Calvo por vuestra cercana propuesta.

Hoy tengo el honor de presentar a José Abellán Martínez. Nace en Villena, sus padres José y Pilar lo celebran con la alegría del primer  hijo. Unos años más tarde Dios bendijo esta familia con otro hermano. Trabajo y estudio fueron juntos de la mano hasta sus 16 años, momento en el que abandona los estudios y se queda a trabajar en una fábrica de calzado durante tres años.

Corría  el año 1977, creo recordar, cuando conocí a Pepe Abellán. Él tenía  20 años y dejó todo para  formarse en el Seminario de Orihuela con el objetivo de servir al Señor para toda la vida, fue el inicio de una nueva etapa de su noviazgo y su entrega al Señor. Fueron buenos años, compartimos muchas alegrías y alguna que otra tristeza, pero nada de esto hizo que no surgiera una buena amistad.

Ser compañero, ser amigo es un valor que no está unido a estar siempre juntos. Hay veces que la vida propone una distancia, y así ocurrió. Tras 4 años juntos, cada uno tomamos vocaciones distintas. Y es el mes de julio de 1984 cuando es  ordenado sacerdote.

Y casi sin darnos cuenta fue transcurriendo nuestra vida hasta que  en 1990 apareció por nuestro pueblo como párroco. Fue una alegría cuando nos enteramos de la noticia.

Yo pienso, con  Carlos Díaz, que amigos son aquellos seres que te conocen y sin embargo te quieren, los que te preguntan cómo estás y esperan a oír la respuesta, los que no esperan a que les llames, pues llegan mucho antes para auxiliarte porque desde el primer momento estuvieron atentos a lo que precisabas, los que te abren sus puertas cuando llegas con tus muletas.

En estos momentos, en plena Cuaresma y cerca de la Semana Santa, me quedo con las palabras de San Juan, que allá por el capítulo 15 de su evangelio nos recuerda, hablando del mandamiento por excelencia: “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos”.  Y pensando en esta frase, y pensando en la entrega de Pepe como sacerdote, quiero compartir una historia que algo tiene que ver con todo esto:

Cuentan que una vez un soldado acudió a su superior diciendo:

-“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para salir a buscarlo”.

-“permiso denegado”, replica el oficial, “no quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente habrá muerto”.

El soldado. Haciendo caso omiso de la prohibición, sale; una hora más tarde regresa mortalmente herido transportando el cadáver de su amigo. El oficial le grita furioso:

-“¡Ya le dije yo que había muerto!¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?

-“¡Claro que sí, señor, cuando lo encontré todavía vivía y pudo decirme:

-“Amigo, estaba seguro de que vendrías”

Estoy seguro que tu decisión, tu alegría, empuje, ganas, sueños, iniciativa y sobre todo la pasión con la que haces las cosas y afrontas los retos, que a otros nos haría temblar, fueron las herramientas que pusiste al servicio de la Iglesia desde 1984 cuando apareciste como formador del Seminario durante 6 años hasta 1990 que llegaste a Catral. Desde 1990 hasta 1996 te dedicaste en cuerpo y alma a compartir y animar nuestra vida parroquial y provocar un nuevo hacer dentro de ella. Desde aquí a Villena, como párroco de Nuestra Señora de las Virtudes hasta 2006. Un año en Castalla. Y desde 2007 es el actual párroco de Santa Ana de Elda, compartiendo esta tarea con la de Vicario Episcopal de la zona IV de la diócesis de Orihuela-Alicante.

No quiero dejar pasar por alto su faceta como director de programas de televisión durante 10 años. Desde “Mirador” en Canal Vega Baja a “De par en par”. Muchas imágenes, muchas horas, muchos viajes para buscar formas nuevas de acercarnos  a Cristo.

Y allí, en Elda, sigue sembrando, descubriendo y redescubriendo que hoy, igual que hace unos años, lo importante es sembrar y confiar. Aunque a la semana siguiente de la siembra no veas nada, aunque parezca que el trigo murió debajo de la tierra. Y después de un invierno duro, cuando vuelves unos meses más tarde, con tus asombrados ojos descubres un  espectáculo conmovedor de un inmenso trigal dorado. Así son las cosas de Dios.

¿De dónde viene esta maravilla? De las noches horribles del invierno que tú , Pepe,  y Dios solo conocéis.

Querido Pepe, no pierdas tu alegría, tu pasión. Y si alguna vez, en lugar de adelantar, retrocedes, mantente en pie, sobrevive, persevera como el trigal. Cuando la helada de la aridez te penetren hasta los huesos, persevera con una ardiente paciencia: en tus firmamentos habrá estrellas y en tus campos, que son los de Dios, espigas  doradas.

Que tus palabras nos ayuden a entender mejor este gran misterio de la Semana Santa que estos días celebraremos. Y ahora, os dejo con una persona  que además de ser cura, disfruta siéndolo.

PREGÓN SEMANA SANTA 2013 A CARGO DEL RVDO. D. JOSÉ ABELLÁN MARTÍNEZ


PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL  2013

“EL AMOR HACE NUEVAS LAS COSAS”

La Semana Santa es la solemne celebración del misterio Pascual. He aquí que se acerca la hora en que el amor de Dios manifestado en Cristo llega hasta el fin. He aquí que llega la hora en que el Amor triunfará sobre la muerte. Es la semana grande, la semana del dolor y del amor, la semana de la muerte y de la vida, la semana primera del mundo nuevo. Es la semana del gran PASO de Dios.

Buenas noches. Saludo cordialmente al Sr. Cura Párroco D. Alejandro y a D. José Mª García, al Sr. Alcalde y autoridades locales presentes, al Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral y a su Directiva. Saludo a los Presidentes y miembros de las Cofradías: Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Triunfante; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Encarnación; Cofradía de la Santa Mujer Verónica; Cofradía de San Juan Evangelista; Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia; Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud; Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro; Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad; Cofradía de El Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Amigos y catralenses todos.

Se me pide por parte de la Junta Mayor de Cofradías que Pregone la Semana Santa de Catral. Fue a primeros de septiembre cuando de un modo oficial recibí en Elda la visita de la Directiva haciéndome tal petición. La verdad es que no tuve que pensarlo dos veces. Por amistad, por deseos y porque se trataba de Catral y de su Parroquia de los Santos Juanes, no pude sino aceptar con gozo la propuesta.

Con vuestro permiso me vais a permitir que os tutée y que mis primeras palabras sean de profundo agradecimiento a quienes han hecho posible que me encuentre esta noche con vosotros. Sin duda que estáis esperando, que por mi boca fluyan las palabras, que escritas con temblores de silencio, y resonando en mi cabeza, quieren llegar hasta el corazón de la audiencia.

Teniendo en cuenta que el Misterio Pascual que celebramos durante la Semana Santa, explícito en la rica liturgia de esos días y que se escenifica plástica, estética y públicamente en las imágenes sagradas que se procesionan por las calles y plazas de pueblos y ciudades, no es, sino la plasmación del amor infinito de Dios a los hombres, explica que mi Pregón tenga por título “El Amor Hace Nuevas las Cosas”.

¿Qué es la Semana Santa, sino la actualización anual del misterio de Dios que es Amor, escondido desde toda la eternidad y revelado en Jesucristo? ¿Qué significado y razón tiene el hecho de ser cristiano hoy, si no es para hacer visible, explícito y creíble al hombre y mujer de hoy, que al egoísmo y a la cultura de muerte que nos envuelve, hay alternativa? ¡Sí!, el mundo puede cambiar, la felicidad es posible, la paz que es don de Dios también es tarea nuestra. Ser nazareno, cofrade o hermano, ser portador o costalero no es sólo cuestión de devoción personal, es en verdad toda una responsabilidad a SER y VIVIR como testigos del asombroso e inaudito amor que representa la imagen que se lleva sobre los hombros.

De no ser así, el cofrade o nazareno sería mero actor, la procesión teatro en la calle y la expresión religiosa una manipulación de la religión. Os ofrezco en éste, mi Pregón de la Semana Santa de Catral, una sencilla reflexión, que si la acogéis con respeto y abiertos al don de Dios podría ayudarnos a mejor entender el Misterio que durante estos días grandes queremos vivir los cristianos.

No están olvidadas las palabras que cantábamos con alegría hace unas semanas en Navidad: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Pero, la misión de Jesucristo acababa de empezar: “Es necesario que el mundo comprenda que amo al Padre, y que lo que el Padre me manda, yo lo hago”. (Jn 14,31).

Con el domingo de Ramos se inicia la Semana Santa, durante la cual, celebramos la culminación de la gran obra de salvación de Dios, que por medio de su Hijo Jesucristo es el inicio de la Nueva Alianza entre Dios y la humanidad.

Este Domingo comienza con una manifestación mesiánica de Jesús, aclamado por discípulos y pueblo como “rey que viene en nombre del Señor. Pero, el que fue aclamado será perseguido. Al que montaba en un borrico lo clavarán en una cruz”.

Ese día recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La Imagen de Ntro. Padre Jesús Triunfante aparece, no como el esperado rey poderoso que se afirma por su fuerza, sino como un humilde “Servidor” que vive de la Palabra de Dios. Lo podemos ver en la calles de Catral acompañado de la Madre de la Soledad, de los Dolores, de la Merced y de la Salud. Unos días más tarde se verá que costó mucho sufrimiento. Es el sufrimiento de las madres que lloran en la soledad de la noche, al ver a sus hijos enganchados a la droga y destruidos por la falta de valores esenciales. Es el Cristo de la Misericordia, máxima expresión del dolor de un hijo ante madre dolorosa.

Viernes Santo y Domingo de Resurrección forman un todo, una sola obra del Señor. No hay Eucaristía sin crucifixión; no hay resurrección sin la pasión y muerte de Jesús. El triduo santo de Jueves, Viernes y Pascua está relacionado entre sí; son aspectos inseparables. Las calles de Catral esperan en silencio que, tras la celebración de la Cena del Señor en el templo parroquial, en la que Jesús ha dejado su herencia a los discípulos, se produzca el momento cumbre: Ha ido Jesús con sus amigos más íntimos al Huerto de los Olivos. Ahora se siente solo, abandonado de todos; hasta los más queridos muestran más recelo que confianza en Él. Es la Procesión del Silencio.

Jueves Santo es un día cargado de fuerza y riqueza espiritual. Es el día del amor por excelencia. En este día de amor y de Eucaristía nos sentimos pobres, mezquinos y sucios. Por eso necesitamos que Dios tenga misericordia de nosotros y que agrande y encienda nuestro corazón.

Jesús quiso lavar los pies de los discípulos por muchas razones: como purificación del alma, para sentarse limpios a la mesa del Pan; como actitud de servicio a los hermanos; como ejemplo sublime de humildad.

La Iglesia vive de la Eucaristía; vive de y en el amor. Por eso el mandamiento del amor es una necesidad de la vida cristiana. Es la última voluntad de Jesús: “que os améis, como yo os he amado”. “Lo que hacéis con uno de estos pequeños, conmigo lo hacéis”.

Cristo sufre como hombre. Cristo Jesús Cautivo gritará: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¡Sí!, con la llegada de la primavera con su equinocio, cuando el día y la noche duran igual y a partir de ahí el día es más largo y las noches más cortas. Cuando las primeras flores ya están abriendo y nos dicen con su color que están preparadas para acompañar a Cristo en su calvario…, los cristianos conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén, la Última Cena de Cristo en la que ofreció pan y vino a sus Apóstoles dando origen a la Eucaristía, la muerte de Cristo en la Cruz, Cristo en el sepulcro, y finalmente, su resurrección.

La Semana Mayor representa en nuestras calles un sentimiento de escenificación del Amor más Grande y de la Misericordia más entrañable. Ntra. Sra. de la Merced nos ayuda a profundizar en el misterio que estamos contemplando: el paso de Dios por la noche del hombre. En verdad que Dios ha bajado mucho, ha descendido hasta las simas más oscuras de la existencia humana, hasta los infiernos de la soledad, la tristeza y el dolor.

Pero, este paso de Dios, realizado en Cristo, Ntro. Padre Jesús Nazareno, ilumina todas las noches humanas. Cuando termine ese paso, cuando todos los rincones oscuros sean iluminados, podremos hablar del paso definitivo de la Pascua.

¿Quién es el que cuelga de la Cruz? Es Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Cuando Jesús anunció que moriría en cruz, Pedro rechazó la idea indignado. ¡No puede ser!. “¡Lejos de ti, Señor!”. “¡De ningún modo te sucederá eso!”. Como en otras ocasiones, Pedro no sabía lo que decía, pero reflejaba el sentir humano y natural. Los pensamientos de Pedro no eran los de Dios, ni los nuestros. El misterio de la cruz siempre ha sido lo más difícil de entender.

¿Quién es el cuelga de la cruz? Para unos era un impostor, un falso mesías; para otros un rey de gracia y misericordia que acoge al ladrón arrepentido; para otros es un gran profeta, como ha habido muchos; para otros, como Marta y María o la mujer samaritana, era el Mesías esperado, el Hijo de Dios.

Por las calles de Catral levantáis en alto la cruz, para que todas las miradas converjan hacia este signo de salvación. Miremos con fe a Cristo crucificado para que nos cure de nuestras enfermedades y nuestras muertes. Con la Santa Mujer Verónica, abajemos el orgullo y las cobardías, que nos cure de nuestro egoísmo y codicia, que nos cure de nuestras rivalidades y resentimientos, que nos cure de nuestras desesperanzas y tristezas.

Dios, ni puede querer el tormento de ningún hijo suyo, ni la muerte de nadie. Dios podía salvar al mundo de otra manera. La muerte de Cristo en la cruz fue querida y preparada por el hombre. La cruz es un invento humano.

Cristo fue condenado injustamente. Todos sabían que era inocente, pero les molestaba su mensaje. No sabían que era Dios, pero de hecho asesinaron a Dios. Por eso hay que tener miedo al hombre, capaz de matar a lo más justo y más santo que hay en la tierra. Y más, cada vez que se condena y se mata a un inocente, se sigue condenando a Cristo. Cristo sigue sufriendo condenas injustas y martirios torturantes. Sabemos hasta dónde llega la maldad y la ceguera humana. Pero el que muere así no está solo, Cristo está con él.

La Pasión de Cristo se extiende a los mártires y a cuantos mueren siendo inocentes, tanto a los que han visto la luz, como los que todavía están en el seno de sus madres. Cristo crucificado es el hombre doliente. Es el hombre de la muerte y el hombre de la Pascua. Es el Redentor. Es el Hombre-Dios. La Procesión del Santo Entierro con la Imagen del Santo Sepulcro es la expresión plástica y estética de este Misterio de Amor.

Viernes Santo ponemos en el centro de nuestra celebración la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. Plantamos la cruz en el centro de nuestros corazones. Queremos que esté también en el centro de nuestra sociedad, porque la Cruz de Cristo es nuestro gran dolor, pero es también nuestro gran amor; es nuestra única salvación. La celebración del Viernes Santo es sobria y austera, porque acompañamos a Cristo en su agonía dolorosa y en su muerte.

Ante Dios reconocemos que no somos nada y que Él lo es todo. Ante Cristo que agoniza, reconocemos nuestra maldad y su Santidad. El sacerdote, en nombre de toda la Comunidad, se postra en tierra o se arrodilla profundamente porque celebramos un misterio que nos sobrepasa por el exceso de dolor y de amor, por el exceso de pecado y de misericordia.

La Señal de la Cruz, es ciertamente nuestra señal o nuestra marca, hoy que las marcas se cotizan tanto. Si quieres conocer quién es un cristiano auténtico y valioso, mira si lleva esta marca. Aunque hay que atender dónde y cómo se lleva, claro. No es lo mismo llevarla al cuello que llevarla en el alma, no es lo mismo llevar la cruz de Isabel la Católica que la cruz de Jesucristo.

Se tardó bastante en usar la cruz, quizá hasta el siglo VI, porque la cultura romana se horrorizaba ante este signo de infamante suplicio. Pero de una manera más espiritual y simbólica ya se aludía a ella desde el principio del cristianismo.

Jesús se aplicó a sí mismo el icono de la serpiente de bronce puesta en un palo y levantada para que cuantos la miraran con fe quedaran curados del veneno de las serpientes del desierto. ¡Oh cruz bendita y salvadora! ¡Oh Cristo Crucificado, que no dudaste en ser levantado para que tu medicina llegara a todas las gentes.

El nombre nuevo de Dios es Cristo, y especialmente Cristo crucificado. Por eso la cruz será la señal nueva del creyente. ¡La cruz!.., pero no por el horror, sino por el amor. Esta marca identifica en verdad a los seguidores de Jesús. Podemos estar orgullosos de ella, como san Pablo: “¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo…!”. Los que por el bautismo lleven esta marca ya no necesitan otros signos de identificación.

Pero, lo mismo que se da la vana-gloria, existe también la vana-cruz. Es una cruz vacía, hecha para el consumo. Son esas cruces bonitas y ricas, que sirven de adorno; las cruces valiosas, que dan prestigio; las cruces pomposas, que dan autoridad. Por no hablar de las cruces de la buena suerte o las cruces amuletos y talismanes. Son signos que nada tienen que ver con el significado real. Se “utilizan”, pero a nada comprometen.

La cruz es señal de identidad: “.. en esto conocerán que sois mis discípulos”. Es otra forma de hablar. La cruz es señal del cristiano porque en ella se manifiesta el amor más grande, capaz de dar la vida. El amor es señal del cristiano porque fue el que llevó a Jesús hasta la cruz. En esto se reconocen los hijos de Dios. Sólo por el amor se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo, dice San Agustín.

¿Qué decir de María? No encontramos testimonios directos en los Evangelios, pero nadie duda del encuentro de Jesús resucitado con su madre. No podía ser de otra manera, porque Jesús era un buen hijo y porque María era una buena madre. Nadie lo duda, por eso entre las estaciones pascuales no falta el encuentro con la Madre.

El Sábado Santo lo vivimos junto a la Virgen de la Soledad y Madre de la Esperanza, pues María vive intensamente la soledad, al sentir el enorme desgarro de la muerte del Hijo. María penetró en el misterio de la soledad, uniéndose así a Jesús cuando experimentaba el abandono del Padre: ¿Por qué me has abandonado? Esta angustia fue para Cristo como un infierno, porque destruía su identidad filial. Algo así sufrió María, destrozada cruelmente su maternidad, que era su verdadera razón de ser.

La Virgen aprendió a estar sola para que ya nadie se sintiera solo. María proyectará su presencia sobre todos los que sufren la herida dolorosa de la soledad. María acompañará especialmente a las madres que han perdido algún hijo; a los hijos que han perdido a su madre; a las esposas que han perdido a sus maridos o que han sido abandonadas por ellos; a los abuelos abandonados por sus hijos; a las personas, quizá solteras, que no se sienten queridas; a las personas consagradas que se sienten vacías y sin fruto.

La madre, representada en la Imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, ha descubierto la presencia de Jesús en el centro de su vida. María, la madre de Jesús, se hallaba triste y traspasada de dolor. Jesús viene a consolarla en gesto de amor largo que aparece como principio de los restantes encuentros.

Con la Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores grabamos en el corazón que:

Jesús está colgado de la cruz por tí, para que te acerques.

Jesús es levantado en alto por ti, para que lo mires.

Jesús crucificado intercede entre el cielo y la tierra, por ti.

Jesús cuelga de la cruz llorando y agonizando por ti, para que vivas.

Jesús extiende sus brazos en cruz por ti, para abrazarte.

Jesús está crucificado para que tu prolongues sus abrazos y siembres la tierra de semillas fraternales y brote la reconciliación y la solidaridad.

Sí, Cristo de la Salud es el rostro visible de Dios invisible. Dios ha abierto de par en par su corazón en el amor sin límites manifestado por Jesucristo. Quien busque a Dios lo hallará en Jesús, el Cristo. “Venid a mi los que estáis cansados y agobiados, pues yo soy vuestro descanso”, dice Jesús. Quien quiera saber de Dios que aprenda de Jesús, Evangelio viviente de Dios, salud y vida para el hombre.

Con San Juan Evangelista, el cristiano escribe con su vida el evangelio del Señor. Nuestra respuesta no es afectiva o sensiblera, sino que es expresión de la fe vivida a diario: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. “Me amó y se entregó por mi”.

HACIA EL ENCUENTRO.-

¡Comunidad cristiana de Catral! Ciudadanos creyentes, indiferentes o ateos que tenéis un corazón bueno y estáis en búsqueda de la Verdad! ¡Todos cuantos tengáis en la garganta como un nudo que aprieta, tantos ¿por qués? Sin respuesta! Tengo una buena noticia que daros: ¡Cristo ha vencido la muerte, ha resucitado!

Con Ntra. Sra. de la Merced, Jesucristo nos desvela que la vida ya no tiene límite. Es la alegría experimentada en la Santa Vigilia de la noche de Pascua y que lleváis a la calle con la Procesión de las Cortesías: Encuentro de Cristo Resucitado con Ntra. Sra. de la Encarnación.

La primera noticia de la resurrección de Jesús, tras la de su Madre María, fue para María Magdalena. Sí, era la que buscaba. En cambio los Apóstoles, ellos, tan varoniles y fuertes, encerrados por miedo a los judíos. ¡No sé que pasa, que casi siempre son las mujeres las más atrevidas en la búsqueda del Señor y en el compromiso dentro de la Iglesia.

Durante la Cuaresma y en los próximos días de Semana Santa intentamos, no sólo meditar, sino comulgar con la pasión de Jesucristo. Estudiamos uno a uno los dolores de su cuerpo y de su alma. A través de las llagas del Señor, reflejadas en la Imagen del Cristo de la Salud, intentamos penetrar en el misterio que no es de dolor, sino de misericordia.

Asomaros estos días al dolor del mundo a través de las ventanas sangrantes y dolientes que son las heridas del cuerpo del Señor. Os invito a enterneceros y a asombraros, a bajar a tantos cristos de carne y hueso, como lo hacéis con vuestro Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Esas llagas siguen abiertas y prolongadas en todas las llagas humanas.

De la fuerza de Cristo resucitado nos llega la capacidad de regeneración y renovación. Todo empieza de nuevo a partir de la resurrección. Todo huele a primavera a partir de la Pascua. Ntra. Sra. de la Merced es una llamada a barrer la levadura vieja para ser una masa nueva. Dejemos la maldad y la corrupción; rechacemos la injusticia e insolidaridad, el cansancio y la desesperanza, la rutina y el conformismo.

Todo lo viejo ya pasó. Ahora toca lo nuevo, el pan de la sinceridad y la verdad, los panes nuevos del amor y la solidaridad, los panes limpios de la vida, regalo de Dios y futuro de esperanza, de la justicia y la libertad, los panes grandes del servicio y la acogida, los panes dulces de la misericordia y la ternura.

Jesucristo está aquí. Sí, el lloró y sufrió, el que bebió hasta el fin el cáliz de la amargura, ahora, resucitado y glorioso, nos invita a beber el cáliz de la salvación. El que lloró está aquí gozoso, y nos dice que sus lágrimas eran las nuestras, que ya las lloró todas, que no lloremos más, que nos abramos a su alegría. Él es nuestra Alegría. Él que tembló de miedo está aquí liberado y nos dice: No temáis. Yo soy vuestra victoria.

El que se cansó hasta la muerte, nos dice: levantaos; yo caí por todo y me levanté para todos: “venid a mí todos los que estáis cansados..”. El que fue tentado por todas las fuerzas de las tinieblas nos asegura: “Tened confianza, aunque caminéis por cañadas oscuras, mi cruz os defiende. El que, vencido por la muerte, ató a la muerte a su carro triunfal nos promete: “Yo soy tu resurrección”.

Confesamos que Jesús ha resucitado y vive. Esta es la gran noticia de mi Pregón. Él está aquí, en medio de nosotros hecho Eucaristía. Cada semana la comunidad cristiana se reúne para sentir su presencia, escuchar su palabra y recibir su aliento vivificante. Es el paso, la Pascua de Dios por nuestra vida. Notamos su presencia. Se nota su perfume en la medida que hagamos realidad su mandato: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. Como Juan Evangelista, hagamos que nuestra vida sea evangelio donde otros lean y vean a Cristo.

Se nota su presencia resucitada en medio de su Iglesia cada vez que nos queremos, cada vez que compartimos con el otro, cada vez que nos superamos, cada vez que damos gracias por la vida, cada vez que perdonamos y damos de lo que tenemos, cada vez que ofrecemos lo que somos, cada vez que nos convertimos en portadores de paz y no de violencia, cada vez que damos y sembramos alegría en tantos corazones dolientes y amargados, cada vez que hacemos comunión entre cuantos habitamos nuestros pueblos y ciudades, cada vez que alejamos rencillas y prejuicios, cada vez que convertimos nuestras casas en hogares y en familia donde cada miembro es querido y respetado.

¡Feliz Semana Santa y Feliz Pascua de Resurrección!

¡Muchas gracias!

José Abellán Martínez

PREGÓN SEMANA SANTA 2012

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN SEMANA SANTA 2012

Buenas tardes a todos cuantos están presentes en este templo parroquial y a los que nos siguen a través de la televisión.

Ante todo, quiero agradecer a la Junta Mayor de Cofradías y, en especial, a su Presidente, D. Pascual Flores, el honor de poder presentar a mi hermano Joaquín como pregonero de la Semana Santa 2012.

Joaquín Cecilia Ortuño fue un regalo de Reyes. Mi familia siempre contaba que en la Navidad de 1949, cuando yo apenas tenía dos años y medio, ante la pregunta repetida: “Encarnita, ¿qué te van a traer los Reyes Magos?” Respondía:“Una muñeca y a mi mamá, un Joaquinito”. Y así fue. Amaneciendo el día siete de enero de 1950 nació Joaquín, en el grupo de la Purísima, y fue bautizado el día 22 del mismo mes en esta iglesia por Antonio Cecilia y Encarnación Rocamoca, nuestros abuelos paternos.

Realizó sus estudios primarios con dos grandes maestros: D. José Navarro Lillo y D. José Lucas Illán. Después pasó a ser alumno interno en el Colegio Diocesano de Santo Domingo de Orihuela, para estudiar el Bachillerato.

Murcia fue el lugar escogido para culminar su formación universitaria y donde Joaquín se forjó como futuro profesor, cursando la carrera de Filología Hispánica.

Aún recuerdo el día que le acompañé a la secretaría de la universidad con la finalidad de matricularse de primero de Derecho, sin duda, influido por nuestro padre. Pero he aquí que la providencia no quiso que tal deseo se hiciera realidad. En 1967 se exigía para formalizar la matrícula que el alumno apareciera en la fotografía con corbata. Y como éste no era el caso, no pudo realizarla. La anécdota sirvió para reflexionar en su viaje de vuelta sobre su futuro y su verdadera vocación. Así, regresó a Catral y planteó en casa su decisión de que no quería ser abogado, sino profesor.

Como bien dijo Gregorio Marañón:

“La vocación mueve a la eficacia verdadera de los hombres. Todo lo que se hace sin vocación, por importante que parezca, se marchita como una flor. Todo lo que se hace con vocación, aunque parezca insignificante, fructifica para siempre”.

Lo cierto es que Dios lo iluminó y ha podido desempeñar su labor docente en los institutos de Almoradí, Aspe, Tenerife, Alicante y Catral, conectando de un modo especial con los alumnos a los que les despertó el amor por la Lengua y la Literatura.

Somos fruto de una educación y la familia es la primera escuela. Nuestro padre nos inculcó el interés por el estudio y el deseo de saber y nuestra madre una religiosidad sencilla basada en la bondad y la generosidad. Como ha escrito sabiamente el Catedrático de Psiquiatría Enrique Rojas: “Educar es seducir con los valores. Atraer por encantamiento y ejemplaridad hacia lo mejor”.

Joaquín ha vivido y sentido desde muy joven la Semana Santa de Catral, pertenenciendo a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra.Sra. de la Encarnación y, ligado a la familia Llopis Rocamora, se ha esforzado por dedicarle todos los años el tiempo necesario para que las imágenes saliesen a procesionar con la dignidad que merecían. Tal ha sido su entrega que siempre repetía:“Mis vacaciones empiezan el Domingo de Resurrección, una vez acabada la Procesión de las Cortesías”.

Hace ya algunos años fui la encargada de pronunciar este pregón. Ahora, hermano, está en tus manos esta misión. Que tus vivencias de la Semana Santa nos ayuden a sentir y compartir el verdadero significado de la Pasión y Muerte de Jesús.

Encarnita Cecilia Ortuño

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2012

Reverendos sacerdotes

Señor Presidente de la Junta Mayor de Cofradías

Excelentísimo Señor Alcalde

Presidentes de las Cofradías

Miembros de la Corporación Municipal

Señoras y señores

Durante muchos años, cada vez que asistía a la lectura del Pregón de Semana Santa, había una idea que ocupaba mi pensamiento: esta era una buena ocasión para que aquellos catralenses que por imperativo del destino vivían alejados de su tierra pudieran acercarse a su pueblo y convivir con sus paisanos.

Recuerdo también las palabras de mi querida amiga Marianela en su pregón. Decía exactamente: “Ahora sé que se ofrece esa oportunidad a aquellas personas que quieren a Catral y gozan con sus tradiciones, y, entre esas, sí me encuentro”. Yo también, Marianela.

Por ello, muchísimas gracias a la Junta Mayor de Cofradías y a todos los que han hecho posible que hoy sea yo quien tenga el honor de estar aquí para compartir mis vivencias personales de la Semana Santa con todos los asistentes. Gracias.

Tendría diez años, más o menos, cuando me puse mi primera túnica. Era de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cofradía a la que sigo perteneciendo en la actualidad. La cercanía y la amistad con la familia Llopis-Rocamora me llevaron a ella; la religiosidad de mis padres, que en paz descansen, también.

Aquellas procesiones se teñían de cierta antítesis emocional: alegría infantil con los caramelos y respeto ante los cofrades mayores, muchos de los cuales, por desgracia, ya no están con nosotros.

Pasaron los años y me vi metido de lleno en mi cofradía, en la Semana Santa. Si la memoria no falla, algo frecuente en estas edades, no creo haber faltado a esta liturgia, por muy alejado que estuviese de mi pueblo, aunque no siempre me fue fácil cumplir con el precepto que me había impuesto. Enseguida lo comprenderán.

Transcurría el año 1980 y, tras aprobar las oposiciones, surqué los aires y mares para llegar a Tenerife; necesitaba un cambio.

Y vino la Semana Santa. Mis compañeros pensaban disfrutar de sus vacaciones en otras islas; yo tenía que volver a Catral, pero el problema era encontrar una explicación convincente, pues ninguno entendería mi marcha.

La mente un tanto fantástica de un profesor de Literatura y ciertas imágenes de una película rodada en Andalucía me sacaron del aprieto y así fue como, llegado el momento, a la pregunta de un murciano con el que compartía piso, mi respuesta fue:

“Me voy a mi pueblo porque salgo en una procesión y libro a un preso”.

Claro que luego venía la explicación: “Sí, mira, una vez allí, pregunto por los prisioneros que hay, normalmente tres, y el día del desfile procesional me suben a unas andas y al compás de la música muevo mi mano dirigida a ellos. Al terminar la marcha, aquel a quien señale mi dedo queda libre”.

La noticia se extendió por el instituto: “El Sesilia”, así me llamaba el murciano, se va porque libra a un reo. Es probable que mi imaginación se hubiera desbordado, pero yo tomaba el avión para vivir mi Semana Santa, a la vez que interiormente solicitaba para mí el perdón a Nuestro Padre Jesús Nazareno por esta mentira piadosa.

Y así sigo en la actualidad, llevando la cruz en las procesiones, por ser el más antiguo, pero sin conceder indultos. Sirvan todas estas connotaciones personales para que entiendan que la visión de la Semana Santa que les voy a mostrar está hecha fundamentalmente desde un punto de vista, el mío, oculto bajo mi túnica, unas veces, delante de la imagen de mi Santo, otras, pero no desde la puerta o balcón de mi casa.

Hace ya unos días que empezó la Cuaresma. El mensaje del papa Benedicto XVI nos dice: “La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. Este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la palabra de Dios y de los sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.

Puede ser que, al analizar este mensaje e iniciar nuestra conversión que debe comenzar por el corazón, descubramos las faltas de amor a Dios y a nuestros hermanos. Ante esta realidad, hay tres opciones:

a) La soberbia de pensar que no necesitamos arrepentirnos y cambiar.

b) La desesperanza de creer que no tenemos arreglo.

c) La confianza(basada en la certeza) en que la gracia de Dios no sólo perdona nuestras faltas, sino que también nos da fuerzas para seguir caminando hacia la santidad, o sea, para ser, cada vez más, la mejor versión de uno mismo. Basta que le digamos, como en el Evangelio: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús siempre da la misma respuesta:

“Quiero. Queda limpio”.

Si optamos por la última elección, estaremos preparados para vivir la Semana Santa, que es uno de los momentos litúrgicos más intensos para los católicos pues nos recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Lo importante de este tiempo no es el evocar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

Decía un teólogo dominico, Fray Bartolomé de Carranza:

“Si preguntáis qué es, en sustancia, la Pasión de Cristo, digo que fue una satisfacción llana, cumplida, entera por todas las partes, que hizo Jesucristo a Dios por las ofensas que había recibido de nuestros pecados. Recompensó Cristo y satisfizo, padeciendo y muriendo, la injuria que habíamos hecho los hombres a Dios pecando; y lo que Él pagó ofreciendo su sangre y su vida por nosotros, no solamente igualó, sino que sobró mucho a lo que debíamos por nuestros pecados, aunque la deuda nuestra era muy grande”.

La celebración de la Semana Santa es muy peculiar en los diversos pueblos y ciudades de España. Veamos cómo vive Catral la suya.

VIERNES DE DOLOR

La imagen de este día es Nuestra Señora de la Merced, patrona de los cautivos. Sus cofrades nos invitan a rezar en la calle los siete dolores de la Virgen.

DOMINGO DE RAMOS

Un cielo azul mediterráneo y un sol esplendoroso anuncian el amanecer de este día; así lo imagino siempre.

Los nazarenos, con su hábito hebreo y su palma, portan la imagen de Jesús Triunfante.

Las madres compraron las mejores galas para sus hijos; la alegría reina por todas partes.

A lomos de borrico

venía el Rey Soberano,

así entró en Jerusalén

donde muchos lo aclamaron.

Anónimo

Y Jesús, ¿qué hace? Él, digno de montar el mejor corcel, aparece en un humilde asno, pues prefiere la grandeza interior; la fachada es algo más superficial.

Por la noche, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores desfila acompañada de mujeres que lucen orgullosas la tradicional mantilla. Ellas miran a la Virgen y le intentan decir:

“¡Deja caer tu pañuelo y te secaremos las lágrimas! Así, mitigaremos tus penas”.

Si compartimos el sufrimiento con nuestros hermanos, el dolor será menos intenso para todos.

LUNES SANTO

Es noche cerrada, salgo a la puerta de casa y observo con atención el caminar de la gente hacia la iglesia. Noto que algo distinto flota en el ambiente. Siento la necesidad interior de ir yo también para presenciar la salida de la procesión penitencial de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced.

La plaza está repleta de gente, la oscuridad y el silencio sobrecogen; las puertas del templo, cerradas.

¿Qué está ocurriendo dentro?

Según me cuenta Rafael Torregrosa, vecino, amigo y un miembro más de mi familia, allí, en el interior, se viven momentos de recogimiento, reflexión y oración.

Estos jóvenes buscaban una procesión austera, “de las otras ya había”; de ahí que el cofrade, para aislarse del mundo exterior, se ponga la túnica en la iglesia y mantenga el anonimato.

El intenso silencio, cargado de olor a cera e incienso, preside el preludio del acto religioso.

Y yo, por circunstancias del destino, pueda dar fe de todo ello.

Cierto día logré esconderme en un rincón por si alguna vez tenía que relatar ese momento. Todo sucedía como me había dicho Rafael, hasta que el paso acelerado de algunos y el nerviosismo de otros me indicaban que algo estaba pasando, pero ¿qué?: no había llave para abrir la puerta y poder salir.

Infinidad de ojos ocultos captaron mi presencia no bien disimulada. Quizás la libreta y la pluma, como si fuera un reportero, me libraron de culpa, pero no tuve más remedio que, por la sacristía y el almacén, ir a casa de María la Carrasca para recoger el preciado utensilio.

¡Yo, que quería permanecer también en el anonimato!

Luego… Se ha hecho muy tarde y el trabajo espera para el día siguiente, aunque las calles siguen llenas de público.

¡Enhorabuena, jóvenes! Nos habéis motivado y estamos con vosotros. Lleváis en el corazón el espíritu de la Semana Santa. ¡Seguid así!

MARTES SANTO

Para arreglar a Nuestro Padre Jesús nos encontramos en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús: Nieves Rocamora, José María Cecilia, Tomás Penalva “el Pantorrao”, José María Llopis Rocamora y quien les habla.

Empezamos a desvestir la imagen y Tomás aprovecha la ocasión para pasar por la cabeza de Jesús, desprovista de pelo, el número de lotería y decirle algún chascarrillo. Las palabras de Llopis no se hacen esperar: “¿Chico, qué haces? ¡Baja ya de ahí!”

José inicia su ritual con la vestimenta: que si el pliegue cae más de un lado que de otro; el cíngulo en el centro; en fin, ya lo conocen: la perfección personificada.

Por un momento, me quedo solo delante de mi Santo, le quito la corona de espinas y pienso:

“¡Señor, te libero de los pecados del mundo!”

Yo te dejaría así para siempre. Tú me observas y, por un instante, lo agradeces, pero luego, humilde y cariñoso, me pides que la vuelva a poner y acato tu santa voluntad, pues sé lo que pretendes decir, algo así como:

“¿No sabes que para esto vine al mundo?”

¡Cuánta ingratitud, Señor!

Mi Semana Santa comienza a tener sentido.

JUEVES SANTO

Los catralenses acudimos a misa. Necesitamos estar con Jesús, sentirlo cerca; cumplimos con el precepto.

Ha entrado la noche. Se apagan las luces, llega la hora de la procesión del Silencio con la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.

En el árbol de la cruz

estaba Cristo pendiente,

el cielo, el mar y la tierra

cada cual su muerte siente.

Fray Pedro de Padilla

Los adornos externos han desaparecido, no hay caramelos, se reza el Vía Crucis y se escuchan las voces del Coro Parroquial Mixto Santos Juanes.

Terminada la procesión, el público vuelve a casa. Yo tengo que ir, con Nieves Rocamora, al Monumento, pues es el turno de vela de nuestra cofradía y para estos quehaceres, a tales horas, faltan voluntarios; pero ella y yo siempre aceptamos.

Llegamos al banco, cojo el misal y comienzo a leer. Luego cierro los ojos y… mi mente retrocede quince o veinte años cuando tenía que ayudar en el arreglo de mi paso.

Mi querido amigo José, “el Joseíco”, es el artífice. Nieves y yo nos dirigimos a la floristería del “Pepe”en la plaza. ¡Qué noche nos espera!

Al abrir el local vivimos la tentación de añadir unas cuantas flores más a las ya encargadas, pero enseguida recordamos que estamos confesados y desistimos del empeño.

Volvemos a la ermita y allí empieza nuestro particular calvario. El maestro adorna, nosotros colaboramos. Pasan las horas y aquello no avanza.

Llegan los componentes del Coro de la Pasión; mi presidente, que en paz descanse, comprende nuestro sufrimiento y se marcha preocupado.

Aquí, un recuerdo especial para un partícipe en ese coro,

D. Pascual Box Culiáñez. Él deseaba escuchar mi pregón y seguro que lo estará haciendo desde arriba donde disfruta ya de una paz eterna.

Es entonces cuando José, apremiado por el tiempo, nos concede la gracia de participar directamente, y, con la ayuda de algunas almas caritativas que han aparecido durante la noche para traernos alguna mona con la que aliviar las penas (Natalia, mi prima Angelita, María Rosa, mi hermana Mª del Carmen…), nos lanzamos manos a la obra.

Faltan escasos minutos para las ocho, damos los últimos retoques; vuelve de nuevo José María, su rostro cambia de expresión; el Santo está preparado para salir: hondos suspiros brotan del corazón.

Y, al abrir los ojos, de nuevo en el Monumento, solo ante Jesús, me atrevo a decir:

¿Por qué, Señor, tanta sangre derramada?

¿Por qué tanta vida frustrada?

¿Por qué tanta familia deshecha?

¿Por qué tantas creencias olvidadas?

¿Por qué tantos valores perdidos?

Entonces Él, al verme envuelto en este mar de dudas, caminando por el sendero de una vida difícil, sin encontrar salida a mis pesares y con la piel trémula ante el sufrimiento, me ofrece su cáliz. Yo acepto complaciente con la certeza de que, al haber bebido Él, ya no estará tan amargo.

VIERNES SANTO

Las tubas de mi cofradía anuncian el amanecer. ¿Quién no se estremece al escuchar sus sonidos?

Llega a la Plaza de España Nuestro Padre Jesús Nazareno:

Reina un hórrido silencio que es tan solo interrumpido

por redobles de tambores y algún lúgubre gemido

que se sube hasta los labios desde un pecho de fe lleno…

Y entre mil encapuchados con mil llamas de mil cirios,

con las carnes desgarradas aún más pálidas que lirios

y la cruz sobre los hombros, cruza, humilde, el Nazareno.

Miguel Hernández

Allí se produce el encuentro con la Verónica y con Nuestra Señora de los Dolores:

Lleno de polvo y sudado,

la Verónica le ha visto

y limpiando el rostro a Cristo,

en el lienzo fue estampado.

Canto de la Pasión (Catral)

El sacerdote pronuncia el Sermón de la Pasión. Al terminar, continúa la procesión.

¡Dios mío! ¡Cuántos niños veo en mi cofradía!

Cogidos de la mano de su madre, un tanto soñolientos, pero alegres, reparten golosinas al son de sus campanillas. Si alguno llora, le doy un caramelo largo, y, mirándolos, creo en un prometedor futuro.

Por la noche, la procesión más solemne: la del Santo Entierro.

El Santísimo Cristo de la Misericordia nos invita a la compasión.

La Cofradía del Santísimo Sepulcro anuncia:

Cielo y tierra previnieron

el triste entierro enlutado:

la tierra, los edificios,

y el cielo, los aires claros.

Lope de Vega

La imagen de San Juan nos recuerda las palabras de Jesús a su madre:

“Mujer, he ahí a tu hijo”;

luego, al discípulo:

“he ahí a tu madre”.

Y cierra el desfile procesional la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

¡Qué satisfacción ver a esas mujeres! No soportan el peso de la Virgen, sino el de sus propias culpas; la Virgen no pesa; las faltas cometidas por ellas, sí, de ahí que esa carga sobre sus hombros les sirva de penitencia.

Si queremos saber cómo se encontraba la Madre de Jesús, miremos la imagen de la Soledad:

Sin esposo, porque estaba

José de la muerte preso;

sin padre, porque se esconde;

sin hijo, porque está muerto;

Sin luz, porque llora el sol;

sin voz, porque muere el verbo;

sin alma, ausente la suya;

sin cuerpo, enterrado el cuerpo;

Sin tierra, que todo es sangre;

sin aire, que todo es fuego;

sin fuego, que todo es agua;

sin agua, que todo es hielo.

Lope de Vega

Termina la procesión. Hay que desvestir al Santo y depositar la imagen en su hornacina. El trabajo ha finalizado a altas horas de la noche. Y, al salir de la capilla, fijo la mirada en el rostro de Nuestro Padre Jesús. Siento, entonces, que me está pidiendo que no tarde otro año en ir a verlo; sé que está muy solo y yo, emocionado, le prometo volver muy pronto.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El domingo de Pascua es la fiesta más importante para todos los cristianos, que conmemoran la Resurrección de Jesús, el hecho que da sentido a toda su religión.

También debe ser el día más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús triunfó sobre la muerte y nos dio la vida, es decir, la oportunidad de salvarnos al abrirnos las puertas del cielo para vivir siempre felices en compañía de Dios.

Quizás una frase pueda resumir todo el proceso litúrgico:

“Pascua es el paso de la muerte a la vida”.

La Virgen de Nuestra Señora de la Encarnación, cotitular de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, sale desde la ermita de la Purísima con dirección al templo parroquial, desde donde parte el Santísimo bajo palio.

A mitad del recorrido, cerca de la puerta de mi casa, realizamos las correspondientes cortesías en el momento glorioso; y digo bien, realizamos, porque tengo el honor de ser partícipe directo en este acto gracias a una petición que hace muchos años me hizo la madre de mi amigo Paco, Conchita Calvo, la esposa del tío Pepe Illán, que en paz descansen, familia a la que me unían y unen estrechos lazos de amistad y cariño. Sus hijos y nietos deben saber que pueden hacer uso de este privilegio cuando lo estimen oportuno; hasta entonces, procuraré llevar la vara de su padre y abuelo con la mayor dignidad posible.

Esta procesión tiene un encanto especial. Me he puesto el traje oscuro, como mandan los cánones, los zapatos más nuevos, dos pañuelos, por si acaso.

Salimos ahora de la ermita, menos mal, porque cuando partíamos de la iglesia para, por la calle San Juan, llegar a Santa Bárbara: ¡No vean la que se armaba con las mujeres acompañantes!

Unas decían: “¡Hijos de mi alma, despacio, que hemos madrugado y queremos disfrutar un poquico!”

Otras: “¡Chicos, id más deprisa que el Señor ya ha llegado a la puerta de las Migaletas!”

¿A quién hacíamos caso?

Terminadas las cortesías, nos dirigimos al templo entre música y aleluyas que sobrevuelan cariñosamente algunas de nuestras cabezas despobladas, sin saber interpretar el significado de unos pasos que desde fuera aumentan todavía más su misterio.

Y, al depositar la imagen y salir de misa, es cuando miro al cielo y respiro profundamente.

Pero, ¿por qué me quejo, Señor? Mi pasión ha durado poco y ha sido leve, la tuya, en cambio, fue más larga e intensa y supiste aceptarla con estoica resignación.

Y, al mirar la imagen de mi Santo, veo un rostro que me invita a la solidaridad, al amor y al perdón, y que me recuerda, como decía un ilustre murciano, que “Nazareno, no es sólo aquel que sale una noche en la procesión; Nazareno se debe ser todos los días del año, porque Nazareno significa seguir a Jesús de Nazaret”.

Finalmente, al hacer un repaso de todas las manifestaciones vividas en este tiempo litúrgico, vienen a mi mente las palabras del reverendo don Sebastián Aguilar:

“La religiosidad popular es la fe del pueblo sencillo, que se hace vida y cultura, con gran esplendor, en la Semana Santa”.

Catralenses y feligreses todos, sólo un deseo: que esa religiosidad popular de la que me siento orgulloso, por haber sido un magnífico legado de mis padres, sea una fuente de educación, transmisión y mantenimiento de la fe.

Sacerdotes y catequistas, maestros y profesores, padres y madres: simplifiquemos nuestra doctrina y enseñanza, adornemos nuestro mensaje con formas y expresiones externas, sencillas y atractivas para nuestros discípulos, a fin de que capten más fácilmente el verdadero sentido de nuestras ideas y creencias y quizás, sólo así, algún día, podamos comprender que:

“La cruz, muerte y resurrección de Cristo son hechos históricos

que sacudieron el mundo de su época y transformaron la historia

de todos los siglos”.

Muchas gracias

– Joaquín Cecilia Ortuño –

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2011

“¡QUE PREGÓN TAN GLORIOSO PARA TI, CIUDAD DE DIOS!” (Sal. 86)

“A TODA LA TIERRA ALCANZA SU PREGÓN” (Sal 18)

1.- Hasta que comencé aquí entre vosotros, a asistir a los pregones de Semana Santa, la única noción que tenía sobre el pregonar se remonta a mi infancia. Mi familia me llevaba consigo a Benijofar, en donde tenían mis padres un trabajo de temporada. El aguacil del pueblo, el tío Piquín, encargado de pregonar los bandos o edictos que la alcaldía hacía saber para los vecinos. Era una figura menudita, con su gorra y una trompetilla de juguete que hacía sonar para convocar a la gente, generalmente poco instruida en la lectura, pero ávida de saber lo que el pregonero les comunicaba en nombre de otro, en este caso el alcalde. Y comenzaba diciendo: “SE HACE SABER…”

También yo he recibido el encargo de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de pregonar a Jesucristo en el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección. Mi pequeña persona se empequeñece aún más ante el encargo recibido. Y, aunque sin trompetilla, lanzo al viento del que me quiera oír, un año más, por la misericordia de Dios, que la comunidad cristiana toda, de la que forman parte las Cofradías y Hermandades se dispone a asombrarse ante el misterio de Dios entregado para nuestra salvación.

Al inicio de la historia de los hombres hay una palabra y una realidad dramática: es el pecado. De consecuencias que podemos llamar cósmicas, que trascienden el espacio y el tiempo, que abarcan al hombre, a toda la comunidad humana y a la creación entera. Si Dios es Creador el pecado es destructor; si Dios es Vida, el pecado es muerte. Dios es Amor, el pecado… ¿Vencerá el odio al Amor? ¿Tendrá la última palabra la muerte?

No. Frente al pecado se levanta Jesucristo, el Hijo de Dios. Restaurador y Redentor del hombre, de la comunidad humana y del mundo. Dios ama inmensamente la Creación y la Vida. Y con amor infinito ama a los hombres, la obra de sus manos, la pupila de sus ojos. No podía resignarse a perder su obra. El hombre se reveló contra Dios, su Creador y Padre. Dios siguió amando al hombre con mayor amor, si cabe. Y ya, desde entonces, con ilusión infinita, le anuncia la Buena Nueva de la venida de Jesús, el cual está no solo dispuesto a entregarse por nosotros, sino que sacrificó realmente su vida por salvarnos: “Él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1, 21)”Muriendo en la Cruz destruyó la muerte”.

El pecado es destructor, disolvente, homicida… y abundante. Pero la gracia de Cristo nos levanta y libera, nos redime y sobreabunda. Realmente hemos salido ganando. Es la obra de Cristo: “Feliz la culpa que nos mereció tal Redentor” (Pregón Pascual).

El pecado es una realidad. El pecado original y nuestro pecado personal. No cerremos los ojos a esta realidad ni la llamemos con otros nombres. Negar la enfermedad no es amar al enfermo. Es dejarlo sin curación. Y así, negar el pecado no es amar al hombre, es desahuciarlo. Dios, que ama al hombre, ve su pecado y lo salva. El hombre sensato reconoce su pecado y se convierte.

La victoria sobre el pecado obtenida por Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó el pecado:”Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20). Y esta victoria se consumó en la cruz, el amor más grande.

Los hombres construyen rascacielos imponentes, ordenadores sofisticados, autopistas interminables… descubrirán (ojalá sea pronto) remedio para el cáncer, el SIDA y otras enfermedades…lograrán quizás someter a su dominio muchas fuerzas de la naturaleza incontroladas…pero… ¿Perdonar?…Solo Dios sabe hacerlo.

Dar…nos cuesta; aunque a veces lo hacemos. “Per-donar” es dar en grado superlativo. Eso solo Dios sabe hacerlo. Perdonar es amar por encima de todo, a pesar de todo. Y eso es propio de Dios.

Jesús en la Cruz perdonó y excusó a sus verdugos. Por eso al querer comunicarnos en los sacramentos su amistad, su Vida, su Gracia, instituyó el Sacramento del Perdón. Él cura las heridas del pecado y devuelve la paz que el pecado nos quita.

Por eso: SE HACE SABER que la comunidad cristiana es convocada al Sacramento de la Reconciliación en donde Dios devuelve la inocencia bautismal a sus hijos el día 14 de abril a las 21 horas: “…dejaos reconciliar con Dios”(2 Cor 5, 20

Se cuenta del pintor Murillo que buscaba entre sus paisanos de Sevilla modelos para sus cuadros. En cierta ocasión le propuso a una jovencita posar para él accediendo ésta a acompañarle a su estudio. El pintor se felicitaba porque había encontrado una verdadera belleza. Cuando la muchacha se vio ante el caballete de pintura en una postura humilde y piadosa, preguntó al pintor:

-Pero usted ¿qué cuadro va a pintar?

-A lo que Murillo contestó:

-La Purísima

-Entonces la joven recapacitó y dijo al pintor:

-Hoy no estoy preparada. Volveré mañana.

-Al día siguiente, en cuanto la joven regresó le dijo el pintor:

-¿Por qué no quisiste que te pintara ayer?

-Ella contestó: No quise posar para la Purísima aportando solo mi belleza estética. Pensé que la belleza exterior no es suficiente para parecerse a la Virgen. Así que fui a confesarme. Ahora que estoy en gracia de Dios puede usted empezar a pintar.

Quizás esta anécdota nos haga recapacitar a muchos. No bastará llevar las sagradas imágenes de la Semana Santa a hombros y de alumbrarlas con nuestras velas, bien vestidos; también importa la actitud con que se va. El cristiano si va en gracia de Dios va más guapo. La Semana Santa ganaría en mucho con ello.

2.- DOMINGO DE RAMOS: PORTICO DE LA SEMANA SANTA

“Los niños hebreos llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor aclamando: Hosanna en el cielo” (cf Mt 21, 8-9)

Muchas veces usamos la palabra”cualquiera” en sentido peyorativo. Ser un cualquiera se puede interpretar como ser “un don nadie”, o ser “un sinvergüenza”; y una “cualquiera” se entiende por una mujer de mala vida. San Pablo dice que el Verbo de Dios se despojó de su rango “actuando como un hombre cualquiera” (Flp 2, 6-11). Ya es una humillación para Dios hacerse hombre. Pero, además, de hecho le trataron como a un criminal, perseguido por sus enemigos, abandonado y renegado por sus amigos. Desde la altura del triunfo del Domingo de Ramos Jesús va rodando durante la semana hasta el abismo del sepulcro, pasando por la humillación, la tortura y la muerte en el patíbulo más infamante: la Cruz.

Entre los hombres se necesita poder para triunfar. Es comprensible. Pero Dios realiza en Jesús “el más difícil todavía” lo imposible: triunfar en el fracaso, vencer en la debilidad, jugando con el hombre al gana-pierde del amor. El hombre perdido fue ganado por Dios y para Dios ganando, venciendo a Dios en una Cruz. Aunque parecía “un cualquiera”, Dios lo levantó sobre todo, y le concedió “el nombre – sobre-todo-nombre de modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble” (Flp 2, 9-10).

La Iglesia y los cristianos no tenemos otro poder que esta debilidad de Dios en Cristo.

Para entender lo que sucedió el Domingo de Ramos en Jerusalén y saber su significado, es importante un detalle: Jesús entra en Jerusalén montado en un asno, el animal de la gente sencilla y común del campo. Y, además, prestado. No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo como los grandes del mundo, sino en un asno que no le pertenece. San Juan evangelista nos dice que, en un primer momento los discípulos no le entendieron. Solo después de la Pascua cayeron en la cuenta de que Jesús, al actuar así, cumplía los anuncios de los profetas, que su actuación derivaba de la Palabra de Dios y la realizaba. Dice San Juan:” Se acordaron que el profeta Zacarías anunció: << No temas, hija de Sión: mira que viene tu Rey montado en un borriquillo >>” (Jn 12, 15) (Za 9, 9)

¿Entendemos la humildad? Jesús, Mesías humilde. Mesías de los humildes a los que llama bienaventurados. Mesías que lejos de buscar su propia gloria se humilla haciendo el oficio de los esclavos lavando los pies a sus discípulos; Él igual a Dios, se anonadará hasta morir en Cruz por amor nuestro.

En su libro “Ilustrísimos Señores”, el Cardenal Luciani patriarca de Venecia y  después papa Juan Pablo I escribe: “¡Cuántas veces he creído asistir a los funerales de mi soberbia, creyendo haberla enterrado a dos metros bajo tierra con muchos <<Requiescat>>”(Gori-gori diríamos nosotros), y cien veces la he visto levantarse de nuevo más viva que antes: me he dado cuenta de que todavía me preocupaba la opinión de los demás sobre mí. Cuando me hacen un cumplido tengo necesidad de compararme con el borrico que llevaba a Cristo el día de Ramos. ¡Cómo se abrían reído del borrico si, al escuchar los aplausos de la muchedumbre se hubiese ensoberbecido y hubiese comenzado a dar las gracias a diestra y siniestra con reverencias de “Prima donna”! Y me digo: ¡No vayas tu a hacer un ridículo semejante!”

“En ese pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras” (Is 66, 2). Humildad es lo que Dios dice y se hace, no la cabeza doblada como ganso en lo que yo quiera. Dios mira a los humildes y se inclina hacia ellos.

El que se humilla en la prueba bajo la omnipotencia del Dios de toda gracia y participa en las humillaciones de Cristo entregado y crucificado, será como Jesús, exaltado por Dios y participará de la gloria del Hijo, contado entre los humildes.

“Para enamorarse Dios del alma no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad” (San Juan de la †) Y humildad es callar cuando me pisan, humildad es reprimir el amor propio, la consideración de mí y de mis obras; humildad es pasar desapercibido, sin ser notado, perderse en Dios, hacerse nada para no quitarle brillo a Él ni a los otros. “Sed humildes unos con otros porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia los humildes” (I Pe 5, 5).

Porque “humilde es quien se esconde en su propia nada y se sabe dejar en Dios “(San Juan de la †).

Humildad siempre, y antes que nada: antes que el apostolado la humildad; antes que la oración, humildad; antes que el sacrificio, humildad.”El cimiento de la vida espiritual va fundado en humildad y mientras más se abaja un alma en la oración más la sube Dios” (Santa Teresa de Jesús). No te subas, que te subirán. Más vale humildad sin oración que oración sin humildad.

Humildad es perfume de santos que notan todos menos el que lo lleva. Aprendamos de la humildad de Jesús, Rey en borriquilla.

SE HACE SABER, pues, que el Domingo de Ramos somos convocados a cantar: “Gloria, alabanza y honor, cantad Hosanna y haceos como los niños hebreos al paso del Redentor. Gloria, alabanza y honor al que viene en el nombre del Señor (Antífona del Domingo de Ramos)

3.-JUEVES SANTO. DÍA DEL AMOR FRATERNO

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo” (Jn 13,1)

Dios ama al ser humano. Lo ama hasta el fin, hasta el extremo. Se desprende de su condición divina y se arrodilla ante nosotros desempeñando el servicio del esclavo; lava nuestros pies sucios para que seamos admitidos a su mesa, algo que por nosotros mismos no podríamos hacer jamás. Dios desciende y se arrodilla. Solo el amor tiene fuerza purificadora y nos eleva a la altura de Dios, nos hace capaces de Él. Su amor es inagotable y no tiene topes ni condiciones. No me ama porque soy bueno, ni solo cuando lo soy. Me ama porque Él es bueno y su amor me hace bueno. El amor del Señor no tiene límites, pero el hombre puede poner un límite al amor. ¿Qué es lo que mancha al hombre? El rechazo del amor, el no querer ser amado, el no amar. Es la soberbia que no quiere admitir que necesitamos de limpieza de corazón.

El Señor hoy nos pone en guardia contra la autosuficiencia que pone límite al amor ilimitado.

EUCARISTIA: La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no solo como un don entre otros muchos, aunque muy valioso, sino el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona. (Juan Pablo II) Aquí está todo el bien de la Iglesia porque la Eucaristía es Jesucristo y Jesucristo es todo el bien de la Iglesia. Jesús se quedó en la Eucaristía por amor a nosotros sobre todo para alimentarnos: “El que me come vivirá por mí”. Y “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” (Jn 6, 58. Mt 28, 20)

Solo por amor puede Dios hacerse pan para que lo partamos e invitarnos a hacernos pan para todos los que andan hambrientos. La participación del Cuerpo y Sangre de Cristo no hace otra cosa sino convertirnos en lo que recibimos. Jesús se da sin medida. Jueves Santo que reluce más que el sol. Presencia permanente del Señor a nuestro lado. Dios que se nos da en comida haciéndose más intimo a ti que tú mismo. Y con ello no lo cambiarás a Él en ti, sino que te convertirás tú en él. Misterio de nuestra fe. Centro de nuestra fe. La Sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor es una presencia con una intensidad única. Es “La fuente y la cumbre de la vida cristiana” (Vat II LG 11). La mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente este día en el Monumento, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor. Del misterio pascual nace la Iglesia. Por eso la Eucaristía, que es el misterio por excelencia, está en el centro de la vida eclesial. Desde los Apóstoles: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a la oración” (Hch 2, 42).

Después de más de 2000 años seguimos reproduciendo aquella imagen primera de la Iglesia. Y mientras lo hacemos, los ojos del alma se dirigen a aquella cena y después de ella. La Eucaristía anticipaba sacramentalmente estos hechos.

En el día del amor fraterno, día de la Eucaristía, SE HACE SABER que “el Señor nos ha dado ejemplo” (cf. Jn 13,15) lavándonos los pies unos a otros. Que cada obra buena a favor del prójimo, de los que sufren, es un servicio como lavar los pies. SE HACE SABER, nuevamente, que el Jueves Santo, Jesucristo mismo partirá para nosotros el pan Eucarístico y lavará los pies a algunos miembros de la comunidad cristiana, símbolo de su amor y de su entrega por nuestra salvación.

4.-VIERNES SANTO. LA PASIÓN Y LA CRUZ

Se cuenta de Ciro, Rey de Persia. Durante una de sus campañas guerreras venció a un príncipe de Libia. El príncipe fue llevado con su esposa e hijos ante Ciro, el cual le preguntó:

-¿Qué me darás a cambio de tu libertad?

-La mitad de mi reino- fue la respuesta del príncipe.

-¿Y por la de tus hijos?, siguió preguntando Ciro.

-La otra mitad.

-¿Qué me darás entonces por la libertad de tu esposa? Volvió a decir el rey Persa.

El príncipe se dio cuenta de que se había precipitado al ofrecer todo lo que tenía olvidándose de su esposa. Meditó un momento y dijo con firmeza:

-Por la libertad de mi esposa me ofrezco a mí mismo.

El Rey Ciro quedó tan sorprendido al oír aquella respuesta que dejó en libertad al príncipe y a toda su familia, sin exigir rescate ni fianza.

Al regreso a casa, el príncipe preguntó a su esposa si se había fijado en la cara serena y altiva del soberano persa. Delicadamente la esposa contestó:

No miré ni vi nada; solo tenía los ojos puestos en aquél que estaba dispuesto a entregarse a sí mismo para conseguir mi libertad.

Jesucristo no solo estaba dispuesto a entregarse por nosotros sino que sacrificó realmente su vida para salvarnos. ¿En quién habremos de fijar nuestros ojos, sólo y siempre?

En el camino de la Cruz el Dios de la creación se reveló como el Dios de la Redención. En todo el universo solamente Cristo ha dado satisfacción al amor eterno del Padre. Dios, que detuvo la mano de Abraham alzada contra su hijo, sacrificó sin embargo a Jesús, el que no tenía pecado, para revelar su verdadero amor a los hombres.

Dios lo puso en el camino del Calvario, cargado con la cruz de todos los pecados de la humanidad, y Cristo cayó una, otra y otra vez bajo la cruz de la Redención. Jesús cayó por nuestras culpas.

En el plan divino las mismas tres cosas que cooperaron en estas caídas lo hicieron también en la Redención. Para un hombre desobediente, Adán, hubo un nuevo Adán, Cristo; para una mujer orgullosa, Eva, hubo una nueva Eva humilde, la Virgen María; para el árbol prohibido del paraíso, hubo también otro árbol, el de la Cruz. Cada uno de nosotros vino a este mundo para vivir. Cristo, al revés: vino para morir. La muerte fue la razón de su venida. La Escritura le llama el cordero sacrificado desde el principio del mundo. “Nadie me quitará la vida, sino que yo la entrego por mí mismo” (Jn 10, 18).

El mundo actual que niega la culpa personal y admite solamente los crímenes sociales, que no tienen lugar para el arrepentimiento personal, sino solo para las reformas públicas, ha divorciado a Cristo de su Cruz. La Cruz sin Cristo es un sacrificio sin amor. Aun ahora, cuando nuestros pecados fuerzan a Jesús a caer bajo la Cruz. Nosotros pretendemos en vano separar a Cristo de su Cruz. Muchos preferiríamos ver al Cristo rey, Cristo del Tabor, y no al Cristo sangrando bajo la Cruz. Querríamos ver una victoria y llegar a la gloria sin lucha ni arrepentimiento. Quisiéramos un Cristo tan tolerante que fuera indiferente a la virtud o al vicio. En esta hora en que muchos sufren con el corazón roto y a solas volvemos nuestros ojos hacia Jesús agotado bajo el peso de la Cruz, que escogió aceptar nuestros pecados y redimirnos con su sangre.

Durante la Semana Santa meditamos la Pasión de Nuestro Señor para seguir al Cristo de las llagas. Lloramos de pena junto con nuestros hermanos los enfermos, los que sufren, los prisioneros, los moribundos y los desamparados; los niños que mueren por falta de pan, los mártires que sufren y mueren por amor de tu reino, por los que en su agonía gritan:

-¿Sabe Dios lo que es sufrir?. –Sí lo sabe.

-¿Fue alguna vez traicionado? – Sí lo fue.

-¿Se sintió abandonado?-Sí se sintió.

-¿Alguna vez se estremeció su cuerpo de dolor?-Sí.

¡Oh Jesús, caído tres veces, mira también nuestras llagas en nuestros cuerpos, llagas del miedo, de la ansiedad y de la amargura, llagas del odio y llagas del amor!

Señor, te abrimos las puertas de nuestra vida, queremos la conversión y la reconciliación contigo y con nuestro prójimo: queremos crecer en fe, oración, ayuno, penitencia, en esperanza y en gracia. Oh, Jesús, aun después de la tercera caída, cerca de la cumbre del Gólgota, tú te levantaste. Así, Señor, hasta el fin de nuestras vidas por duro que sea el camino hacia nuestra redención, por largo que sea, levántanos siempre. Porque el cansancio en el camino de Cristo es de todos. y de siempre. Permítenos ayudarte con tu Cruz en penitencia de nuestros pecados, pues en ti está nuestra vida. Señor de amor y misericordia, crucificado por nuestros pecados, ten piedad.

Veneramos, Cristo, tu Cruz. Es tu Cruz la que ha traído la felicidad a este mundo. Por eso, sin cesar, rezamos y cantamos con tus ángeles y tus santos alabanzas a ti, Cristo Redentor, porque fuiste al suplicio de la Cruz, destruiste la muerte con tu muerte. “Tú eres la resurrección y la vida” (Jn 11, 25)

Lo contaba un misionero. A su choza llegó una niña pidiendo una estampa. No le fue difícil encontrar una. Pero la niña no parecía satisfecha. Y siguió pidiendo: ¿No tendría, Padre, una estampa de Jesús clavado en la Cruz? También la encontró y se la ofreció. ¿Y por qué prefieres esta?, preguntó el misionero. La niña respondió, sin dejar de mirar la figura de Jesús crucificado: No sé, Padre, pero cuando veo a Jesús en la Cruz me dan ganas de ser mejor y no ofenderle más.

SE HACE SABER que el Viernes Santo, es día de ayuno y abstinencia por la Pasión y Muerte del Señor. Estamos convocados a apretarnos alrededor de Cristo para que no le falte nuestra cercanía y nuestro amor, para suplir hoy el abandono de sus discípulos, sus negaciones y su traición. Porque amor con amor se paga.

5.- DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

¡RESUCITÓ, ALELUYA!

Una mujer, María Magdalena, corre de madrugada, cuando todavía estaba oscuro; le mueve el deseo de la persona a la que ama, ve la piedra quitada del sepulcro y, con ella la historia abierta definitivamente hacia la vida. Dos hombres corren también hacia el sepulcro, el anuncio de la mujer lo saca de casa; uno ve pero no entra, el otro entra y al principio no ve. Son torpes los ojos cegados por otras luces, es lenta la mirada que busca un cuerpo conocido que piensa encontrar muerto. Al final de la carrera una tumba vacía y unas vendas por el suelo y un vuelco en el corazón:

“¡No está aquí, ha resucitado¡”. El que se había dejado querer tanto supo reconocer y sintonizar con la vida diciendo “Está aquí”, latiendo aunque no podamos verle. Y, entonces, a casa, a contarlo. Cuando atravesamos circunstancias de “vida sepultada”, cuando no sabemos qué hacer ante el dolor de los seres queridos, cuando estamos cerca de personas que viven realidades de desesperanza, de no ver salida, cuando estamos tentados de decir “no hay nada que hacer”, o “las cosas no van a cambiar”…María Magdalena nos enseña lo que pude llegar a hacer el amor cuando nos toca el corazón.

Es ella la que descubre el primer indicio de algo inesperado “la piedra del sepulcro está quitada” y salió a dar la Buena Noticia. Es ella la que provoca que Pedro y Juan salgan corriendo y que Juan se pueda acordar de que Jesús lo había anunciado. Los primeros en creer fueron los que se sabían amados por Jesús. La fe cristiana no es un esfuerzo por ver lo que nadie ve, por afirmar lo que nadie comprende; la fe en Cristo nace de la certeza y el agradecimiento de sentirse querido por Él. El que mejor cree es siempre el que más amado se sabe y se siente. María y Juan y Pedro son capaces de creer sin pruebas. Porque solo el amor es digno de fe, o mejor, de creer en la Resurrección del Señor amado cuando solo se ve su mortaja. La visión de los días siguientes será el premio a la fe.

Para creer, tanto aquel día como hoy más que ver hace falta saberse querido; El amor es la fe que afirma la existencia del Amor aunque todavía no logre verlo y tocarlo, solo porque lo presiente y lo siente agradecido. Quien se siente amado presiente la presencia de su Amor, la adivina, porque aunque no lo vea, no puede negar sus sentimientos. Hay, pues, una forma de creer, la más segura, la mejor probada, que se basa no en cuanto puede verse sino en lo que se está experimentando. Que no nace de cuanto uno espera, sino que surge de cuanto uno tiene, que no necesita tocar para creer, porque se sabe tocado.

No deja de ser sorprendente que de la tragedia del Viernes Santo se llegue a la luz del Domingo de Resurrección. No deja de ser sorprendente que aquellos hombres y mujeres asustados que abandonan al Maestro y lo ven desde lejos morir ajusticiado y abandonado de todos comiencen con un ardor nuevo a predicar su nombre y el mundo se les quede pequeño para proclamar que Jesucristo vive. No deja de ser sorprendente que aquel hombre a quien siguieron unos pocos, que vivió en la más absoluta pobreza y acabó entre la burla de sus contemporáneos, al cabo de 21 siglos siga siendo piedra de toque para todo el mundo.

Nosotros sabemos que el fundamento de esa extrañeza está en la Resurrección de Cristo; nosotros sabemos que la razón de esa inexplicable expansión y permanencia del cristianismo está en el hecho de que a Cristo no hay que buscarle entre los muertos, sencillamente porque está vivo, es Dios de vivos y, todavía más: es la Vida. Nosotros lo sabemos y por eso la Resurrección fundamenta toda nuestra esperanza y justifica nuestra “rareza”, y explica la forma que tenemos de andar por el mundo.

6.-Queridos hermanos-as, el Misterio Pascual se realiza y actualiza para nosotros en la Sagrada Liturgia de los Sacramentos. Participar de ellos es la mejor forma de celebrar la Semana Santa, sobre todo recibirle en la Sagrada Comunión. Pero su grandeza supera y desborda la capacidad del Templo, saliendo a las calles y haciendo de ellas una ampliación del espacio santo por la presencia de las Sagradas imágenes del Señor, de la Virgen y de algunos santos en las plazas y calles por las que habitualmente circulamos realizando otros menesteres como ciudadanos que somos. Todo Catral un templo y a todas las horas. Los cofrades, hermandades y costaleros-as lo hacen posible al modo como los amigos del novio lo llevan a hombros en su boda y, con otro sentir en su muerte a su amigo joven. Nutrámonos de las celebraciones Litúrgicas y, después, salgamos a la calle como testigos del mayor Amor, tanto en su Muerte como en su Resurrección.

Las procesiones de Semana Santa más que un hermoso espectáculo son catequesis bíblicas, de hondo contenido de la fe que profesamos en el Hijo de Dios.

Este año la Iglesia Diocesana dedica su objetivo pastoral prioritario a la presencia del cristiano en la calle. No encontraremos mejor expresión ni más numerosa y cualificada que los desfiles procesionales de estos santos días. Sin embargo, sigue notándose la ausencia de los creyentes en la vida social. El Papa Pio XI decía ya en su tiempo que “El gran problema de nuestro tiempo no son las fuerzas negativas sino la somnolencia de los buenos”. Tomamos la calle en las procesiones, pero no nos implicamos en la participación ciudadana. Los valores evangélicos están ausentes de la vida social.

Quizás siga siendo verdad que el laicado cristiano es un gigante dormido. Gigante por su número. Dormido por su inhibición. Cuando se legisla contra la vida del hombre no se puede sestear.

Por última vez SE HACE SABER que todo cristiano está llamado a ser testigo de Jesucristo Resucitado en todos los ambientes en los que se desarrolla su vida. El mundo de hoy no necesita tanto testigos de la muerte del Hijo de Dios como Tomás, que para creer pide meter sus dedos en los agujeros de sus clavos como testigos de que está vivo. Y nada como la alegría de vivir da testimonio de nuestra fe en el Resucitado.

Que el Señor me los bendiga a todos; que la Purísima les proteja de todo peligro; que los Santos Juanes les mantenga firmes en sus convicciones de fe; y que Santa Águeda se haga presente junto a los enfermos y a todos los que sufren.

ALABADO SEA JESUCRISTO.

Rvdo. D. José Ruiz Costa (Parroquia de los Santos Juanes, Catral y sábado 2 de abril de 2011).

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2010

PRESENTACIÓN por Dª Manoli Mirete Penalva

Buenas tardes a todos:

Con una felicidad inmensa voy a llevar a cabo la presentación de la pregonera de la Semana Santa 2010, MARÍA PENALVA GÓMEZ, mi tía María.

Mi presencia en este preámbulo se debe a que ella misma hizo que me  comprometiese  a presentarla si aceptaba hacer el pregón … y aquí estamos las dos.

Cuentan que el primer sonido que escuchó junto con la voz de su madre, fue el piar de los gorriones anidados en la gran acacia situada en la esquina del  bar del Ibáñez, en la carretera, cuando vino al mundo un nueve de mayo de 1923. Pronto cumplirá 87 años.

Es mi tía María la mayor de los  hijos habidos en el matrimonio de Antonio y de Milagros, y como tal, siempre ha ejercido de hermana mayor de su Milagros, de su Manola y  sobre todo de  su hermano Antonio, al cual le profesaba y profesa, un cariño especial, no sólo por ser el más pequeño sino por su condición de sacerdote, orgullo máximo para una familia cristiana.

Contrajo matrimonio en septiembre de 1952 con Miguel Ferrández Rocamora y fruto de esta unión son mis primos María Dolores y Miguel, los cuales le han dado cinco nietos, que siempre han estado y más hoy, muy orgullosos de su abuela.

Yo tengo muchos recuerdos de ella desde mi niñez, porque iba muy a menudo a su casa.  Me acogía con los brazos abiertos, sonriente, y  además me  daba galletas.

A su puerta nunca había que llamar, estaba siempre abierta, porque si bien es una persona hospitalaria, allí estuvo ubicada, durante más de treinta años, la Oficina de Correos. En cualquier momento del día se podía acudir a comprar un sello, recoger un paquete o bien estaba dispuesta para leer o contestar a la carta  que había recibido del hijo, que se encontraba haciendo el servicio militar o trabajando en el extranjero.

El patio de la casa estaba ocupado por máquinas de coser, en donde enseñó a bordar a muchas jóvenes. Éstas acudían allí para realizar su ajuar y al mismo tiempo, en determinadas fechas,  confeccionaban las cintas para las carreras de bicicletas de las  fiestas de San Juan, el barrio de Los Dolores y San Felipe. He de destacar la rotulación paciente de las letras de los bordados que llevaba a cabo mi tío Miguel.

Mientras que el devenir de la vida se fue llevando estas facetas, su  implicación en determinadas tareas  de la parroquia ha ido aumentando, ya que desde siempre ha colaborado activamente en las cosas de la iglesia. Desde muy joven participa en el coro de mujeres, colabora en la limpieza del templo y hoy, además de ser responsable de la misma, intenta ayudar en lo que se le pida. Además pertenece al grupo de Vida Ascendente.

Su participación en la Semana Santa a lo largo del tiempo ha sido constante. Pertenece desde sus inicios a la cofradía de La Virgen de los Dolores y de La Soledad, a la cual ha acompañado, a veces, vestida de manola. Por todo ello, al ser este pregón  una  parte de la Semana Santa  no ha querido rehuirlo.

Aunque es una mujer que no ha tenido estudios, le ha gustado mucho leer, estar siempre informada  y viajar, sobre todo a lugares sagrados.

Uno de los pilares de su aprendizaje fue su tía Manuela Penalva Zaragoza, madre  del sacerdote D. Jerónimo Márquez. Su tía Manuela tenía una escuela en   ”El Cuartelillo” lugar que ocupa actualmente la farmacia de doña Pilar  y allí, fue  en donde nuestra pregonera aprendió a leer, a escribir, a hacer cuentas, labores y además se  inició en el conocimiento de la Historia Sagrada. Pero principalmente lo que su tía le transmitió fue  su profundo amor por la Purísima.

Poseía aquella mujer una gran sensibilidad y facilidad para la creación literaria, por ello, ante cualquier evento relacionado con la parroquia,  elaboraba una composición y María, desde bien niña, era la encargada de aprendérsela de memoria y de  recitarla debidamente. Aún hoy las recuerda al pie de la letra y podrán comprobar a lo largo del  pregón cómo declama.

Debo decirles que lo que más admiro de mi tía es que siempre ha intentado e intenta llevar una vida en coherencia con los valores y creencias cristianas, y que  siempre nos ha transmitido su fe con una gran convicción. He de reseñar, además, su innegable amor por su pueblo y por España.

Por último, quiero manifestar que tanto para ella como para  sus hermanas, el núcleo fundamental de sus vidas es la familia. Por ello, todos los primos e incluso nuestros hijos, nos identificamos y nos sentimos miembros de una misma familia, la de las Penalvas.

Y ahora tía, te cedo la palabra  como pregonera de esta semana Santa.

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DEL AÑO 2010

por María Penalva Gómez

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Sr. Cura Párroco.

Sr. Presidente y miembros de la directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.

Excelentísimo Señor alcalde

Distinguidas autoridades civiles y religiosas.

Pregoneros que me antecedieron.

Queridos amigos.

Muy buenas tardes  y ante todo, gracias por vuestra presencia en este acto.

Cuando hace unos meses la Junta Mayor de Cofradías me propuso que fuera la pregonera de la Semana Santa 2010,   me situó ante la incertidumbre de aceptar o no esta distinción. Por una parte, no me consideraba la persona más indicada para recibir este gran honor. Y por otro lado, si aceptaba no sabía  si me vería con las  fuerzas suficientes para asumir la gran responsabilidad que conlleva el transmitir a todos los que ahora me escucháis este mensaje: Anunciar la  Semana Mayor de nuestro pueblo, que  celebraremos, Dios mediante, desde el próximo 28 de este mes al 4 de abril.

Fueron noches de inquietud, de invocar ayuda reiteradamente al Sagrado Corazón de Jesús, para salir de este compromiso o en el caso de que aceptara, me auxiliase. Después animada por mis hijos, mis hermanas, nietos y sobrinos… dije: Sí, lo voy a hacer.

Y aquí estoy ante ustedes de buena fe y mejor voluntad.

Me vais a permitir que dedique este PREGÓN:

  • A la memoria de mi marido, Miguel, y mis otros familiares ya fallecidos, con la confianza que desde el cielo me están ayudando.
  • A todas aquellas personas, gracias a las cuales los hechos que evocaré fueron posibles.
  • A la Junta Mayor de Cofradías  y a los cofrades que anteponen su trabajo en la Cofradía a su descanso, con el fin de engrandecer nuestra Semana  Santa. Fruto de ello es el magnífico  Encuentro  Diocesano de Cofradías y Hermandades  que se celebró hace unos meses y que fue todo un éxito.  Mis felicitaciones.
  • Y permitidme recordar a mi tía Dolores Sirvent, ya que gracias a su generosidad, podemos disfrutar hoy de la Capilla de la Resurrección, sede de la Junta Mayor de Cofradías.

Nos disponemos a celebrar con fe y devoción la Semana Santa en nuestro querido pueblo. Días sagrados en los que la Iglesia celebra los misterios de nuestra salvación, realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por la entrada en Jerusalén, el Domingo de Ramos, y culminando con su Resurrección gloriosa el Domingo de Pascua.

En esta Semana celebramos “el Triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado”, mientras bellas imágenes,  nuestros “pasos”, salen en procesión por las calles más antiguas y tradicionales. Son los mismos semblantes doloridos que recuerdo desde siempre: Nuestro Padre Jesús, El Cristo de la Salud, La Virgen de los Dolores, la Soledad, el  Sepulcro  y San Juan. Hoy acrecentados con algún rostro  más, como los de Jesús Triunfante, La Verónica, Jesús Cautivo, Nuestra Señora de la Merced y el Cristo de la Misericordia.

Todo ello me lleva a retroceder en el tiempo hasta los años 1943 y 1944. Permitidme que mencione en este instante a Sebastián Sierras, el tío Sebastián como le decíamos. Era una  persona profundamente  apasionada por las tradiciones de nuestro pueblo. Se preocupó con desvelo por fomentar la cultura entre los jóvenes de nuestra época. En el ámbito religioso también fue fundamental, pues los diferentes actos que se realizaban en la parroquia: liturgias, cantos, misas…, fueron engrandecidos por el trabajo  incansable de este  hombre.

Por estos años, un día nos dice:

Señoritas, la Iglesia necesita dinero para su restauración. ¡Hay qué mover!  y como pronto vendrá la Semana Santa, ¡vamos a representar la Pasión!

“La  Pasión y Muerte de Jesús”, era un libreto en verso que él tenía. Mi padre, Antonio Penalva, y Carmelo Serra, clarinetistas de la banda del Teatro, le pusieron música años atrás, cuando se representó en 1923 por vez primera, con el propósito de recaudar fondos para la construcción del teatro Latorre. En aquella ocasión, año de mi nacimiento, interpretó el papel de Jesús el mismo tío Sebastián; la Virgen fue la Manuela “La Lila” y la Verónica “la tía Concha el Huerto”.

En la reposición que llevamos a cabo en el año 1943 participamos un gran número de personas. Todas con gran ilusión y entusiasmo aceptamos este gran reto. Después de cenar quedábamos para los ensayos. Éstos eran al principio en  la casa del tío Sebastián y cuando ya estaban avanzados nos trasladábamos al teatro, lugar en el que se representó. Los decorados y el vestuario fueron encargados a  la empresa Salazar de Alicante. El éxito fue arrollador, tanto que al año siguiente se volvió a representar.

Entre los participantes en la obra recuerdo, entre otros muchos,  a Miguel Sánchez en el papel de Jesús; Aurelia Domenech y Lola Ruiz personificaron, cada año una, a  la Virgen; el tío Modesto fue San Pedro; Juan de Dios de la tía Doloricas “la Toca”, San Juan; D. Arturo y José Llopis  interpretaron a  Anás y Caifás, respectivamente; Anselmo Morante a Judas; Carmen López a la Magdalena; José Mª Alonso hizo de  Poncio Pilato y Lolita “la boticaria”  de la mujer de Pilato; José Mª Guirau dio vida a  Nicodemo; Concha Llopis representó a   una criada … y quien os habla,  escenificó el papel de la Verónica.

¡Nunca pensé que esta obra y principalmente mi  personaje llegaran a impactarme de esta  forma!

Tanto es así, que el hilo conductor de mi pregón, va a centrarse en ir recorriendo la Semana de Pasión recitando fragmentos de este libreto perdido, pero que gracias a Dios, quedó en mi memoria  enteramente grabado.

Eran estos tiempos de escasez y de penuria. Algunos quizás no habíais nacido, otros erais niños o jóvenes como yo, pero para mí, eso está ahí mismo, a la vuelta de la esquina.

La religión era un elemento natural en nuestras vidas. Todo el año estaba acompañado de alguna manifestación religiosa: el mes de las almas, las  conferencias cuaresmales, los  ejercicios espirituales, las  novenas,…  Esto ha ido cambiando al igual que nuestro pueblo.

Era éste bastante diferente al de ahora. Las calles llenas de hoyos, que en  los días de lluvia se convertían en grandes charcos y después en barro. Era la calle una prolongación de nuestras casas. Y como tal, era nuestra responsabilidad barrerla y  rociarla por la mañana temprano. Quitábamos el polvo, la suciedad y   los excrementos de los animales. Éstos  se  recogían como abono para las macetas. Macetas que, posteriormente,  lucirían, con gran esplendor en los altares del Corpus y en el Monumento.   Los rebaños de cabras  pasaban a sus anchas por ellas  para llegar a los barbechos de alguna finca, en donde poder pastar. Los carros tirados por yeguas o las carretas por vacas,  antes de seguir a su destino, debían de parar  para que  sus dueños reparasen fuerzas en el bar “El Vapor”, propiedad del Ibáñez, en algún bochinche,  o en la puerta del tío Mayo, que era el herrador del pueblo.

Por la mañana  los  hombres iban a la plaza a buscar el jornal. Una vez conseguida la faena  acudían a la huerta, andando los más; en bicicleta, otros. Las mujeres también se desplazaban a los bancales a realizar diferentes tareas agrícolas, otras iban andando a las fábricas de tomate en Dolores y Almoradí y todas realizábamos, además,  las tareas de la casa; no  teniendo las comodidades de hoy. Recuerdo que el lunes era el día de ir al azarbe de La Partición a lavar, allí se comentaba lo que había ocurrido durante la semana.

Los niños y niñas iban a la escuela.  La mayor parte de sus juegos, “la coroneja”, “el rogle o corro, los “sosalotes”, la trompa, la pelota… se realizaban en la calle. Otro lugar de juegos habitual era la Acequia Mayor, una parte vital de Catral, pues gracias a dicha Acequia, se regaba, se bebía y hasta se bañaban cuando apretaban los calores.

Los de mi edad, los domingos, paseábamos por la carretera hasta “el puente que cruzaba la Acequia Mayor”, junto a la casa de mis padres. Además, por la tarde, había baile en el teatro Latorre y después sesión de cine. El resto de la semana por las tardes las chicas hacíamos labores.

Cuando el día terminaba,  las luces  situadas  en alguna esquina del pueblo,  guiaban a los últimos transeúntes, que se retiraban  después de haber jugado alguna partida clandestina en el casino. Éste se encontraba situado junto al teatro, con entrada por la calle San Juan.

Pasada la Romería de Santa Águeda, tocaba levantar la hoja del almanaque para comprobar cuándo caía, ese año, la Semana Santa, cuándo el Miércoles de Ceniza y cuándo el Jueves Santo.

Comenzaban los siete domingos de San José, una tradición muy arraigada en aquel tiempo, celebrada con gran esplendor. Por la mañana la misa y por las tardes se exponía el Santísimo cantándose los dolores y gozos a San José.

Así decía el primer dolor:

Con gran disgusto José oía

la profecía de Simeón,

más grato, escucha que tanta pena

al hombre llena de salvación.”

Al llegar el Miércoles de Ceniza,  acudíamos a misa a la imposición de la misma. A partir de ese día  se tapaban todos los santos de los altares con fundas moradas. Durante todos los  viernes de  la Cuaresma, volvíamos a ir a  la  iglesia a  realizar “los pasos” que era un viacrucis. En cada estación entonábamos un canto relacionado con la misma.

“Jesús víctima escogida,

condenado es a morir;

para dar eterna vida,

quiso tal suerte sufrir.”

Como culminación de la Cuaresma y antesala de la Semana Santa, se realizaba el Septenario de Dolores.

Se rezaba el rosario y se recitaba el dolor correspondiente al día junto con sus cantos. Tanto en éstos, como en los Siete Domingos, participaban en el canto Teresa Berenguer, Carmen Alonso, su hija Maravillas y la señora Inocencia, mujer del tío Paco Costa,  organista de la parroquia. La señora Inocencia era la que iba introduciendo en los cantos religiosos a las jóvenes, entre las que me encontraba yo.

El canto del Septenario se conserva actualmente por la actitud y  perseverancia del coro de mujeres. De aquel grupo originario de los años cuarenta solamente quedamos mi hermana Milagros y yo, además del  organista, Luis Rocamora, que  gracias a su buen hacer y memoria, se pueden seguir interpretando las distintas canciones, ya que se carece de las partituras de las mismas.

Así dice el cuarto dolor:

“Duros hierros mortifican

a mi Jesús sin razón.

Mas, ¡ay! También crucifican

sus clavos mi corazón.”

El frío invierno ya  quedaba atrás y entraba una nueva estación.  La  Semana Santa ya está aquí: Es Domingo de Ramos.

En un principio, la procesión de las Palmas, consistía en dar una vuelta a la plaza. Cuando se salía, las puertas del templo se cerraban y al volver, el sacerdote daba tres golpes. Las puertas se volvían a abrir y entrábamos cantando el Hosanna, cántico procedente  precisamente del argumento de  La Pasión. que hasta hoy perdura, y siguen cantando las nuevas generaciones

Con palmas y olivos

alegres cantad,

y pintan las flores,

de lindos colores,

hijas de Judá, llegad, llegad.

Que Jerusalén, anuncio del bien,

al Hijo de Dios,

con gran alegría van a recibir.

Cantad con fervor

¡Hosanna, Hosanna!

al Redentor

Años más tarde, el Padre Alejandro Aranzábal, conocido por todos como, “el Padre Topolinos”, que venía a predicar los Dolores de la Virgen y el resto de actos de Semana Santa, amplió el recorrido por la calle San Juan, pasando por el callejón del Pósito (calle Cervantes) y volviendo a la plaza por la calle Santa Bárbara.

Este día era y es el más especial para los más pequeños. Papel fundamental el de los niños en la semana santa. Ellos son  el germen que hay que cuidar  y el relevo para seguir engrandeciéndola.  Precisamente, la primera vez que sale Jesús a escena, en la representación de La Pasión, es  a los niños a los que dirige sus primeras palabras:

Dejad que los niños se acerquen a mí.

Porque de ellos es el reino de los cielos.

Ángeles, yo extiendo mi mano

sobre vosotros y os bendigo.

Y Triunfante entra Jesús a Jerusalén, al igual que lo hace hoy la Cofradía del mismo nombre cuando llega al templo.

Jesús contemplando la ciudad exclama:

Oh, Jerusalén, ciudad hermosa,

por tu grandeza y gloria celebrada.

Ciudad altiva, bella y poderosa;

del reino de Judá, joya preciada.

Si fuiste un tiempo rica y venturosa,

hoy debieras, humilde y angustiada,

por vil ingratitud que en ti se encierra,

con triste llanto fecundar la tierra.

Te lo dice, mi acento conmovido

que no cabiendo en mí feroz encono,

aunque me mates tú,

Yo, te perdono.

El Lunes Santo, en mi época no se celebraba nada, pero hoy, el empuje y devoción  de un grupo de jóvenes han engrandecido nuestra Semana Mayor con la incorporación de la Cofradía de Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced.

El Martes Santo,  se trasladaban las imágenes en andas, desde la iglesia a la ermita por la calle Santa Bárbara exclusivamente, acompañados por la banda de música La  Constancia. El motivo era dejar  la iglesia despejada para  poner el Monumento y realizar las confesiones del Miércoles Santo. De aquí el nombre actual de procesión del Traslado. Aquello era un acto sencillo, sin ningún nazareno, pero que congregaba a un grupo numeroso de personas.

San Juan durante los años de mi niñez no procesionaba, lo hizo años más tarde, cuando se restauró la iglesia; aunque oí contar a mis padres  que la familia Ferrández  tenía en su finca un San Juan,  que solía traerlo los Viernes Santo para la procesión; pero yo eso no lo he conocido.

Cuando en la obra se representaba la Santa Cena, Jesús les dice que uno de sus apóstoles lo va a traicionar. Juan, el discípulo amado,  exclama:

Con humildad infinita

que digáis Señor os pido,

si es que soy yo el fementido,

si cabe en mí esa maldad.

¡Oh, mi divino maestro,

aunque casi soy un niño,

Vos conocéis mi cariño

y santa veneración.

Esta sensación me causa

tal dolor, tanto tormento,

que de angustia y pena siento

desmayar mi corazón.

Y Juan apoyaba la cabeza en el hombro de Jesús

El Miércoles era el día del perdón. Todo el pueblo acudía a confesarse. Recuerdo como Mª  Magdalena, en la Pasión,  arrojándose a los pies del Señor le pide perdón por su mala vida con estas hermosas frases:

“Jesús, tu santa palabra

ha penetrado en mi pecho.

Despertando mi conciencia

en diabólico empeño embargada

nunca vino a turbar mi pensamiento.

Jamás lloraron mis ojos

y ahora ves que llanto vierto.

¡Es tan grande mi amargura

cómo mis pecados fueron!

La luz penetró en mi mente,

¡Adoro a Dios, en Dios creo!

¡Dame el perdón de mis culpas,

a tus plantas te lo ruego!

El vicio manchó mi vida,

la verdad desconociendo,

embriagada en los placeres

que mi ser envilecieron.

¡Y ahora con toda mi alma,

de mis faltas, me arrepiento!

El Jueves Santo era festivo. En este día destaca el Monumento, Su artística rayada y su gran escalinata lo hacían y lo hacen  majestuoso. Al igual que hoy, nos esmerábamos  en embellecerlo y para ello, ya a mitad de la Cuaresma, se sembraban los “mayos”, que junto con las mejores macetas de cada casa, se iban situando en la escalinata.

El tío Juanico, el Llopis, era el encargado de ponerlo y quitarlo, tradición que continuó  su hijo José María y ahora su nieto. ¡Qué recuerdos, cuántas entradas y salida desde mi casa a la iglesia, en este día!. Y después … ¡Cuántas horas, Señor, junto a tí  acompañándote en el Monumento!.

El toque de las campanas de metal era sustituido por las campanas de palo. Los chiquillos no jugaban en la calle y todo el pueblo procuraba guardar silencio hasta que resucitase el Señor. Fue en estos años, con la llegada  del Párroco D. José Martínez Sánchez, cuando se comenzó a realizar la Procesión del Silencio con el Cristo de la Salud. Consistía en un Vía Crucis por las calles del pueblo, acompañado  únicamente por el sonido del tambor.

Cada vez que  entre tinieblas contemplo al Cristo, me resuenan, entre redoble y redoble, las palabras que  un soldado le dirige a Jesús.

Si eres hijo de Dios.

¿Por qué no vienen los ángeles

y te bajan de la cruz?

Jesús únicamente puede susurrar

Tengo sed.

Su madre a los pies de la cruz le dice:

¿Tienes sed Tú, Dios divino?

Tú que diste  a los mares  su afluencia

suspirando por agua.

¡Ay, quién pudiera

con lágrimas que lloro

saciar la sed cruel

que tus labios seca!

Y Jesús solo contesta:

- Tengo Sed.

Antes de la procesión, en la iglesia, se  celebraba el Sermón de la “Bofetá”, llamado así porque en él siempre se nombraba el pasaje donde  un soldado abofetea al Señor delante de Pilato:

Viene a mi memoria,  la escena que al respecto, se recoge en el libreto de La  Pasión.

Pilato le pregunta:

– ¿Con que tú  eres Rey?

Jesús le responde:

- Tú lo has dicho,

Yo para eso nací

.

Un soldado le reprende:

-¿Al pontífice respondes con insolentes palabras…?

¡Toma!

El Viernes por la mañana, tras el Canto de la Pasión, salía la procesión del Encuentro desde la ermita, con los pasos de Nuestro Padre Jesús, la  Virgen de los Dolores y el Cristo de  la  Salud.

Actualmente al producirse el Encuentro en la Plaza  de España, frente a mi casa, me aparecen  los recuerdos de las escenas en  la calle de La Amargura, que yo protagonizaba al representar el papel de la Verónica, al ver a Jesús tan dolorido me arrojaba a sus pies y le decía:

“Señor, las pobres mujeres

no entendemos de justicia,

yo ignoro si la malicia

vuestra sentencia dictó,

pero inocente o culpable,

Jesús, en este momento

vuestro terrible tormento

a mi alma impresionó.

Yo creo en vuestra inocencia

y la piedad me domina.

Admiro vuestra doctrina

y os quisiera consolar.

Si aliviar no puedo el peso

de esa cruz que os han cargado,

al menos, que me sea dado

tan bello rostro enjugar.

Lo baña el sudor, la sangre

que brota de las divinas sienes

con que la espinas

pudieron crueles  herir.

¡Qué miro, Dios Poderoso!

¡Es su rostro aquí estampado!

¡Contempla, pueblo menguado,

a quién llevas a morir!

Este milagro patente,

lo demuestra por si solo.

Aquí no hay farsa ni dolo.

¡Miradlo,!

Y seguir en pos de esa gente

que contra él ejerce sus herejías.

¡Hebreos, éste es el Mesías,

¡Éste es el Hijo de Dios!

Este lienzo guardaré,

en que tu rostro me dejas,

en señal de que tu gracia,

está en la piedad envuelta.

La procesión continúa.  Diviso a la Virgen de los Dolores, caminando al Encuentro de  su Hijo. Lamentos y suspiros de madre se me evocan.

¡Hijo del alma, hijo mío,

hermoso cielo adorado!

¡Cómo sufro al encontrarte,

cargado con esa cruz!.

¡Cruel momento,

y yo lloro tu tormento,

de rodillas y a tus pies!.

Y pensar que a mi Jesús,

tengo en mis amantes brazos

y desharán esos lazos,

los viles con frenesí,

que por siempre perderé,

mi esperanza, mi ventura.

¡Mi hijo, feroz amargura!

¡Horrible pena! ¡Ay de mí!

Me brotan las  palabras de esperanza, de consuelo que  Jesús dirige a la Virgen:

Madre, modera el dolor.

Recuerda amorosa Madre,

que Abraham también fue padre,

y marchó sin vacilar,

porque Dios se lo ordenó,

con el corazón herido,

y a Isaac, su hijo querido,

estuvo presto a inmolar.

Nuestro Padre Jesús inicia, a hombros de sus  pilares, con un suave movimiento  su partida, despegándose lentamente  de su Madre.

La procesión terminará regresando a la  ermita de la Purísima. Aunque antes, no había nazarenos como hoy, solamente Nuestro Padre Jesús, que era acompañado por niños con sus vestas moradas y  haciendo sonar sus campanillas cada vez que dejaban  de tocar las tubas.

Sobre las tres de la tarde, después de comer, nos volvíamos a concentrar en la

ermita y llevábamos los santos de vuelta a la iglesia y se quitaba el Monumento. Por la noche se realizaba la Procesión del Santo Entierro en donde sólo participaban  la Cruz de los Labradores, el Sepulcro y la Soledad. Con una solemnidad extrema era la procesión más concurrida y las mujeres acompañaban a la Virgen ataviadas con la mantilla española.

Contemplando al Cristo yacente revivo el fragmento en  donde se relata el entierro. Nicodemo dice a la Virgen:

Señora, llegó el momento

de darle sepultura

María sollozando pregunta:

-  ¿Y a dónde vais a llevarle?

A lo que Nicodemo contestaba:

-   -Tengo Señora un huerto,

de verde alfombra,

donde alzan las palmeras

erguidas copas.

Donde entre flores

cantan con dulce trino

los ruiseñores.

Cobijado a la sombra

de la enramada,

hay un nuevo sepulcro

de piedra blanca.

Mañana y tarde,

música melodiosa

le dan las aves.

Sepultura que el hombre

no ha profanado.

Ésta, a Jesús tu Hijo

la destinamos.

Danos licencia

para que el santo cuerpo

repose en ella.

Y quedaba, la Virgen, sola. Sola en su amargura. Sola en su Soledad.

Pobre Madre, cielo y tierra,

que en sus quebrantos te imploran.

Llorarán como Tú lloras,

en tu amarga soledad.

Terminando con esta escena  “La Pasión y Muerte de Jesús”.

El Sábado Santo a las diez de la mañana resucitaba el Señor. En ese momento volvían a sonar las campanas a gloria. El pueblo celebraba con gran alegría y estruendo la Resurrección. Los niños colaboraban dando golpes en las puertas con sus mazas, que ya tenían confeccionadas para la ocasión. Iban rompiendo los cacharros que se ponían expresamente para ello en las puertas. Los jóvenes lo festejaban lanzándose cubos de agua.

El Domingo, culminaban los actos de la Semana Santa  con la  Procesión de las Cortesías. Cristo Resucitado, en la Sagrada Custodia, se encuentra con su Madre, Nuestra Señora de la Encarnación.

Con esta celebración y los días de esparcimiento posteriores se cerraba el ciclo de Cuaresma, Pasión, Muerte  y Resurrección de Jesús. Y a esperar el próximo año.

Sólo espero que con este pregón, haya sabido transmitiros mis vivencias y proclamo que sobre todas las cosas creo en Dios, amo a Dios y le agradezco su pasión.

Muchas gracias.

Catral, 13 de marzo de 2.010