Pregones Semana Santa Catral 2023-2010

GLOSA del  PREGONERO a cargo de Dª Gema Román Rodríguez

Reverendo Cura Párroco, D. Alejandro Lucas Nieves.

Sr. Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Catral, D. Juan José Vicente.

Sr. Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y

Hermandades de la Semana Santa Catralense, D. Pascual Flores Culiáñez.

Sres. Presidentes de las distintas Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.

Cofrades y Hermanos todos en Cristo.

No ha sido decisión fácil aceptar la encomienda que me ha traído a ocupar este sagrado estrado.

Evidentes circunstancias me condicionaban por llevar implícitos aspectos que alcanzan lo más íntimo de mi ser, y por ello susceptibles de que un desmedido arrojo emocional me impidiera cumplir con equidad la misión encomendada.

Entiéndase por tanto mi presencia, como respuesta a la ineludible demanda del amor. Amor a la familia, a la Cofradía de mi Virgen de la Soledad. A Catral y su Semana Santa.

Etimológicamente la palabra cofradía procede del latín cum fraters, que significa con los hermanos. Así mismo el “Totus Omnibus Omnes Cristo”, acertado lema de la Hermandad de Jesús triunfante, a la que el pregonero pertenece desde su primera salida procesional en 1993. Viene a significar: todo yo, por todos y todos juntos por Cristo. Por lo que podría concluirse que la fraternidad constituye por esencia el fundamento primario de las Cofradías y Hermandades. Este aspecto, a su vez, nos descubre ese primer rasgo de la temprana vocación fraterna de Paco, que le llevo con apenas 12 años a ingresar en el Seminario Diocesano de Orihuela – Alicante.

Pero es en la familia donde experimenta el sentido de pertenencia. Es afirmado en su dignidad como hijo de Dios y aprende los valores que habrán de guiarle en la vida. Y donde, por cierto, las Cofradías y Hermandades encuentran su primigenia referencia.

En el designio de Dios la familia (en palabras de San Juan Pablo II) es, bajo muchos aspectos, la primera escuela del ser humano. La comunidad en la que todo hombre es amado por sí mismo, por lo que es y no por lo que tiene.

Sobre estos cimientos se erige la comunidad familiar de Román y Dolores que alumbraron la vida de quien les habla y de mis hermanos Román y Paco. Con esfuerzo, constancia y mucho amor, nos procuraron una infancia feliz. Nos educaron en la fe y nos instruyeron para la vida. Vuestros desvelos, hoy lo sabemos, nos allanaron el camino.

“Honra a tu padre y a tu madre” dice el libro del Éxodo (20,12) Sea pues este, el precepto que mejor nos identifique, por haberlo cumplido. Y sirva como ofrenda de amor y gratitud a nuestro padre que nos estará viendo desde el cielo y a nuestra madre aquí presente.

A edad temprana, como he referido, siente Paco el pellizco de la Gracia. Dios llamó a su corazón y Paco responde. Las aguas del bautismo y el pan de vida de su primera comunión, recibidos en esta parroquia de los Santos Juanes, tan fértil en vocaciones sacerdotales, el contenido de sus alforjas para la incipiente andadura de entrega a Dios y servicio a su Iglesia.

Acabado sus estudios en el Seminario Oriolano pasó a realizar estudios superiores de teología en el Teologado de Alicante.

Nos refiere el escritor y ensayista José María Carabante que: “Si la tierra requiere del laboreo para germinar; el espíritu exige recoger en su seno la semilla de la verdad, la belleza y el bien, pues de otro modo no puede brotar el grano en su apogeo”. Sus padres y formadores bien que laborearon y la semilla cayó en tierra fértil y dio fruto en abundancia.

Y ese primer brote aconteció el 7 de julio de 2007 en la Concatedral de San Nicolás de Alicante donde fue ordenado Sacerdote. O Ministro de Cristo tal y como reza una de las estrofas de la aurora catralense.

Su primera Misa tuvo lugar el 10 de julio de 2007 en la Parroquia que nos acoge y que tanto influyo en su vocación: Hasta tal punto, que me atrevería a afirmar que aspectos de su carácter y personalidad tienen la influencia de nuestros patronos, Los Santos Juanes. Pues es un hombre escrupuloso en el deber, leal y valiente. Cuando da su palabra la cumple. Paco es un hombre de palabra, de confianza, como solemos decir de aquellos que así proceden. En ello irremediablemente me recuerda a nuestro padre. Un apretón de manos sellaba un pacto irreversiblemente.

El día de esa primera Misa le fue impuesta la medalla corporativa del Excelentísimo Ayuntamiento de Catral. Simbolizando con ello, que la mayor de las fortunas de este pueblo es la de haber generado tantas vocaciones sacerdotales. Aprovecho la ocasión para felicitar a las familias catralenses y especialmente a aquellas en las que en su seno se gestaron hombres para Dios y su Iglesia.

La providencia ha situado la celebración del pregón en la víspera de San José, patrón de los seminaristas, que hoy ya anticipamos en la eucaristía. Y que el pregonero sea sacerdote. Pidamos al Señor nuestro Dios, que bendiga este pueblo con la Gracia del despertar vocacional, para que Catral siga siendo ese divino y sagrado semillero sacerdotal.

La labor pastoral de Paco se inició como Vicario de la Parroquia de la Inmaculada de Torrevieja. Paralelamente ejerció de formador en el Seminario Diocesano de San Miguel en Orihuela. Y Junto a su buen amigo, más bien hermano diría yo, Miguel Ángel Cerezo Saura, también sacerdote, formaron parte de la delegación pastoral de juventud. Que por aquel entonces andaba inmersa en los preparativos de la Jornada Mundial de la Juventud que habría de celebrarse en Madrid. Y donde ambos, desde la Diócesis de Orihuela desarrollaron una intensa labor de animación y difusión. Eso sí, llamando a todas las puertas institucionales para financiar los gastos de las importantes actividades que se desarrollaron. Pues bien, lo consiguieron.

Su labor como sacerdote en el Hospital Universitario de Torrevieja ha sido muy valorada por los enfermos hospitalizados, así como por sus familiares. Lo que propició su nombramiento como Delegado Diocesano de la Pastoral del Enfermo.

Durante la pandemia, prácticamente sin medios suficientes para una debida atención médica. Con unas extraordinarias y severas medidas restrictivas que impedían, incluso, como bien sabéis, el acompañamiento al enfermo. Lo cual, como podéis imaginaros, o incluso haber vivido, presentaba un panorama de muerte y dolor indescriptible. Pero Paco, con otros sacerdotes formaron el grupo de voluntariado de la Diócesis y con ello propiciaron el consuelo espiritual a enfermos y familiares, acompañándoles en los momentos más difíciles de sus vidas. Con auténtica caridad fraterna. Cum fraters. Siempre con el hermano, con Dios en el corazón, de palabra y obra.

Actualmente es el párroco de Nuestra Señora del Pilar   en los Montesinos, y consiliario de su recién creada Junta Mayor de Cofradías.

Espero haber correspondido como se merece, a la amable invitación que se me curso por parte de la Junta Mayor, para ser la encargada de presentar este acto. A la cual le manifiesto mi más sincero agradecimiento.

Me despido con estas palabras de san Juan Pablo II, del cual, el pregonero es un ferviente devoto. Dando gracias a Dios y a su madre la Purísima de la Ermita por haber bendecido nuestro hogar con la Gracia de la vocación sacerdotal.

¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de aceptar a Cristo y de aceptar su potestad! ¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera! ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!

Ha llegado el momento de ceder la palabra al Pregonero de la Semana Santa de Catral del año 2023. El Reverendo Padre Dº Francisco Román Rodríguez. Mi hermano.

PREGONERO SEMANA SANTA CATRAL :

Reverendo Padre Dº Francisco Román Rodríguez

1.         SALUDOS

●     Sr. Cura Párroco.

●     Sr. Presidente y miembros de la directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.

●     Distinguidas autoridades civiles.

●     Honorables Pregoneros anteriores.

●     Nazarenos de Honor. Este año de una manera especial la muy merecida distinción de Nazareno de Honor a nuestra Policía Local ● Queridos cofrades.

●     Querida familia.

●     Queridos amigos y amigas.

Posiblemente, para muchos de vosotros, esta tarde habréis venido a escuchar a Paco Román o a Román, el hijo pequeño de Dolores “La pinta de la cruz” o al hermano de Gema… Voy a aceptar, como no podría ser de otra manera, todas y cada una de las intenciones con las que esta noche habéis venido, porque realmente, lo importante de esta noche, en absoluto es el pregonero, ni tampoco los que vais a escuchar el pregón… esta noche lo importante es lo que vamos a pregonar.

Quisiera, primero de todo, poner en situación un poquito, en contexto, mi realidad, la realidad de mi vida, conforme a las cofradías y a todo el mundo de la Semana Santa Catralense. Como sabéis, nací aquí en Catral. Nací en el año 1981, fui bautizado por don Francisco Macià, que muchos de vosotros os acordaréis, y de manos de don Francisco Macià recibí también el Sacramento de la primera comunión. Fue a principios de los 90 cuando yo empecé a tomar conciencia, más o menos con la edad de 9 o 10 años, de lo que significa formar parte de la gran familia, de los hijos de Dios, que es la iglesia. Ya esa toma de conciencia tiene mucha parte de responsabilidad en el querido por este pueblo y también pregonero, don Jose Abellan. Con él, empecé de monaguillo aquí en la parroquia, con 10 años, y con él empecé a vivir lo que significaba ser miembro de una comunidad parroquial, a tener este templo como mi casa, a vivirlo como algo que forma parte de mi vida, y por supuesto, no solo a vivir el templo como piedra, sino a viviros a vosotros, mis paisanos, como mi familia que sois, cuando quedamos los paisanos sacerdotes de Catral y compartimos experiencias, siempre nos vienen a la cabeza muchísimos chascarrillos, muchísimas anécdotas, muchísimos momentos compartidos.

Como sabéis, yo vivo donde vivo. Ahora hay aceras y entre mi casa y la iglesia ya es difícil encontrar un solar vacío, pero en aquellos años, cuando yo tenía que venir a la iglesia, desde el barrio de la cruz, decíamos, “me voy al pueblo”, y es que la distancia era aparentemente más grande. Menciono esto porque no he vivido en las calles de aquí del pueblo, no he jugado por las plazas y por las calles principales de aquí del pueblo de Catral, pero sí que he pisado el barro de su huerta y he respirado ese olor a humedad inconfundible de las acequias y de los canales de la huerta de Catral.

Muchas personas que estáis hoy aquí en esta iglesia me habéis recordado muchas veces la imagen de yo montado en la moto con mi madre trayéndome a Misa para salir de monaguillo. A veces, incluso la parabais o le decíais, “Dolores, hija, no te da pena traer al chiquito en la moto, con el frío que hace a misa”, y ella os decía con resignación: “No lo traigo yo, es él el que quiere venir”. Y os aseguro que esto no es mérito, por lo menos mío. Si tuviera que ser de alguien, sería de mi madre, pero más bien este mérito creo que lo tiene ese ambiente de comunidad parroquial que empezó a florecer en los años 90 en esta iglesia.

Con la edad todavía de los 11 años, entré al seminario, cumpliendo los 12. Ese mismo año, el día de San Miguel, el día que comienza el curso allí en el seminario, y desde esa edad, mi estar aquí en la parroquia cambió. No por sentido de pertenencia, porque siempre lo he tenido, ni muchísimo menos cambió el cariño y el apego. Pero sí es cierto que a los que hemos entrado en el seminario desde pequeños, las fiestas locales las hemos vivido mucho menos.

MI VINCULACIÓN CON LA SEMANA SANTA

Si en mi memoria guardo de pequeño algún recuerdo, cuando aún pude vivir aquí en Catral desde dentro la semana santa, la primera imagen que me viene, y os lo tengo que confesar, es la mañana de Viernes Santo. La recuerdo de la mano de mi hermana. Esa procesión la he vivido varios años de niño aquí entre vosotros y de la mano de mi hermana. Por aquellas fechas, nosotros en casa por circunstancias diversas, no era posible estar metido y formar parte activa de ninguna cofradía.

Pero bien es cierto que mi madre nos ha recordado siempre, ya hace unas semanas nos lo volvía a recordar, cómo ella, siendo todavía niña, el tío Ferrandez, tío de don Antonio Ferrandez, le propuso a mi abuela empezar a salir de Nazarena en la cofradía del San Juan Evangelista. Cuando después de la guerra civil en el año 43, se termina la imagen de San Juan Evangelista, se recobra de nuevo, entiendo, la cofradía y mi madre fue de las primeras niñas que comenzaron a procesionar, y este recuerdo ella en varias ocasiones yo lo he escuchado y siempre lo ha traído muy cariñosamente en su corazón.

Otro recuerdo me viene a la memoria de pequeño. Cuando pasada Santa Águeda, aproximadamente, en las noches frías y húmedas, la melodía que sonaba en Catral, era la de sus cornetas. Y fue a principios de los 90 cuando empezó a resurgir con mucha fuerza entre los niños y los jóvenes del pueblo, el formar parte de la banda de tambores y cornetas de los Santos Juanes de Catral, que hoy luce como estandarte por muchos rincones de nuestra provincia. Yo entonces, niño, en quinto de primaria, en el colegio público Azorín, recuerdo perfectamente cómo empezó a correrse la voz de que quien quisiera podía formar parte de esta banda de cornetas y tambores.

Me acuerdo, e imagino que muchos os acordaréis, cuando en los años 91-92, estando yo en sexto de primaria, las casas se pararon, incluidas las clases, se suspendieron para ponernos todos delante de la televisión y ver salir nuestra banda de tambores y cornetas en el plató de televisión. Fue un momento bellísimo.

Surgió por aquel entonces la iniciativa de darle belleza a la procesión del domingo de Ramos, y fue entonces cuando vino nuestro pueblo la borrica, Jesús triunfante, le decía Aurelio. Hace unos meses que yo siempre me he sentido vinculado con esta cofradía, pero que bien es cierto que yo nunca he salido de hebreo, vestido de hebreo, en esta cofradía, y la razón es muy clara: yo salía vestido de monaguillo, pero siempre me he sentido muy vinculado a esta cofradía, a ella pertenezco y siempre a su disposición para lo que necesiten de mí.

Al entrar al seminario, ya tuve que dejar de participar en las procesiones y en la vida de las cofradías de este pueblo. A veces, podía ocurrir, en algún año, en los 14 que estuve en el seminario, que el rector tuviera bien dejarnos algún día de Semana Santa aparecer por nuestro pueblo. Recuerdo una procesión del silencio, y con ella me viene a la cabeza el bueno de don José Ruiz Costa, como no mencionarlo en esta noche, el gran don José Ruiz Costa, “mi don José”, así me lo mencionaba a veces algunos compañeros en el seminario, porque para mí fue mi referente sacerdotal. Tuve el honor, en el año 2011, de presentarlo en el pregón de la Semana Santa de aquel año. Estoy convencido de que él hoy, no necesita ya imágenes para procesionar, porque está contemplando cara a cara el misterio del amor de Dios. (Me atrevería a decir, pero no lo sé con seguridad, pero no me extrañaría que así fuera, que fue él el que introdujo en la procesión del silencio del Jueves Santo).

Pero eso sí, hay una procesión en la que he estado siempre, y en la que no he faltado hasta que me ordenaron Diácono y me encomendaron una comunidad parroquial, es la procesión de la mañana de resurrección, la procesión de las cortesías. Recuerdo perfectamente ese ruido de zapatos, marcando ese paso solemne, ese rostro serio de sus portadores, que con una solemnidad majestuosa, regalan las cortesías de la madre de Dios a su hijo, y la solemnidad del palio, marcando el paso del Santísimo. La Ilustre Sociedad Unión Musical, “La Constancia” de Catral, engalana esta procesión, como solo ella sabe hacerlo, con esos músicos madrugadores que, en la mañana de resurrección, nos ofrecen ese bello recital. ¡Qué suerte tenemos los que esa mañana hemos madrugado, poder contemplar de una manera tan bella y tan expresiva que Dios ha resucitado y María, la Madre de Dios, la que ha sido y es testigo de este trascendental acontecimiento, nos lo anuncia con son esas cortesías! La imagen de Nuestra Señora de la Encarnación, qué gran paradoja tenemos en Catral, la Encarnación, la imagen de la Encarnación es la que anuncia la resurrección. El principio y el fin se unen en María, en la Encarnación celebramos que Jesús se hace carne en el vientre de María. Ese Jesús, que nace para salvarnos, no podía ser otro que María, la virgen de la Encarnación, la que nos anunciará que ese Jesús que se encarnó en sus entrañas y nació de su seno virginal, ha vencido a la muerte, ha resucitado.

RECORRIDO

No he conocido la Procesión de la “Corona”. Con el rezo procesional de la Corona Dolorosa a Nuestra Señora de la Merced. Los profesionales, al menos así aparece en el calendario para la Semana Santa de este año el viernes de dolor. Alguien, con razón, ha llegado a decir que Cristo cubrió la distancia entre el llano y el Calvario por el soplo de su Madre. Y es que, María, lo recibió en gozos angelicales en la Anunciación del Señor. En Belén, en la tranquila oscuridad de una pobre gruta, le dio a luz o lo llevó en sus entrañas por los caminos en ayuda de su prima Isabel.

Hoy las cosas son diferentes; el camino es de calvario y sangre, el vientre de la Virgen se revuelve por el maltrato de Aquel que fue concebido como esperanza de los pueblos y, Belén, se convierte en una arista de Jerusalén desde la cual se ve la ingratitud de un mundo que, dice amar el amor pero lo crucifica o lo ridiculiza repetidas veces bajo la excusa de una mísera libertad de expresión. María salió a defender desde su amor de Madre al Cristo que subía con una cruz. ¿Dónde están los cristianos para decir un “basta” cuando la fe es objeto de mofa?

Como antes os he dicho, sí que he conocido desde sus inicios la cofradía de Jesús triunfante, desde aquella bendición del gran cardenal, Tarancón, que nos visitó. Ese Jesús, también acompañado por los niños y jóvenes de nuestro pueblo, con ese paso solemne en esa borrica, cuánto tenemos que aprender de esa borrica, cuántas lecciones nos puede dar esa borrica, así debemos ser nosotros, que ante los halagos, los reconocimientos, los vítores, no caigamos nunca en el error de pensar que esos elogios van para nosotros. Nosotros somos pobres borricos, que debemos llevar sobre nuestros hombros al que debe ser el objeto de todos los “Hosannas” y glorias del pueblo.

Será la tarde del domingo de Ramos cuando nos anticipemos y, como preparación, en las puertas de Jerusalén, que nos ha dejado Jesús, miremos a María, esa procesión de “manolas” que acompañan a la Virgen de los Dolores. Vosotras, las mujeres de Catral, que tan elegantemente en la tarde de Domingo de Ramos salís acompañando a la Madre de Dios, que bajo su palio solemne nos consuela y alienta.

Pero cuidado, sentimentalismos sin obras se quedan en eso: en sentimiento, pero sin acción. Jesús, en aquella calle que cada uno recuerda, nos dijo aquel determinado día: “No llores por mí; haz algo”. “No me mires; dame tu mano”. “No gimas; utiliza tu ingenio y no sólo tus sollozos”. “No te lamentes; cambia en algo para que, allá donde estés, se transforme también tu entorno”.

Nuestra vida puede estar llena de dolor o, por el contrario, repleta tan solo de fáciles lágrimas. El dolor nos hace reaccionar y nos pone en guardia. Las lágrimas, a menudo, no nos dejan ver con nitidez lo que ocurre a nuestro alrededor. Jesús, camino del Calvario, nos exige una vida hacia arriba y no una vida “como siempre”. Y cuántas veces sin querer o queriendo, prometemos al Señor una conversión y luego seguimos instalados en el punto cero: suspirando pero sin ganas de ir cambiando a mejor.

Tuve la dicha de poder bendecir en el año 2008, si no lo recuerdo mal, a la Virgen de la Merced, que junto con nuestro padre Jesús Cautivo, procesiona el lunes santo por la noche. También pude estar ese año en la procesión y contemplar la austeridad y profundidad a la que en esa noche nos invitan Jesús y María. Ese Jesús, que junto a su madre va atado de manos. Entregarse o replegarse. Darse o buscar el agasajo. Ofrecer nuestras manos o cruzarnos de brazos. Vivir para el otro o solo para uno mismo. Es en el darse, ofrecer y vivir con miras altas lo que convierte en oro nuestra vida cristiana. Nadie nos ha asegurado que vivir en cristiano sea fácil. Por el contrario; cada día es una oportunidad para morir a nosotros mismos o guardar nuestra vida en una especie de burbuja ajena a lo que acontece alrededor.

Será el martes santo por la noche cuando Nuestro Padre Jesús Nazareno, junto con San Juan Evangelista, la Virgen de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Salud, salgan en procesión para el traslado, como le llamamos aquí. Ahora tengo entendido que las imágenes se trasladan a la sede de las cofradías, y aún recuerdo cuando estas imágenes no hace tanto, se trasladaban a la ermita de la Purísima.

Qué orgullosos podemos estar los Catraleños de tener en Catral uno de los monumentos más bellos que existen en nuestra geografía. El jueves santo por la mañana es hora de engalanar ese monumento. Las mujeres, acercando todas esas macetas, las más bellas de sus patios y de sus puertas, para acompañar al Señor. En el monumento, los mayos, los lirios… Los carpinteros preparan esa escalinata que conduce, cual monte de salvación, hasta el monumento, donde será depositada la Eucaristía, después de la misa de la Cena del Señor del jueves santo por la tarde.

Jueves santo por la tarde, día de la caridad, día del amor fraterno. Todo el mundo avisado, dos misas en esa tarde. Dios quisiera que fuera más, que nadie se quede sin participar del banquete del pan del cielo. El grupo de Cáritas parroquial nos recuerda ese día que significa ir a misa. Sí, hay que ir a misa, hay que ir a misa para que nunca se nos olvide que la caridad no es un sentimiento, que la caridad nace y termina en el altar: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo; tomad y bebed, esta es mi sangre… Haced esto en memoria mía”.

Deseable sería que de la Eucaristía del Jueves Santo saliéramos con un interrogante en la cabeza y en el corazón. ¿Estoy dispuesto yo a darme y a dejarme comer, especialmente por los que más necesitan de mí, y muy especialmente por aquellos que más me cuesta ayudar? Eso es caridad. Estoy dispuesto a prestar una especial atención a mis hermanos enfermos, a los que tengo en mi calle, a esa persona mayor que ya no puede salir de casa, y que posiblemente, si voy a verla de nuevo, me volverá a repetir lo mismo, pero cuánto bien le hace mi visita. Y lo que es mejor aún, cuánto bien me hace a mí visitarla.

Jueves Santo, después de la misa, ya preparado todo para estar un rato con el Señor, velar al Señor. Es cierto que este término viene de la liturgia anterior, antes de la reforma del concilio; nos poníamos a velar el cuerpo del Señor en la Eucaristía porque había muerto, de ahí viene la vela al Señor del Jueves Santo por la noche.

No dejemos de buscar un rato para estar con el Señor en esas horas. Posiblemente vamos a echar alguna cabezada que otra delante del Señor, no importa, así sucedió, así fue en el Huerto de los Olivos, no pudieron velar con Él, y así vuelve a suceder 2000 años después, nos cuesta velar con el Señor.

Será después, más tarde, ahora son alrededor de las 11:00 de la noche, cuando comenzará la procesión del silencio. Aquí en el pueblo, como antes he mencionado, tenéis la costumbre de hacerla rezando el Vía Crucis, acompañando al Señor en esas 14 estaciones. El Santísimo Cristo de la Salud preside esta procesión. Hoy, como ayer, Jesús clavado, nos pide una fe inamovible y no variable. Hoy, Jesús inmovilizado en cuerpo en un madero, nos exige una fe dinámica mientras tengamos oportunidad de dar la cara por Él. No es necesario físicamente dejarnos clavar en una cruz para identificarnos con Cristo. A nuestro alrededor se dan muchas situaciones en las que, por no ser clavados, somos capaces de negar, obviar o poner sordina a nuestra fe cristiana.

Jesús que cae a tierra, ¿quién de los que estamos aquí no hemos caído en promesas incumplidas? Amistades que pensábamos que eran para siempre y que, como la de Judas, de repente sentimos que nos venden por poco o por nada. Fidelidades como las de Pedro que, a la vuelta de la esquina, nos niegan lo más sagrado como es un apego grande, puro y duradero. ¿Qué pensaría Cristo cuando, por la Vía hacia el Gólgota, reconocía a hambrientos que fueron con su pan saciado, con su mano sanados, con su bendición el agua convertida en suculento vino? ¿No dieron ni un solo paso por aquel que yacía por los suelos?

Cae Jesús, las veces que sean necesarias, para que entendamos que no es bueno caer en los defectos por sistema. Que las caídas, más bien, nos enseñan y nos dan grandes lecciones. Sobre todo una: la mano abierta, la mano que se hace ayuda es mano de Dios tendida.

Jesús, que se levanta y vuelve a caer otra vez, al asomarnos a lo que acontece en el mundo podemos llegar a una conclusión: caídas y más caídas. Parece como si el hombre se empeñara en permanecer en estado de permanente caída. ¿No son caídas la falta de apego a la vida? ¿No es caída el consumo que hastía? ¿No es desplome de la humanidad el aborto como derecho o conquista social? ¿No es derrumbe el echarnos en brazos de un relativismo que rebaja todo y da por bueno todo incluso lo que es malo? Cayeron nuestros primeros padres y, siglos después, también nosotros nos dejamos seducir por el atractivo suelo que nos propone caminos cortos para supuestas felicidades largas. Luego, cuando caemos, comprobamos que algunas de esas caídas son fruto de nuestro aparentar, de nuestra fragilidad y hasta de nuestro deseo de querer vivir excesivamente arrastrados. ¿Por qué no nos levantamos y empezamos a mirar hacia el cielo?

¿Cuántas veces cayó Cristo? ¿Tres? ¿Nueve? ¡Qué más da! Cayó, vía hacia el Gólgota, tantas veces cuantas el mundo, el hombre y todo seguidor por su reino cae. Cae el Señor cuando nos alejamos demasiado de su presencia. Queremos una fe tan light que podemos desplomarnos en una vida cristiana sin Cristo, sin cruz y sin más exigencia que aquella que no nos lleva a sacrificio alguno.

Cae el Señor, por tercera o décima vez, cuando creemos que todo depende de nosotros y apenas le dejamos espacio para el triunfo de su gracia. Cae el Señor, por cuarta u octava vez, cuando nos creemos tan buenos que somos capaces de declararnos confesores de nosotros mismos. No hay contraste que valga ni voz que nos corrija. Vamos de grandes por la vida y, el Señor, nos recuerda que hay que ir más bajo, un poco más bajo.

Dichosa madrugada. Las turbas de nuestro pueblo nos anuncian de madrugada lo que va a suceder. Es el recuerdo de aquella primera santa madrugada. Unos, como curiosos, miraban desde lejos. Otros, como traidores, colgaban de un árbol. Otros, como amigos ingratos, lloraban amargamente ante la carcajada de un gallo que, ese sí, fue fiel a su canto madrugador. Cuánto valoramos la vida cuando, por lo que sea, vemos que alguien cercano a nosotros la pierde. Cuánto relativizamos lo superfluo cuando, de repente, vemos el vértigo de la muerte.

Y llegó la mañana de Viernes Santo, la procesión del encuentro que llamamos aquí. De esta, sí que tengo el recuerdo claro en mi memoria. Los catralenses abarrotan la plaza de la iglesia: Ntro. Padre Jesús Nazareno, San Juan Evangelista, Ntra. Sra. De los Dolores y el Santísimo Cristo de la Salud. Al llegar a la Plaza de España, tiene lugar el Encuentro de Ntro. Padre Jesús con Ntra. Señora de los Dolores.

El gran Benedicto XVI en el año 2005, siendo todavía Cardenal y viviendo aún Juan

Pablo II, días previos a su fallecimiento, le tocó presidir el viacrucis tradicional del Papa. En la cuarta estación que habla sobre este encuentro del hijo con su madre en la vía dolorosa, nos decía al Papa: “En el Vía Crucis de Jesús está también María, su Madre. Durante su vida pública debía retirarse para dejar que naciera la nueva familia de Jesús, la familia de sus discípulos. También hubo de oír estas palabras: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?… El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mt 12, 48-50). Y esto muestra que ella es la Madre de Jesús no solamente en el cuerpo, sino también en el corazón. Porque incluso antes de haberlo concebido en el vientre, con su obediencia lo había concebido en el corazón. Se le había dicho: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo… Será grande…, el Señor Dios le dará el trono de David su padre» (Lc 1, 31 ss). Pero poco más tarde el viejo Simeón le diría también: «y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35). Esto le haría recordar palabras de los profetas como éstas: «Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría boca; como un cordero llevado al matadero» (Is 53, 7). Ahora se hace realidad. En su corazón habrá guardado siempre la palabra que el ángel le había dicho cuando todo comenzó: «No temas, María» (Lc 1, 30). Los discípulos han huido, ella no. Está allí, con el valor de la madre, con la fidelidad de la madre, con la bondad de la madre, y con su fe, que resiste en la oscuridad: «Bendita tú que has creído» (Lc 1, 45). «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Sí, ahora ya lo sabe: encontrará fe. Este es su gran consuelo en aquellos momentos.” Sí, hermanos, este es nuestro gran consuelo. Ella es nuestro consuelo, María, en esa mañana de Viernes, es el primer Viernes Santo que marcó desde entonces todos los viernes de la historia. Allí estaba María, encontrándose con “el que hace nuevas todas las cosas”.

Tiene el Viernes Santo para los vecinos de Catral un sentido y respetuoso carácter festivo. No sé yo si ese día el ayuno se respeta mucho. Pensaremos más bien que el desayuno ha sido flojo y que la cena también lo va a ser, y es por ello que en ese día se suelen congregar familias y amigos para compartir una comida juntos, con platos típicos y propios de la ocasión que estamos celebrando, el Viernes Santo.

Los oficios de la Pasión y Muerte del Señor no son en Catral, como tampoco lo son en ningún sitio, el momento fuerte del Triduo Pascual. Quizás es una liturgia a la que tenemos que seguir animando a que la gente participe, y desde aquí, que tengo la posibilidad, y la ocasión lo hago. Hermanos y paisanos, el Viernes Santo por la tarde hay que participar de los oficios de la Pasión y Muerte del Señor. Que la comida sea ese día lo fuerte que tenga que ser, pero de los oficios, si me permitís, os diré que hay que participar.

Llegó la noche del Viernes Santo. La Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, la Hermandad del Corazón de Jesús con El Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz, la Cofradía de Ntra. Sra. de Los Dolores con el Stmo. Cristo de la Misericordia, la Cofradía del Stmo. Cristo de la Salud con la Cruz de los Labradores, la Cofradía del Stmo. Sepulcro, la Cofradía de San Juan Evangelista y la Cofradía de Ntra. Sra. de la

Soledad. La procesión del Santo Entierro, todos estos pasos, estas siete cofradías (creo que las he comprobado bien y no se me olvida ninguna), salen a la calle. Sale una Catequesis, esas son las imágenes. Una Catequesis, bendita Catequesis, seguir fortaleciendo las cofradías, seguir sumando cofrades, seguir potenciando y favoreciendo todo aquello que enriquezca la belleza de las cofradías para que puedan salir a la calle de nuestro pueblo. Pero tener también muy presente que lo que estáis sacando a la calle, queridos cofrades, y muy especialmente costaleros y costaleras, es el mensaje de la salvación. Por eso es necesario invertir en que las cofradías, en que sus hermanos y cofrades se formen, en que participen de todos los actos que las cofradías preparan. No da igual, no es lo mismo sacar una imagen a la calle sin más, que poner una imagen encima de mis hombros, queriendo expresar de corazón que quiero manifestar públicamente la fe que profeso. Y que previamente he celebrado, y que quiero vivir en mi día a día, y que me va a costar renuncia y sacrificio poder vivir esa fe en medio de mi pueblo y de mi gente. Por ello hago el esfuerzo, como cofrade, hacemos el esfuerzo como cofrades, como hermanos, de sacar toda esta Catequesis a la calle.

Jesús ha muerto en una cruz. Pocas personas, excepto las que mueren de forma repentina o por accidente, mueren gritando. Jesús, por el contrario, “Dando un fuerte gritó expiró” (Lc 23,46). No fue rugido de desgarro ni duda. Fue un grito de confianza. También nosotros, de vez en cuando, es bueno que gritemos desde lo alto de la cruz que nos toca. No es bueno callar ante las desgracias y, mucho menos, ante las situaciones de aparente abandono. No es bueno dejarnos vencer por el silencio cuando el ambiente que nos rodea intenta amordazarnos para no escuchar el clamor de los pobres o el rumor de los hijos de Dios. No es bueno, desde luego que no, morir renegando de Dios. No es bueno, por supuesto, cerrar los ojos desesperanzados. El grito de Cristo en la cruz fue un “confío en ti incluso en este momento de prueba”.

El paso firme del yacente, Jesús ha muerto, yace en el sepulcro. ¿Cómo no agachar la cabeza al paso de esa imagen? Como dice ese bello himno de la liturgia de las horas: “Y solo te pido no pedirte nada, estar aquí junto a tu imagen muerta, e ir aprendiendo que el dolor es solo la llave santa de tu santa puerta”. ¿Todo ha terminado? Sí, pero no. Aparentemente sí, pero Dios tiene la última palabra. Jesús es puesto en el sepulcro pero no abandonado. El sepulcro es el surco donde cae el trigo que, siendo uno, dio el ciento por uno. Fue alimento para hambrientos, salud para enfermos, respuesta para atribulados, plenitud para soñadores que le aguardaban, mano tendida para los pecadores o compañía para los clavados en mil soledades. El sepulcro de Cristo representa la esperanza. Es el tiempo que, en el tiempo de Dios, es inapreciable y en el calendario humano puede ser eterno. El sepulcro de Cristo nos llama a la serenidad y a la paciencia: Dios cumple lo que promete.

Esas mujeres valientes, que sacáis en la noche de Viernes Santo a María, en su soledad, con su largo manto negro, con ese paso sobrio y estremecedor, emociona veros… María está desolada. Con cuánto cariño la lleváis sobre vuestros hombros. Qué seguridad da el saber que, mientras uno duerme, alguien vela. El niño, cuando descansa en dulce sueño, lo hace con la certeza, intuición y pálpito de que una madre está a su lado y mece su cuna. ¡María! La de la inquebrantable fe; la que, en cuarta estación, miraba con amor de Madre y la que –desplomado el cuerpo de Cristo- brinda sus manos para que se conviertan en patena de heridas, sangre, espinas, clavos, sufrimiento, sudario. Patena de aquellos labios que predicaron, sonrieron y besaron. También llegará un día nuestra hora en la que, al bajar del madero de la muerte hasta la dura tierra, aguardará esa mujer que en corto nombre

–MARÍA- y corazón grande irá recogiendo con nombres y apellidos aquellos que apostamos por Cristo, creímos en Cristo e intentamos hacer un mundo a imagen y sentimientos del corazón de Cristo.

Llegará el sábado, el Sábado Santo, el silencio del Sábado Santo es estremecedor. El templo vacío, quieto, a la espera de la resurrección, a la espera de la gran noche de la Pascua. No faltemos, si podemos, a la gran vigilia Pascual; es la misa de todas las misas. La noche no pudo con el día.

Mis queridos hermanos y paisanos de Catral, lo que en esta noche he querido anunciaros y pregonaros es que Jesús va a volver a padecer, morir y resucitar por cada uno de nosotros. Este hecho, que nuestra cabeza no logra entender del todo, es necesario que lo vivamos, todo lo mejor que podamos. Por ello, os invito, os convoco, si me permitís, a preparar, vivir, celebrar y anunciar con vuestra vida de cada día que Jesucristo es nuestro Salvador. Y posiblemente, esta Semana Santa va a ser distinta a la del año pasado, seguro. No tengo ninguna duda; cada Semana Santa es distinta, y en cada Semana Santa, el Señor viene de nuevo a nuestra vida.

Terminaré mi pregón con las palabras con las que concluyó en su pregón don José Ruiz Costa. Con su permiso, hago mías estas palabras para terminar este pregón: “Por última vez, se hace saber que todo cristiano está llamado a ser testigo de Jesucristo Resucitado en todos los ambientes en los que se desarrolla su vida. El mundo de hoy no necesita tanto testigos de la muerte del Hijo de Dios como Tomás, que para creer pide meter sus dedos en los agujeros de sus clavos, como testigos de que está vivo. Y nada como la alegría de vivir da testimonio de nuestra fe en el Resucitado”.

—-2022 —–

Presentación a cargo de D. Francisco Illán Calvo

Reverendo Señor Cura Párroco de los Santos Juanes.

Ilustrísimo Señor Alcalde y Corporación Municipal.

Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades.

Cofrades y fieles todos.

¡Buenas noches!

Como os podréis figurar, estoy aquí ante vosotros, en esta ocasión, para presentaros a la pregonera de la Semana Santa catralense, doña María del Mar García Calvo, lo que significa para mí una gran satisfacción, porque es alguien a quien quiero muchísimo y no solo por ser parte fundamental de mi familia más cercana.

Como no quisiera que el cariño que le tengo ensombreciera sus propios y grandes merecimientos, procuraré no centrarme en lo importante que María del Mar es en nuestra familia, ni en cuánto la queremos los que hemos tenido la suerte de verla nacer, crecer y desarrollarse como persona; ni tampoco hablaré de su entrega incondicional a los suyos, ni de su alta capacidad para comprender y ayudar a los demás, virtudes cristianas en las que ha sido educada y que practica con gran naturalidad tanto en su vida profesional como en su faceta más personal. Trataré, ojalá lo consiga, de ofreceros, a mí manera, una sencilla y breve semblanza de su vida en general y en particular en su relación con nuestro pueblo.

Así que vamos a lo que importa, pero para empezar voy a pediros un pequeño ejercicio de imaginación.

Imaginad que acaba de comenzar el verano de 1964, y que en Catral estamos a dos del día grande de nuestras fiestas patronales. El olor a hierba recién cortada y a jazmines maduros y abundantes nos embriaga y nos pone de buen humor. El cielo de azul inmaculado matiza la luz que nos inunda, y que viene de ese sol que parece no cansarse nunca, nunca. Las vecinas se reúnen en pequeños grupos en las esquinas y las aceras, aprovechando las sombras escasas, y comentan, claro.

-“Hoy ha dado a luz la Carmelín. Ha tenido una chica. En la clínica de don Francisco Zaragoza, en Alicante.” Dice una de ellas que llega acalorada.

-“¿Qué Carmelín?” Dice otra que lleva de la mano un capazo casi lleno de brevas.

-“La hija del José el Pepiñe y de la Carmen la Illana. Que viven en la carretera, al lado de las Ignacias, enfrente de las casas con jardín. Chica, ¡qué calor hace ya!” Y saca de su capazo un abanico.

-“¿La que está casada con el Pepe el Alfredo?” Pregunta la de las brevas. “¿El hijo del tío Allfredo y la tía Rosario?” Y no sabemos por qué pregunta, porque ella sabe perfectamente que sí, que se trata de José García Molina.

-“Pues sí.” Dice la que se abanica. “Que el Señor les de salud para criarla y nosotras que lo veamos. Y me voy, que lo tengo todo sin hacer.”

Y las deja allí, a la sombra, y se dirige hacia su casa para hacer lo que tiene sin hacer, pero no sabemos cuándo llegará, porque es posible que se encuentre, en otras sombras, a otras vecinas a quienes contarles la buena nueva. Y es que en esta época las cosas son así, las noticias se difunden boca a boca y a la velocidad de un reguero de pólvora. Es nuestro medio de comunicación más rápido, todavía es impensable todo eso de los móviles, Telfy o internet.

A los dos o tres días un niño de doce años, pantalón corto y sandalias de goma, sale de su casa por la puerta del detrás. Franquea el pequeño callejón pasando por el detrás de la Paca el Canijas y el de la Manola Penalva, para salir a la calle Purísima, la carretera. Sin bajar de la baldosa bordea la casa de la tía Maya, la de la tía Redroja y la siguiente, hasta llegar a la de la fachada rosa, la que más le gusta a él porque es su paraíso y su remanso de paz, la casa de sus tíos y su madrina, donde es más feliz que en ningún otro sitio, donde siempre ha sido feliz. Al traspasar el umbral de la puerta del almacén enseguida la ve, allí está. Sentada en una mecedora arrulla a su pequeña recién nacida. Y el niño piensa que su madrina está guapísima, y que el conjunto le recuerda a una de esas estampas que representan la maternidad, reproducción de alguna pintura antigua cuyo autor aún no puede reconocer. Y su madrina con todo primor le enseña a la niña.

-“Madrina, ¡qué bonica es!” Exclama el niño.

Y su madrina le responde:

-“Pues claro, ¿qué te pensabas?”

En eso aparece su tío, el abuelo de la niña, su tata, que con una sonrisa de oreja a oreja, se sienta, muy cerca, en una silla a horcajadas, a contemplar. Luego entra del patio su tía, la abuela de la niña, su mama, que las mira un ratito en silencio para continuar después con sus tareas porque quiere tenerlo todo a punto, todo perfecto. Minutos más tarde entra de la calle el padre de la criatura que se une a la contemplación, pletórico y satisfecho. Y el niño siente que en esa casa, como siempre, se respira felicidad, se huele a felicidad, y hasta se come y se bebe felicidad, y que la llegada de esa niña la multiplica. Y pregunta:

-“Madrina, ¿cómo la vas a llamar?” Y su madrina contesta:

-“María del Mar.” Y acto seguido le cuenta una bonita anécdota relacionada con una enfermera de la clínica donde días antes dio a luz y la Virgen del Mar, patrona de Almería.

Algunos habían pensado que se llamaría Carmen, como su madre y su abuela, pero todos coinciden en que es un nombre precioso. Y como el futuro demostrará, consustancial a su gran personalidad. Hay nombres que marcan y definen y María del Mar no podría, o al menos yo no lo concibo, llamarse de otra manera.

Sus primeros años se desarrollan en ese ambiente de sosegada paz y felicidad. Es una niña preciosa, rubia, como su mamá; tiene los ojos azules, de un azul inmenso, como el mar de su nombre, ese mar que protege la Virgen del Mar y también la del Carmen. Desde muy pronto descubrimos en ella los rasgos más sobresalientes de su personalidad: es muy despierta, muy inteligente, simpática, extrovertida, muy sociable, con mucho temperamento, y más buena que el pan. Y así sigue siendo.

1968 es una fecha importante en su historia, hasta entonces muy corta. Por dos motivos. El primero es el nacimiento, a primeros de julio, de su hermano José Damián. Tres años más tarde nacerá su hermano Alfredo, también en julio. Sus hermanos son sus apoyos y sus desvelos, y siempre fue así. El segundo motivo fue el inicio de sus estudios.

Es temprano. La mañana promete calor, de ese que no se va, de ese de principios de septiembre que no quiere irse y no se va. La niña salta de la cama, esta vez es ella quien despierta a su mamá. Se acostó ayer muy temprano porque hoy es su primer día de colegio y está muy feliz e ilusionada.

-“Primero a desayunar”, le dice su mamá, “porque para aprender mucho tienes que estar bien alimentada.”

Y la niña, sorprendentemente, se toma todo el desayuno, rápido y sin rechistar. La mamá le tiene preparado un vestido precioso, blanco y azul, impecable, que le pone con mimo después del aseo preceptivo. Y sus zapatos nuevos, limpios como una patena.

-“Ahora voy a peinarte”, dice la madre, “porque a la escuela hay que ir bien aseada, bien limpia y bien peinada.” La niña asiente sin advertir algún posible tirón de pelo, porque está feliz, radiante. Y después de ordenar sus rizos dorados, su mamá le pone una diadema de flores blancas y azules con todo primor y delicadeza.

Ya está lista, ya es la hora. La niña sale de casa con su mamá de la mano y en la otra la cartera con su bocadillo dentro para el recreo. Llegan a la calle de Elche y giran a la derecha, hacia la Iglesia. Alguien le pregunta: “¿A dónde vas, María del Mar, tan guapa?” Y ella contesta con todo su desparpajo: “A la escuela, a aprender a leer y escribir.” Y se le ríen los huesos cuando lo dice, porque lo tiene muy claro, eso es lo que quiere: aprender, aprender y aprender. Al llegar al estrecho callejón de San Roque, lo atraviesan para desembocar en la calle San Juan, y allí, a la derecha, se encuentra la Escuela unitaria de niñas, donde comienza su formación académica.

A esa niña nunca le mermaron sus ganas de saber y aprender y así continuará su formación en el colegio Azorín, pasando después, en 1976, al Colegio Calasancio de Alicante. Y fue en el Instituto de Enseñanza Media de Callosa de Segura donde acaba BUP y COU, en junio de 1982.

-“Y ahora, ¿qué?” Pregunta el abuelo con todo su amor de abuelo, que es mucho, porque la adora.

-“Voy a estudiar derecho, tata, quiero ser abogada.” Su tata asiente satisfecho, henchido de orgullo, está seguro, será una gran abogada. A todos en su casa les parece bien, su padre la apoya, su madre también, porque esa joven de dieciocho años ya ha dado muestras más que suficientes de su gran capacidad de trabajo, de su inteligencia y de su alto grado de responsabilidad. Apuestan a caballo ganador, y no les defrauda, cinco años después, en 1987, acaba su licenciatura en Derecho por la Universidad de Murcia. Inmediatamente abre un despacho en Albatera y comienza a ejercer la abogacía.

Después de casi treinta y cinco años, son incontables los logros y éxitos obtenidos en el desempeño de su profesión, siempre dentro de la más estricta ortodoxia del derecho. Muy reconocida en los ambientes jurídicos, desde enero de 2010, ostenta el cargo de Vicedecana del Ilustre Colegio de Abogados de Orihuela y el de Consejera del Consejo Valenciano de Colegios de Abogados, del que ha sido Vicepresidenta 3ª desde 2011 a 2014.

Ni su matrimonio, que tuvo lugar el 3 de diciembre de 1994 con don Vicente Boix Guilló, con el que fija su residencia familiar en Elche, ni el ejercicio de su profesión, complicada donde las haya, le impiden vivir con verdadera pasión las tradiciones de nuestro pueblo. Las fiestas de San Juan o las de Santa Águeda, y muy especialmente nuestra Semana Santa, son para ella convocatorias ineludibles, a las que arrastra a su marido y también a sus hijos, Vicente y José Damián, nacidos en 1997 y  2000 respectivamente.

Ahora bien, por encima de todas las tradiciones catralenses, que todas le interesan, por la que siente mayor predilección es por nuestra Semana Santa. Desde muy pequeña ha participado en sus procesiones. Primero con la Cofradía de la Virgen de los Dolores. Aunque la mayor parte de su vida se la conoce como cofrade del Santísimo Cristo de la Salud. Nunca falta a sus actos más importantes ni a sus procesiones, y en las que no participa su cofradía, lo hace como simple espectadora, pero siempre con el mismo fervor, con la misma devoción, con el mismo interés, porque siempre ha vivido la Semana Santa con verdadera pasión.

Me vienen a la memoria muchísimas imágenes de María del Mar con su vesta negra y blanca, capirote en mano, por ejemplo en la plaza de España después de procesionar en el Santo Entierro. En algunas de esas imágenes se encuentra ella sola, aunque son pocas; encuentro más con su mamá de manola, y con su marido, y muchas otras con sus dos hijos, a los que ha sabido transmitir su amor a nuestra Semana Santa y que desde bien pequeños han procesionado a su lado, recogiendo el testigo que ella recibió de niña.

Por lo que podéis imaginar, y a mí me consta, su nombramiento merecidísimo, por la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades, como Pregonera de la Semana Santa Catralense 2020, supuso, y todavía lo es para ella, una grandísima alegría que la llena de orgullo y agradecimiento, porque, de alguna manera, culmina, con esta gran responsabilidad, su intensa y siempre y por siempre inacabada historia de amor con nuestra Semana Santa.

Estoy seguro, no me cabe la menor duda, que sus abuelos y su padre, en el lugar que ocupen en el cielo, estarán, más anchos que largos, henchidos de orgullo, deseando escuchar el pregón de María del Mar. Lo mismo nos ocurre al resto de la familia. Y espero que todos los que estáis hoy aquí lo disfrutéis con gusto y en armonía.

Así que, sin más, me despido para dar paso a la Pregonera de la Semana Santa de Catral, doña María del Mar García Calvo.

PREGÓN DE  SEMANA SANTA DEL  2022

POR Dª MARÍA DEL MAR GARCÍA CALVO

Los lirios florecen en la primavera,

con la Semana Santa,

y en la casa donde yo nací,

aquí, en Catral,

todos los lirios se guardaban para la Semana Santa,

para adornar al Santo Cristo,

al Cristo de la Salud de Catral.

Con mis ojos de niña pequeña,

cuando veía al Santísimo Cristo en la procesión,

lo miraba y decía toda orgullosa:

“ Los lirios que lleva el Señor,

son los lirios de mi casa “.

Y quería ser nazarena suya,

salir en la procesión con El.

Y eso es lo que he hecho durante tantos años.

Acompañarlo, ser su nazarena,

y encomendarme a El.

Los años han pasado,

y la emoción  por la Semana Santa es la misma cada año.

Aquella niña que veía los lirios, hoy se dirige a todos Vds.

con la emoción y el sentimiento de pregonar la Semana Santa,

la Semana Santa de mi tierra.

BUENAS NOCHES A TODOS

- Sr. Cura Párroco,

- Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Catral,

- Sr. Alcalde,

- Autoridades,

- Pregoneros de la Semana Santa  de Catral que me precedieron,

- Cofrades,

- Amigos,

- Excmo. Sr. Decano y Junta del Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Orihuela que me acompaña esta noche,

- Familia

- Catralenses

Muchas gracias a todos Vds, por la asistencia a este Pregón, por acompañarme esta noche, tanto los que están aquí presentes como a los que siguen este Acto por televisión desde vuestras casas.

En primer lugar, manifestar  mi agradecimiento a la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades por haber tenido a bien designarme como Pregonera de la Semana Santa de Catral.  A todos ellos, mi eterna gratitud por concederme esta distinción, que acepté con ilusión, con honor,  con orgullo, y sobre todo,  con humildad ante tamaño cometido.

Coro Parroquial de los Santos Juanes de Catral, Nazareno de Honor de esta Semana Santa. Es un honor compartir con todos vosotros este momento. Mi sincera felicitación por esta distinción. Merecidísima por vuestra labor como depositarios de la tradición musical cantada de Catral.

Primo Paco Illán. A tí, ¿qué te voy a decir después de tus palabras?. Muchas gracias. Tú siempre a mi lado, desde que nací.

También quiero manifestar mi agradecimiento a todas las personas que, desde que se hizo público mi nombramiento como Pregonera, se han acercado durante todo este tiempo tanto a mí,  como a mi familia, para felicitarme y mostrarme su cariño. Han sido muchas y desde aquí les doy las gracias a todos ellos.

MEMORANDUM.

Todos Vds. saben que fuí nombrada Pregonera de la Semana Santa de Catral del año 2020. Con gran ilusión preparé mi pregón, pero no pudo ser. Estaba señalado para el día 14 de marzo de ese año y tuvo que ser suspendido. Ese mismo día, se decretó el Estado de Alarma en España por la pandemia del Covid-19 y todos tenemos en nuestra memoria reciente los acontecimientos que sucedieron.

España entera quedó sumida bajo la incertidumbre, el dolor, la enfermedad y la muerte de tantas y tantas personas. Fueron días muy duros para todos, sobre todo, para los que han sufrido la enfermedad, y en el peor de los casos, para tantos como nos han dejado y sus familias.   Lamentablemente, no fueron sólo unos días, han sido más de dos años en los que nuestra vida, nuestra tranquilidad, nuestras costumbres y todo lo que nos rodea, ha cambiado. Dos años han tenido que estar suspendidos los actos tradicionales y desfiles procesionales de la Semana Santa.

Afortunadamente la situación ha mejorado, y este año, con la prudencia debida, podemos volver a celebrar la Semana Santa con todo su esplendor de actos y desfiles procesionales. La esperanza no puede perderse nunca, y aquí estamos, con el ansia y la ilusión de volver a celebrarla.

Este año la Semana Santa es especial para todos, y creo, que muy emotiva; por el recuerdo de los que nos han dejado en este tiempo, por los que han sufrido la enfermedad y sus consecuencias, y por todas las desgracias que han sucedido tan recientemente y afectan a toda la Humanidad.

DEDICATORIA.

Este Pregón está dedicado a todas las personas que durante tantos años, décadas y siglos, han dedicado su esfuerzo, sacrificio, y, sobre todo, su fé, corazón y sentimiento, para que la Semana Santa de Catral haya perdurado y crecido a través de los siglos, hasta ser lo que es hoy.

Y ante Vds. me presento esta tarde con un sólo cometido: Pregonar la Semana Santa de Catral.

El único mérito que me puede ser reconocido ante tamaño encargo es mi profundo amor a la Semana Santa  y a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, al Cristo Crucificado de Catral, de la que soy cofrade y nazarena desde hace más de 38 años.

PRELUDIO.

I. La  Semana Santa es la semana más grande de los cristianos. Son los 7 días más intensos de todo el año en los que revivimos la Pasión, la Muerte y Resurrección de Jesús,  El que lo dió todo por nosotros por amor.

Y, para Catral, este pueblo de centenarias y arraigadas tradiciones, de todas ellas,  la más importante es la Semana Santa.

Nuestra Semana Santa es ya más de cinco veces centenaria. En el Siglo XVI en Catral ya celebrábamos el Domingo de Ramos con palmas y olivo, y la procesión de Las Cortesías el Domingo de Resurrección. Entre los años 1699 y 1707 ya teníamos con nosotros a la Soledad y al Cristo Yacente, y pocos años después, se unieron a los cortejos procesionales el Santísimo Cristo de la Salud y Nuestro Padre Jesús Nazareno.  Posteriormente lo hicieron  la Virgen de los Dolores en 1882 y San Juan en 1883. A últimos del Siglo XVII ya estaban constituidas en este pueblo las cofradías más antiguas.

Durante generaciones, los catralenses hemos confeccionado vestas, bordado estandartes,  hemos aprendido cantos de pasión y marchas fúnebres, hemos cargado con andas y con tronos,  y es a base de esas pequeñas y grandes cosas, movidas, por la ilusión y la fé, como hemos construido nuestra Semana Santa, que hoy, ya en el primer cuarto del Siglo XXI seguimos sacando con todo su esplendor cada primavera a la calle.

La fé del cristiano es el pilar fundamental que nos hace acercarnos y vivir la Semana Santa; sin ella, no puede entenderse el misterio de la Pasión, de la Muerte y Resurrección de Jesús.

Y en Catral, para nosotros, nuestra Semana Santa es única, porque es la nuestra. La hemos construido y hecho nuestra con el corazón, generación a generación, familia a familia, persona a persona, a base de creencias, de fé, de rezos, de cánticos de pasión y de marchas procesionales, que unimos a una raíz sagrada, que es nuestra fé en Jesucristo. Porque, junto a cada Paso de los nuestros, junto a cada vesta, junto a cada estandarte, a cada trono, a cada cofrade, sea de procesión o de calle, están los corazones de todos los catralenses unidos bajo la fé a Jesucristo.

¿Quién no se ha emocionado aquí en Catral al ver a Jesús Triunfante entrar a hombros de los hombres de la Banda de Cornetas y Tambores ?.

¿Quién no se estremece al mirar a Nuestro Padre Jesús Nazareno cargado a hombros con la Cruz de nuestros pecados camino del Calvario ?.

¿Quién no recuerda cuando siendo pequeño contaba emocionado los caramelos que le daban en la procesión?.

¿A quién no se le encoge y se le arruga el alma cuando pasa a su lado el Santo Sepulcro con Jesús muerto, o, la Virgen de la Soledad sóla por las calle de Catral detrás de su Hijo muerto?

¿Y quién no contiene la respiración al ver las cortesías ante un Jesús Resucitado?.

La Semana Santa es parte de nosotros mismos porque la llevamos dentro, desde niños. Por eso es tan importante que los pequeños se impliquen en ella desde su infancia, que los hagamos partícipes desde que nacen.

Todos hemos sido pequeños, y ¿quién no se acuerda cuando siendo pequeño le compraban su palma para ir a la procesión de Domingo de Ramos?. O de cuando la adornábamos con lazos y caramelos. ¿ Quien no se acuerda de aquellos momentos cuando huele a palma tierna ?. ¿ O de cuando siendo niño lo llevaban a ver las procesiones cogido de la mano ?, de los caramelos que le daban, de la ilusión al sentir la mano enguantada del nazareno cuando se acercaba a dártelos .. de las historias que te contaban,  de los pasos …, de la primera vez que uno se puso una vesta para salir de nazareno en su procesión, o de la  primera vez que te vestiste de mantilla.      Mi madre aún se acuerda de la primera vez que se vistió de mantilla para acompañar a la Soledad; tenía 16 años y me lo recuerda cada vez que llega Semana Santa. O de cuándo uno decidió ser pilar de Jesús y llevarlo sobre tus hombros.  De los ensayos, … y de esa satisfacción tan íntima e infinita que te da llevar sobre tus hombros lo más sagrado de tu fe: a Jesús o a su Madre. ¿Y esa mañana de Domingo de Gloria que se madruga en Catral para ver a Jesús Resucitado en la procesión de las cortesías?, esa procesión que es tan única, tan nuestra, tan de Catral.

Todas esas vivencias, esos recuerdos, todas esas emociones, que son sólo nuestras, son  parte de nuestra vida, de lo que nos han transmitido nuestros mayores, nuestros padres, nuestros abuelos, de lo que hemos vivido desde nuestra infancia, y todo ello se ha impregnado en nuestros corazones.  Es parte de nuestra vida,  y por lo tanto, parte de nosotros mismos. Y por eso, nuestra Semana Santa es única: porque es la nuestra.

II. Cada año, cada primavera, Catral se arregla, se engalana y sale a la calle a celebrar la Semana Santa en la que revivimos la Pasión, la Muerte y Resurrección de Cristo. Es el Gran acontecimiento, la Semana Grande de los Cristianos.

Hoy es sábado de Cuaresma, apenas faltan dos semanas para que llegue  Semana Santa, y aquí, en Catral, ya se presiente que está cerca. Catral se prepara para lo que está por venir.Llevamos semanas preparándonos para celebrarla. Las cofradías realizan actos,  nos acercan las imágenes de los pasos, se oyen tambores y cornetas, se preparan las marchas procesionales, se ensaya con los tronos … . En las casas se sacan capas, túnicas y capuruchos, se toman y se arreglan los bajos, se preparan peinetas, mantillas, guantes y rosarios y se saca lustre a cruces, velones y faroles. Ya se huele a Semana Santa.

La primavera y la Semana Santa llegan juntas. En Catral se huele a azahar, a tierra de la huerta, a esos olores tan de aquí.

Durante años, cada noche, la Banda de Cornetas y Tambores de los Santos Juanes, la Banda que es tan nuestra, que la hemos visto nacer y es parte de nuestra Semana Santa desde hace tantas décadas, ensaya y se oye por todos los confines del pueblo; sus sones, como ecos en la noche, nos recuerdan que ya queda poco. La Constancia, nuestra Banda de Música, centenaria y depositaria del orgullo musical de esta villa, repasa el repertorio de marchas con las que nos despertaremos y acostaremos cada uno de estos días: Nuestro Padre Jesús,  Mater Mea, Solemnidad, … y Triunfal, el Amor de los Amores, para Jesús Resucitado. La música es parte de la Semana Santa, y no podemos entenderla sin ella.

Catral espera con ilusión los días que han de venir.

En Semana Santa, Catral, se convierte en Jerusalén, sus calles y todos nosotros seremos testigos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús y lo acompañaremos junto a su Madre en esos días.

Nuestra Semana Santa tiene un sólo protagonista que es Jesús. A Él, sólo o acompañado de su Madre, de San Juan, el Apóstol, y de María Magdalena, su discípula, nos lo vamos a encontrar por aquí, en las calles de Catral, en sus esquinas, en cada recodo de este pueblo y nos cruzaremos con El y con su mirada. Él nos mira con dulzura cuando subido a lomos de la burrica entra Triunfante. Nos mira con dolor y amargura  cuando carga con la Cruz camino del Calvario: es Nuestro Padre Jesús Nazareno. Somos nosotros los que lo miramos a Él cuando, crucificado en su Cruz, recorre nuestras calles: es el Santísimo Cristo de la Salud. O cuando yacente, va camino del Sepulcro.

Junto a Él, nos encontraremos también con la mirada de su Madre. Esa mirada de dolor de la Virgen de los Dolores por las calles de nuestro pueblo la tarde del Domingo de Ramos y la noche del Martes Santo buscando a su Hijo que va camino del Calvario; o cuando se encuentra con Él la mañana del Viernes Santo. La encontraremos esa noche del Viernes Santo aguardando al pie de la Cruz a que le desciendan a su Hijo muerto y nos la volveremos a encontrar con la mirada desolada de una Madre en su completa Soledad siguiendo a su Hijo muerto camino del Sepulcro.

Las dos mujeres más importantes en la vida de Jesús fueron su madre y María Magdalena. Sus manos lo abrazan, lo tocan, lo perfuman.

En Catral, las mujeres también han tenido y tienen un papel fundamental en nuestra Semana Santa.

Son las mujeres  las que durante muchos años han cosido las vestas y capuruchos con las que hemos procesionado; son las que con sus manos se han encargado de subir y bajar los dobles de las capas y las túnicas con las que han salido en las procesiones generaciones de catralenses, porque las vestas en Catral se heredan, de padres a hijos, de hermanos a hermanos, de primos a primos y de tíos a sobrinos. Han sido sus manos las que han bordado delicados lienzos y estandartes, las que han cosido los faldones de los tronos. Han sido ellas las que durante muchos años, y siglos, se encargaron de recoger flores para adornar los tronos con los que procesionarían nuestras imágenes; las que de luto salen a acompañar todos los años por las calles a la Madre de Dios en su dolor por ver a su Hijo crucificado. Son, también,  las mujeres de Catral los pilares que llevan a la Madre de Dios en su soledad en el entierro de su Hijo muerto.

Por todo ello, como también soy una mujer de este pueblo, quiero dejar en este Pregón constancia de mi admiración y cariño a las mujeres de Catral y que mis breves palabras sean de homenaje y reconocimiento a todas ellas por su importancia en la Semana Santa de este pueblo, desde tantos años, desde tantas generaciones.

MI VINCULACIÓN CON LA SEMANA SANTA

La Semana Santa es para cada uno de nosotros un cúmulo de costumbres y de tradiciones, pero, sobre todo, de recuerdos, vivencias y sentimientos.

Mi vinculación con la Semana Santa de Catral es desde siempre, desde que tengo memoria. Mis primeros recuerdos me sitúan precisamente en esta Iglesia, cuando, siendo muy pequeña, venía a misa con mi abuelo José, que se sentaba siempre en la Capilla de Santísimo Cristo, al que tenía una gran devoción. Me impresionaba ver al Santísimo Cristo Crucificado, imponente, majestuoso, con su corona de espinas y ensangrentado. Cada vez que lo veía me sentía más pequeña ante su imponente y dolorida presencia. Y desde siempre quise procesionar con él.

D. Antonio Machado, el poeta sevillano, escribió “ Mis recuerdos son un patio de Sevilla“ y parafraseando al poeta, mis recuerdos me llevan a mi infancia en mi casa de la calle La Purísima, donde nací y crecí, a aquel patio en el que se olía a azahar y a jazmín. Mi abuela Carmen plantaba sus lirios en macetas, en jardineras y hasta en la misma tierra del patio, y todos los años se cortaban aquellos lirios para arreglar el trono del Santísimo Cristo de la Salud; primero para la procesión de San Emigdio, y después, para las de Semana Santa. Mis vecinas, Lola La Maya y Concha la Capitana, eran las que se encargaban de recoger todos los lirios del vecindario, incluidos los nuestros. A mí me encantaba ver el paso del Santo Cristo luego en la procesión todo arreglado de lirios, con los lirios de mi casa. Y, como les he dicho al comienzo, quería salir de nazarena en la procesión con Él.

Mi calle era toda de nazarenos del Santísimo Cristo de la Salud y se convertía todos los Martes y Viernes Santos en un hervidero de capas blancas y túnicas negras del Santo Cristo: toda la familia del tío Gregorio y de la tía Regina, todos salían,  mis vecinos Mayos, los hijos de mi vecina Concha la Capitana ……y nosotros.

El Martes Santo era cuando salía la primera procesión y yo, como todos los niños, la esperaba impaciente. Desde mi casa se oían los tambores y las cornetas que acompañaban a los pasos, y yo ya no podía vivir de la emoción. Recuerdo cuánto me impresionaba la centuria romana que escoltaba a Nuestro Padre Jesús Nazareno, con sus trajes de romanos, sus petos, sus capas, sus cascos dorados, el estridente son de sus largas trompetas y los tambores que tocaban con tanta fuerza que parecía que se nos iba a romper el corazón, sobre todo cuando pasaban a nuestro lado. Eran una estampa tan real que parecía como si hubieran salido de un pasaje bíblico y se hubieran trasladado desde aquel Jerusalén a Catral, a prender a Jesús y llevarlo al Calvario.

Mi abuela Carmen era la que se encargaba de llevarme a todas las procesiones y a la mayoría de los actos litúrgicos que se celebraban en la Iglesia durante esa semana, especialmente los de Jueves y Viernes Santo y a los que ya desde bien pequeña, no me perdía ninguno; recuerdo acompañarla a velar el Monumento, que me llamaba especialmente la atención por su majestuosidad y por la cantidad de flores con la que se adornaba, y porque yo, con mis ojos infantiles, no acertaba a encontrar donde estaba el Señor, del que me decían que estaba allí muerto.

Todos los Viernes Santos, mi madre se vestía de mantilla para acompañar a la Virgen de la Soledad. Elegante, de riguroso luto. Era un ritual ver como sacaba año tras año cuidadosamente su mantilla, la peineta, el rosario,  los guantes y hasta las horquillas. Me gustaba mirar como le ponían la mantilla, todo un arte que sigue siendo objeto de mi admiración a pesar de que hasta la fecha, muy a su pesar, nunca me la he puesto.  Después íbamos a la iglesia a verla salir en la procesión. Creo que he visto las procesiones desde todas las calles por donde pasan, pero lo que más me gusta es verlas salir de la Iglesia. La procesión a la que más devoción tenían en mi casa era a la de las Cortesías de Domingo de Resurrección, sobre todo mi abuela Carmen. Con ella fuí muchos años, a pesar de lo que me costaba levantarme, porque en aquellos años la procesión era a las 7.30 de la mañana, más o menos. Le encantaba contarme toda orgullosa que su hermano Pepe, tu padre Paco, era uno de los cuatro hombres que tenían el privilegio de llevar a hombros a la Virgen a encontrarse con su Hijo Resucitado y hacerle las cortesías.

También es parte de mis recuerdos de la Semana Santa, José María Llopis, tu padre José María. ¿Cómo voy a dar un pregón de la Semana Santa sin nombrarlo?. Él era el Sacristán, y su voz grave en la Iglesia contrastaba con el tono dulce y pausado con el que me contaba historias y detalles de la Semana Santa de Catral: de los pasos, de las procesiones, del Monumento…. Mi abuelo era gran amigo suyo y tenía costumbre de pasar por las tardes por su taller para hacer un rato de tertulia. Muchas de aquellas tardes lo acompañaba yo, y como José María sabía lo que me gustaba la Semana Santa, siempre me contaba las historias que me embelesaban y que todavía hoy recuerdo con extraordinario cariño: cómo habían hecho el Monumento él y su padre, como lo ponían todos los años, de los pasos, de las andas que su padre había hecho con sus manos para el Señor ….  A José María se lo he dicho muchas veces. La verdad es que me tenía mucho cariño y era una gran persona, con un corazón de oro que vivía por Catral y para Catral, para la Semana Santa y especialmente, para Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Mi ilusión más grande, desde siempre, fue la de salir de nazarena. La primera vez que procesioné fue con la Virgen de los Dolores. De rojo y azul. Túnica y capurucho rojo grana y capa azul, y con un velón que pesaba más que yo y con el que me las veía y deseaba para terminar la procesión con él a cuestas.  Tendría 7 u 8  años. ¡Que ilusión que tenía con mi primera vesta!, todavía no se me ha olvidado . Procesioné con ella varios años. Recuerdo que cada año me bajaban los dobles y me sacaban de las costuras para ajustarlos a mi altura y a mi talla, hasta que tuve la desgracia que un año llovió, como tantos en Semana Santa, agua misericordia y se hicieron en las calles unos charcos inmensos. La procesión no salió pero yo me moje hasta las rodillas y la túnica y la capa encogieron tanto que ya no pude volver a vestirla más.

Desde hace 38 años soy cofrade y nazarena de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, los mismos que han pasado desde que le quité a mi hermano pequeño Alfredo su vesta y la hice mía. La cuenta es fácil porque él tenía 12 años y yo 7 más, pero en aquellos años teníamos los dos la misma talla. El dejó de salir en la procesión porque Pascual García Bernabé encargó a mi hermano mayor, Damián, conducir el trono del Santo Cristo, y Alfredo, se empeñó en acompañarle y cambió la vesta por los bajos del trono. No sé como Pascual se fiaba de ellos pero durante varios años fueron los encargados de conducir el trono. Y ya después de tantos años no me la puede reclamar. La he usucapido. En Derecho, la usucapio consiste en hacerte dueño de lo que es de otro por el simple hecho de usarlo un determinado número de años a la vista de todos como si tú fueras el verdadero dueño. Y eso es lo que me ha pasado a mí, que después de tantos años, la vesta ya es mía.

La Semana Santa para mí es Catral, procesione o no , y año tras año no he faltado ninguno, viniendo a las procesiones y actos. He tenido la inmensa satisfacción de que mis dos hijos, desde que empezaron a andar, me han acompañado en los desfiles procesionales en numerosas ocasiones. Para ellos, el Santísimo Cristo de la Salud es su paso, y aunque son ilicitanos, tienen sangre catralense y llevan la Semana Santa de Catral prendida en su corazón, igual que su madre. En estos últimos años mi querida sobrina Carmen, me ha dado la alegría de ponerse la vesta de sus primos y procesionar conmigo, siguiendo la tradición que tanto queremos en mi casa y la devoción al Santísimo Cristo de la Salud.

Ésta cofrade y nazarena, quiere que su voz sea la de todos Vds.

CAPÍTULO I.

VIERNES DE DOLORES.

La Semana Santa en Catral es la evocación durante 7 días de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, es la Semana crucial en la fé de los cristianos.

Han pasado los años, las décadas y los siglos, pero el relato de la Pasión sigue siendo el mismo, y la emoción y el sentimiento siguen presentes en todos nosotros al ver nuestras procesiones cada primavera bajo el intenso cielo azul que Dios regaló a esta tierra.

El preludio de la Semana Santa en Catral es el Viernes de Dolores con la Procesión de la Corona. Nuestra Señora de la Merced preside el rezo. Camina despacio, portada lentamente por sus pilares y junto a los hombres y mujeres de este pueblo que recorren sus calles rezando y encomendándose a Dios por lo que va a pasar, por lo que está por venir.

Ora pronobis. Ora por nosotros.

El Misterio Pascual es la esencia. Jesús va a morir por todos nosotros.

Apenas unos días después Jesús recorrerá Catral cargado con su Cruz, la que ha sido tallada con nuestros pecados. Pero Jesús no irá sólo, no lo dejaremos sólo, porque lo acompañaremos todos esos días, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo Resurrección.

Catral, pueblo trabajador, duro y tenaz pero también agradecido y generoso, tiene como centro y epicentro de todo lo importante que aquí acontece esta maravillosa Iglesia de los Santos Juanes, la pieza fundamental alrededor de la que que se construyó este pueblo y que también es, como no, el eje de  nuestra Semana Santa. Aquí, en esta Iglesia, es desde donde todo empieza y donde todo acaba. Desde esta iglesia parten los cortejos procesionales y a ella regresan. Es el eje central de nuestra Semana Santa,  e igual nos pasa con todos nosotros.

Para mí tiene un significado especial, como creo que lo tiene para todos los catralenses. Aquí me bautizaron – me bautizó mi tío, D. Manuel García Molina, que acababa de ordenarse sacerdote unos días antes -, aquí tomé mi Primera Comunión, me confirmé, en ella me casé, aquí han sido bautizados mis dos hijos y desde aquí he despedido a mis seres más queridos que han partido ya, a mis abuelos, José, Carmen, Alfredo y Rosario, y hace apenas tres meses despedí con todo el dolor, a mi querido padre.

CAPÍTULO 2.

I. DOMINGO DE RAMOS

¡Hossana en el cielo!

¡Hossana en el cielo!

¡Bendito el que viene

en nombre del Señor!

¡Hossana en el cielo!

Ha llegado Domingo de Ramos. Un hermoso día de primavera amanece en Catral. El sol ilumina la mañana y la llena de luz y nos traslada a la entrada de Jesús en Jerusalén, donde fue recibido ese mismo día con palmas y olivo. Así, de esa misma forma, Jesús, entra cada año el Domingo de Ramos a Catral y lo recibimos nosotros con toda la emoción y el sentimiento.

Es el primer día grande de la Semana Santa Catralense.

El Domingo de Ramos los catralenses llenan las calles de este pueblo con palmas y olivo, para recibir a Jesús, aclamarlo, y acompañarlo.

Tambores y cornetas anuncian la entrada de Jesús Triunfante en Catral. Por General Prim asoma el cortejo. La palma trenzada, como si fuera de filigrana, anuncia que ya  llega Jesús. Entre palmas que alzamos al cielo, Jesús, recorre nuestras calles aclamado y vitoreado por mi querido pueblo.

El Domingo de Ramos los protagonistas son los niños, los más pequeños. Jesús Triunfante es el primer paso que hacen suyo los niños desde su infancia.   La dulzura de Jesús a lomos de la burrica se mezcla con la inocencia de los más pequeños. Todos hemos sido niños y hemos esperado con ilusión y alegría el día de Domingo de Ramos para salir con nuestras palmas a recibir a Jesús.

Pantalón corto y traje nuevo. Palma blanca y olivo. Lazos, flores y caramelos. El Domingo de Ramos es día de alegría, la que nos recuerda la algarabía con la que Jesús fue recibido esa misma mañana; es día de dulzura, de inocencia, la inocencia de los niños acercándose a Jesús.

Dejad que los niños se acerquen a mí, decía Jesús.

El Domingo de Ramos, como manda la tradición, es día de estreno, de hacerse una fotografía con la palma y la familia. Que alegría me daba cuando, de niña, me compraban mi palma, blanca y reluciente, que adornaba con un lazo, caramelos, y si quedaba sitio, con alguna flor. Entonces íbamos a la Ermita de la Purísima, esa joya histórica de Catral, “la ventana por la que los Catralenses miran al cielo”, donde se bendecían las palmas y, desde allí, en procesión, nos veníamos a la Iglesia para celebrar la Misa.

Fue en el año 1993 cuando por primera vez procesionó Nuestro Padre Jesús Triunfante por las calles de Catral. Recuerdo perfectamente aquella mañana de Domingo de Ramos en la que un Catral emocionado salió a la calle a recibir a Jesús Triunfante: era la  primera vez que aquí en Catral teníamos un paso el Domingo de Ramos. La Banda de Cornetas y Tambores de los Santos Juanes de Catral, con gran ilusión, fundó la Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Triunfante y desde ese año, cada Domingo de Ramos, Jesús Triunfante, a lomos de la burrica, entra en Catral y recorre sus calles, como en su día lo hizo en Jerusalén, pero aquí, a hombros de los miembros de la Banda de Tambores y Cornetas de los Santos Juanes y rodeado y aclamado por todo Catral.

He de hacer aquí mismo un alto en el camino y dedicar unas palabras a la Banda de Tambores y Cornetas de los Santos Juanes de Catral y a todos sus miembros, tanto los que actualmente conforman la Banda como a todos los que, desde su fundación, han sido parte de la misma, por todo lo que han significado, y significan, para la Semana Santa de Catral. A la memoria me acuden sus inicios en los pasillos del Colegio Azorín, cuando solo tendríamos poco más de 8 ó 9 años.  Nuestro querido maestro, D. Antonio Irañeta, trajo aires nuevos al colegio. Además de enseñarnos inglés, se encargó de proveer para los chicos los primeros instrumentos, unos tambores y unas cornetas con las que se formó en los pasillos del colegio lo que fue el germen de la banda de Cornetas y Tambores que tantos y buenos momentos ha dado a Catral. Desde entonces, año tras año, con mucho esfuerzo y tesón, con tantas horas de dedicación, de ensayos, con mi amigo Aurelio Albero, con el que compartí días de clase y pupitre en el colegio, al frente, han llegado a formar y mantener esa maravillosa Banda, cuya valía es reconocida en toda España por donde han pasado y donde han sido escuchados. Son parte de nuestra Semana Santa. Desde su fundación han acompañado a la Virgen de los Dolores en todos los desfiles procesionales y en los últimos años también a Nuestro Padre Jesús Cautivo y a Nuestra Señora de La Merced. Impulsaron la creación del Certamen de Bandas de Cornetas y Tambores que cada año se celebra como preludio de nuestra Semana Santa y que este año cumplirá su XXXIV ( 34 ) aniversario, siendo uno de los más antiguos de toda la comarca.

En cada pueblo se llama a este paso de una manera. En unos le dicen “ la Borriquita “, otros, “ la Pollinica “.. pero en Catral lo llamamos “ El Triunfante “ porque así entró Jesús en Jerusalén y así entra todos los años en Catral: ¡Triunfante!.

El Domingo de Ramos en Catral huele a palma y a alegría, a estreno y a inocencia, a emoción y a sentimiento. Jesús nos mira con ternura desde su burrica. El es el Hijo de Dios, El que unos días más tarde morirá por todos nosotros para redimir nuestros pecados, y Resucitará victorioso.

“ Viva Nuestro Padre Jesus Triunfante “.
La alegría y la algarabía de la mañana da paso al dolor de la tarde de Domingo de Ramos.

La tarde cae y el sol se esconde porque no quiere ser testigo de lo que va a suceder. Jesús, después de ser traicionado y negado por los suyos, es prendido en el Huerto de los Olivos y su Madre, Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, bajo un cielo de terciopelo, recorre las calles de Catral buscando a su Hijo. Esa noche se sienten las lágrimas y el dolor de la Madre de Dios, de la Virgen Dolorosa, por el sufrimiento de su Hijo. Pero la Virgen no va sóla: la acompañan las mujeres de Catral, de negro, de riguroso luto, dándole consuelo y acompañándola a buscar a su Hijo. Es la Procesión de las Mantillas de Catral.

Esta procesión salió a la calle por primera vez la tarde del Domingo de Ramos de 1994. Era también la primera vez que la Virgen de los Dolores procesionaba bajo palio . He de decirles a todos Vds. que el palio del trono de la Virgen de los Dolores se instaló en mi casa. Primero se colocaron los varales y después el techo bordado. Fueron días de mucho trajín, de complicidades con Pascual Flores y todos los de la cofradía para llevarlo en el más absoluto de los secretos hasta que la Virgen de los Dolores saliera en la procesión estrenando su palio y pudiera ser admirada. En mi casa, la familia García Calvo al completo, estábamos maravillados de la joya que durante una semana tuvimos bajo nuestra guarda y custodia. Era la primera vez que un paso iba a desfilar bajo palio en Catral, y además, la Virgen de los Dolores.

Las palmas y la felicidad de la mañana del Domingo de Ramos cambian al luto de la tarde y el olor a incienso y a la cera de las velas envuelve las calles de Catral al paso de la Madre de Jesús. Todos somos testigos de su dolor.

La noche extiende su oscuro manto y el pueblo, los hijos de Catral, acompañan a su Virgen. La Virgen de los Dolores, es una madre que presiente, que sabe que algo malo le ha pasado a su Hijo. Sólo una madre sabe lo que se sufre por un hijo. Una brisa eterna mece la negra blonda de las mantillas, tan suave como el tintineo de los varales que mecen a la Virgen. La luz de las velas guía el camino de la Virgen hacía su Hijo en la oscuridad de la noche dejando la cera una senda de hileras de plata por las calles de este pueblo.

Ya nada va a ser igual.

Él, que entró triunfal por la mañana, Él, que fue aclamado por las multitudes con palmas y olivo, ha sido traicionado, negado y hecho preso; Él sabía lo que iba a pasar, lo que estaba por venir, pero por amor a nosotros dejó que ocurriera. Es la mayor historia de amor: la pasión y muerte de Jesús. El que murió y resucitó por nosotros.

Jesús ha sido prendido y empieza su Pasión y Muerte.
II. LUNES SANTO.

Es Lunes Santo de Pasión.

La noche ha caído y la oscuridad lo envuelve todo en Catral. El silencio se hace dueño de la noche. Son las 10.30 de la noche en punto. Las puertas de la Iglesia de Catral, de esta Iglesia, se abren de par en par. Brilla una tenue luz de las velas  y el silencio se rompe por el estallido de la corneta y el redoble del tambor. Jesús Cautivo, juzgado y condenado, preso y atado, coronado de espinas, sale de la Iglesia a paso lento seguido de su Madre bajo la advocación de Nuestra Señora de La Merced. La pasión de Jesús se apodera de Catral. Ya no hay marcha atrás. Jesús va camino del Calvario donde será ajusticiado y crucificado.

Nadie puede sustraerse a la emoción de esta procesión penitencial de Lunes Santo. La sobriedad, el recogimiento, el silencio, la penitencia, la fe en Jesús son las señas de esta procesión, que es la más joven de todas las de Catral. La tradición centenaria de nuestra Semana Santa  y lo más nuevo se funden:  el pasado, con el presente y con el futuro.

Esta procesión y la Hermandad son jóvenes; procesionan desde el año 2004, sin embargo está totalmente integrada a nuestra Semana Santa, tanto, que parece que están desde siempre, desde toda la vida. Así es la Semana Santa de Catral. Nuestra Semana Santa es una mano tendida a la tradición y otra al futuro, al legado del pasado y al presente, y la procesión penitencial de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced es la prueba de todo ello.

La noche de Lunes Santo es especial en este pueblo.  Parece como si Catral se trasladará a épocas pasadas, a siglos pasados, al medievo. Por su casco antiguo, por sus calles más viejas desfilan los Hermanos bajo el anonimato que les otorga el capurucho y sin más ornato que un sencillo escapulario al pecho, dando testimonio público, pero anónimo, de su fé en Cristo Jesús con su recorrido penitencial por las calles de Catral. Es un acto de fe.

El olor a incienso se apodera de la noche, y sólo dos palabras:  austeridad y penitencia. Jesús camina maniatado camino del Calvario, lentamente. Sabe su destino porque acaba de ser sentenciado, con una sentencia injusta que acata por amor a todos nosotros. Nos recuerda que la Semana Santa es de los que sufren, de los desvalidos, de los más pobres, de los enfermos, de los que no tienen techo, de ellos es más que de nadie la Semana Santa, y no se nos puede olvidar. Los cristianos no podemos mirar a otro lado sino tenderles la mano en la medida de las posibilidades de cada uno de nosotros.

III. MARTES SANTO. LA PROCESIÓN DEL TRASLADO.

Las vestas están preparadas; capuruchos, faroles y velones esperan la noche.

Es la noche de los nazarenos, de todos los anónimos cofrades y penitentes que en silencio y bajo el capurucho, acompañarán a Jesús estos días cruciales de la Semana Santa. Sus ojos serán los ojos de Jesús, y sus enguantadas manos las que lo guíen en su caminar estos días de su pasión y muerte.

Con la procesión del Martes Santo empiezan las procesiones más antiguas y tradicionales de Catral. La noche del Martes Santo la luna llena ilumina la noche y cientos de nazarenos de todas las edades y tallas con sus vestas de colores, los colores de la pasión, inundan las calles de nuestro pueblo para acompañar al cortejo procesional al que da inicio Jesús, cargado con su Cruz, camino del Calvario.

La Centuria Romana escolta a Nuestro Padre Jesús Nazareno, vestido de púrpura y su cabeza coronada de espinas, carga con su Cruz camino del Calvario. Con la Cruz de nuestros pecados. ¡Qué hermosa estampa la de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Catral!, Jesús humillado, dolido, caerá tres veces por el peso de la Cruz.

Tras él, San Juan Evangelista, el Apóstol querido. Elegante y erguido, guía a la Madre de Dios, a la Virgen de los Dolores de Catral, mostrándole el camino por el que su Hijo va al Calvario. Capas verdes y túnicas rojas, el color de la sangre de Cristo.

Un paso atrás, la Madre de Dios, la Virgen de los Dolores, que sigue a su Hijo por las calles de Catral. La Virgen de los Dolores tiene su corazón roto y apuñalado por el dolor de ver el sufrimiento de su hijo. El aire huele a lágrimas, a las lágrimas que derrama la Virgen por su Hijo. Catral llora con Ella al verla pasar.

Y tras ellos, el Santísimo Cristo de la Salud, el Cristo Crucificado. El Santísimo Cristo de Catral. Mi paso.

Jesús ha sido crucificado y  agoniza en su último suspiro antes de morir por todos nosotros. Una sencilla inscripción sobre su Cruz lo identifica: INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judios). Túnicas negras y capas blancas, el luto y la paz. Sus nazarenos lo acompañamos para que no vaya sólo en su lento caminar. Yo soy una de ellos.

No hay palabras que puedan definir la sensación de vestir la túnica negra y la capa blanca para acompañar al Santísimo Cristo de la Salud, de ser nazarena suya, de acompañarlo silenciosamente por las calles de mi pueblo.

Catral baja la cabeza ante su paso en señal de duelo y respeto. La noche del Martes Santo es noche de dolor, de oración, de perdón y de  penitencia.

IV. JUEVES SANTO.

Jesús ha expirado.

Jesús ha muerto en la Cruz.

Lo peor ya ha pasado: Jesús ha muerto por todos nosotros.“ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” ( Pater, dimitte illis, non enim, sciunt, quid faciunt ).

Su muerte en la Cruz nos debe recordar sus últimas palabras. Son 7 las últimas palabras de Jesús en la Cruz.

1. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. ( Lucas 23,24 ). Jesús, murió por nuestros pecados; murió perdonando y pidiendo perdón para los que le crucificaron. Esa es la mayor prueba de amor.

2. Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso. ( Lucas 23,43 ). Junto a Jesús, en el Calvario, crucificaron a dos ladrones. Uno de éllos se unió a los insultos y blasfemias que le decían; el otro, se arrepintió y le pidió: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino ”, y Jesús le contestó: “Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraiso”. El sufrimiento nos acerca a Dios. La Semana Santa es de los que sufren.

3. Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre, ( Juan 19, 26-27 ). La Virgen, la Madre de Dios, estaba al pie de la Cruz, sufriendo por su hijo, y también por todos nosotros, y junto a ella, María Magdalena. Son las mujeres más importantes de Jesús.

4. Dios mío, Dios mío, ¿ porqué me has abandonado ?. ( Marcos 15,34 ). Jesús se sintió abandonado en la Cruz. Su muerte es la prueba del inmenso amor que Jesús sintió por todos los hombres y hasta donde fue capaz de llegar por amor a su Padre.

5. ¡ Tengo sed !. ( Juan 19,28 ).Una prueba más de su sufrimiento.

6. Todo está consumado. ( Juan 19,30 ). Fueron las últimas palabras de Jesús en la Cruz antes de morir.Cumplía con el destino que le había dado su Padre en la tierra.

7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. ( Lucas 23,46 ). Y murió.

El cielo se oscureció, la tierra tembló, se partieron las rocas, se rompieron los techos de los templos y se abrieron los sepulcros. Los que lo custodiaban dijeron: “Verdaderamente éste era el Hijo de Dios”.

El Hijo de Dios acaba de morir y el silencio recorre Catral. Cristo ha muerto. Los nazarenos del Santo Cristo, de riguroso luto, tan oscuro como la noche, cargan con Jesús en la Cruz; son sus pilares.

Y en Catral, toca a muerto.

En la noche de Jueves Santo y el Santísimo Cristo recorre Catral,inclinado, a ras de nuestros ojos y de nuestras miradas. Las luces se apagan, todo queda sumido en la más completa oscuridad, las voces callan y el pueblo pecador baja la cabeza. En el silencio sólo se oye el toque del tambor y las pisadas de los que le acompañamos. Jesús, Nuestro Santísimo Cristo de la Salud, crucificado en su Cruz, en su último momento y en su expiración. Es el Cristo de la infinita misericordia, el Hijo de Dios.

Esa noche Jesús tampoco se quedará sólo. Catral lo velará sin descanso ni tregua toda la noche,  aquí, en la Iglesia, en el Monumento, donde Jesús reposa dulcemente hasta que sea conducido al Santo Sepulcro. En la madrugada, mientras Catral vela a Jesús, tubas centenarias recorren sus calles más antiguas cantando la Pasión con los hijos de este pueblo. Suenan desgarradoras, a muerte. Jesús ha muerto. Nadie podrá dormir esa noche. Los ecos lúgubres de las tubas llegan a todos los rincones del pueblo anunciando la muerte de Jesus. Catral canta la Pasión y el sufrimiento de Jesús y de su Madre con motetes y cantos ancestrales:

“ Ya vienen las golondrinas

con el pico ensangrentado

de curarle las heridas

a Jesús Crucificado “

“ La Virgen bordó su manto

de terciopelo bonito

y lo estrenó Viernes Santo

.para el Entierro de Cristo “.

V.  VIERNES SANTO.

La noche larga y oscura da paso al día, y el Viernes Santo amanece bajo un cielo azul y el perfume del azahar en primavera.

Y Catral se prepara para el Santo Encuentro entre la Madre de Dios y su Hijo en las puertas de esta Iglesia.

Por la calle Santa Bárbara, la calle más antigua de Catral, viene la Madre de Dios, la Virgen de los Dolores, marcando su paso los sones de la Banda de Cornetas y Tambores que esa mañana luce blanco impoluto como la pureza de la Madre de Dios. San Juan abre el cortejo, elegante, con su palma que se levanta hacia el cielo, igual que las de sus nazarenos. Catral vuelve a oler a palma la mañana de Viernes Santo. Por la calle San Juan, camina lentamente Nuestro Padre Jesús Nazareno con el peso de la Cruz a cuestas y entra en la Plaza de España bajo los compases de la marcha “Nuestro Padre Jesús“ del maestro D. Emilio Cebrian Ruiz. Madre e Hijo se encuentran frente a frente ante el Santísimo Cristo de la Salud y San Juan que hacen de testigos del Encuentro junto a todos los nazarenos y cofrades y de un pueblo entero que madruga para acompañarlos. Es el Santo Encuentro, nuestro Santo Encuentro.

La mañana de Viernes Santo en Catral es mañana de encuentros y de abrazos, de recuerdos de los que ya no están, de estandartes y de cofrades, de nazarenos y de penitentes, de rasos y terciopelos, de mantillas y de luto, de palmas y de flores, de músicos, de tambores, de cornetas …. y de caramelos.

Esa mañana Catral revive la pasión y muerte de Jesús con todo su esplendor. Las centenarias tubas a la cabeza del cortejo procesional son la Convocatoria:

Que todo el mundo sepa que Jesús ha muerto,

que en todos los rincones de Catral se sepa,

y que Jesus está en las calles

de nuestro pueblo.

Toda la tradición de nuestras cofradías, todo el legado de generaciones, sale a la calle el día de Viernes Santo desde la mañana en la procesión del Santo Encuentro.

He hecho tantos años esta procesión acompañando al Santísimo Cristo, como una nazarena suya, que cierro los ojos y puedo revivirla en cualquier momento,  volver a hacerla palmo a palmo, sentir el aroma de las calles, los sones de las marchas que acompañan al Cristo, el calor de la gente arropando a los pasos. Siempre he procurado ir lo más cerca del trono, lo más cerca del Santísimo Cristo, tan cerca de Él, que tenía la sensación de que podía estirar la mano y casi tocarlo. Vuelvo la cabeza mil veces durante toda la procesión para verlo tan cerca de mí, y me emociono. Yo le diría:

Señor mío, déjame seguir tu camino.

Señor mío, déjame seguir tu luz.

Señor mío, déjame seguir tus pasos

Señor mío, déjame estar contigo.

Señor mío, déjame que te lleve

Señor mío, déjame estar a tu lado,

Señor mío, quédate conmigo.

Los nazarenos guiamos a Jesús Crucificado entre la multitud silenciosa. Somos los pies y las manos de Jesús en esa mañana de Viernes Santo. Para un nazareno,la mañana de Viernes Santo es una mañana de pasión, de fé y de penitencia. La mañana de Viernes Santo y la procesión del Santo Encuentro son especiales  para todos los catralenses.

Y tampoco puedo hacer un pregón sin dejar un recuerdo a mi amigo y compañero de fila de la procesión durante tantos años, a Pepe Abadía, una gran persona. Durante muchos años procesioné al lado suyo, y siempre recuerdo lo que me reñia, cariñosamente, cuando me incorporaba a la procesión después del sermón. Estoy segura de lo mucho que le hubiera agradado verme aquí de pregonera esta noche.

VIERNES SANTO EN LA NOCHE. EL SANTO ENTIERRO.

Llega la noche del Viernes Santo.

Jesús ha muerto, lo han bajado de la Cruz y va camino del Sepulcro.

Catral acude al Santo Entierro. Es nuestra procesión del Santo Entierro. Los pasos más antiguos de Catral, los de siempre, se enriquecen con las nuevas incorporaciones al cortejo procesional y lo más tradicional se une a los pasos más modernos, como si siempre hubieran estado ahí.

Tras una tarde de oficios, el lucero anuncia la noche, una noche que será de entierro, de duelo, de luto, de negro, de dolor y de soledad.

Y Catral entierra a Jesús.

Guiados por el Espíritu Santo, la noche del Viernes Santo, los nazarenos, alumbrados por la tenue luz de los faroles, bajaremos a Jesús de su Cruz y lo llevaremos al Sepulcro.

Abre el cortejo Nuestro Padre Jesús Nazareno cargando con su Cruz a cuestas. Esa noche las marchas procesionales dejan su lugar al sonido seco del tambor que nos recuerda que Jesús ha muerto.

Jesús muerto, es descendido de la Cruz. Su Madre aguarda al pié de la Cruz con María Magdalena que le entreguen a su Hijo. José de Arimatea y Nicodemo, ayudados por San Juan,  le bajaron a Jesús a su Madre y se lo pusieron en su regazo envuelto su cuerpo, ya inerte, con un suave sudario. Jesús, ya muerto,  El Santísimo Cristo de la Misericordia  yace sobre los brazos de su Madre, que lo abraza, antes de dejarlo en el Sepulcro.La Cruz ya está vacía, y en Catral  la Cruz de los Labradores desfila esa noche sóla. Es el Símbolo de los cristianos, la Cruz que guía a los Cristianos.

Jesús yace sin vida  y Catral lo acompaña al Santo Sepulcro. Cristo ha muerto por todos nosotros. Los hombres de este pueblo llevan a Jesús a hombros, suave y lentamente, como si Jesús durmiera, para que no se despierte. El cortejo fúnebre recorre las calles camino del Sepulcro. A su paso se hace el silencio que sólo se rompe por el canto desgarrado de una saeta o por el sordo golpe del capataz del trono cuando manda el inicio de la marcha. La campana suena a  muerto. Cristo yace de cuerpo presente y Catral llora a su paso. El pueblo entero, con el alma encogida, baja su mirada al suelo cuando pasa el Santo Sepulcro. Y reza.

Una luna llena, alta y fría, preside el cortejo fúnebre. Hay olor a incienso y a penitencia, a flores y a lágrimas. Jesús desfila ante este pueblo, que no le deja solo y lo acompaña al Santo Sepulcro.

San Juan Evangelista, el Apostol, lo sigue a pocos pasos, delante de su Madre a la que guía siempre. La palma blanca de la mañana la cambiará esta noche por el Cáliz donde se recoge la Sangre derramada de Cristo.

Y tras todos ellos, la Madre de Dios, la Virgen de la Soledad.

¿Qué les voy a decir yo de la Virgen de la Soledad?

De la Soledad de Catral.

De riguroso negro, de luto, de duelo. Es la Madre de Dios en su Soledad, paseando su soledad, su pena por la muerte de su Hijo por las calles de Catral. ¿Cual es la mayor pena de una madre?. Indudablemente, la muerte de su hijo.

¿Qué madre no entiende a la Soledad?.

¿Qué mujer no entiende a la Soledad?.

El Viernes Santo, la Soledad acude al Santo Entierro de su Hijo. Es el duelo de la Soledad tras su hijo muerto camino del Sepulcro.La Soledad cierra el cortejo procesional de nuestro Santo Entierro.

De negro, sus manos entrelazadas, lleva la Virgen un delicado pañuelo en sus manos donde recoje cuidadosamente la corona de espinas con la que han crucificado a su Hijo.La Virgen va sóla. La Virgen en soledad, la que le da la pena de ir la entierro de su Hijo.

¿Qué madre no entiende a la Soledad?.

¿Qué mujer no entiende a la Soledad?.

Su Hijo muerto por amor a todos nosotros, por nuestra salvación. La Soledad llora por su Hijo, pero también por todos nosotros. Y las mujeres de Catral se suman a su dolor y la acompañan de negro, como ella, de riguroso luto. Es el paso de las mujeres de Catral, siendo portada en su trono por sus pilares, todas ellas mujeres. Sus túnicas de terciopelo negro, de luto, como el manto de la Virgen, brillan la noche del Viernes Santo bajo la luz de las velas que iluminan su trono.

¿Quién no baja los ojos, rendido, ante el dolor de la Madre de Dios?. Ante el dolor de una madre que ve yacer a su hijo por los pecados de los otros. Es la Soledad de Catral.

No hay nada más sublime que la Soledad. Cada paso encierra su misterio y su advocación, pero la Soledad es sublime, por su belleza, por el dolor de la expresión de su cara. Siempre he admirado este paso, me subyuga su belleza y su misterio, su elegancia, la hermosura de la tristeza de la soledad, que nos representa a todos. La Soledad es la Madre de Dios, pero también es la madre de todos nosotros, que somos los hijos de Dios.

No puedo pasar un Viernes Santo sin acercarme a ella, sin mirarla y si puedo, acaricio su trono. Recuerdo cuando era pequeña que la arreglaban con violetas y el olor que dejaban a su paso por las calles, en cada esquina, en cada parada. En mi casa, siempre ha estado muy presente; ya les he dicho a Vds. que durante muchísimos años mi madre procesionó con ella, y la venera.

Es la procesión por excelencia de las mujeres de Catral. Desde aquí hago un llamamiento a todas las mujeres de este pueblo para que nos animemos acompañemos a la Soledad en su desfile procesional cada Viernes Santo. Es nuestro compromiso con Ella, pero también con la tradición que, tenemos la obligación, de transmitir a las generaciones venideras: si no nos ven a nosotras, no se animarán. Y la Soledad ha de lucir cada vez más. Es nuestro compromiso con Ella, con Catral y la única manera de que perviva.

Al hablar de la Soledad no puedo dejar de nombrar y rememorar al que fue un buen amigo mío: José María Cabrera. Jose María vivía por la Soledad, y fue lo último que vió. Un recuerdo para él.

VI. DOMINGO DE RESURRECCIÓN.

“ Y el tercer día, resucitó ”.

Jesús venció a la muerte.

Jesús ha resucitado.

La Resurrección es lo que hace Santa a esta Semana.

Domingo amanece y todos los pájaros de Catral se dan cita en la puerta de esta Iglesia para cantarle a Jesús Resucitado en la mañana de Gloria. Nuestra Señora de la Encarnación, la Madre de Dios, sigue enlutada por la muerte de su Hijo. Tres días son los que hace ya que que murió su Hijo.

Desde la Ermita de la Purísima, los Hermanos la portan en  hombros. La Virgen va al Sepulcro de su Hijo; Ella no sabe que su Hijo ha resucitado. Desde esta Iglesia, al mismo tiempo y bajo palio, sale su Hijo Resucitado al son de los compases de la marcha “ Triunfal ”, el  “ Amor de los Amores ” . Si cerramos ahora los ojos podemos sentir los sones de esta marcha y trasladarnos a esa radiante mañana de Gloria.

Las campanas repiquetean con fuerza esa mañana en un Catral resucitado.

Y en el camino se encuentran Madre e Hijo.Los Hermanos portadores realizan las cortesías ante el Hijo Resucitado y la Virgen se encuentra con su Hijo, con su Hijo resucitado. Y se despoja del luto. La Virgen llora, pero de alegría, y las lágrimas se convierten este Domingo de Gloria en mil pétalos de rosas caídos del cielo para la Madre y el Hijo. Catral vibra el Domingo de Gloria ante la Madre de Dios y su Hijo resucitado.

Viva Jesús Resucitado!.

Viva su Madre, Nuestra Señora de la Encarnación!.

Las campanas repiquetean triunfantes en la mañana de Gloria y las lágrimas de la Virgen Madre de Dios  ya no son de dolor sino de alegría al ver a su Hijo Resucitado. Es el amor de una madre, la alegría inmensurable de una madre ante su hijo. El amor más puro.

La mañana del domingo de Gloria en Catral es mañana de campanas, de cohetes, de flores, de encuentro, de alegría, de fé y de esperanza. La Resurrección de Jesús es la esperanza de los cristianos, es la luz en la oscuridad, la luz que nos mantiene, la fé en Jesús y la fé en nuestra salvación.

Esa mañana, antes del  mediodía, las puertas de esta Iglesia se cerrarán, antes de que acabe el Domingo de Gloria, cuando se deje de escuchar el último eco de la música. Nos queda la Esperanza, el signo de la Resurrección de Jesucristo.

Se recogen las vestas, se guardan las mantillas, los rosarios, las peinetas, los faroles y los velones. Todo reposará tranquilamente hasta el año siguiente que volverá a ponerse en pie, como el ciclo de la vida. Por eso la Semana Santa pervive en Catral; en sus hombres, en sus mujeres, en los hijos de Catral, y es nuestro compromiso con ella, vivirla y transmitir su legado a las generaciones venideras.

Hago un llamamiento a todos desde este santo atril : que no se queden las vestas en armarios, que  no se queden las mantillas y las peinetas en los cajones. Hay que participar, pequeños, adolescentes, jóvenes y mayores; hay que salir y contribuir a darle brillantez y continuidad, con prudencia, con responsabilidad, pero hay que salir para que la Semana Santa no decaiga y  no decaiga la tradición.

Con este Pregón he querido transmitirles mis recuerdos, mis vivencias, mis emociones y mis sentimientos sobre la Semana Santa de Catral, lo que llevo dentro de mí, de mi pueblo, de la tierra que me vio nacer y donde tan feliz me siento.

Y a todos Vds., a los que les doy las gracias, y de los que me despido diciendo las últimas palabras de la noche:

Viva la Semana Santa de Catral,

Y Viva Catral.

GLOSA DEL PREGÓN – 2019 -

POR MIGUEL NAVARRO TOMÁS, SACERDOTE

SALUDOS

  • Sr. Cura Párroco.
  • Queridos hermanos sacerdotes.
  • Sr. Presidente y miembros de la directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.
  • Distinguidas autoridades civiles.
  • Honorables Pregoneros anteriores.
  • Nazarenos de Honor.
  • Queridos cofrades.
  • Queridos familiares.
  • Queridos amigos y amigas.

“ Hermanos: No queremos que ignorèis la suerte de los difuntos… Pues si creemos que Jesùs ha muerto y resucitado…, Dios los llevarà con Él (1 Tes. 4 , 13-14)

Muy buenas tardes a todos y muchas gracias por vuestra presencia. Nos acordamos de los que ya no están entre nosotros, los que viven en la Casa Eterna de Dios, que hicieron posible la realidad de esta Parroquia, de esta Semana Santa de Catral y de nuestras propias personas: D. Trinitario, D. Francisco, sacerdotes; Josè Marìa Llopis sacristàn; los difuntos de las familias: los García, los Ñiguez,  los Bojos, los Ferrández, los Bordaos, los Mayos, los Calvos, los Aguilaritos, los de la Municipala, los Ùbedas, los Lucas, los Cecilia, los Penalva, los Toca, los Toneca, los Agujas, los Manzanera, los Luisos, los Rocamora, los Gómez, los Lacales,  los Costas, los Peña, los Franchos … y de todas las demàs familias de este pueblo de Catral. Por todos éllos:

Canto: Dales Señor el descanso eterno, brille sobre èllos una luz perpetua (bis)

INTRODUCCIÓN

“ Proclama mi alma la grandeza al Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador” (Lc. 1, 46-47)

Cuando el Sr. Presidente y tres miembros de la Junta Mayor de la Semana Santa me llamaron y, después quedar para vernos en casa de mis padres; al otro lado de los límites entre Catral y Crevillente, -la azarbe, ahora canal de la Partición- me puse nervioso. Sì, nervioso por un lado, ante lo que me iban a pedir; pero al mismo tiempo, con una paz y alegría por ponerme al servicio para realizar este Pregón de Semana Santa. No me podía negar a esta Parroquia, que me dio la vida cristiana por el bautismo, en esa misma pila bautismal que muchos de vosotros habéis recibido tambièn el gran regalo de la vida de hijos de Dios. Parroquia, que me vió dar los primeros pasos en mi vida cristiana, que ayudò a descubrir mi vocaciòn.  Parroquia que me transmitió, juntos con mis padres, abuelos, familiares y feligreses, la fe, su vivencia, tradiciones, procesiones y fiestas. Parroquia, con el Novenario y Procesión de la Purísima de la ermita, con sus Misas cantadas de Navidad, la Misa pastorela, los villancicos: Canto: Pastores venid, pastores llegad y vereis al Niño puesto en el portal (bis), Misa de San Juan Evangelista, Misa y Procesión de  San Emigdio, Misas y Romería de Santa Agueda. Parroquia, con sus curas en el confesionario -con los que me confesaba a menudo- con las largas colas para confesarse en la Semana Santa. Parroquia, que impartía la Ceniza en su miércoles a todos los cursos de la escuela, a la mayoría de feligreses. Parroquia, con su mes de mayo dedicado a la Virgen Marìa. Parroquia, con la Fiesta del Corpus Christi, con su mes dedicado al Corazón de Jesús en Junio y con su Procesión. Parroquia, que en Junio dedica sus Fiestas Patronales a San Juan Bautista. Parroquia , con su Rosario de la Aurora en octubre. Parroquia, que en noviembre no se olvida de sus difuntos, con la visita y Misa en el cementerio. Parroquia, que me enseñó a amar a la Virgen María y a su hijo Jesús en su SAGRADO CORAZÓN, expresiòn de èllo son estos cantos: Venid y vamos todos con flores a María…Tomad Virgen pura… y Corazón Santo tù reinas… PARROQUIA,  NO SE ME HA OLVIDADO,  QUE ME TRANSMITIÓ SU GRANDE, HERMOSO Y  SENTIDO  AMOR A SU SEMANA SANTA.

1. MI  VIVENCIA DE LA SEMANA SANTA

1.1   INFANCIA EN CATRAL

“Dejad que los niños se acerquen a mì, no se lo impidais porque de éllos es el reino de los cielos” (Mt. 19, 14)

Mi madre siempre me ha recordado que mi nacimiento el 28 de marzo de 1959, aconteció en un  “Sábado de Gloria”. En primer lugar, debo decir que, mis vivencias de la Semana Santa en esta querida parroquia no fue tan intensa y cercana -como para muchos de vosotros- debido a vivir en la huerta de Las Casicas.

Esta Parroquia me inició en la vivencia de la Cuaresma como preparación a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. La semana antes se celebraba el Septenario a la Virgen de la Soledad, su imgen -como vemos- muy cercana al  Altar Mayor.

Recuerdo el DOMINGO DE RAMOS, con su Bendición de Ramos y Palmas, palmas con sus lazos y caramelos que colgaban atados a muchos ramos y palmas trabajadas. No estaba en esa Procesión el actual y hermoso paso de Jesús Triunfante ni los nazarenos con sus vestidos hebreos, ni la Banda de Tambores y Cornetas de los “Santos Juanes”. Domingo de Ramos, que por noche se procesionaba a la imagen de la Virgen de los  Dolores acompañada con mujeres con sus mantillas. Por lo que se conocía y se conoce procesión de las mantillas o de las manolas.

En mi infancia y juventud el Lunes, Martes y Miércoles Santos no existía ninguna procesión especial, el Martes Santo se trasladaban las imágenes a la ermita de la Purísima, eran días para confesarse. Ahora, sin embargo, el LUNES SANTO se celebra la Procesión penitencial de los Escapularios con los pasos -imàgenes- de Ntro. Padre Jesùs Cautivo y de Ntra. Sra.de la Merced y el MARTES SANTO, la Procesión de el Traslado con Ntro. Padre Jesùs Nazareno, San Juan Evangelista, Ntra.de los Dolores y Santísimo Cristo de la Salud, ya no a la ermita sino a la Sede de la Junta Mayor de Cofradìas.

Esta Parroquia, que celebraba con gran asistencia el JUEVES SANTO con sus dos Misas, una màs breve y la Misa de Cena del Señor, con el lavatorio de pies, con la Comunión larguísima por tantos fieles, con el Canto: Un mandamiento nuevo… con la Reserva del Santísimo, del Pan de Vida en el hermoso y altísimo Monumento para ser adorado. Por la noche LA PROCESIÓN DEL SILENCIO con la imagen del Cristo de la Salud y rezo del Vía Crucis. Canto: Perdona a tu pueblo…

Del VIERNES SANTO con su madrugador Canto de la Pasiòn, sòlo recuerdo la gran aglomeración de gente en la plaza de la iglesia en la llamada PROCESIÓN DEL ENCUENTRO de las imàgenes – los pasos – de  Jesùs Nazareno, Cristo de la Salud, la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista para escuchar desde el balcón del Ayuntamiento el Sermón de la Pasiòn o de las “Siete Palabras” -comentario hecho por un fraile de las siete frases o palabras dichas por el Señor en la cruz. Luego la ilusiòn de recibir algún caramelo en la procesión de las anteriores imagenes por las principales calles del pueblo hasta la ermita. La Cofradía que màs me impresionaba era la de San Juan Evangelista por sus colores verde  en su capirote y vesta  y rojo en la capa; por sus cofrades con la palma y porque habia familiares en ella que me daban caramelos. Por la tarde la Celebración de los Santos Oficios, ya sin “la bofetâ”. Y por la noche, la respetuosa PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO DEL SEÑOR, acompañado el paso del Santìsimo Sepulcro  con  los de Jesùs Nazareno,  Virgen de los Dolores, Cristo de la Salud, San Juan Evangelista, La Virgen de la Soledad; ahora tambièn con el Descendimiento de la Cruz, el Cristo de la Misericordia y la Cruzde los Labradores.

Del SÁBADO SANTO,  tengo el recuerdo de la queja de mi padre, por haber pasado de ese dìa al domingo la Resurrecciòn del Señor: “Toda la vida, desde que tengo conocimiento, siempre era así”;  del volteo de las campanas que anunciaban que el Señor habìa resucitado y que ya se podìa cantar, oir la radio y ver la televisìón.

Del DOMINGO DE RESURRECCIÓN, la Procesiòn de las Cortesias o del Encuentro llena de emoción y alegria. Luego por la tarde “a comernos la mona” – de mi tìa Pilar y mis primas “las franchas”: en casa -en la huerta- con los primos, con la familia, despuès a jugar, en la pequeña era o en un bancal de yerba, al futbol. Otras veces era al campo de futbol en el Alfarfar, si no llovìa porque se volvìa en un barrizal. O al “Puente Alto”, o a los pozos de la piscina de San Isidro -entonces de Albatera- para darse los màs valientes el primer baño. O a la estación de Albatera-Catral para ver pasar el tren. O al cabezo,que estaba un paso de allì. !!!Eran tres dìas de mona de pascua y sin escuela toda la semana !!! Pero además el Domingo, día antes de San Vicente y como no, el dìa de San Vicente: era para nosotros la alegrìa  y lo más importante de la Pascua.

Canto: Acuèrdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. Èl es nuestra salvación, nuestra gloria para siempre (bis)

1.2  ESTANCIA EN EL SEMINARIO

“Y Jesús crecía  y se desarrollaba en sabiduría, estatura y la gracia de Dios permanecía con Él (Lc. 2, 40)

1.2.1 SEMINARIO DE ORIHUELA

Fueron cuatro años en el Seminario de Orihuela de conocimiento de la vida cristiana, de reflexión, de oraciòn, de interiorización. Fue un paso grande en mi vida, como de la noche al dìa, de la infancia a la madurez. Era como ir comprendiendo mejor y saborear lo que de pequeño habia recibido en la familia y en esta Parroquia, sin darme casi ni cuenta. Aquello eran los cimientos, esto ir construyendo el edificio. Aunque participabamos en Procesiones en la ciudad de Orihuela, la de Ramos, del Silencio y del Entierro; sin embargo, no bajaba a las demás, preferìa quedarme en el Seminario ante el Sagrario o el Santísimo reflexionando y haciendo oración con los Santos Evangelios y con el libro Historia de la Pasión del Señor  del jesuita Luis de la Palma.

1.2.2 TEOLOGADO DE ALICANTE

Mis cuatro años últimos  de preparaciòn para ser ordenado sacerdote en el Teologado de Alicante fueron años tambièn de reflexiòn màs que de conocer y participar en las Procesiones de la Semana Santa alicantina. Ayudaba en las celebraciones litùrgicas en la Parroquia de San Blas. Como veis Dios no me llevò por el deseo o la curiosidad de ver Procesiones de Semana Santa, o participar en la vida de Cofradias, Hermandades, tanto de pequeño, en mi infancia como en vida de seminarista.

1.3 ESTANCIA EN LAS DISTINTAS PARROQUIAS

“ Jesùs se admiraba de cómo se negaban a creer y recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando” ( Mc. 6, 6)

1.3.1 CON PROCESIONES Y COFRADIAS

En mi vida de sacerdote, de párroco, he tenido el cuidado pastoral de Parroquias con Semana Santa, con sus Procesiones y Cofradías. Me alegraba de  éllo porque me recordaba mi infancia, la Semana Santa Catralense. Estas parroquias fueron: Ntra. Sra. del Rosario de Benejúzar, Santa Ana de Elda, Ntra. Sra. del Socorro de Aspe, San Pedro de La Romana y San Josè de Algueña, San Cayetano de Crevillente

1.3.2 SOLAMENTE CON CELEBRACIONES

También como Cura he tenido Parroquias solamente con celebraciones de la Semana Santa, que me recordaban mis años en el Seminario. Me ayuda a la reflexión, a la oración. Fué mis años de sacerdote en: Campos de Monòvar, Torrellano, La Marina de Elche, el Buen Pastor de Alicante y el Buen Pastor de Elche.

Canto: Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor (bis)

2. COFRADIAS Y HERMANDADES CATRALENSES

“ Éllos -los discípulos- se asombraron todavía màs y comentaban: “ Entonces, ¿ quién podrá salvarse?” Jesùs los mirò fijamente y les dijo: “ Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible” (Mc. 10, 26-27)

Un reconociento y enhorabuena a todas las Cofradias y Hermandades, a las de siempre, a las que conocì de niño:

1) NTRO. PADRE JESÙS NAZARENO Y NTRA. SRA. DE LA ENCARNACION (Principios del XVIII) con tùnica y capirote morado y capa blanca.

2) SAN JUAN EVANGELISTA (1883) con túnica y capirote verde y capa roja.

3) NTRA. SRA. DE LOS DOLORES (1882) CON LA IMAGEN MAS ANTIGUA DE 1882. Con túnica y capirote rojo y capa azul.

4) SANTÍSIMO CRISTO DE LA SALUD (Finales XVII) con tùnica y capirote negro y capa blanca.

5) SANTÌSIMO SEPULCRO (Principios del XVIII) con traje negro.

6) NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD (Principios del XVIII) con traje y mantilla negras.

Y a las más recientes:

1) NAZARENOS DE  NTRO. PADRE JESÙS TRIUNFANTE (1990) con túnica blanca y cíngulo rojo, y niños con tocado hebreo.

2) NUESTRO PADRE JESÙS CAUTIVO Y NTRA. SRA. DE LA MERCED (2003) con túnica y capirote azul marino.

3) CRISTO DEL AMOR EN EL DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ (1891, 2012) con traje negro.

4) EL SANTÌSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA (2009) con tùnica y capirote rojo y capa azul.

Tambièn un recuerdo y felicitaciones a todas la Agrupaciones y Bandas musicales de otras poblaciones que armonizan la Semana Santa de Catral, y especialmente a nuestra Sociedad Uniòn Musical “ LA CONSTANCIA”,  a la Banda Tambores y Cornetas “Santos Juanes” y a los de las tubas o bocinas del Viernes Santo.

3. CONCLUSIÓN

Como breve reflexiòn ante la situación actual de nuestra sociedad individualista, consumista y poco religiosa; para que vivamos mejor nuestra vida cristiana de cofrades y de parroquianos:

  • A todos, mucho ànimo en las dificultades y en los èxitos; en las alegrias y en las penas.
  • Vivid siempre lo que somos: hermanos -cofrades-, familia de Dios y de la Virgen Marìa.
  • Estad unidos siempre a vuestros presidentes, a vuestra Junta Mayor y a vuestro pàrroco: “ Vale más lo menos importante unidos que lo más grande separados”.  O lo que es lo mismo “ la unión hace la fuerza”.
  • No os falte el motor de todo, el Amor de Dios:  amar a Dios sobre todas las cosas, ponerle siempre en el primer lugar y amar  a todos los demás, incluso a los enemigos; amarlos siendo los primeros en dar el paso y ponièndonos en su lugar, amarlos como a nosotros mismos. En definitiva como el Señor nos ha enseñado.
  • Querer y estar al servicio de la otra Cofradìa o Hernandad como si fuera la nuestra.
  • Al mirar, al contemplar las bellas imàgenes -los pasos- de la Semana Santa nos ayuden al “Encuentro con el Señor, a nuestra conversión de mente, corazòn y acción (PDP)”. Nos lleve a un mayor servicio concreto a Dios y a nuestros pròjimos.
  • Con vuestras vidas, colaboraciòn y fidelidad, seguid  engradeciendo esta hermosa y bella Semana Santa de Catral.

Canto: Ama si quieres ser feliz, ama y todo cambiará, ama y así descubrirás la alegría de amar (bis)

Muchas gracias por vuestra  asistencia y sobre todo por vuestra escucha.

¡¡¡ VIVA CATRAL !!!

¡¡¡ VIVA SU SEMANA SANTA !!!

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO DE LA SEMANA SANTA 2018

por Joaquín Lucas Ferrández

Reverendo cura-párroco.

Sr. Presidente y Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa.

Distinguidas autoridades municipales.

Sr. Pregonero.

Señoras y señores.

Apenas restan dos semanas para que nuestras calles se conviertan en Jerusalén. Ya se siente el latido de la Semana Mayor y prologar este solemne acto es un honor que tengo que agradecer, en primer lugar, al presidente y a toda la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades por distinguirme para hacerlo, y sobre todo a mi familia, especialmente a mi madre y a mi hermana por apoyar dicho reconocimiento y asistirme en la composición de esta presentación que me causa, como comprenderán,una extraordinaria emoción.

Hoy tengo el inmenso honor de presentarles al pregonero de la Semana Santa de Catral de este año 2018: Joaquín Lucas González, mi padre.

Recuerdo el pasado verano cuando estando en casa, una noche, nos enteramos de su nombramiento como pregonero. Nos lo anunció con toda la prudencia y humildad que le caracteriza, y con la ilusión de quien sabe que desde este mismo momento se pasa a formar parte de un elenco de catralenses que han dejado testimonio público de la grandeza de uno de los patrimonios más importantes que tenemos en nuestra localidad: la Semana Santa.

Para ello voy a intentar mostrarles parte de la persona que nació en Catral,el 6 de marzo de 1954 siendo sus padresD. José Lucas Illán y Teresa González Peñarrubia “la Peña”, de cuya descendencia éles el tercero de sus cinco hijos.

Creció jugando en el callejón junto al antiguo cine de verano del “tío Pedro “el Perón”que era contigua donde su familia tenía la casa, y además, su padre la escuela, en la que ejercía de maestro.

Inició sus estudios en la Escuela Unitaria de niños número 3 de Catral, precisamente con su padre como maestro, hasta la edad de 10 añosque ingresó al bachiller en el Instituto “La Asunción” de Elche.

Posteriormente, cursó primero y segundo del bachiller elemental en el Colegio Santo Domingo de Orihuela; y tercero y cuarto en el Instituto Cardenal Belluga de Callosa de Segura, donde culminó esta etapa aprobando la Reválida Elemental. Finalmente, bachiller superior y la Reválida Superior la realizóen el Instituto Gabriel Miró de Orihuela.

Quiero destacar, que con apenas 15 añosya ayudaba a su padre, D. José Lucas, a dar clases particulares de repaso a los niños que este tenía en su escuela para la obtención del Certificado de Estudios Primarios.

Empezaba la década de los 70, y a la edad de 16 años, por motivos profesionales de su padre, se trasladó a vivir con toda su familia a Alicante.

Ya en la capital de la provincia aprobó el PREU en el Instituto Jorge Juan y la posterior Prueba de Acceso a la Universidad en el extinto CEU (hoy Universidad de Alicante), cursando posteriormente estudios universitarios en las ciudades de Alicante, Valencia, Granada y en la Escuela Normal de Magisterio de Alicante.

Pese a que sus padres y hermanos residían por aquel entonces fuera del pueblo, él pasaba la mayor parte de su tiempo libre en Catral.

Prueba de ello, es que en esa misma épocafue elegido presidente del “Club Talía”, constituido en su día por el sacerdote D. Iván Juan Santos Mollá y que tenía su sede en un piso de la calle San Juan al lado de la carpintería del Aguilar. Bajo su presidencia se realizó, por ejemplo, la “I semana cultural de Catral” y les fue encomendado por el Ayuntamiento de aquel entonces la organización del acto de elección y coronación de las Reinas de Fiestas de los años 1972 y 1973.

En el año 1977 se incorporó al Servicio Militar obligatorio en Almería, siendo destinado finalmente a Granada. Al finalizar este, comienza su actividad laboral tras aprobar las oposiciones a auxiliar administrativo de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia (CAM), siendo su primer destino Benidorm. De allí pasó a Crevillente, San Felipe Neri, y por último, a San Isidro donde se jubiló anticipadamente.

Y es que si algo identifica al pregonero es su  vinculación con Catral, su verdadero instinto natural.

Corría el año 1984 cuando entró a formar parte de la Junta Directiva de la S.U.M. “La Constancia”, como secretario de la misma, que se había constituido con el fin refundar dicha Sociedad y dotarla de una nueva sede social. Posteriormentepresidió la Gestora que fue encargada de convocar elecciones, permaneciendo un total de 11 años en la directiva de la Sociedad.

En el año 1987 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Catral. Desempeñóen parte de ese mandato la concejalía de Deportes y Fiestas, logrando cambiar el concepto de nuestras Fiestas Patronales de San Juan Bautista e introduciendo novedades para conseguir una mayor participación de todos los vecinos, como fue la “Feria de las Sevillanas”, el desfile de carrozas, o un hito histórico en Catral, el recordado conciertodel grupo musical “Mecano”, un número uno mundial de aquel entonces.

También bajosuresponsabilidad de concejal se confeccionó el primer cartel anunciador de la Semana Santa de Catral, en el cual se reproducía una imagen de la cara de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Así mismo, se organizó y patrocinó el primer Certamen de Bandas de Cornetas y Tambores, conjuntamente con nuestra Banda de Cornetas y Tambores de los Santos Juanes Bautista y Evangelista.

Posteriormente,pasado unos años, desde el 1999 al 2007, volvió a ser concejal de nuestro Ayuntamiento, sin delegaciones, pero siguiendo al servicio de todos los catralenses.

Un hecho que él siempre recuerda es que en el año 1989, junto a un grupo de personas, diseñaron y constituyeron una red audiovisual, que más tarde sería el origen de la televisión local en nuestro municipio, Tele Catral.

En nuestra edad escolar fue miembro de la directiva de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Colegio Público Azorín.

En 1992 entró a formar parte del Coro Parroquial Mixto de los Santos Juanes, entonces dirigido por Pascual García Bernabé y al que pertenece en la actualidad.

Quienes bien lo conocemos sabemos que siempre ha procurado realizar su trabajo con la mayor dedicación, generosidad y sobre todo pensando en el bien común. Ha estado, y está, dispuesto a ayudar a quien se lo pide, sin contraprestación, con total entrega.

Nuestro pregonero ha participado a lo largo de su vida y de manera constante en la Semana Santa de nuestra localidad.

En la actualidad, forma parte de la Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús y de su Agrupación del Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz.

Es miembro de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades. Por acuerdo de esta, fue nombrado director del décimosexto Encuentro Provincial de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de la Diócesis de Orihuela-Alicante, que se celebró en nuestra localidad en el mes de octubre del año 2009.

Pertenece a la Asociación de Amas de Casa, al Consejo Rector de la Cooperativa Eléctrica Benéfica Catralense y es el tesorero de la Asociación de Hombres y Mujeres de la Tercera Edad.

Una de las fechas más señaladas de su vida es el día 13 de marzo de 1983, cuando en esta misma Iglesia de los Santos Juanes contrae matrimonio con María del Milagro Ferrández Penalva, mi madre. Fruto de ello tienen dos hijos, mi hermana Milagros y quien les habla. Mis padres han sabido crear una familia a la que siempre han inculcado los valores cristianos, de humildad y un profundo respeto por todo lo que enraíza con Catral.

Papá, aquí son muchos los que ya te conocen y otros tantos que algo más habrán sabido de ti.

Sabemos que hoy es un día que va a quedar marcado para siempre en tu corazón cofrade, y sobre todo, catralense. Porque con el corazón todo lo haces, y del corazón sabemos que fluyen las palabras con las que a continuación vas a exaltar nuestra Semana Santa.

Este año, se da la circunstancia que el pregón recae en su persona, justo cuando hace 25 años, su padre, mi abuelo, D. José Lucas Illán lo pronunció en este mismoambón. Yo ahora te cedo la palabra, tal y como tú hace 25 años también lo hiciste con el abuelo para que nos gloses con tu pregón.

Que suene ya tu voz para anunciarnos que vuelve la Pasión de Cristo, para redimirnos con su muerte y salvarnos con su Resurrección.

Tuya es la palabra.

A mi mujer Milagros y a mis  hijos Joaquín y Milagros;  a mis padres y hermanos, siempre en el recuerdo.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera

(Anónimo, S. XVI)

SALUDOS

Sr. Cura Párroco.

Sr. Presidente y miembros de la directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.

Distinguidas autoridades civiles y religiosas.

Honorables Pregoneros que me antecedieron.

Nazarenos de Honor, amigo Pepe “in memoriam”

Compañeros del Coro

Querida familia,

Queridos amigos y amigas.

Muy buenas tardes,  y ante todo gracias por este testimonio de cordialidad hacía mi familia que mostráis al acompañarnos en este acto.

INTRODUCCIÓN.

Hace 25 años  ocupaba este mismo sitio, al hacer la presentación de mi padre, JOSÉ LUCAS ILLÁN, como pregonero de la Semana Santa catralense de 1993.

Coincidimos hoy  la culminación de los actos del 25 aniversario de la instauración de la Junta Mayor de Cofradías y el aniversario de  la bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús Triunfante. Ambos eventos promovidos por Aurelio Albero, al que hay que reconocer su impulso, su buen hacer y su pasión por la Semana Santa.

Decía, que en este mismo sitio, hace 25 años, tuve  ocasión de mostrar al público presente los sentimientos de cariño, de respeto y admiración, que enraizaron en la mente de un niño; que a la temprana edad de 4 años traspasaba, por primera vez, el umbral de esa desvencijada puerta,  por la que se accedía al aula, en la que mi padre lidiaba con 40 efervescentes almas, de todas las edades y condiciones, muy propicias a su ebullición a la primera oportunidad que un maestro, poco versado, les concediese.

-“Ave María Purísima”

-“Sin pecado concebida” respondía y con ello  autorizaba la entrada.

Directamente se iba a saludar al maestro y  sentarse en aquel pupitre, que era  una mesa-banco con unos asientos abatibles. Un tablero inclinado, también de madera,  con un hoyo en la parte superior; donde acampaba el tintero, servía de tapa. En una ranura superior, un lápiz, así en singular, no había del número uno  ni del tres. Había un lápiz a secas sin número ni nombre; unas barritas que  transfiguraban, milagrosamente, el agua en tinta, y una puntiaguda plumilla, acoplada en un palillero, que  nos incitaba, tanto a la    zambullida,  en ese tenebroso y  fatídico líquido; como,   en período de laxa vigilancia,   utilizarla como dardo o incluso como  guisopo, dejando por doquier marca y rastro  imborrable de nuestros pecados.  Y debajo del tablero,  una  leja  para colocar la cartera.

Las primeras advertencias venían del compañero.

-“Cuando estén llenos los tinteros, lleva mucho cuidado al  guardar la cartera en la leja de abajo”

Decía esto, mientras enseñaba un trozo de cristal, que más tarde advertí servía para cepillar, más bien despellejar, el tablero manchado de tinta, cuando, por el impulso de la cartera, introducida sin  tino, el tintero salía despedido y a modo de un volcán desparramaba la tinta en la ya trasquilada madera.

Después de los primeros momentos de acomodo al asiento, intentando conseguir apoyar los pies en el suelo, al levantar la cabeza,  una pizarra enorme y  un recuadro   sobresalía en la parte superior:

CONSIGNA: MAS VALE MORIR CON HONRA QUE VIVIR EN VILIPENDIO.

Bajaba la cabeza al asiento, volvía a intentar hacer suelo y  no quedar con el culo encajado en esos asientos abatibles.

Subía la cabeza y los ojos se iban a la consigna:

QUIEN BIEN TE QUIERE,TE HARÁ LLORAR

¡¡Jolines con las frasecitas dichosas…!!

CAPITULO I

En la lejanía del recuerdo, los años se  nos van solapando. Arañando a través de éstos, siento sentir a ese niño, delgado, con salteadas pecas que en época estival se le conjuraban y reunían en asamblea general, por toda la cara.

Cubierta la cabeza de anillos, entre la   mirada   pícara,   que  simula una  sonrisa fácil, penden unos apretados tirantes que le  sujetan unos heredados pantalones cortos; dejando al descubierto unas rodillas negras como tizones y unas espinillas llenas de arañazos y moratones.

Digo, que siento sentir cómo se estremecía, cuando cogido de  la mano del compañero, bien sujeta, sin posibilidad de despegarse, escuchaba:

-“Perdón señor, hemos pecado”

-“De rodillas…, de pies… de rodillas…”

Los muros de la iglesia le  impedían ver aquella figura de pisadas renqueantes,  cuyos  ojos parecían  adelantarse a su nariz  y que  con voz vibrante entonaba una y otra vez:

-“Perdón señor, hemos pecado”

Jamás  ha vuelto a oír voz igual. Grave, sonora. Retumbaba y llenaba la fría iglesia  en estos viacrucis escolares. Y  abrumaba.

Era el principio de la Cuaresma:

Los Pasos.

Todas las imágenes eran tapadas con telas moradas El sonido metálico  de las campanas dejaba de oírse y se sustituía por una matraca de madera que daba las horas y los toques de misa.

Los bares, el Bar Mariola y el Bar Capri; los dos de la carretera, los únicos que había junto al Chota, escondían las barajas de cartas y el dominó, y allí no jugaba nadie a nada. Escuchar música era inadecuado  y las emisoras de radio, televisiones no había en el pueblo,  solo ponían música sacra.

Eran días de recogimiento, en los que no convenían las manifestaciones de alegría. Se avecinaban las procesiones.

Otras de las tareas que le encomendaban en ese tiempo cuaresmal era  ir a comprar la Bula.

-“Ve a la casa parroquial y págale a D. Trino la bula”.

–decía mi padre, mientras ponía en el bolsillo una peseta.

-“No pierdas el dinero; y no la arrugues.”

La Bula de la Santa Cruzada había sido concedida a los Reyes Católicos por el Papa Julio II en 1509, a semejanza de las que  se otorgaron a  los cristianos que fueron a recuperar la Tierra Santa.

Había que pagar por la Bula de la Santa Cruzada y por el permiso específico de abstinencia, la  llamada  Bula de carne,  quedabas exento de la prohibición de comer carne todos los viernes del año, con excepción del Miércoles de Ceniza y los Viernes Cuaresma.

Se expedía entonces  un documento a nombre de la persona que adquiría la bula, previo pago de una cantidad. El precio dependía de los ingresos del padre de familia, siendo la  categoría de indulto más barata, la de una peseta (6 céntimos de euro). Era la que comprábamos nosotros, pues por aquel entonces  el célebre dicho: “Pasas más hambre que un maestro” era más que una frase.

Después de recibir el pergamino, sellado por el obispado y con la firma del Papa de Roma;  enrollarlo con sumo cuidado; despedirse y   besar la mano al Sr. Cura, había que volver a casa.

Como la carretera general (Crevillente-Dolores), es posterior en el planeamiento urbanístico de Catral, a la calle Santa Bárbara (o de Elche), que discurre siguiendo el recorrido de la antigua acequia de Callosa; la intersección entre  ambas (El punto C,  lo llama un buen escritor local)[1] no impedía que; la calle en su  prolongación hacia  Santa Águeda, conservara el nombre de Santa Bárbara hasta el cruce de lo que es hoy la calle Juan Carlos I, justo hasta la casa del tío Ramón Hernández “El barbero”, por la izquierda y por la derecha, hasta la casa de María  Úbeda “la de la leche”. Los sobrenombres son obvios, el tío Ramón tenía una especie de barbería (“especie”, como su nombre significa) y la tía María unas cuantas vacas que nos servían directamente la leche  en el tazón  que desayunábamos.

Había, pues, que llevar a salvo, la radiante Bula hasta  el número 80 de la calle Santa Bárbara.

Salir de la casa parroquial y cruzar de acera para, por el callejón de la tía Micaela que conducía al cementerio, ir  al postigo de la casa del amigo Pepe Gutiérrez, “El Toneca”; donde después de arreglar unas bicicletas, que previamente  habían desarmado y pinchado, se iban a  mirar por encima de las tapias del viejo cementerio las tumbas por el suelo que tanto les impactaban y tanto partido  le sacaban en los corrillos nocturnos con los amiguetes.

De regreso algún restregón le había caído ya al pergamino.

Siempre se ha dicho que la calle Santa Bárbara cuesta cruzarla. Había que dar explicaciones y saludos a todos.

Al tío Paco El Migalete,

-“Tío Paco, tía Dolores”,

-“Adios hijo”, respondía la tía Dolores muy amablemente.

a  D. Joaquín Cecilia había que acercarse y saludarle obligatoriamente.

-“Recuerda siempre, solía decir cariñosamente, no hay un Joaquín malo”

Al lado la tía Manzanera, todo un portento de alegría.

-“Dile a tu tía Barberica que cuando pueda venga, que  estamos ensayando la función”.

La tía Clara y la Sra. Maritxu hacían tertulia, más adelante el Antonio el Mayo,  siempre que pasábamos los amigos  por su puerta en bicicleta haciendo malabares, nos espetaba:

-“Demonios”

A los amigos nos gustaba hacer la cabra con las bicis. Los Hermanos Mayos, Juan y Manolo, uno le daba a los pedales y otro sentado en el manillar conducía. Los Ferrández, Luis y José Antonio, uno conducía, el que estaba en el sillín y el que montaba detrás, en el portaequipaje, le daba a los pedales y mi hermano Pepe y yo hacíamos la noria. Que era lo que parecía, al ir cada uno subido en un solo pedal. Íbamos arriba y abajo, arriba y abajo, conforme giraba el pedal.

Enfrente, en la ferretería del Manuel Aguilar, se acontecía, diariamente, el milagro de los panes y los peces, pues era sobrenatural, que en el poco espacio que tenía la tienda, siempre tuviera todo lo que le pidieras.

El Gómez sonreía al vernos y bajábamos de la bici cuando veíamos venir al tío Sebastián, que con el “ABC” bajo el brazo terminaba de charlar  y soliviantar al tío Pepe Illán.

El tío Pepe Illán nos apasionaba con sus historias de   Santiago Bernabeu, del R.Madrid, del estraperlo tras la guerra civil.  El tío Sebastián, nos soltaba siempre  el mismo  latinajo:  “Lucas in tentanciones”, que tardé en averiguar que  era una degeneración fonética del Padre Nuestro, “Ne nos inducas in tentationem”, (no nos dejes caer en la tentación). Una premonición.

Por fin llegábamos al final de la calle. Antes de ir a casa y entregar el pergamino doblado, ya sin doblez,  era visita obligada al kiosco. Pedíamos un TBO de “El Capitán Trueno”, de “Oliman”o de Flecha Roja, lo leíamos de arriba abajo, y se lo volvíamos a dejar al Miguel.

Y  así, pasábamos la Cuaresma y nos presentamos  en la  Semana Santa

CAPITULO II

El domingo de Ramos era el día que  María Teresa estrenaba una bonita palma blanca trenzada,  a juego con las que llevaba en  su pelo. Estas palmas  cargadas de deliciosos caramelos, cosidos con un hilo, brillaban  coqueteando ante esos ojos que, como imanes, no lograban apartarse de tan frágil y sugestiva presa.

Lunes, martes y miércoles había colegio, jueves misa. Los cuatro, Carmen  Pilar, era muy pequeña, hechos unos pinceles, peinados y bien lavados, a misa

temprano que si no, no se cogía sitio. Bancos no habían aún  y Conchita, como hermana mayor, se llevaba un reclinatorio hecho por el tío Paco Aguilar que nos turnábamos para sentarnos.

El martes comenzaban las procesiones. Era el traslado de imágenes hasta la ermita.

Había en el pueblo los chicos que salían con vesta, los que en las aceras los veían y los que recogían los caramelos, que encontraban a lo largo de la trayectoria de la procesión.

Se dice que la  entrega de caramelos rememora una costumbre medieval por medio de la cual la Iglesia obligaba a restituir el daño ocasionado por faltas cometidas. El “pecador” aprovecharía el anonimato de la túnica penitente para entregar al ofendido aquellos bienes que creyera oportunos en señal de arrepentimiento.

Pocos años después, no recuerdo por qué extraña destreza, pero si se, que la perspectiva cambió. Ya no veía a los cofrades cara a cara,  sino detrás de una  entramada  celosía, que hecha de terciopelo, aparentaba un enrejado.

Sentado en una tabla  con los pies apoyados en el suelo, al simular el movimiento de andar, deslizando los pies sobre el suelo, el trono conseguía moverse, y se iniciaba la marcha  abandonados a la voluntad y habilidad del conductor, que era  el que   tenía  frente sí una  celosía, como si de  un confesionario se tratara, y algo medio veía.

El trono iba de un lado para otro de la calle Victoria, y al encarar la curva con la calle Almoradí, los de afuera apremiaban a los que estaban debajo. Se acercaban al enrejado y susurraban palabras a nuestro timonel  que presa de pánico exclamaba:

-¡¡Un hoyo!! -¡Que hay un hoyo!

-“¡¡Empujad!!”

-“¡El volante al revés…!”

-“¡Cuidado, sin salirnos!”

Los nervios cundían en la tripulación. Alguna vez que otra se veía al trono hacer unas extrañas curvas y cambios de dirección. Siempre coincidía, con el avistamiento de algún que otro caramelo, que quedaba  despistado por el suelo,  anhelando que lo prendieran.

La verdad es que fueron pocos los  años en galeras. Seguramente mi padre, poco partidario de hazañas caballerescas, forzaría la liberación de este pequeño  galeote.

CAPITULO III

Quiero entrever la dificultad añadida que suponía el llevar los tronos por aquellas calles de tierra, sin asfaltar, llenas de hoyos.  De polvo, la verdad que no, porque todas las mujeres de Catral solían rujiar el trozo de calle, que daba a la fachada de sus casas y quedaban frescas y  bien limpias.

El carecer las calles  de asfalto no  era inconveniente para los niños, que utilizaban, aprovechando que no había coches en el pueblo, solo alguna moto y multitud de bicicletas, las chinitas y  el suelo de tierra para mejor  poder  jugar a las bolas.

No, no eran todavía las clásicas canicas del “gua”, esas de cristal con vistosos colores interiores; eran simplemente de barro seco .Se compraban en el  kiosko del Miguel (hoy de su hijo Jorge) y  normalmente entraban 10 bolas en una peseta. Siempre que no fueran las  de “tinaja” (más fuertes y con fama de suertudas) o las más pequeñitas (más difíciles de dar) que llamaban “pirulís”

Se podía jugar a las bolas de dos formas. Uno era individual, (en  lenguaje de la época “el salpicao”) y jugaba un niño contra otro. Uno lanzaba su bola con el propósito de tocar o impactar en la de su rival.

Si acertaba se decía (¡vaya  “teque” o también vaya “peo”!) Cada “peo” que te daban, suponía el pago de una bola al contrario.

El otro juego era colectivo y se llamaba: “El rogle” y consistía en dibujar un circulo en la tierra y cada participante incluía dentro del redondel, tantas bolas como se acordara en la apuesta:

El Paco de la tía Rojica, el Piki, el José el “chazarra”, eran unos  verdaderos artistas del juego. Auténticos francotiradores profesionales que, no creas que jugaban con todo el mundo, solo con aquellos que iban con los bolsillos bien abultados.

Terminábamos “japulios” que es una expresión muy de Catral  y  no es solo un superlativo de limpios, es algo más metafísico.

CAPITULO IV

He de reconocer que en aquella época las expectativas nuestras estaban puestas en   el sábado de Resurrección y los días de Pascua.

El sábado de Resurrección, conforme la  noche entraba en la plaza, las cuadrillas de jóvenes se iban agrupando. Previamente habían hecho acopio de material: palos, carretillas, petardos, cántaros, botijos y alguna que otra silla desvencijada que se sustraía a hurtadillas de casa.

Evocar el Sr. Cura el Gloria y empezar a tocar las campanas era la señal; e inmediatamente se organizaba un frente huniano que, a la carrera desbocada,  arrasaba con todo lo que encontraban hasta llegar a la carretera.

Estallaban los botijos contra la fachada, otros golpeaban las puertas a palazos y los más se tiraban petardos uno contra otros y contra cualquier pierna que se hallara a tiro.

Pasadas las hordas, dejaban el paisaje lleno de paredes ennegrecidas, puertas abolladas y multitud de calcetines con más agujeros  que un  queso gruyer.

Testigos impasibles el tío Araña, el Rodes, el Martínez y el tío Pascual el Carabina. No los equipaban con material antidisturbios y escasamente podían hacerse ver sin que peligrara su integridad.

Llegaba la Pascua. Eran tres días: domingo, lunes y martes.

Creo recordar y distinguir dos emociones diferentes según la época. En esta primera que estamos relatando, la más lejana, dos eran los sitios fijos de merienda: El Alfalfar(donde está la guardería municipal) y  el Puente Alto (Nonduermas).

El tercero solía ser “El Cabezo” o una huerta cercana donde  nos llevaba El Abuelito  en un  carro,  enganchado a   “Jardinera”, una yegua castaña, muy tranquila y noble. Allí subíamos todos con nuestras monas de huevo,  la longaniza y la onza de chocolate, y jugábamos hasta a “echarle pedradas a la luna”.[2]

Con el devenir de la vida, los días y los años se van  diluyendo en nuestro recuerdo por que el tiempo nos pasa más rápido y no es solo por una cuestión de sensaciones sino la mayoría de los casos por una falta de contenido en lo que hacemos. Decimos entonces que los días vuelan por la carrera de la edad cansados[3].

CAPITULO V

Y volaron… y aquel mañana, que  divisas lejana, llega y casi sin darnos cuenta terminamos empapados en años

Aunque  la familia Ferrández y  Penalva estaba apuntada a varias Cofradías,- San Juan, La Soledad y  mis hijos Joaquín y Milagros a Jesús Triunfante- la Cofradía penitencial de la familia era Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la Encarnación. Teníamos vínculos familiares y de amistad y mi suegro era uno de los portadores de la Virgen de la Encarnación, junto al tío Pepe Illán, el Tío  Miguel  Sánchez y el tío Pepe Rodríguez.

Mi cuñado José Antonio sustituyó a su padre cuando se produjo el relevo generacional y a los nombrados les sustituyeron, Joaquín Cecilia Ortuño, Trino García,  a su abuelo Pepe,  y José Antonio Sánchez a su tío-abuelo Miguel. En la actualidad mi hijo Joaquín ocupa el lugar de su abuelo y Coco Illán el del suyo.

José María LLopis Box dirigía y gobernaba la Cofradía de Nuestro Padre Jesús y llegado el tiempo donde lo que falta es el tiempo y las fuerzas, contactó con nosotros para que nos incorporásemos y reactivásemos la Cofradía.

Dicho y hecho. Tras una gestora presidida por Pedro Calvo, José Antonio Ferrández, MªRosa Martínez Guirau, Natalia Rocamora, José María Llopis  hijo, Carlos Canales, el que suscribe y Joaquín Cecilia formamos la primera Junta Directiva de la Cofradía, y  redactamos y legalizamos los Estatutos  nombrando presidente a Joaquín Cecilia.

Fueron unos años intensos donde hicimos un trono nuevo, compramos unos faroles en Granada, que son emblemáticos, contribuimos a constituir la Junta Mayor  y hacer la sede, encargamos unos faroles guías nuevos, arreglamos la cruz y  dotamos de ciriales nuevos a los cofrades, arreglamos las bocinas del Encuentro,adquirimos una nueva peluca y  diseñamos y nos confeccionaron en Orihuela un nuevo estandarte. Y conseguimos ilusionar a unos jóvenes que orgullosamente portaban el trono a hombros durante la procesión de Encuentro del Viernes Santo.

Hay una anécdota que no me resisto a contar por lo que nos ha significado a dos Cofradías.  La banda de música de la SUM La  Constancia, llegado el Viernes Santo por la mañana, se partía en dos y acompañaba  a Nuestro Padre Jesús y al Cristo de la Salud.

Coincidió, en esa época, que el número de componentes de la SUM disminuyó cuantiosamente. El director y los músicos más veteranos consideraban que era  imposible, el dividir en dos la banda y que tocara con un mínimo de garantía.

Así pues, había que tomar una decisión  que no fuera la salomónica. La banda no se podía partir y  tenía que tocar a una sola Cofradía.

Nos reunimos  Pascual García Bernabé como presidente del Cristo y un servidor en representación de Nuestro Padre Jesús y acordamos que lo mejor era sortearlo y el que ganara se quedaría con la banda.

Así fue, acordamos que lo sortearíamos no a cara o cruz, sino a quien cogiera de una baraja de cartas la que tuviera más alto valor.

Quedamos en los salones  de la SUM y fue  testigo de aquel duelo   Pedro el “Tocino” que con una exclamación:

-“¡Pues te ha ganado, Pascual!”

dejó constancia, ante el asombro y la incredulidad del  maestro Pascual,  que saqué la carta más alta y desde entonces la banda de la SUM La Constancia acompaña en solitario a la Nuestro Padre Jesús en la procesión del Encuentro del Viernes Santo por la mañana.

La otra anécdota viene a significar y a valorar lo que ha evolucionado nuestra Semana Santa y su valoración entre los vecinos y también entre las autoridades desde hace apenas 30 años.

A mediados de los años 80 celebrábamos la procesión y la carretera no estaba cortada al tráfico. El municipal, omito el nombre porque no es trascendente, nos dijo que fuésemos por la derecha que el daba paso a los vehículos por el otro lado.

Aquello era una barbaridad, los niños instintivamente cruzaban de carril en busca de caramelos, o a saludar a familiares con el consiguiente peligro. Entonces mi cuñado José Antonio y yo nos pusimos uno en cada cruce de la calle y decidimos cortar el tráfico por nuestra cuenta.

Esto nos acarreó un aviso, una reprimenda por parte del municipal y tuvimos que ir al día siguiente al despacho de la alcaldía para dar cuenta y explicar nuestro comportamiento al bueno del Juan Gelardo, por aquel entonces nuestro alcalde. Ya no se volvió a procesionar a media calle.

CAPITULO VI

Un buen día sentado en un banco de la ermita de la Purísima encontré a D. Manuel Navarro Sierras. Hablamos de la ermita y del trono que había adquirido a la Cofradía de San Juan. Le propuse restaurarlo y que lo cediera para procesionar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, pues el trono de éste estaba bastante deteriorado.

D. Manuel accedió y en estas me enseña las fotos de un boceto que un amigo escultor había hecho sobre un grupo escultórico que representaría el Descendimiento de Jesús de la Cruz.

Me dijo que si le conseguía ayuda económica para poder terminar la escultura, con las imágenes a tamaño natural, el proyecto se haría realidad y vendría a Catral para procesionar en nuestra Semana Santa.

En la Hermanad de Sagrado Corazón acogieron la idea con atrevimiento y así se consiguió que viniera a Catral El Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz, un grupo escultórico de 6 imágenes, donde están representando además de Jesús, La Virgen María, María Magdalena, San Juan y bajando a Jesús de la Cruz, Nicodemo y José de Arimatea.

Es un grupo escultórico de una fuerza expresiva importante, donde al esfuerzo ímprobo  de los ayudantes  bajando el cuerpo yerto de Jesús, se contrapone el angustioso dolor de la Virgen María que solícita tiende su mano, en gesto maternal instintivo, como intentando  remediar lo irremediable.

Lo Descienden de la Cruz.

Aguardan, en tenue contraluz,

con inmenso dolor

ante su hijo muerto,

los brazos de María.

El Cristo del Amor

es bajado. En la umbría

azora su  cuerpo yerto.
¿Qué razón  de amor

es librar esa agonía

hasta la expiración?

¿Qué razón, señor?,

que  nos  confías

tu Sagrado Corazón.

Era una apuesta arriesgada y esperanzadora que hacíamos por nuestra Semana Santa, por esa dignificación y ese gran  esplendor que estaba cogiendo.

Jesús Triunfante, El Cautivo, Ntra. Sra. De la Merced, El Cristo de la Misericordia, son eslabones que gente con inquietud en Catral habían sabido poner para tender ese puente entre el pasado y el futuro.

Nosotros creímos poner también nuestro  peldaño y para ello estiramos las manos y encontramos otras, invisibles, que nos sirvieron de anclaje. Nuestras manos quedan tendidas. No se ven con los ojos.

CAPITULO VII

Los años han pasado de corrido, como saltados a “píndola” (pídola) y nos ha ido  despojando de sueños, de alegrías y de esperanzas que un tiempo atrás llenaban nuestros bolsillos.

Pero también nos ha afianzado un sentimiento llamado Catral,

Pues corre, Catral, entre mis venas,

y siento en lo profundo de mis entrañas

mezcla de fuego y honor, que no penas

de querer y de  haber nacido en España.

Este sentimiento ha calado hondo. Ya no solo vemos nuestra Semana Santa sino que la vivimos día a día.

El Domingo de Ramos.

Mañana de Domingo:

Ramos en Catral.

¡Dejad que los niños,

se acerquen a mí!

Apuntan al cielo,

las palmas doradas.

Abanican la mañana,

con flores y olivos

y  alegre cantar.[4]

¡Mecer así al Triunfante

Ya es un modo de rezar!

Llega el Lunes Santo:

Las luces se apagan.

Cautivo y reo es  de muerte.

Abandonado por todos.

¡Cuán manso y amoroso[5]

recuerdas en mi seno,

donde secretamente  moras!

¡Cuán delicadamente  enamoras!

Las luces se apagan.

Abandonado a su suerte,

desamparado por todos

cautivo y reo es  de muerte.

¡Cuán delicadamente  enamoras!

El Jueves Santo es un procesión especial para nosotros, desde que su presidente del Cristo de la Salud,  Pascual García Bernabé, nuestro director del Coro (actualmente Maritxu) nos implicó en cantar unos motetes, en la Procesión del Silencio, tras cada estación del vía Crucis.

¡Déjame que te hable  en tu silencio [6]

Las campanas enmudecen.

Silencio en la noche del Jueves Santo.

Enredado en sombras

sale el Cristo en la Cruz,

el Santísimo  Cristo de la Salud.

¡Déjame que te hable  en tu silencio

El Viernes Santo ya no es aquel que veía a través de esa  entramada  celosía, que hecha de tela, aparentaba un enrejado a través del cual   se distinguían unos capirotes blancos, pseudoamarillos, acompañando al Cristo yacente. No, ahora el Sepulcro sale resplandeciente y cargado a hombros;la cofradía de la Virgen de los Dolores, lo hace con su segundo titular el Cristo de la Misericordia,  obra del catralense Francisco Manzanera;nosotros con el Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz; San Juan Evangelista,  ha dejado la esplendorosa y artística  palma que lleva por la mañana y porta el cáliz con veneno que él bendijo y que pudo beber sin peligro  convirtiéndolo en Sangre de Cristo.

Y cierra, consolada a hombros  exclusivos de  mujer, nuestra Virgen de la Soledad, umbría por la pena.

En la madrugada,

Sola.

Ahogando lamentos,

como están las madres.

Solas,

en profunda soledad.

“Y las velas apiladas,

doloridas, angustiadas,

enjuagando en sus mantillas

las pupilas empañadas.”[7]

En la madrugada,

sola.

La pena se acerca

con el silencio de la soledad,

con el vacío y con la oquedad

con la muerte tan cerca.

En la madrugada,

sola.

Como están las madres.

En herida soledad.

Y llegamos al Domingo de Resurrección: Domingo de Gloria.

Madruga, María,  al ver su luz,

al  encuentro con su Hijo, aún dolida.

A través del velo, a contraluz,

lágrimas se avistan de alegría.

Tres veces ha flectado sumisa

nuestra virgen de amor encarnado

ante el reaparecido  Sacramentado.

Camina la Virgen, de sol vestida,

en temido retroceso, en avance ansiado.

Entre volteo de campanas y flores a porfía

camina radiante, de sol vestida.

Con la Procesión de las Cortesías del Domingo de Pascua acabamos los actos de la Semana Santa en Catral y nos quedamos en ese, dilema de lo que fue, ha sido y podría ser, que siempre llevamos dentro.

Y volvemos a casa  recorriendo esa calle Santa Bárbara que aún, a veces, nos huele a tierra mojada, a jazmines,  a geranios y  que nos reactiva la memoria del corazón y afloran esos recuerdos que dormitan en nuestra mente: ese bocadillo de atún con tomate, cuidadosa y cariñosamente, restregado con los “dedicos” de la tía “Paca del Canijas”;ese mar de botones y puntillas en el que flotaba el Antonio Ibáñez…

CAPITULO VIII

Dice un anónimo que el que no agradece, no merece. Y es lo que para terminar quisiera ir evocando, pues los que recibimos, nunca debemos olvidar.

Quiero  dedicar  este último  momento para reconocer mi gratitud a esas personas que  en algún momento de nuestra vida en común me han hecho cambiar de parecer hasta llegar a ser lo que en estos momentos soy y por eso  estoy hoy ante Vds. Entiendo que por todo aquello que han conseguido hacer de mí esas personas que a continuación refiero y a los que  les dedico, especialmente,  este Pregón.

En primer lugar a mis padres, ya relaté que mi padre nos inculcó los valores de la enseñanza, de la cultura, de la familia.

De mi madre aprendí el arte de darse, de entregarse sin esperar nada a cambio. Todo le parecía poco a la hora de dar. Siempre encontrabas el refugio de sus brazos abiertos.

La “capitana”, como la llamábamos, además de su gran corazón, en una cosa  sobresalía: En la puntería. Nunca conseguía darnos  cuando nos lazaba su zapatilla. Había que tener muy buena puntería para  conseguir no darnos, a ninguno de los hermanos, cuando nos lanzaba su zapatilla. Le dolía hacernos daño.

Mis hermanos, Conchita, Pepe, María Teresa, Carmen Pilar.

Conchita, la mayor, le tocó ir en la proa en aquellos tiempos difíciles y cambiantes. Nos dejaba mucha tarea hecha.

En mi hermano Pepe, coincidía el perfil de hermano mayor y además amigo de la pandilla, también formada por hermanos: Mis cuñados José Antonio, y Luis; Manolo y Juan el Mayo; Marcelino Murcia, Orlando, Jesús “El Carnicero”, y aunque las riñan nuestras eran frecuentes, siempre actuaba como protector y más de un escalabro  llevó él por mí.

Mi hermana María Teresa era la “Nena” y sabía ganarse a todos y también imponerse, por su carácter y  su personalidad. A  Carmen Pilar nunca le pagaremos su papel de mediación, de paño de lágrimas de todos nosotros, su solidaridad en las alegrías y  en los momentos más difíciles.

A mis suegros José y Milagros, que siempre me acogieron como a uno más de sus hijos, en especial a mi suegro José el Churuma, que  se esforzó en asumir la idea de desprenderse y compartir a su Milagritos.

A mis hijos Joaquín y Milagros, el eco de sangre a que respondo,[8] que me han ayudado a adaptarme a nuevos tiempos, nuevos valores. Que me han enseñado a esperar,  a minimizar las distancias y  el mal  de  ausencias. Pues

Ojos que bien se quieren,

Aunque se miren de lejos,

No son ojos, sino espejos.[9]

A mi mujer:

Gracias, Milagros, por todo.

Por aguantar mis desaliños,

por  seguir codo con  codo

y velar en  nuestro   cariño.

Gracias…por todo, por todo.

Y por último a vosotros que habéis tenido la amabilidad  y la complicidad de  escucharme y a los que os pido disculpas  si no he cumplido las expectativas como pregonero.

Intenté plasmar un trocito de mi  Catral, de mi Semana Santa, y haceros participes de mis emociones y que las compartiéramos.

Si en algún momento lo he conseguido me doy por pagado pues me ha sobrado, a manos llenos, ilusión. Si no conecté quedo en deuda con vosotros y conmigo mismo.

Dice  Cervantes:   De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofenden es la ingratitud. [10]

Pido a Dios  me redima de los otros pecados, que yo  de  éste (de la ingratitud) no infringiré, en dándoles nuevamente las gracias.

Y me gustaría terminar invitando  a todos a  recitar conmigo una oración, que es uno de los sonetos[11] más bellos que   se han escrito en lengua castellana y que reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte

el Cielo que me tienes prometido

ni me mueve el Infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor. Múeveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas, y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que, aunque no hubiera Cielo, yo te amara,

y, aunque no hubiera Infierno, te temiera.

No me tienes que dar por qué te quiera,

pues, aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

Que así sea.

Gracias.

Joaquín Lucas González

[1] Luis Bonmatí Gutiérrez.- “La llanura fantástica”.-

[2] Miguel Hernández. El Pueblo Oriolano.1931

[3] Francisco de  Quevedo. “Miré los muros” (S.XVII)

[4] Popular.- Atrib. a Antonio Penalva-Carmelo Serra.

[5] San Juan de la Cruz.- “Llama de amor viva”

[6] P.Neruda. Poema 15

[7] José María Gabriel y Galán. “La Pedrada”

[8] Miguel Hernández.Canción del esposo soldado.

[9] Baltasar Elisio de Medinilla,

[10] M. Cervantes. El Quijote. Cap. XXII

[11] Anónimo, siglo XVI. Atribuido a San Juan de Avila, a Santa Teresa de Jesús, a M. Guevara…

11. BIBLIOGRAFÍA.

Anónimo: “Soneto a Cristo Crucificado”

Bonmatí Gutiérrez, Luis.- “La llanura fantástica”.-

Elisio de Medinilla, Baltasar.

Gabriel y Galán, José María.-“La Pedrada”

Hernández, Miguel. -Canción del esposo soldado.

Hernández, Miguel.- El Pueblo Oriolano.1931

Neruda, Pablo.- “Poema 15”.

Popular.- Atrib. a Antonio Penalva-Carmelo Serra.

Quevedo, Francisco de .-“Miré los muros” (S.XVII)

San Juan de la Cruz.- “Llama de amor viva”.

Fotografías:

Biblioteca Municipal de Catral

José Antonio Ferrández Penalva

Víctor Gómez Sola.

Joaquín Lucas González

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN 2017

A cargo de  Clara Armengol Calvo

Reverendo Señor Cura Párroco de los Santos Juanes.

Reverendos Sacerdotes que nos acompañáis.

Ilustrísimo Señor Alcalde y Corporación Municipal.

Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades.

Cofrades y fieles todos.

¡BUENAS NOCHES!

A todos vosotros vaya mi saludo más cordial en esta noche del Pregón, especialmente a los que no podéis asistir y nos veis a través de la televisión.

**************************************************

Es un honor para mí presentar al pregonero de la Semana Santa 2017, de Catral: mi tío Pedro Calvo Úbeda.

Quién le iba a decir a él que iba a ser yo la que llevara a cabo su presentación. Ni yo me lo hubiera imaginado nunca, ni él tampoco.

Pero vayamos al grano:

Pedro Calvo Úbeda nació en Catral el 14 de julio de 1957. Nace en el seno de una familia humilde y trabajadora, que le transmitió no solamente la vida, sino también una profunda fe cristiana y un verdadero amor a Dios y al prójimo.

Sus padres fueron Pedro Calvo, conocido como Pedro el de la tía Municipala y María Úbeda, más bien conocida como María la Carrasca.

Desde bien pequeño ya sentía la vocación al sacerdocio.

Contaba mi abuela que apenas sabía pronunciar palabra y al preguntarle por lo que quería ser de mayor siempre respondía: “yo cura “.

Su infancia fue como la de cualquier otro niño de aquella época, se desarrolló en la calle entre juegos que a buen seguro que todos conocéis o recordaréis: cromos, canicas, etc., entre otros muchos.

A la edad de cuatro años inició sus estudios en el colegio Azorín de Catral. Sus maestros siempre destacaron su buen comportamiento y sus ganas de aprender.

Un 2 de noviembre a la edad de nueve años, tras salir del colegio y llegar a casa, le dieron la feliz noticia de que su hermana María Dolores había nacido. Tanta era su alegría, que iba casa por casa diciendo: “¡Tengo una chiquita!”, “¡Tengo una chiquita!”.

A los diez años ingresa en el colegio Santo Domingo de Orihuela, donde permaneció como estudiante hasta terminar el Bachillerato.

El verano en el que finalizó sus estudios de Bachillerato, los padres franciscanos pasaron por casa a dejar los almanaques de Espigas y Azucenas, como era habitual. Hablando con ellos, mi tío les comunicó su intención de ser sacerdote, a lo que Fray Pablo, que era quien venía repartiendo los almanaques, le preguntó: “¿Te da igual ser cura que fraile?”. A lo que él respondió que sí, que le daba igual una cosa que otra, que él lo que quería era cantar Misa y darse a los demás.

Por eso, en septiembre de 1975, a los dieciocho años ingresa en el seminario de los Padres Franciscanos de Hellín (Albacete) donde termina el curso de COU.

Un año después, en 1976, realiza el noviciado en el convento de Nuestra Señora de las Huertas, de Lorca (Murcia).

En este tiempo se dedicó a aprender en qué consiste ser franciscano, al estudio, a la oración y a las tareas conventuales. Tras acabar el noviciado, tomó el hábito franciscano un 28 de agosto de 1977.

Prosiguió sus estudios eclesiásticos de Filosofía y Teología, durante cinco años, en el Convento de Santa Catalina del Monte, de Murcia.

El 3 de octubre de 1982, año en que los franciscanos celebraban el 8º centenario del nacimiento de san Francisco, hizo su Profesión Solemne en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en Roma. Privilegio que muy pocos religiosos pueden ostentar.

Y el 26 de junio de 1983 llegó el día más esperado por él y toda su familia. Su Ordenación Sacerdotal, que tuvo lugar en el Convento franciscano de Hellín, ante su adorada imagen de la Inmaculada Invicta.

Una semana después, el 3 de julio celebró su Primera Misa cantada en esta parroquia de los Santos Juanes de Catral. El pueblo entero quiso compartir ese momento tan importante para él y su familia, y para ello decoraron la calle pintándola de alegres colores y adornándola con banderas y gallardetes. Todo Catral lució ese día sus mejores galas para acompañarlo.

Su primer destino como sacerdote, con el fin de que se diera a los demás, fue al Colegio de La Inmaculada de los padres franciscanos de Cartagena, donde ejerció durante once años de profesor, de director espiritual, de encargado de pastoral, catequesis, etc.  (Como anécdota, nos contaba el padre Valenzuela, compañero suyo, que en los primeros momentos todo se le hacía cuesta arriba por la falta de experiencia, pero que con los años fue tomando el terreno y se hizo dueño del Colegio: alumnos, padres, profesores, todos tenían a gala ser amigos del padre Pedro). Tan bien tomó el terreno y tan bien aprendió la lección, que a los once años, es decir, en 1993, los superiores lo destinaron a Alicante, como Vicario parroquial y Superior de la Comunidad franciscana. Ahí ejerció su sacerdocio en la parroquia de San Antonio de Padua y siguió impartiendo clases en el colegio del mismo nombre. Pero sobre todo, ejerció de economista, aunque no tenía estudios ni formación adecuada. Resulta que la Comunidad franciscana se encontró con un desfalco económico por causas desconocidas. Y a mi tío le tocó hacer frente a semejante problema. Pues bien, quitándose a veces hasta el pan de la boca y privándose de cosas elementales y necesarias, saldó el déficit económico, arregló para mejor la vivienda de la Comunidad y dejó superávit cuando lo destinaron a otro lugar. Pero no todo fueron problemas en Alicante. Tuvo también sus alegrías, como cuando con otro religioso, fray Antonio Cifuentes, iban a los invernaderos a comprar flores y disfrutaban haciendo arreglos florales para la iglesia, o para el Monumento del Jueves Santo o para los tronos procesionales que salían de la misma.

Seis años después, en 1999, cambia de destino para dirigirse al convento de Ntra de los Ángeles de la ciudad de Hellín (Albacete), donde fue nombrado superior y donde ha pasado los mejores años de su vida como sacerdote y como franciscano. Junto a sus tareas sacerdotales, también siguió de profesor, impartiendo clases en el colegio de la Compañía de María. Las Cofradías de Hellín los nombraron pregonero de la Semana Santa de esa ciudad, Pregón que dijo en la tarde-noche del 12 de marzo de 2005.

En Hellín, la ciudad del tambor, mi tío formó también parte de la Peña Los Sereneles, en la que aprendió a tocar el tambor y los redobles típicos de aquella tierra. Todavía hoy, en la actualidad, mi familia y yo seguimos formando parte de esa peña tamborilera. Él, cuando puede, al llegar la Semana Santa, aprovecha para hacer alguna escapada y tocar el tambor junto a su peña.

Entre las anécdotas más curiosas de su paso por Hellín está la siguiente: Un día mi tío estaba limpiando uno de los claustros del convento. Era verano. Él tenía puesta una camiseta y un pantalón corto, tipo bermudas. Pero quiso el Señor que unas monjas clarisas, que asistían a un Curso de Formación en el convento, aparecieran por el claustro que él estaba limpiando. Con el fin de que las monjas no lo vieran en pantalón corto, él dejó los utensilios de limpieza y echó a correr. Las monjas, que nunca lo habían visto de tal guisa, pensaron que era un ladrón que había entrado al convento. Y empezaron a gritar como locas. “¡LADRONES, LADRONES!” A los gritos de estas, que estaban encabezadas por la Madre Reyes, acudieron todas las demás a perseguir al ladrón. Y echaron a correr detrás de mi tío. Mi tío corriendo por aquellos claustros para que no lo vieran y ellas corriendo como locas para alcanzarlo. Hasta que logró alcanzar la puerta de su habitación. Se metió dentro, se encerró con llave y trató de vestirse en condiciones. En esto llega  a la puerta todo el tropel de monjas que, gritando y tocando a la misma, decían: “¡PADRE, PADRE! ¡QUE HAY LADRONES EN EL CONVENTO!”. En esto sale él,  ya todo vestido y muerto de risa, y les dice: “¡EL LADRÓN ERA YO!”. Y ahí quedó la historia de los ladrones del convento.

En el año de 2005, sufre un nuevo cambio, esta vez de nuevo a Cartagena. Aquí vuelve a ejercer de profesor en el colegio de La Inmaculada y es responsable de la Pastoral del mismo, en el que todavía hoy sigue manteniendo el aprecio, la estima y la relación con muchos de sus profesores, padres y antiguos alumnos.

En el año 2011 le dan como destino Almería, más lejos de casa. Allí estuvo de párroco en la parroquia de San Agustín, durante un año, ya que el convento se cerró por escasez de vocaciones, enviándolo a Cehegín, al convento de Nuestra Señora de las Maravillas, primero como vicario y después como párroco.

Pasado un año, es decir, el año 2016, lo destinaron a Lorca, donde actualmente ejerce de párroco en la parroquia de “Santa María la Real de las Huertas”.

Cada cambio de destino ha supuesto para él un nuevo reto, en el que tenía que adaptarse a nuevos cambios, nuevas gentes, nuevas costumbres. Pero, de lo que sí que estoy segura es que, allá donde ha estado, me consta que ha dejado una huella imborrable por el contacto que aún mantiene y mantenemos con muchas familias.

Y esta es la breve semblanza de la  persona que la Junta Mayor ha elegido como pregonero de nuestra Semana Santa de 2017: la de mi tío Pedro Calvo  Úbeda, catralense de nacimiento y sacerdote franciscano por vocación.

Tío: Yo con esto doy fin a mis palabras. Ahora te toca ti decirnos las tuyas.

MUCHAS GRACIAS.

PREGÓN DE SAMANA SANTA,

por

D.PEDRO CALVO ÚBEDA

Catral, 2017

EXORDIO INTRODUCTORIO

O SALUTACIÓN INICIAL

Reverendo Señor Cura Párroco de los Santos Juanes, Don Alejandro Lucas.

Reverendos Sacerdotes concelebrantes, que nos acompañáis en esta exaltación de nuestra Semana Santa.

Ilustrísimo Señor Alcalde, Don Pedro Zaplana , y Corporación Municipal.

Presidente y Directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades.

Cofrades y fieles todos.

¡BUENAS NOCHES!

A todos Ustedes vaya mi saludo más cordial en esta noche del Pregón, especialmente a los que, impedidos por cualquier causa, nos siguen a través de la televisión.

En primer lugar, vaya mi reconocimiento más profundo y mis gracias más sinceras a Doña Clara María Armengol Calvo por su presentación. Junto a la gratísima e inimaginada sorpresa por su presentación, sus palabras, llenas de cariño, me han llegado al corazón.

En segundo lugar, vaya también mi gratitud a la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Catral, por haberse fijado en mi persona a la hora de elegir pregonero de nuestra Semana Santa. Ellos saben y yo también que en Catral hay muchas otras personas con más méritos que los míos para haber pregonado dignamente nuestra Semana Santa. Me daría por contento si no les defraudo con mi intervención.

Y en tercer y último lugar, vayan mis gracias a todos Ustedes, aquí presentes en esta Iglesia Parroquial de los Santos Juanes para escuchar mi pregón. Su sola presencia ya es señal de confianza y de apoyo en la misión que se me ha encomendado. Gracias también por anticipado.

Y sin más preámbulos, entremos en el PREGÓN.

Hoy, veinticinco de marzo,

fiesta de la Anunciación,

como el ángel que a María

le preguntó si quería

ser santa Madre de Dios,

vengo a preguntarles yo:

-        ¿Quién os convoca, cofrades,

en esta noche, al Pregón?

¿Qué celestes mensajeros

pregonan con dulce voz

que termina la Cuaresma,

que se acerca la Pasión,

que nuestra ciudad se apresta

a lucir galas al sol?”.

-         “¡Los de la Semana Santa

y la Pasión del Señor!”.

-         “¿Por quién las túnicas nuestras

de tan diverso color,

las capas de mayordomo,

los capirotes, cordón,

los guantes de seda blancos,

son sacados del arcón?”.

-         “¡Por ser la Semana Santa,

en la que murió el Señor!”.

-         “Las insignias que presiden,

¿por quién están junto a nos?

¿Por quién tanta concurrencia?

¿Por quién tanta expectación?

¿Por quién visten hoy de fiesta

la señora y el señor?”.

-         “¡Por nuestra Semana Santa,

que es Semana de Pasión!”.

Por ella late esta noche

el cofrade corazón,

en ella de nuevo haremos

penitencial estación,

en ella la fe mostramos

en pública confesión,

y en ella daremos culto

público en la procesión.

Por eso esta noche todo

os invita a devoción,

porque es la Semana Santa,

la semana de Pasión,

que Catral celebra y llora

a Jesús, el Redentor.

Pasión de un pueblo que vibra

al compás del ronco son

de cornetas y timbales,

porque tiempo y hora son

de sacar nuestros desfiles

a feliz contemplación.

Pasión de un pueblo que vibra

a ritmo de tradición,

heredada de sus padres

por la muerte del Señor.

Aquella que en Palestina

hace siglos sucedió

y hoy en nuestras calles tiene

viva representación.

Pero, decidme, cristianos,

respondedme en alta voz:

De Catral y Palestina,

¿cuál escogéis de las dos?

Catral, ¿de qué careció

que tuviera Palestina

en los tiempos del Señor?

Abrid bien los vuestros ojos,

ved a vuestro alrededor

el paisaje que tenemos

cómo se transfiguró:

¡Hoy Catral es Palestina!

¡En ella se convirtió

en esta Semana Santa

por arte y gracia de Dios!

Ved las gentiles palmeras

entre las manos del sol,

cual cirios de llama verde

iluminando al Señor.

Palmeras de esbelto talle

donde Jesús se ocultó

cuando huía del rey Herodes

y de su persecución.

Ved al humilde naranjo

dando frutos de dulzor,

como aquel que en el romance

a Jesús la sed calmó,

al ciego le dió la vista,

y a María la perfumó.

Ved los sagrados olivos

de plateado verdor,

como los que dieron nombre

al Huerto de la Oración.

Olivos que a nuestros campos

ungen de una santa unción

de paz, de amor, de concordia,

entre el pueblo labrador.

Mirad las viejas higueras

dando fruto en su sazón,

como aquella maldecida

por Jesús, ya que no dio

ni hojas, ni flor, ni fruto…

Ved los pinos en el monte,

ved en el campo el pastor,

como aquellos que adoraron

a Jeús cuando nació.

Hoy Catral es Palestina,

y en ella se transformó.

Decid, cristianos, decidme,

Catral ¿de qué careció

que tuviera Palestina

en los tiempos del Señor?

Para la Semana Santa

no hay escenario mejor

que el que Catral nos ofrece

para oficiar la Pasión.

Por eso, decid vosotros,

por eso os dijera yo:

Palestina, ¿en qué supera,

en qué le fue superior

en estos días a Catral,

en estos días de Pasión?

Si ella tuvo a Jesucristo

en su terrena misión,

con nosotros está siempre,

hasta la consumación.

Treinta y tres años de huésped

en Palestina vivió;

ventiún siglos en Catral

lleva viviendo con nos.

No envidieis a Palestina,

no se debe envidiar, no.

¡Que también Catral obtuvo

la bendición del Señor!

¡Que tiene a gala Catral

ser también tierra de Dios!

¡Para lucir sus misterios

no hay escenario mejor!

¡Que Catral sólo hay uno,

y no tiene parangón!

Que lo digan LOS DESFILES

que en solemne procesión

discurren por nuestras calles

la Semana de Pasión.

Díganlo las COFRADÍAS…

Diga la JUNTA MAYOR

de Cofradías y Hermandades,

que este año del Señor

cumple sus Bodas de Plata…

Que lo digan los COFRADES…

Dígalo el PUEBLO a una voz:

No envidiéis a Palestina.

No se debe envidiar, no,

Porque Catral tiene a gala

ser también tierra de Dios.

Para lucir sus misterios

no hay escenario mejor.

¡Catral hay uno en el mundo

y no tiene parangón!

Dígalo la procesión

de LA CORONA, que en prenda

de amor y de devoción

a la Virgen le rezamos

cuando todo oscureció

en el Viernes de Dolores,

en el Viernes de Dolor.

Dígalo JESÚS TRIUNFANTE

entre palmas de blancor

y un rumor de olivos verdes

bajo un reluciente sol

en el Domingo de Ramos,

que inaugura la Pasión.

Dígalo la BORRIQUILLA

en la que el Señor montó

y a Jerusalén lo lleva

entre cantos y fervor,

entre ramos florecidos

y entre Hosannas al Señor.

Que lo digan LAS MANTILLAS

de femenino primor,

las que a la Dolorosa

hacen su corte de honor

en la noche del Domingo

de Ramos y de Pasión.

Las mantillas españolas

símbolo de distinción.

Las mantillas recamadas

con tanto estilo y primor,

para realzar la belleza

de la Virgen del Dolor,

la VIRGEN DE LOS DOLORES

en nocturna procesión.

Dígalo JESÚS CAUTIVO,

cautivo de nuestro amor,

con su red de escapularios

para pescar nuestro amor.

Dígalo la VIRGEN pura

que por MERCED atendió.

Díganlo en el LUNES SANTO,

díganlo a una sola voz:

¿A Catral qué le ha faltado,

a Catral qué le faltó

para no ser Palestina

estos días de la Pasión?

Hoy Catral es Palestina.

En ella se transformó.

Para la Pasión de Cristo

no hay escenario mejor.

Que lo digan los TRASLADOS

que salen en procesión

desde el templo hasta la sede

de nuestra Junta Mayor.

Que lo diga el NAZARENO,

el que con la cruz cargó.

Sea san JUAN EVANGELISTA,

el que levante su voz,

el que escribió el Evangelio

y su pecho reclinó

sobre Jesús Redentor.

Dígalo LA DOLOROSA,

la Virgen, Madre de Dios,

a quien siete espadas, siete,

le hirieron el corazón.

Que lo diga LA VERÓNICA,

la que su rostro limpió

y recibió en su toalla

la faz de Dios como don.

Que lo diga el JUEVES SANTO,

reluciendo más que el sol,

según sabio testimonio

del refranero español.

JUEVES SANTO, día sagrado

de la CENA DEL SEÑOR,

día de la EUCARISTÍA

como locura de amor,

día del AMOR FRATERNO,

pues somos hijos de Dios

y hermanos entre nosotros

- amaos como os amo yo -.

Y para amar, el silencio

es el espacio mejor.

Sea el CRISTO DE LA SALUD

quien hable a continuación,

el JUEVES SANTO en la noche…

Contemplad con atención

la PROCESIÓN DEL SILENCIO.

No se oye en ella una voz.

Las calles quedan a oscuras.

Solo se alumbra al Señor

que va en la cruz enclavado

y muerto por nuestro amor.

¡Qué Procesión del Silencio!

Qué Jueves Santo de Amor!

¡Qué amor de Dios a los hombres!

¡Qué amor del hombre hacia Dios!

Para la Semana Santa

¿quién os parece mejor?

¿Es Catral o Palestina?

¿Cuál escogeis de las dos?

¡Catral, sin duda ninguna,

pues no tiene parangón!

El VIERNES SANTO nos llega

con sonidos de emoción.

Cuando va llegando el alba,

cuando asoma su claror,

cuando los cuerpos descansan

de haber seguido al Señor

por las calles de Catral

en solemne procesión,

LAS BOCINAS DAN AL AIRE

SU TÉTRICO Y RONCO SON,

para cantarle a Catral

el Canto de la Pasión,

ancestral canto que viene

de los tiempos del Señor.

En VIERNES SANTO que hablen

dos figuras, solo dos:

La VIRGEN MARÍA y su HIJO

que, en Via Crucis de dolor,

en nuestra Plaza se encuentran

suscitando compasión.

¡ENCUENTRO de Madre e Hijo

en su supremo dolor…!

¡ENCUENTRO que a Madre e Hijo

les rebana el corazón…!

¿Comprendéis por qué esta noche

me atrevo a deciros yo:

qué tiene la Palestina

que no tenga Catral, no?

Alegraos en estos días,

gozaos con nuestra Pasión,

que Catral logró en su día

ser escenario de Dios.

Para este drama sagrado

no hay un proscenio mejor

que este pueblo mío y vuestro,

que este pueblo labrador.

Y ya, en la NOCHE callada

del VIERNES SANTO, una voz

nos diga y pida: “¡SILENCIO!

¡CALLEN TODOS, POR FAVOR,

POR LA MUERTE Y EL ENTIERRO

DE NUESTRO DIOS Y SEÑOR!”.

Y en silencio, consumado

un deicidio tan atroz,

se procede al SANTO ENTIERRO,

al ENTIERRO del Señor.

Sobran todas las palabras,

sobra esta noche el tambor,

para el llanto faltan lágrimas,

para el amor corazón,

sólo bastan las pupilas

para la admiración,

sólo se requieren ojos

para la contemplación

de Cristo muerto y yacente,

de Cristo que ya murió.

Mirad, cofrades, miradlo

con el maternal amor

que LA SOLEDAD lo mira,

más sola con su dolor.

Mirad, cofrades, miradlo

con casi el mismo fervor

que SAN JUAN EVANGELISTA

con sus ojos lo miró.

Mirad esa despedida

de MADRE e HIJO DE DIOS

despidiéndose hasta luego,

hasta la Resurrección.

Mirad cómo el VIERNES SANTO

de esta manera acabó.

Ya ha cumplido su tarea,

ya ha cumplido su misión,

ya ha dado su vida toda

por nuestra liberación,

ya ha cancelado la deuda

que Adán con Dios adquirió,

ya fue vencido el pecado,

ya somos hijos de Dios.

¿Comprendéis por qué esta noche

me atrevo a deciros yo:

qué tiene la Palestina

que no tenga Catral, no?

Alegraos en estos días,

gozaos con nuestra Pasión,

que Catral logró en su día

ser escenario de Dios.

Pero con esta vil muerte

todo en Cristo no acabó,

que nos aguarda mañana

su SANTA RESURRECCIÓN.

Nos quedan LAS CORTESÍAS

de la Virgen al Señor,

el encuentro con su Hijo,

tras de su Resurrección.

¡Ya la mañana alborea!

¡Ya la piedra se movió!

¡Ya el sepulcro está vació!

¡EL SEÑOR RESUCITÓ!

¡Feliz mañana de PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Es la mañana de PASCUA,

de la PASCUA del Señor,

la PASCUA en la que Jesús

al pecado derrotó,

la PASCUA en que de la muerte

victorioso se volvió.

Cristo sale del sepulcro

como un rey vencedor.

¡Gloria, gloria, Aleluya!

¡Que el Señor resucitó!

¡Catral, que es PASCUA FLORIDA!

¡Catral, que es Fiesta Mayor!

¡Acude a ver El Encuentro!

¡Que el Señor resucitó!

¡Costaleros, al varal!

¡Termine nuestra estación

de rigor penitencial!

¡Que el Señor resucitó!

¡Que Catral se eche a la calle!

¡Que la calle sea un clamor!

Que han visto a la Magdalena

y a la Madre del Señor

volver del sepulcro alegres,

y cantando esta canción:

“Que no me llaméis Dolores,

que el dolor se me pasó;

llamadme Lola, Lolita,

pues Jesús resucitó”.

¡A San Juan Evangelista

también por allí se vio

y nos dice en su Evangelio

que el Señor resucitó!

¡Costaleros, al varal!

¡Termine nuestra estación

de rigor penitencial!

¡Comience la procesión

de este DOMINGO DE PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

¡Que los estandartes luzcan

sus bordados de primor!

¡Que humeen los incensarios

nubes de incienso y olor!

¡Que las campanas repiquen

su alegre din, dan, din, don!

¡Que los cirios aprisionen

entre sus llamas al sol!

¡Que los tronos brillen todos

con su radiante fulgor!

¡Que en las varas nazarenas

hoy florezca hasta una flor!,

¡Que suene a fiesta, a fiesta,

el redoble del tambor,

por ser DOMINGO DE PASCUA,

PASCUA DE RESURRECCIÓN!

En la calle Santa Bárbara

un Encuentro sucedió.

La Encarnación con su Hijo

Resucitado topó.

Su Hijo vivo en la Custodia

más reluciente que el sol.

Su Hijo vivo en la Custodia,

como una cárcel de amor.

La Encarnación a su Hijo

en la Custodia encontró.

¡Ved qué pasos dan! ¡Qué pasos!

Movidos al dulce son

de la música que suena,

del redoble del tambor,

de las palmas que repican,

del latir del corazón,

de las lágrimas que brotan

movidas por la emoción

al ver la Madre y el Hijo

el día de Resurrección,

Ella sin puñal ni espadas,

Él sin clavos ni dolor!

¡Gloria, gloria, Aleluya!

¡Que el Señor resucitó!

Por eso, palmas y vivas

repiquen al mismo son,

que se rompan las gargantas,

que se nos queden sin voz,

por los  vítores y vivas

que brotan del corazón,

al proclamar la grandeza

de tan ilustre Señor,

el Señor Resucitado

y su Madre Encarnación.

¡Viva la Semana Santa

que en Catral se celebró!

¡Vivan nuestras Cofradías

y Hermandades de Pasión!

¡Viva quien ellas gobierna,

desde la Junta Mayor!

¡Viva Catral cofradiero

y su cofrade legión!

¡Y viva la madre, viva

la madre que os parió!

Que así alaban en mi tierra

al Hijo y Madre de Dios.

Amén.

Muchas gracias.


Fr. Pedro Calvo Úbeda

Franciscano

PREGONERO D. PEDRO CALVO  Y NAZARENO DE HONOR DE HONOR  D. FRANCISCO ALBERO, mpresidente SUM LA CONSTANCIA

PRESENTACIÓN Y GLOSA DEL PREGÓN SEMANA SANTA 2016

PRESENTACIÓN PREGONERO:

María Pilar Leal Ferrández


Muy buenas noches a toda la familia cofrade catralense, a los presentes en este acto y a aquellos que nos siguen por la televisión local.

Faltan muy pocos días para que el ambiente de nuestro pueblo se transforme. Las diferentes cofradías, un año más, sacarán sus “Pasos” y, con gran solemnidad, recorrerán las calles más antiguas y tradicionales de nuestra villa,  remitiéndonos a los momentos de la PASIÓN, MUERTE y RESURRECCIÓN de Jesús, celebrando con ello, la semana más grande del año para todos los cristianos.  Como preparativo a esta SEMANA GRANDE, se realiza  este acto sencillo pero a la vez muy emotivo: EL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA catralense.

Con gran felicidad e inmenso orgullo voy a llevar a cabo la presentación del pregonero de la Semana Santa 2016, JUAN DE DIOS LEAL CASAINS, mi padre. Me ilusiona sobre todo estar aquí  por la  gran sorpresa que sé que se ha llevado al verme, pues les aseguro que nunca habría pensado que yo me atreviera a realizar su presentación.

Cuando nos reunimos la familia, por supuesto, sin la presencia de mi padre,  para decidir quién iba  a realizar este preámbulo, sentí una gran alegría cuando mi madre y mis hermanos me dijeron: “¿Quién mejor que tú para hacerlo? Eres su chiguita”.

He de  confesarles que tengo los sentimientos a flor de piel  y,  al mismo tiempo,  siento un gran respeto por la responsabilidad que contraigo, aunque espero que cualquier fallo lo subsane el enorme cariño con el que he redactado esta introducción. 

Mi padre ve por primera vez la luz un 6 de agosto del año 1947, es el séptimo hijo del matrimonio formado en la fe y que la mayoría de ustedes conocieron, mi abuelita Maravillas Casaíns y mi abuelo, conocido como el tío Joaquín “el Montano”. Al ser el menor de los hermanos siempre ha sido cuidado por todos ellos con esmero pero, especialmente, por su hermana Maravillas, que ha velado por él como una verdadera madre, ya que cuando nació su Juan de Dios, ella tenía veinte años.

Su infancia, como la de cualquier otro niño, transcurre entre juegos, risas y sueños. He de resaltar que,  sobre todo, mi padre guarda un gran recuerdo de sus comienzos escolares como alumno de D. José Navarro Lillo y de su paso por  la Academia de Josefita Sierras en donde se prepara para el ingreso a Bachiller allá por el año 1958 y en la que continuará hasta acabar 2º de Bachiller. También siente un cariño especial por los P.P. Franciscanos de  Cehegín con quienes estudia 3º y 4º y reválida, viviendo en casa de su hermana Milagros, que residía en esta localidad.

Mi padre obtiene la titulación de Maestro por la Universidad de Murcia en 1968. Diferentes destinos van escalonando su vida profesional: comienza como funcionario interino en Jijona para pasar luego a Crevillente, Callosa de Segura, Catral y Tarragona. Ya obtenida la plaza como funcionario de carrera continúa en Tarragona, para pasar luego a la Pobla de Lillet (Barcelona) y, al curso siguiente, es destinado definitivamente a Catral. Será en nuestro colegio Azorín en  donde desarrolle su labor docente con gran amplitud ya que, además de dar clase como especialista en Ciencias Sociales,  se hace cargo de la jefatura de estudios hasta el año 1997 en que es nombrado director, cargo que ostenta hasta su jubilación en 2010.

Siempre ha procurado realizar su trabajo con la mayor dedicación y responsabilidad y pienso que su labor ha sido valorada muy positivamente por toda la Comunidad  Educativa.

En lo que se refiere a nuestra familia, el 31 de agosto de 1976 se casa con Mª Dolores Ferrández Penalva, mi madre. Su vida en común les ha traído mucha felicidad y les ha regalado tres hijos: mis dos hermanos, Juan de Dios y Antonio José y la que les habla, Pilar.

En esta comunidad cristina comenzó, de la mano de sus padres, a vivir la fe y continúa en ella como miembro activo: forma parte del Coro Mixto Parroquial “Santos Juanes” y es presidente del mismo. Además,  siempre ha estado dispuesto para ayudar en cualquier actividad artística de la parroquia ¿Quién no recuerda sus belenes en la Capilla del Pilar colaborando con la Asociación de Amas de Casa?

Su relación con la Semana Santa le viene desde pequeño. Siempre ha pertenecido a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Encarnación, participando como nazareno en las procesiones de su niñez y juventud.

Actualmente procesiona acompañando al Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz y ha dejado su huella como pintor, la otra de sus pasiones, con la elaboración de diez cuadros en los que recoge con gran maestría, no solo la belleza de  nuestras imágenes sino también el sentir de un pueblo. Esta obra se encuentra en la Capilla de la Resurrección, sede de la Junta Mayor de Cofradías ¡Qué feliz que fue mientras realizaba cada una de esas pinturas! ¡Y las veces que nos llamaba para que viésemos sus avances y fuéramos críticos con la mayor objetividad! Además, ha elaborado el estandarte y el banderín de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y de Nuestra Señora de la Merced, que realiza su estación penitencial el Lunes Santo y diseñó varios años el cartel anunciador del certamen de cornetas y tambores organizado por la banda Santos Juanes de Catral.

Por último, quiero manifestar que, además de sus dos vocaciones, la docencia y la pintura, para él el núcleo fundamental de su vida es la familia y, junto con nuestra madre, nos han transmitido todos los valores que para ellos son fundamentales.

Y ahora papá, te cedo la palabra como pregonero de esta Semana Santa, pero antes permíteme recordar que hace seis años quien subió a este mismo lugar del altar mayor fue la abuelita María, que desde el cielo te ayudará a que expreses con todo tu corazón lo que deseas transmitirnos.

Tuya es la palabra.

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2016

JUAN DE DIOS LEAL CASAINS


Vicario General de la Diócesis de Orihuela -Alicante y Sacerdotes de la Parroquia,

Excmo.  Sr. Alcalde y Autoridades,

Sr. Presidente y miembros de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral,

Pregoneros que me antecedieron,  Cofrades,  Amigos  y vecinos que sintonizáis  los canales de las televisiones locales.

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE CATRAL. AÑO 2016

PRÓLOGO

Muy buenas noches. Me van a permitir que para llegar al presente, parta del pasado,  aunque para ello tenga que modificar la estructura habitual del pregón que tan dignamente han ejecutado mis antecesores, a los que aprovecho para felicitar  y recordar.

Mi iniciación en los desfiles procesionales se remonta a finales de los cincuenta o principio de los sesenta.  Recuerdo que me despertaban  muy temprano y mientras me levantaba, luchando con el impulso de seguir en la cama, percibía un delicioso olor a monas que se extendía por toda la casa, aunque ellas…, las monas, seguían durmiendo.  A todo correr, casi en volandas, llegábamos a la puerta de la Ermita y allí  me incorporaba al grupo de niños,  medio-dormidos como yo;  el lugar era lo de menos,  pues en aquella simpática anarquía todos campaban a sus anchas. Ante mí se erguía, sobre un impresionante trono  repleto de flores, la majestuosa figura de Nuestro Padre Jesús  Nazareno; y como siempre, encajada en sus sienes, la terrible corona de espinas, y  sus ojos…, esos ojos  que nos miraban con un poder cautivador, y que a mí me llenaban de estupor y de atracción

Mi compromiso con la Semana Santa y la colaboración con mi Cofradía y, después con la Junta Mayor de Cofradías,  no ha cesado nunca. Desearía resaltar un hecho que muchos de los presentes conocen sobradamente. Durante cinco años he permanecido viviendo la Semana Santa de mi pueblo en la más absoluta intimidad, rodeado de pinceles, tubos de óleo, aceites, barnices, para dar cumplimiento al encargo que    Pascual Flores Culiáñez,  presidente de la Junta Mayor de Cofradías, en nombre de la misma, me hizo para la ejecución  de diez lienzos de gran formato con motivos de cada una de las Hermandades de nuestra Semana Santa. En ellos han quedado reflejados los elementos constitutivos de las mismas: nazarenos con sus colores propios, capirotes, capas y orfebrería, estandartes, tronos…; en definitiva, todo aquello que caracteriza a cada agrupación.  El resultado son los cuadros que pueden contemplarse en la Capilla de la Resurrección. Hoy es para mí una satisfacción haber podido plasmar nuestra Semana Santa y dejar así un testimonio para la posteridad. De la misma manera que me honra el haber pintado el estandarte de El Cautivo y  el diseño del  guión de La Merced.

Presentada, a modo de prólogo, mi implicación con nuestra Semana Santa, con la Semana Santa de mis vivencias, heme, pues, aquí, volviendo al PRESENTE  para dar comienzo  a mi exposición y divulgar la Semana Santa Catralense:

Este pueblo, el mío, el que todos los años  abre su corazón al dolor de María y a la Redención de su Hijo, mostrará la pasión de Cristo tal como lo viene haciendo desde tiempo inmemorial.  Ello tendrá lugar en nuestras calles  entre los próximos 20 y 27 de marzo.

Entrados en Cuaresma, en esta Cuaresma de la Misericordia, las Hermandades  abren sus puertas a la primavera y el trabajo que a lo largo del año ha venido planificando y realizando,  tan dignamente, su Junta Mayor tendrá su momento de solemne presentación para general contemplación. También el  mensajero está aquí ya, y no tiene otra misión que servir de puente entre  los organizadores  y su pueblo.

¡En qué larga meditación me ha sumido esta tarea -tan ardua como honorable-  de pregonar la Semana Santa, en busca del sentido justo a nuestra manera de celebrar la muerte y pasión de Cristo! ¿Son las procesiones un folclore popular? ¿Acaso una pedagogía, como tantas veces ha hecho la Iglesia en tiempos más incultos,  para ilustrar al pueblo sencillo y facilitar un conocimiento sensible del Misterio de la Redención?  ¿Se puede caer en la idolatría por una devoción exagerada a las  imágenes, que representan pero que no son las personas sagradas? Y nuestra Semana Santa, ¿qué tiene de propio, cuáles son nuestras costumbres locales? ¿Qué de peculiar compartimos con el entorno geográfico? ¿Cómo se facilita o, incluso, se estimula la afloración  del sentimiento religioso?

A estas cuestiones pretendo, de la forma más escueta posible, dar respuesta en este  pregón. Para ello, voy a desarrollar la exposición en torno a dos ideas centrales: las Cofradías como alma e impulso de los desfiles procesionales y la religiosidad como componente irrenunciable de sus celebraciones, y ello desarrollado a lo largo de los epígrafes siguientes:

1)    LAS COFRADÍAS, ESAS ESTRUCTURAS COMPLEJAS.

2)    EL SENTIMIENTO ÍNTIMO EN LA SEMANA SANTA BAJO EL SIGNO DE LA MISERICORDIA

LAS COFRADÍAS, ESAS ESTRUCTURAS COMPLEJAS

Entendemos una Cofradía de Semana Santa como la  agrupación de personas que se reúnen para actos de culto y devoción en las celebraciones litúrgicas de la Pasión,  Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y así las contemplamos cuando las vemos desfilar solemnemente detrás de sus estandartes  y delante de sus espléndidos tronos. Pero todos sabemos que detrás de esa apariencia elemental, hay mucho más: son verdaderas empresas, en primer lugar para el fervor y la devoción  -como queda definido- , pero que también se sustentan en una complicada organización interna, poco visible pero necesaria, y que contribuye también a su configuración e identidad. Una Cofradía necesita liderazgo, financiación, ordenamiento social  y órganos de planificación y ejecución…, y colaboradores  (esa pléyade de agentes externos que prestan una contribución imprescindible al fasto de las procesiones: artesanos, escultores, ebanistas, bordadoras, orfebres, floristas, electricistas, etc., etc.). Ahora bien,  las personas son el alma y la vida de los desfiles procesionales. El trabajo grupal e individual  es primordial  y no se pueden dejar a la improvisación los objetivos que marcarán sus tiempos. Muchas son las personas que están sometidas a la disciplina interna de la Cofradía: Hermano Mayor, miembros de su Junta,  nazarenos, manolas, costaleros, porta-carros,  y ¿cómo no?, cofrades.   A ellos hay que añadir  los compromisos externos: agrupación musical, bandas de  cornetas, agrupaciones corales y tantos y tantos elementos para que  EL ARTE SALGA A LA CALLE. Desde aquí quiero expresar mi reconocimiento para toda esta labor silenciosa.

Nuestras Cofradías, hasta el último tercio del siglo XX, estaban asentadas  sobre el patronazgo de algunas generosas familias  que con gran sacrificio y tesón, mantenían  imágenes  legadas por sus antepasados y proveían lo necesario para su culto. Ello suponía una onerosa carga económica. Con gran acierto, los nuevos responsables abrieron las puertas de esta especie de patrimonio religioso a la participación de las personas que lo desearan; de esta manera, la colaboración, el reparto de responsabilidades y la aportación de recursos, han procurado nueva vida a  las  congregaciones.

La modernización  de los desfiles procesionales ha permitido superar ciertos escollos que el estilo de vida actual requería. El desplazamiento de los tronos ha sido motivo y quebradero de cabeza para las Hermandades: hoy se cuenta con medios mecánicos rodantes o, en ciertos casos, se llevan los tronos a hombros, realzando la estética y el sentido penitencial del traslado.

Deseo hacer mención aquí también a una cuestión  no menor, la del relevo generacional de los cofrades atrayendo a los niños para que se incorporen a las procesiones. Permítanme que me refiera otra vez a mis vivencias  infantiles, cuando las tubas, también llamadas bocinas, se orientaban al Nazareno. El solitario sonido de la corneta,  tocada por Paco Adsuar, era respondido, a renglón seguido  por  las bocinas,  entonces tocadas  por   José  Llopis Morante  y Juan Rocamora; era el vulgarmente conocido TURURURURU  RURURU RU. Al finalizar y, de manera espontánea, un estruendo de campanillas, manejadas por los niños, inundaba la calle. Esos acordes escuchados en la actualidad, me transportan al pasado; es decir, a la iniciación de los actuales penitentes. De ahí, que sugiero a la Junta Mayor y a las mismas Cofradías,  que se ocupen con denuedo de las comúnmente denominadas GUARDERÍAS; ¡son el futuro de nuevas generaciones para nuestra Semana Santa!.

Íntimamente ligadas a los desvelos de las Cofradías está la música a interpretar en sus manifestaciones religiosas. Cuando los tronos comienzan a circular, el cofrade se complace en escuchar  la marcha procesional que siempre le acompaña. He aquí, algunos títulos relacionados con esta celebración: Mater Mea, Cristo de la Sangre, Mektub (a sus acordes marcan los pasos, acomodándolos a sus ritmos, las costaleras de Ntra. Sra. De la Soledad), La Madrugá, Pasan los Campanilleros, etc

Ha llegado el momento de hacer una breve alusión a las Cofradías que hoy desfilan en nuestra Semana Santa.  Ciertamente, hay agrupaciones de reciente creación, nacidas al impulso que han tomado las procesiones de Semana Santa en toda España; pero otras, las de toda la vida, hunden sus raíces en años lejanos e, incluso, siglos pasados.

Son nuevas las siguientes: Cofradía de Nuestro Padre Jesús Triunfante, creada en 1990 por los miembros de la Banda de Cornetas y Tambores Santos Juanes; Cofradía de la Santa Mujer Verónica, nacida en 2001, gracias al esfuerzo y compromiso de una familia catralense; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced, fundada en el 2003, y Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús-Agrupación del Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz, que inicia su andadura en el año 2012, tutelada, sin embargo, por la Muy Digna Hermandad del Sagrado Corazón, cuyo culto se remonta a 1891

Ahora me centraré en las Cofradías de más antigua tradición. Hay que advertir que la mayor parte de las imágenes son de reciente factura, realizadas en el siglo pasado para suplir a las que desaparecieron  en nuestra contienda civil, con  dos excepciones: la Virgen de los Dolores y la Virgen de la Encarnación.

Estas cofradías son: Cofradía del Cristo de la Salud y la Cruz de los Labradores: sus antecedentes se remontan al siglo XVIII por la existencia de una imagen de Cristo Crucificado y  también por unos estatutos de carácter caritativo y gremial; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Encarnación, en 1707 ya se veneraba una imagen de Nuestro  Padre Jesús, lo que nos permite pensar  que se consolida –como otras cofradías- a lo largo del siglo XVIII; Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII; Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro, también  del siglo XVIII; Cofradía de San Juan Evangelista,  agrupación muy dinámica, activa  más de un siglo, ya que fue fundada en 1883, Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia, fundada en 1882 y, por tanto, de notable antigüedad.

Unas y otras, las antiguas y las nuevas Cofradías han provocado un impulso innegable de renovación en nuestra Semana Santa; las nuevas, con su juvenil vitalidad; las anteriores, aceptando el reto y actualizando sus tradiciones y contenidos. De todo ello,  disfrutamos y nos congratulamos.

En este lugar -obligado por la triste actualidad- hago un breve paréntesis para recordar a  protagonistas  notables de nuestros desfiles profesionales.

Deseo expresar mi reconocimiento al Hermano Mayor de la Verónica,  Juan Grau Bernabé, y hago votos por su recuperación de la enfermedad que padece.

Lamentamos también el fallecimiento de dos dignos cofrades de la Cofradía de San Juan, Joaquín Lacal Garcia, Nazareno Mayor del año 2015, y David García Grau. ¡Descansen en la paz del Señor!

Próximo a cumplirse un año de aquel  luctuoso suceso, se hace preciso recordar al Hermano Mayor  y alma de la agrupación de La Soledad,  José María Cabrera Candela.  El 3 de abril de 2015,  Viernes Santo,  la Soledad hace su salida nocturna a hombros de sus numerosas  costaleras. Su Hermano Mayor se sitúa, como habitual es en él, a su izquierda, silencioso, solitario, impávido y elegante.  A cada parada, vuelve José María el rostro y contempla su Virgen de la Soledad, de la que ha sido, desde muy joven, devotísimo hijo y a la que ha dedicado todos sus desvelos. Restan a sus portadoras los últimos esfuerzos para concluir su promesa y paseo anual: a trescientos metros, la comitiva habrá cubierto el itinerario marcado.

Como una premonición, cito aquellos versos de Gerardo Diego, en los que el poeta asume compartir el dolor de la Madre y suplica a la Virgen:

Dame tu mano, María,

la de las tocas moradas.

Clávame tus siete espadas

en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía

tarde negra y amarilla.

Aquí en mi torpe mejilla

quiero ver si se retrata

esa lividez de plata,

esa lágrima amarilla.

Déjame que te restañe

Ese llanto cristalino,

Y  a la vera del camino

permite que te acompañe.

Esa noche José María tendió su mano a la Virgen y su rostro se tiñó de esa lividez de plata…Fue José María un gran impulsor de nuestra Semana Santa y un gran cooperador en el resurgir  de esta  muy digna Semana Santa. ¡Descanse en paz!

EL SENTIMIENTO ÍNTIMO EN LA SEMANA SANTA BAJO EL SIGNO DE LA MISERICORDIA

La semana Santa de Catral, nuestra Semana Santa, tiene su historia, su tradición,  proclamada en el esplendor de sus manifestaciones, el orden de sus desfiles, el ornato de sus pasos…Todo eso nos satisface, nos enorgullece. Pero hay más: no podemos olvidar que esta santa semana es para recordar el  sacrificio de Jesucristo, para identificarnos con su padecer, para agradecer su acto de salvación… Nosotros los creyentes no podemos quedarnos en la magnificencia del espectáculo o en lo formal del festejo; para un creyente la Semana Santa es un sentimiento de fe y celebración piadosa o no es nada.

Quiero destacar ahora algunas de estas prácticas devotas que el pueblo creyente de Catral repite cada año con gran fervor y perseverancia, porque constituyen la entraña misma de la celebración pasional.

La asistencia de los fieles a la Misa de la Cena del Señor (y no a la de la Muerte, como vulgarmente  es conocida) es algo  tan ceremonial que nuestros vecinos asisten a este memorable acto  como si verdaderamente fueran invitados a una celebración, ataviados con sus mejores galas; para muchos, es la ocasión de cumplir con el precepto de confesar y comulgar por Pascua Florida, como enseñaba el catecismo.  Finalizada la misa, el sacerdote deposita las Formas Consagradas que serán dispensadas en los oficios de Viernes  Santo, en un sagrario especialmente habilitado al efecto: es el Monumento; simbólicamente, representa la prisión de Cristo, que ha sido prendido y encarcelado. Convenientemente realzado, Cristo sacramentado se ofrece a la adoración de los fieles, que es tanto como convocarlos a que  compartan con Él estas horas de angustia, vejación y castigo.

La Adoración de Cristo en su Monumento  tuvo en otro tiempo un gran arraigo popular. Los turnos de vela estaban rigurosamente ordenados por agrupaciones religiosas de la localidad: Acción Católica,  Amas de casa, Devotos de la Purísima  y un largo etcétera; también las organizaciones juveniles tenían cabida y participaban con seriedad  y respeto. Como personas piadosas debemos recuperar esos momentos de encuentro intimo con Dios. Esta ocasión  en que el redimido se encuentra ante su Redentor,  es el mejor antídoto para vencer la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Es pues el momento de la oración.

El  Jueves  Santo la Iglesia celebra también el Día del Amor Fraterno, otro acto de misericordia, que este año adquiere relevancia por la declaración del Papa Francisco.

Esa misma noche, el Cristo de la Salud desfila, como única imagen, en la Procesión del Silencio; ésta es una procesión de devoción, cuyo  argumento es el rezo del Vía Crucis; procesión de recogimiento que transcurre en la oscuridad de la noche, iluminada por la luz insegura de los faroles  de sus cofrades y acompasada la cadencia de su trono por el sonido del tambor; el Coro Parroquial desgrana sus cantatas en cada una de las estaciones.

En la madrugada del Viernes  Santo,  envueltos en la humedad  y la soledad de la calle,  hacen su entrada los intérpretes del CANTO DE LA PASIÓN; al grave sonido  de dos enormes bocinas  o “tubas”, se interpretan fragmentos de la Pasión de Cristo,  haciendo bueno  aquel dicho de San Agustín de que cantar es rezar dos veces. Parece ser que fueron los franciscanos los que introdujeron  esta devoción,  hacia el siglo XVI; la costumbre se ha conservado en muchos lugares, no sólo en Catral, y ahora los sucesores de aquellos músicos y cantores, mantienen tan rica tradición coral y musical.

CONCLUSIÓN

Amigos y vecinos, ha llegado el momento de concluir  mi pregón; su contenido nos  ha permitido percibir que el presente  es consecuencia de un pasado heredado, en el que la fe de nuestros antepasados sigue viva en nosotros. Nuestra Junta Mayor de Cofradías ha sabido dignificar la herencia recibida y ha transformado, con el paso de los años, los talentos que en sus manos depositaron los antiguos fundadores  de estas hermosas Cofradías y Hermandades.

Es mucho lo que un catralense  siente y ama su Semana Santa. Año tras año  veo pasar las imágenes protagonistas de la Pasión de Cristo y nunca me canso de admirarlas. Porque las quiero, porque forman parte de mí…

Debemos seguir  enriqueciendo esta sentida Semana Santa, tan nuestra, en la que no solo vemos arte,  belleza  y color; también hay  dedicación y esfuerzo. Debemos abrir además nuestro corazón y dar testimonio de nuestra fe; de ahí, que no podamos finalizar este pregón sin hacer mención a la actividad que nuestra parroquia tiene encomendada por el Papa Francisco en su Bula  Misericordiae Vultus, , bajo el lema Misericordiosos como el Padre, en la que se nos dice que estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también  nosotros mismos, signo eficaz del obrar del Padre.

Tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna; esto dice el Evangelio de San Juan, en boca de nuestro Señor.

Jesús es el rostro humano del Padre y, como tal, el protagonista exclusivo de la  salvación que supuso su Pasión y Muerte. ¡Este es el acto supremo de misericordia! y si nosotros pretendemos ser imitadores de Cristo en esta Semana Santa, tenemos que incorporar el mensaje del Papa Francisco, que dice: Crecer misericordioso significa aprender a ser valiente en el amor concreto y desinteresado, (…) capaces de construir todos los días, incluso en las pequeñas cosas, un mundo de paz. No es tan difícil, porque MISERICORDIA es, simplemente,  un sencillo acto de amor al otro

La Junta ha cumplido con su obligación,  ha proclamado la Semana Santa del 2016 en mis palabras; antes aún se ha entregado a un prolongado e intenso trabajo, callado pero fructífero, para que la celebración tenga el esplendor y dignidad que se merece.

Ahora nos pide PARTICIPACIÓN. Sí , aquí  y ahora,  en la calle, en  las procesiones, como penitentes o como respetuosos espectadores; en las ceremonias  religiosas, en los momentos de soledad del Cristo yacente, en su Monumento, en el silencio del Jueves Santo…  para que los actores y responsables de los eventos sientan el latir y el calor de este nuestro querido pueblo de Catral.

El  mensajero ha cumplido su misión,  con humildad  pero con la mejor voluntad, y espera -lo reitera una vez más- una participación entusiasta en todas aquellas actividades  que con rigor y esfuerzo ha programado la JUNTA MAYOR DE COFRADIAS DE NUESTRO PUEBLO DE CATRAL.

Muchas gracias amigos y vecinos.

NAZARENO DE HONOR 2016

E

n el año 2010 se institucionalizó el nombramiento del NAZARENO DE HONOR,  cargo que recae en aquellas personas o Entidades que se hayan distinguido por su colaboración, fomento y/o dedicación a  nuestra Semana Santa y por extensión en nuestra comunidad parroquial.

En este del 2016, la Junta Mayor acordó por unanimidad, que en esta ocasión, debía caer en una persona que nos ha dejado sobrada muestras de su cariño y apego por Catral.

GABRIEL, el hijo del tío Juan Rocamora y de la tía Candelaria Martínez, correteando  por la plaza se empapó de Catral y cuando echó a volar por esos mundos de Dios, siempre supo dónde estaba su nido, donde vuelve cada vez que puede, pues aquí, quedó parte de su esencia: sus hermanas (Candelaria, Mª Teresa y Lolita) y sus quereres, La Purísima, Santa Águeda, San Juan.

Muchos son los meritos que se han valorado y acumula Gabriel para ser elegido. No voy a hablar de los materiales porque a él no le ha gustado nunca que se sepan.  Voy a hablar de los valores que transmite, a nosotros, sus vecinos, y a su pareja e hijos: Es, ese orgullo de pertenencia. Es, el poner en valor el verbo SER antes que el TENER. Ese verbo solo se conjuga con cariño y el cariño se corresponde con un abrazo, un  sentido abrazo  que le devolvemos con la nominación de NAZARENO DE HONOR DE LA SEMANA SANTA DE CATRAL 2016:

D. GABRIEL ROCAMORA MARTÍNEZ

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PREGÓN SEMANA SANTA CATRALENSE 2015

14 – MARZO – 2015

Presentación del pregonero a cargo de Dª Inmaculada Úbeda Sierras

Buenas noches a todos los presentes  y a  los que , desde vuestras casas,  estáis compartiendo  con nosotros estos momentos tan especiales .Gracias por acompañarnos

Quiero agradecer a la Junta Mayor de Cofradías ,    primero su dedicación a conservar y transmitir una de nuestras tradiciones  ,  organizando y mejorando  año tras año nuestra Semana Santa,     y segundo la oportunidad de presentar al pregonero de este año.

Un tres de marzo de 1953  dos jóvenes , José y Concepción , contrajeron matrimonio en este mismo altar.  Al   tiempo y para alegría de las dos familias  nació su primer hijo al que pusieron de nombre  José Luis.

El niño fue creciendo   entre el cariño de   su familia ,   el  de los vecinos    ,la tía Concepción y el tio Jose   el Sisena , la tía  Amparo  , la tía Carmen  la Aguilara , recientemente fallecida,  la tía Asunción la Sánchez  ,    las chicas del taller que  cosían con su madre y  los amigos  de la calle.  Para todos ellos  sigue siendo  “El   José Luis “  de la Concha .

Realiza sus estudios primarios en Catral  , con D. José Lucas .Un día llegó a casa muy enfadado porque no le dejaba ir de excursión, su madre le preguntó a D. José  el motivo y le contestó “Hija ya tendrá tiempo de viajar “.Como buen maestro le detectó   la inquietud de ver  mundo.

A  los siete años decide ser monaguillo , al poco tiempo  fue diciendo  que quería irse al Seminario .Al   cumplir los diez ya se  puso serio  y dijo que cuándo se iba a ir, a lo  que sus padres le contestaron que primero tenía que aprobar el examen de Ingreso. Cuando recogió las notas  y llegó a  casa solo dijo “¿ Ya me puedo ir al Seminario ? “

Su madre le dijo a su esposo , Pepe prepara el camión que hay que subir la cuesta del Seminario, ¡y la estuvo subiendo  mientras estuvo allí ¡

Allí desarrolló su espíritu, lo primero  y  sus conocimientos de lenguas , latín , griego,  y francés  también se  aficiono al deporte ,le gusta el futbol,  ,pero sobre todo destacó en frontón formando    parte del equipo  del Seminario llegando a ser campeón  provincial y  regional y a  participar en competiciones nacionales .

En  los veranos repartía el tiempo entre los campamentos del Seminario, ayudar en la tierra,

Y    junto con unos buenos amigos  ,  Antonio ,José Luis Zamora ,Jesús Ros, Francis  Cecilia formaron      “LA ACADEMIA “ donde dio clases de latín.

Por fin  llegó el día de su ordenación , un  20    de julio en  Guardamar  y de su primera misa  solemne ,el día 27 de julio  aquí , en   su parroquia  .Los vecinos ,compartiendo la alegría de la familia  se volcaron  engalanando  la calle y   acompañándolo.

Su primer destino fue como vicario de la Iglesia Parroquial de San Martín de Callosa de Segura

Y nada menos que con la suerte de tener como párroco y mentor a nuestro querido D. José María García Bernabé , que fue el sacerdote que lo bautizó.

En todas las parroquias  que ha estado ha procurado estar a disposición  de sus feligreses , interesándose por sus necesidades ,  costumbres, tradiciones ,  además de  estar abierto a cualquier iniciativa que acercase la parroquia a la gente , el chiringuito “NO ME CANSO “ en Callosa  o  en  Benidorm, que organizó grupos  que se turnaban para tener  la Iglesia de           San Jaime  abierta hasta tarde y asi  pudieran entrar todas las personas de las distintas  nacionalidades  que por allí pasaban .

De cada una de las parroquias guarda recuerdos muy especiales  y   , como un padre  que tiene varios hijos , para él son todas únicas y especiales.

De su paso por el Seminario ,  aún  suenan  en Orihuela   las notas del concierto de campanas que organizó  en  1992  con motivo del 250  aniversario de  su fundación ,pero sobre todo  la alegría que me embarga   cuando algún que otro sacerdote joven  me tropieza y me dice con cariño                     “É l fue mi Rector “   .

¿ Cómo se puede tomar uno tanto cambio de residencia y de tipo de trabajo?

L as diferentes parroquias , el Seminario , el tribunal ,  Dirigir dos colegios , San José Obrero y el Oratorio festivo de San Miguel , incluyendo terminar las obras de este último en una gran peña que hubo que horadar y reforzar los cimientos que dejó el padre RODA  y así seguir     con su labor de ayudar a los jóvenes.

¡ PUES……   UNA COSA DETRÁS DE OTRA Y EL SEÑOR ME AYUDARÁ. VAMOS A POR ELLO.

.Tiene visión de futuro y antes que nuestros políticos empezaran con el bilingüismo , él ya lo impuso desde la guardería en el Oratorio festivo.

. Le gusta aprender , habla francés, italiano e inglés , así  puede entender a la gente, hacer una boda  , llevar consuelo a las  personas en momentos difíciles   en cualquiera  de  estos idiomas

También  tenemos la faceta viajera. Prepara   viajes  y siempre con un motivo  espiritual  . Es una manera de acercarse ,de estar a pie de calle  , hablar distendidamente ya que  no todo el mundo va al  despacho  o a su casa   y en estas ocasiones aprovecha para, aunque sea un poco, charlar con todos y conocerlos directamente .

Es un enamorado del  CAMINO DE SANTIAGO. No sabe por qué , pero de vez en cuando             El Camino lo llama  y  hay que hacer alguna etapa, cuando no….EL CAMINO ENTERO , que empezó en Roncesvalles  con las parroquias de Elche, Catral y San Bartolomé.   El primer verano  salió  con un grupo de amigos en  dos  furgonetas de alquiler  y hoy son ya 110 personas las que llevan hecho la mitad  , y aunque él no lo ha podido continuar , será por que ahora no toca, todo llegará, “Si Dios Quiere “  está contento porque ha trasmitido la espiritualidad que tiene.                                                                                                                                    El 5 de febrero del  año pasado, después de celebrar la misa en la ermita de Santa Águeda el  Señor obispo le llamó a Alicante .  Allí , al amparo de María Auxiliadora, le comunicó su nuevo nombramiento  “VICARIO GENERAL “ de la Diocesis . – Hijo , ¿Otro cambio ?   .                                    –  Mamá,  esto es  otra cosa  . “Es una forma de amar a la Iglesia estando codo con codo con el Señor Obispo ,cuidando de los compañeros y  llevando  la Diócesis en el corazón “.

Pero sigue siendo persona  de familia y  de su pueblo ,del que se siente orgulloso  por la manera de ser  de sus gentes que saben conservar sus creencias y tradiciones y transmitirlas a los más jóvenes y del que nunca se ha ido.

Sin más dilación les dejo con  el pregonero de la SEMANA SANTA 2015.

D.JOSÉ LUIS UBEDA SIERRAS.  VICARIO GENERAL DE LA DIOCESIS DE ORIHUELA – ALICANTE .

M I   H E R M A N O.

PREGÓN SEMANA SANTA 2015

1.- SALUDOS Y AGRADECIMIENTOS

Queridos hermanos sacerdotes: D. Alejandro, D. José María, D. Sebastián:

Excelentísimo Sr. Alcalde, D. Pedro,  y miembros de la Corporación municipal.

Sr. Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Catral, D. Pascual, y junta directiva.

Sr. Nazareno de honor, D.

Presidentes de las Cofradías y Hermandades:

Señoras y señores

Sean mis primeras palabras para honrar la memoria de María Penalva, a la que esta tarde se ha despedido de su caminar terrestre para entrar en la casa del Padre del cielo. Ella proclamó este pregón hace cinco años. Nos unimos a su familia.

También os traigo el saludo de nuestro obispo D. Jesús. Sabe de mi presencia hoy aquí. Os transmito su aprecio por Catral y su historia, Recuerda su grata visita a santa Águeda en este febrero.

Con humildad y gratitud recibí el encargo de anunciaros las solemnidades que en torno a la Semana Santa se van a desarrollar en Catral, al compás de las celebraciones del mundo cristiano. Agradezco este honor que me encomendó la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades,  y pido a nuestra Madre que mis palabras sean acordes al corazón y puedan mover el vuestro para vivir con profundidad, alegría y espíritu de fe la Semana de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Agradezco también a mi hermana Inmaculada que, como portavoz de mi familia, os ha expuesto esos matices de mi vida, con mucha gracia, calor y afecto, que inciden especialmente en mi amor a Catral y a mi itinerario sacerdotal.

En Catral el Señor, a través de mis padres, me dio nombre, familia, fe, cultura y fraternidad. Aquí Dios despertó el deseo de acompañarle como discípulo y apóstol. Desde aquí, al tiempo, fui enviado por los caminos de la Diócesis en el servicio a la Iglesia y al pueblo de Dios. En muchos pueblos de la provincia, han conocido Catral a través de los sacerdotes.

Gracias, hermana, por tus palabras. Gracias, pueblo de Catral, por haber sido la cuna de mis sueños y la universidad popular de mis saberes, con acento de huerta, algo de gramática parda, y mucho de organizar al ritmo de la naturaleza: cada cosa a su tiempo.

2.- PREGONERO DEL AMOR DE DIOS

Mi misión hoy es pregonaros que a través del desierto cuaresmal y atravesando los acontecimientos, antiguos y siempre nuevos, de la Semana santa, Jesucristo sigue vivo y que su presencia es salvadora para todos.

Que en Jesús cada persona es amada en sí misma y que el Padre Dios, que nos permitió la vida, tanto nos amó que nos entregó a su Hijo único por todos nosotros. ¡Cómo no amar al que nos ha amado tanto! ¡Cómo no proclamar las maravillas de Dios, que permitió la ignominia de su Hijo provocada por el pecado en muchas de sus formas, para así provocar en nosotros el arrepentimiento, la conversión y la esperanza en una vida mejor!

¡Cómo no hacer memoria de María Santísima, a la que acompañamos en sus diversos momentos siempre junto a su Hijo, en sus momentos de la Encarnación, de la gracia de la Merced, en sus Dolores, en su Soledad, y recogiendo a su Hijo al pie de la cruz!. Una Madre tal siempre nos dará esperanza, pues también tiene presencia y brazos para acompañarnos y acogernos.

3.- EL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA COMIENZA EN LA FAMILIA

Una de las imágenes más simpáticas de las procesiones son las de los niños con las palmas y los ramos o envueltos en sus capas, incluso a veces con los bolsillos llenos de caramelos, para darles una actividad en la procesión. “Es para que continúen las tradiciones”, decís los padres y los abuelos. Y hacéis bien. Estos niños tendrán cosas que vivir y contar. Tendrán historia.

Por eso, la primera parada del pregón es en las familias. Qué misión tan esencial la de transmitir la fe, las tradiciones, el amor a las raíces y la peculiaridad del pueblo. Es cierto que no tenemos muchos monumentos, pero los que hay son referenciales para nosotros. Pero tenemos historias. A veces nuestros niños y jóvenes se admiran cuando los mayores les contamos historias de personas, de costumbres y de situaciones anecdóticas que provocan la sonrisa, cuando no la carcajada. Entonces parecen reconciliarse con su origen: también en Catral tenemos cosas que contar.

Por esto, quisiera contaros mis primeros recuerdos de la Semana Santa, pues estoy seguro que los vais a reconocer.

Esos recuerdos para mí comienzan en mi casa, como pienso que a todos. Cuando llegaban estas celebraciones se ponía en marcha una maquinaria especial. Nosotros pertenecemos desde hace mucho tiempo a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.  Cuando llegaba la Semana santa y las procesiones, se participaban en ellas, sean la de Ramos, como especialmente la del Silencio de Jueves Santo, la del encuentro el viernes santo por la mañana  y la del Santo Entierro del viernes santo por la tarde.

Lógicamente, se sacaban de los armarios las capas, las vestas, los capirotes y los faroles, que tan diligentemente se habían guardado el año anterior. Las vestimentas se pasaban de unos a otros, como si pasáramos el testigo en una carrera de relevos.

Pero en mi casa había un trasiego especial. La tarde de domingo de ramos, para la procesión de las mantillas, yo veía una cantidad de mujeres jóvenes y mayores que iban a que mi madre les arreglara la teja, la caída de la mantilla, los tacones, los complementos de rosario, guantes y vela. Todo lo componía y compone la imagen de la mujer catralense, la cual, con su especial elegancia y buena percha, se disponía, con arte en el vestido y con gracia en el corazón, a acompañar a la Virgen de los Dolores en su paso por las calles de Catral. Y no salían de casa sin estar todo perfectamente en su sitio.

En mi casa, como estoy seguro en las vuestras, hemos vivido las tradiciones religiosas y los encuentros de familia envueltas también en aromas de “monas”, en mesas de vigilia, en visitas al Hondo, en paseos de huerta, que invitan a los presentes y a los ausentes al reencuentro.

¡Cuánta riqueza aporta el ritmo de la fe y de la vida a la familia! Así ella se destaca como espacio donde tienen lugar historias con alma y nombres con rostro.

¡Cuántos valores: la fe, la humanidad, la fraternidad, la solidaridad efectiva, los lazos familiares y de la amistad, tienen su base y se renuevan especialmente en este tiempo! ¡Cuántas virtudes se aprenden desde el evangelio y son la base de la personalidad de los hijos! Este es un buen tiempo para seguir en ello: la transmisión de las oraciones, los gestos de caridad y solidaridad con los vecinos, el amor a la Iglesia especialmente a través de la parroquia

Vaya por delante el agradecimiento a mis padres y a todas las familias del pueblo por vivir lo que nos transmitieron y seguís haciéndolo. Si hay familia, hay vida.

4.- EL PREGON TIENE ESPACIO PRIVILEGIADO EN EL TEMPLO PARROQUIAL

La parroquia de los Santos Juanes, nuestra parroquia, es el siguiente referente de mi pregón. Desde pequeños ella ha formado parte de nuestras retinas. El hogar de la familia cristiana, la casa de los santos, el templo donde se nos abría el corazón a otro mundo, el del olor a incienso, los sonidos de las campanas y las campanillas, los cantos, donde el José María el Llopis repetía las notas gregorianas con el viril acento de huerta, donde los sacerdotes de mi niñez, D. Trino., D. José María, D. Iván, D. Francisco, eran parte de mis personas referenciales, junto con los seminaristas.

Venir a la parroquia a la misa de los domingos y a algún acto de la tarde, tanto de niño como ya de monaguillo, fueron parte de mi historia infantil.

Veneramos con cariño sus muros centenarios. Nuestros padres, abuelo, bisabuelos, los antepasados, han rezado aquí, han despertado a la vida del espíritu. Cómo se han vivido y se viven las comuniones, las confirmaciones, la alegría de los matrimonios de jóvenes cristianos que solicitan al Señor su bendición para el proyecto de vida de matrimonio y familia. Aquí se recupera el aliento vital con el perdón de los pecados, y se tiene la despedida de nuestros seres queridos, cuando les encomendamos en el viaje hacia la ciudad celeste.

Aquí se pueden descubrir las tres “Gs”: la gratuidad de los dones de Dios, la gratitud por lo que recibimos y la generosidad con que hemos de compartirlo, especialmente las tres “Ts”: el tiempo, el talento y el tesoro.

En la parroquia aprendimos la veneración por lo sagrado, a saber estar con educación en el lugar y a respetar las personas que buscan el encuentro con Dios y la fraternidad. “La casa de mi Padre es casa de oración”. Con cariño y convicción, el entorno familiar nos enseña a respetar el nombre de Dios, a honrarlo en cualquiera de sus denominaciones, a que sea un signo de cultura religiosa y fraternal que no salieran palabras ofensivas al sentimiento religioso de nadie. Sabemos hablar y decir bien de Dios. Somos gente de cultura y cultura religiosa.

Os dejo esta indicación del papa Francisco para nuestras parroquias y comunidades. “Que lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”

¡Cómo no estar agradecidos al espacio donde podemos encontrarnos con Dios y recibir lo mejor de él, que es a su Hijo en la Palabra y la Eucaristía, y sentirnos parte de un pueblo que camina, con sentido de Iglesia, e Iglesia Diocesana”

5.- LA SEMANA SANTA DE CATRAL

Hasta el momento de irme al Seminario participé en los oficios y procesiones, en los primeros, por ser monaguillo; en los segundos, por ser de la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.

Continué en el Seminario, participando en los oficios tanto dentro como en la Catedral. Después, la misma experiencia sacerdotal en las diversas parroquias donde he servido, como ahora dentro de mi actual ministerio, me ha ayudado a descubrir muchísimos matices propios de la Semana Santa.

En ocasiones hemos escuchado preguntas o planteamientos tales como:

¿Qué tiene que decir la Semana Santa a nuestro mundo? ¿No se puede estar convirtiendo en una fiesta cultural, turística o etnográfica, residuo de épocas míticas, con un vago contenido religioso? ¿Qué puede suponer para los hijos de Catral el celebrar el Misterio de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, a través de la liturgia y las procesiones? ¿Qué aporta a su humanidad, a su convivencia, a su fraternidad? ¿Cómo entender el esfuerzo de los costaleros y portadores de andas: son sufridores o testigos? ¿Cómo entender, por otro lado, el auge de cofradías y hermandades?

No puedo responder directamente a estas cuestiones pero tal vez sí podamos situarnos frente a ellas desde la Verdad de lo que celebramos. Pues la realidad del auge de las cofradías y hermandades es un signo muy potente que invita a mirar el fondo y la forma desde la esperanza. Las cofradías se han rejuvenecido, han incorporado nuevos miembros, con mejora de tronos, organización y deseos de vivir más al estilo del evangelio, mirando más el fondo, la razón de ser,  no sólo lo organizativo. Se han implicado más en la caridad y ayuda a las necesidades.

Vuestra presencia hoy así lo manifiesta, la tradición pasada de padres a hijos es una gracia, las costumbres al hilo de las celebraciones han arraigado en el colectivo del pueblo, se ha mejorado sin duda a través del buen trabajo de las juntas mayores y las directivas el aspecto organizativo, espiritual y de caridad de estas asociaciones. Mi enhorabuena.

a) LOS MISTERIOS QUE SE CELEBRAN

Contemplemos el Misterio. No hablamos de ritos, no hablamos de mitos, no exponemos teorías más o menos bellas sobre el sentido de la vida o la injusticia de la muerte de un justo.. Hablamos y traemos al corazón a “Jesús nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a éste conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo en una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio” (Hechos 2, 22-24).

Con estas palabras, presentó Pedro a Jesús el día de Pentecostés. Dios se ha apiadado de la humanidad, la muerte no es la última palabra, el mundo puede seguir con esperanza a pesar de sus dolores; y  cada persona tiene lugar en el corazón de Dios.

Esta experiencia de fe conocida y vivida provoca que deseemos compartirla, pues la salvación que viene de Dios es para todos. No queremos retenerla como un bien exclusivo de un grupo de privilegiados. Jesús ha dado su vida por todos y cada uno de nosotros. Y nos gustaría contagiar esta fe.

Es verdad que hoy nos encontramos con lo que llama el papa Francisco “la globalización de la indiferencia”, pues incluso los cristianos tenemos la tentación de la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Pues cuando estamos más o menos bien económicamente tenemos la tentación de caer en el “sálvese quien pueda” o en aquello otro de justificar la inacción diciendo que una gota de agua no puede cambiar el océano. Es sin duda el riego de cerrarse en sí mismo y cerrar las puertas del alma a Dios y al prójimo.

En este contexto, que afecta a nuestra cultura occidental, y  también a nuestro pueblo, necesitamos oír el grito de los profetas, el grito de Jesús en las escenas de su Pasión, para que nos sacudan y nos provoquen. Aquí tiene lugar y razón de ser vuestro testimonio litúrgico y eclesial, una de las razones para vivir la Semana Santa en las celebraciones litúrgicas en la parroquia y en la calle con las procesiones: ser el grito de Dios para ofrecer el misterio del amor de Dios, implicado hasta el fondo para decirnos: “Mira a mi Hijo, mira a su Madre, mira a tu hermano”. También las imágenes de los pasos nos pueden ayudar visual y emotivamente a este “despertar”.

b) LA LITURGIA DE CATRAL.

Con Jesús, dice el papa Francisco, “se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (mensaje de Cuaresma 2015)

Esta frase me permite invitaros a participar en las celebraciones litúrgicas, especialmente del domingo de ramos, del Jueves Santo, del viernes Santo y de la noche de resurrección: para seguir con la puerta abierta entre Dios y los hombres, para que fluya la corriente de amor, para que la palabra cale en el alma y su eco mueva sentimientos y acciones, para que la fuerza de la Eucaristía configure a cada cristiano con Jesús, para que la alegría siga impulsando el compromiso por un mundo según el corazón de Dios, según El lo pensó para bien de todos.

Pero hay un momento singular, que me atrevo a recomendaros con intensidad. Se trata de la Adoración del Santísimo en el Monumento la noche del jueves santo. Después de la celebración de la Misa de Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y la entrega del mandamiento del amor fraterno, “como Él nos ha amado”, se reserva el Santísimo para la Adoración durante toda la noche.

El espectacular “Monumento”, bien trabado en su estructura y magníficamente adornado con las plantas y macetas de las familias del pueblo, en el silencio de la noche, nos permite reservarnos un tiempo especial para estar con Jesús y dejarnos amar por él. En la paz de la adoración, nos unimos a toda la Iglesia que custodia lo más preciado: el Cuerpo, la sangre, alma y divinidad de Jesús bajo las especies de pan: la Eucaristía. Tiempo para el Señor. El tesoro del nuestro tiempo lo retornamos en forma de oración, amistad, afecto, memoria agradecida a nuestros padres, gratitud a Dios por su entrega, humilde ofrecimiento de la vida, porque él nos la ha dado primero. Y conmigo, en mi oración, multitud de hermanos que vienen a Dios a adorarlo. A estar con Él.

Esta oración es el mejor antídoto para vencer la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Con esta fuerza no nos dejaremos robar ni nos cansaremos de vivir el ideal de la fe y del amor fraterno.

c) LAS PUERTAS DE LA IGLESIA, LAS PUERTAS DEL TEMPLO

Junto con la liturgia, están también las procesiones. Es un honor y una responsabilidad que la Iglesia permita a una cofradía o hermandad procesionar los misterios de la Pasión, pues lo hacen en nombre de la misma Iglesia, no a título particular. Por eso todas las cofradías y hermandades han de tener una aprobación canónica de estatutos y estar erigidas como asociación publica de fieles. La Iglesia vela para que lo referente a la fe y a sus manifestaciones responda a la verdad y dignidad de lo que allí se manifiesta. Sentíos, pues, parte de esta Iglesia Diocesana que camina en Orihuela-Alicante.

Antes os decía que la Iglesia es la mano que tiene abierta la puerta entre Dios y el hombre. Pues bien, hermanos cofrades, vosotros, como cristianos, como iglesia, como cofrades, al sacar una procesión a la calle, estáis abriendo las puertas físicas del templo, como símbolo de que hay que facilitar que se abran las puertas del corazón a Dios y a la Iglesia.

También es verdad que la historia nos dice que de diversos modos no se quiere que esa puerta se abra y que en ocasiones es posible que a los cristianos les cojan la mano en la puerta o incluso que las hieran. Es parte del rechazo o de la indiferencia hacia Dios. Lo hicieron con Jesús. Pero no olvidéis que ni la piedra del sepulcro pudo con la fuerza del corazón de Dios.

En este punto os digo a todos los cofrades: asumid este cometido: que las puertas de la fe, de la Iglesia, estén abiertas para que muchos puedan sentir el amor que viene a llamarles o la invitación a entrar para el encuentro con Dios.

Abrid las puertas del templo: salgan las procesiones: salgan las cofradías y hermandades. Salid, salid.

d) LAS PROCESIONES: LAS IMÁGENES

Para las procesiones, unid tres características: religiosidad, sentimiento y arte. Y sobre todo aprovechad para fortalecer vuestros corazones. Las imágenes nos pueden hablar.

*Alrededor de la imagen de nuestro Padre Jesús Triunfante, se arremolinan niños y mayores con palmas y olivos, recordando la entrada en Jerusalén. Es el día especial de las familias: todos con las palmas, los ramos, acompañando festivamente al Señor, al son de la Banda de cornetas y tambores santos Juanes. Y de la Sociedad Unión Musical La Constancia.

Al paso de Jesús, fortaleced el corazón de los niños. Que nadie les robe la inocencia ni les aparte del amor de Dios. Acercadlos, desde su lenguaje simbólico y festivo, al Señor. Les ama.

*A la serena belleza de la Virgen de los Dolores le acompañan las mantillas, las mujeres que se afanan en acompañar sobria y afectuosamente esta imagen que nos evoca a María atravesada por la espada del dolor, porque su Hijo está en Pasión.

Mujeres, fortaleced vuestro corazón junto a María. Poned vuestro genio femenino en humanizar con sentido y superando desánimos, y aunque también llevéis alguna espada en el corazón, orad y pedid para que nada ni nadie os arrebate la fortaleza y el estar siempre junto a nuestro Señor. Porque la mirada de una mujer, la mirada de una madre es bálsamo y garantía de superación.

*Cuando veáis a Nuestro Padre Jesús Cautivo y a nuestra Señora de la Merced, en la procesión de los Escapularios,  recordando sus historias de cautiverios y de gracias o mercedes, ¡cuántas gracias hemos de dar a nuestro Señor por ser solidario de las esclavitudes humanas, sean del alma por los pecados, sean del cuerpo por los efectos de la enfermedad, de las dependencias! Y cuántas gracias y alabanzas hay que dar  por haber sido liberados a los largo de la vida de algunas de estas servidumbres que nos ataban.

Por esto, fortalezcamos los corazones para seguir trabajando en la liberación del cuerpo y del alma, para dar gracias por los bienes recibidos, por la alegría recuperada, por las batallas ganadas, y por las que aún quedan por ganar.

*A vuestro lado pasará la santa Mujer Verónica, ostentando el lienzo con la imagen de Jesús: la santa Faz, el santo rostro. Me admira la valentía, el arrojo, la carga de misericordia de esta hebrea. El desafío al miedo, al temor, al respeto humano, tuvo su premio: el rostro de Jesús quedó impreso en su tela, que ella solo quería para aliviar el sudor, la sangre, el dolor.

Hermanos: fortaleced vuestro corazón al recordar esta historia: fuera miedos, fuera el temor al qué dirán cuando se trata de hacer el bien, o manifestar la propia condición de creyente, desafiad lo políticamente correcto cuando se trata de amor y respeto: no hay colores partidistas ni distinciones de razas o credos. El amor es patrimonio del corazón. Y si necesitamos una referencia, ¡ésta es la mujer!

*San Juan evangelista, el joven discípulo, porta el cáliz y la palma, así nos lo han descrito los libros apócrifos: el cáliz, porque estuvo en la última cena y fue quien con más profundidad nos describe el corazón de Jesús. La palma, que la recibe de la Virgen como prenda de gloria futura y regalo maternal por haber estado junto a ella en todo momento.

A vosotros, los jóvenes os digo: fortaleced vuestro corazón, acercándoos al corazón de Jesús. Conocer para amar, amar para servir, servir para que la vida tenga sentido. Sed fuertes, no abandonéis la fe en los momentos complicados de la edad, pues solo en Jesús encontraréis el agua que sacia, la vida en abundancia. Confiad en Jesús, venced al mal.

*Ver procesionar a Nuestro Padre Jesús Nazareno con la cruz a cuestas hace memoria de las estaciones del Via Crucis. Con cuánta fuerza Jesús avanzó hacia su meta final. No se desvió un ápice de la voluntad de Dios, aunque ésta en ese momento fuera tan dura. Pero el fondo era lo que salvaba: “Aquí me tienes, Padre, para hacer tu voluntad”.

A los que lleváis la cruz y a los que ayudáis a llevarla: fortaleced vuestro corazón, pues mirando la debilidad de otros, comprendemos la propia, y no caemos en la prepotencia o la indiferencia hacia el dolor del otro. Pues yo mismo me comprendo frágil y también, ahora o más tarde, necesitado de cirineos.

*Silencio: El Santísimo Cristo de la Salud procesiona solemnemente en la noche del jueves santo. Solo se oye la oración del Vía Crucis, y los cantos penitenciales del coro mixto de la parroquia. Silencio, oscuridad, meditación: es muy grande el misterio del dolor y del amor.

Ocasión preciosa para contemplar en recogimiento el misterio de Cristo en la Cruz: salud para el alma, salvación para todos. Fortaleced los corazones desde el silencio, desde el paso acompasado de los cofrades, desde la luz del compañero que unidas entre sí, nos unen también a la cruz, a Cristo traspasado. Silencio.

La mañana de viernes santo, despertados por las tubas o bocinas del alba, somos convocados al encuentro y al sermón de la Pasión. Y por la tarde, la procesión del Santo Entierro. Es todo el pueblo el que se echa a la calle.

Casi todas las cofradías procesionan: junto con las nombradas, también están las imágenes de la cruz de Labradores, El Santísimo Cristo de la Misericordia, en brazos de María, el Descendimiento, el Señor en el Sepulcro, la Soledad: lo miro como todo un conjunto.

El viernes santo es muy singular. Estáis todos al lado de nuestro Señor,  y de Santa María. Se ha consumado, todo está cumplido.

Sabed estar junto al caído, ayudad en la dificultad, acompañad al difunto y al que llora, tened compasión del corazón de la Madre que en su soledad lora la muerte de su Hijo: solo miradlos a El y a Ella. Solo mirad.

A todos los que participáis, aprovechad para fortaleced vuestra religiosidad bien fundada en el evangelio; el sentimiento de amor y adhesión a Cristo y a María.

Pero nos queda la noche de Resurrección y el día de Pascua. Vivid la Vigilia Pascual y en la mañana de Resurrección nos alegraremos al quitar el manto negro a la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación al encontrarse con su Hijo,  nunca mejor dicho su Hijo en la Eucaristía, en la custodia y bajo palio. LAS CORTESÍAS dejan volar la imaginación, la alegría pascual, vuelve el color, la luz, la esperanza y renovamos la vida y la ilusión: Cristo vive. Este es el solemne mensaje de la mañana de Pascua.

CONCLUSION

Hermanos todos: esta es nuestra historia de salvación, que hemos recibido y transmitimos.         Esta es parte de la tradición de Catral, impregnada de evangelio, de religiosidad, de belleza y arte.

Nada de desánimo ni desmotivación. La fe ha perdurado en el tiempo. Hemos sido constantes en pasar la tradición de padres a hijos, en sembrar esperanza y energía.

Animo, hermanos; valor, cofrades: Jesús y María son los auténticos protagonistas de esta historia. Poneos en la piel del Señor y acurrucaos en el corazón de María. Hay gente que os necesita para mantener la luz, para creer en Dios, para poder mirar hacia arriba y hacia delante. Mantened la generosidad al compartir vuestros bienes con las más necesitados.

Animo, familias, creed en todo lo bueno y renovad vuestra propia fe.

Animo parroquia de los Santos Juanes: eres la casa de la comunidad, aquí está el corazón del pueblo: Nuestro Señor. Como Jesús, aquí nosotros no buscamos el éxito, sino la fecundidad. Que seáis Isla de misericordia en el mar de la indiferencia.

Animo, querido pueblo de Catral: proclamad que Dios no sabe expresarnos mejor ni más alto su amor que ofreciéndonos a su Hijo, “para que todo el que cree en él tenga vida eterna”

Que se abran las puertas:

Salen los Santos.

Sale la Santísima Virgen.

Sale… El Señor

Muchísimas gracias.

José Luis Úbeda Sierras

Vicario General

Hijo de Catral

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2014

PRESENTACION DEL PREGON DE SEMANA SANTA DE CATRAL 2014


Buenas noches a todos los aquí presentes y también para todos
aquellos que no han podido asistir y nos siguen a través de Telecatral.
Antes de empezar quiero dar la gracias al presidente de la Junta Mayor
de Cofradías y a su directiva, por haberme encomendado la labor de presentar
a mi padre como pregonero de la Semana Santa 2014, de lo cual hoy me
siento muy orgullosa. ¡Ya ves!, tanta intriga por saber quién te iba a presentar y
jamás hubieras pensado que era yo.
Cuando me lo propusieron, no me lo podía creer, ¡yo presentando a mi
padre! Para mí es un sueño, pues recuerdo cuando en el Cine Marina se le
hizo un homenaje a mi abuelo Miguel y él fue el presentador, tan orgulloso de
mi abuelo. En aquel momento con ocho o nueve años que yo tenía, recuerdo
que pensé, quizá algún día yo haga lo mismo por él. Y aquí estoy.
Deciros que Miguel Berenguer Gómez nació en el seno de una familia
trabajadora, su padre, Miguel Berenguer Rodríguez, agricultor, amante de la
música y de la familia, y su madre Concha Gómez Mompeán, mujer de
carácter y trabajadora de su casa. Ese amor por la familia que mis abuelos
transmitieron a mi padre, es el que él me ha transmitido y lo que me hace estar
hoy aquí haciendo su presentación con todo mi cariño.
Su infancia se desarrolla aquí en Catral, entre las dificultades de la
época que le toca vivir, muy protegido por parte de mi abuela, pues como
sabéis es hijo único, la cual ejerce una influencia muy grande sobre él.
Realizó sus primeros estudios, hasta los diez años, con el maestro D.
José Navarro. Este hombre lo estuvo preparando, como a muchos vecinos,
hasta el tercer curso de bachillerato para poderse presentar a los exámenes
que se realizaban en el Instituto Jorge Juan de Alicante, único centro de
enseñanza pública en la provincia por aquellos años. A partir de este curso, se
instala en Alicante, en casa de unos conocidos de mi abuela hasta que acaba
el bachiller.
De firme vocación militar, comenta en su casa su intención de ingresar
en la Academia Militar de Zaragoza, lo que provoca la firme oposición de mi
abuela, que le dice que no, por lo que realiza con éxito el Examen de Estado e
ingresa en la Facultad de Derecho de Murcia. Aquí realiza el primer curso y
descubre que aquello no era lo suyo, lo suyo era lo que vivió en su familia, la
agricultura. Al finalizar el curso, se presenta al examen de ingreso en la
Escuela de Ingenieros Agrícolas de Barcelona. Para realizar estos estudios,
abandona Catral y se instala, en Barcelona, en la casa de una señora de
Catral, pero que vivía allí y que aquí se le conocía como la Isabel “del médico”,
donde ocurren múltiples anécdotas muchas de ellas conocidas por algunos de
los aquí presentes.
Una vez acabados los estudios, comienza su andadura profesional al
ingresar en el cuerpo de Ingenieros del Estado, obteniendo una plaza en la
provincia de Cuenca. Allí permanece unos meses hasta que vuelve
definitivamente a Catral, y empieza a trabajar en una empresa norteamericana,
dedicada a la comercialización de productos fitosanitarios, establecida en
Murcia.
A pesar de sus vocaciones y su trayectoria profesional descritas
anteriormente, su verdadera vocación fue Catral, su amor a Catral, y así
accede al Ayuntamiento como concejal electo por el tercio de entidades, cargo
que jura el día de Santa Agueda de 1967. El 7 de Agosto de 1970 es elegido
Alcalde, cargo que ostenta hasta su cese el 16 de abril de 1979.
Desde esta fecha, hace un paréntesis, y el 30 de junio de 1987 jura de
nuevo como concejal del Ayuntamiento de Catral, hasta el 30 de marzo de
1988 en que jura de nuevo como Alcalde hasta el 5 de diciembre de 1989 que
renuncia a la Alcaldía y pasa a ser de nuevo concejal hasta el 14 de junio de
2003, que se retira definitivamente de la vida pública.
Durante todos estos 30 años de servicio a Catral, 11 años como Alcalde
y 19 años como concejal, la mayor satisfacción que ha podido experimentar y
que él manifiesta con orgullo, es que lo hizo por amor a su pueblo y de forma
totalmente desinteresada y altruista, ya que siempre compaginó la dedicación a
su trabajo con el servicio a Catral. Pues no podemos olvidar, o yo no puedo
olvidar, que el tiempo que le dedicaba a Catral era tiempo que no nos dedicaba
a la familia, aunque eso sabes que lo tienes perdonado, pues ese tiempo que
no nos dedicaste, hoy se lo dedicas a tus nietas, mis hijas, tu alegría.
Como la Semana Santa es parte inseparable de la vida de Catral, su
amor profesado a Catral se traduce en su amor a su Semana Santa, pues
siempre ha presumido, siguiendo el consejo de mi abuelo, de ser cofrade del
Cristo de la Salud y de Ntro. Padre Jesús Nazareno.
Con todo lo dicho y sin más premura, pues hoy el protagonista es él, os
dejo con el pregonero de la Semana Santa de Catral 2014, D. Miguel
Berenguer Gómez, mi padre, al que quiero, adoro y admiro.

Anabel Berenguer Manzanaro. Año 2014

PREGON DE SEMANA SANTA DE CATRAL 2014
MIS AÑORANZAS


La Semana Santa en mis añoranzas es la solemne celebración del
Misterio de la Pascua. El Hijo de Dios llega en su amor a lo sublime, que es su
Pasión y Muerte. El amor triunfa a la muerte. Es la semana grande del
cristianismo, donde se manifiesta en toda su grandeza el amor y el dolor, la
semana de la vida y la muerte. Es la semana donde se manifiesta todo el amor
de Dios a los hombres creados por El.
Buenas noches y un saludo cordial al Sr. Cura Párroco D. Alejandro, al
Rvdo. D. José María García Bernabé, al Rvdo. D. Sebastián Aguilar Ferrández,
así como al Sr. Alcalde y al Pleno Municipal, al Presidente de la Junta Mayor de
Cofradías de la Semana Santa y a su directiva. Saludo afectuoso a los
presidentes y miembros de las Cofradías:
1º Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sª de la Encarnación.
2º Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Triunfante.
3º Cofradía de Ntro. Padre Jesús Cautivo y Ntra. Sra. De la Merced.
4º Cofradía de la Santa Mujer Verónica.
5º Cofradía de San Juan Evangelista.
6º Cofradía de Ntra Sra de Los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia.
7º Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.
8º Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro.
9º Cofradía del Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz.
10º Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.
También a todos ustedes que están en el templo y que son la base y sustento
de la Iglesia.
La Junta Mayor de Cofradías me pidió realizar el pregón de Semana
Santa de 2014, en una visita prácticamente oficial que me hicieron en casa, no
me negué a ello por varios motivos, el primero porque soy cofrade de varias
cofradías desde muy pequeño, ya que mis padres estaban inscritos en varias
de ellas y por tanto no podía de ninguna manera negarme y, en segundo lugar,
porque soy una persona católica practicante desde el bautismo, así como mi
familia y la Semana Santa siempre ha sido un oasis de religiosidad, que
normalmente, durante el resto del año, por diversos motivos, se ve disminuido.
La Semana Santa es la actualización anual del Misterio de Dios, que es
amor, escondido desde la eternidad y revelado en Jesucristo. De no ser así el
cofrade sería un mero actor, la procesión teatro en la calle y la expresión
religiosa una manipulación de la religión.
Mis recuerdos de niño de la Semana Santa en Catral se resumen en
vivencias y consultas al libro editado por D. Manuel Sierras Alonso y D. José
María Penalva Martínez, a lo siguiente:

Domingo de Ramos.- A las diez se celebraba la procesión de Las
Palmas. Los niños vienen con palmas a la ermita de la Purísima para
presentarlas al sacerdote, que las bendecía, así como los ramos de flores.
La procesión se trasladaba de la ermita a la Iglesia y allí se celebraba la
Santa Misa. La Misa, después de la Procesión de las Palmas era un
espectáculo porque los niños estaban inquietos y era imposible concentrarse.
Martes Santo.- En la noche se hacía el traslado de algunas imágenes a
la ermita de la Purísima. Esta procesión carecía de solemnidad y era
acompañada por los miembros de las cofradías y por los fieles más
involucrados con la Semana Santa.
Miércoles Santo.- Ya había ambiente de Semana Santa, pues
empezaban las confesiones de los fieles en la iglesia con los sacerdotes
locales y algunos que venían de fuera, ya que éstas eran masivas, pues
prácticamente todo el pueblo asistía a ellas.
Jueves Santo.- Se hacían dos misas, como ahora, en las cuales la
segunda era la más solemne, asistía el Ayuntamiento en pleno y las
comuniones eran masivas. El templo estaba completamente lleno y como no
había bancos para sentarse, cada uno se traía su propia silla de casa.
Acabada la misa solemne, como el monumento se había colocado, se
llevaban las Sagradas Especies al mismo con toda la solemnidad bajo palio.
Lo importante era que el monumento estuviera acompañado de fieles
durante el día y la noche. Recuerdo perfectamente las guardias que se hacían
por parte de la Sección Femenina, Falange Española y más tarde, cuando
éstas desaparecieron, empezaron a hacerlas las Amas de Casa, con unas
relaciones que se ponían en la puerta de la iglesia, para que los afectados
supieran su horario.
Se hacían los oficios de tinieblas. Los sacerdotes intervenían cantando
salmos.
Los niños nos encontrábamos en la Plaza de España y, de vez en
cuando, nos asomábamos para ir comprobando como iban los oficios
religiosos, para comprobar cuantas velas estaban encendidas en el candelero
y, cuando las velas estaban todas apagadas, se entonaba, por los sacerdotes,
el miserere, golpeando con sus misales los bancos y sillones donde se
encontraban sentados, siguiendo el ritual religioso.
Todos nosotros, en la Plaza de España, con palos y con lo que
podíamos, golpeábamos puertas, ventanas, carros, tartanas, armando un
tremendo escándalo, hasta que los municipales, el tío Pichi y el tío Manuel, los
dos únicos municipales, nos hacían callar.

Sermón de la “bofetá“.- Este era un sermón muy célebre, en mis tiempos
infantiles ya había desaparecido, pero se lo había oído contar a mi padre
muchas veces, el escándalo que se montaba dentro de la iglesia, dándose
bofetadas unos a otros, cuando el predicador narraba el episodio, cuando el
criado de Anás da una bofetada a Jesús, en una de las contestaciones del
Redentor a Anás, en el juicio que se estaba celebrando. Según me contaban,
incluso en la calle, continuaban las bofetadas. Algunos tenían que pasar por la
consulta del médico López (Dr. en Medicina) y padre de Lola, Isabel y Aurora.
Procesión del Silencio.- La procesión del Silencio la conocemos todos. A
las doce en punto de la noche, en estas fechas a las once, recorría las calles
tradicionales de Catral ésta procesión, saliendo de la ermita de la Purísima y
volviendo a la ermita.
La Pasión.- Terminada la Procesión del Silencio, unos se van a
descansar a su casa, otros a velar al Señor y un grupo numeroso va
recorriendo las calles cantando “La Pasión” con el sonido de una grandes
trompetas, cuyo nombre concreto desconozco. La melodía no sé de qué época
será, pero es un sonido, que me da la sensación, que eran como instrumentos
romanos.
Siempre he conocido a la familia Llopis hacerlas sonar. Durante los
cantos de La Pasión, la gente que va aprovecha las paradas para reciclarse
con invitaciones de los vecinos.
Viernes Santo.- A primera hora y desde la ermita de la Purísima, salía
una procesión en la que, según mis recuerdos, desfilaban las imágenes: Ntro.
Padre Jesús, San Juan, Virgen de los Dolores y el Cristo de la Salud.
Cuando se llegaba a la Plaza de España, y desde el balcón del
Ayuntamiento, se hacía un sermón, igual que hoy en día. Este sermón se
refería al encuentro de Jesús con su madre en la calle de la Amargura.
Terminado el sermón, la procesión continúa por el resto del pueblo y
terminaba en la ermita de la Purísima.
A primera hora de la tarde se traen las imágenes a la iglesia para
prepararlas para la procesión del Santo Entierro de la noche.
A las 10 de la noche, salía la primera imagen de la Iglesia para dar
comienzo a la procesión del Santo Entierro. En esta procesión, de una
solemnidad extrema, acompañaba a las imágenes el Ayuntamiento en pleno,
los cofrades con sus túnicas y muchas mujeres con traje negro y mantilla, lo
que en este municipio se les llama “manolas”.
Sábado Santo.- A las 9 de la mañana, Misa de Resurrección, es una
misa que a mí siempre me ha gustado, ya que empezando en una tenue
oscuridad, al entonar el sacerdote el “Gloria in Excelsis Deo”, las luces se

encendían en su totalidad, las campanas al vuelo, se empezaban a disparar
escopetas al aire y los chiquillos iban con palos dando porrazos a las puertas
que no estaban vigiladas. Si coincidía con la tanda de riego, en la plaza de la
iglesia, por la que pasaba la antigua acequia de riego descubierta, los allí
presentes se arrojaban cubos de agua unos a otros.
Como anécdota, el Sábado Santo de 1945, siendo yo un niño, un
agricultor, donde la mayoría vivía en plena huerta, vino con una carriola a
recoger a Dª Lola, la comadrona.
Este agricultor venía a recogerla para llevar a la comadrona a su casa en
la huerta, ya que su esposa iba a dar a luz, pues en aquella época los partos se
hacían en el domicilio particular. Este hombre aparcó la carriola en la calle,
esperó y cuando bajó Dª Lola la subió para desplazarse a asistir a la futura
madre en su parto. En ese momento pasaban con cubos de agua, Juan
Rocamora, Juan de Dios “el toca” y su hermano Ricardo y, sin pensárselo dos
veces, lanzaron los cubos de agua al marido de la parturienta y a la
comadrona, la cual “echa una sopa”, bajó de la carriola y subió a su casa a
cambiarse, diciendo disparates a los que la habían duchado. El parto se atrasó
media hora.
Domingo de Resurrección.- Se realizaba a una hora temprana la
procesión de las Cortesías. La Virgen, cubierta con un velo negro desfilaba por
la calle San Juan, cruzaba por Cervantes y doblaba hacia Santa Bárbara. De la
Iglesia sale el Santísimo bajo palio dirigiéndose por la calle Santa Bárbara. En
mitad de la calle había un altar y allí ambas procesiones se encontraban,
haciéndose unas cortesías en ese momento. A continuación ambas
procesiones se funden y se dirigían a la iglesia donde se celebraba la Misa.
A grandes trazos, ésta era la Semana Santa de mi niñez.
Hoy es distinto, no es comparable, los tronos de los pasos actuales, con
la belleza de su ornamentación, los estandartes con sus preciosos bordados,
con los tronos de aquellos años, aunque en religiosidad, fe, creencias y amor al
Resucitado, dudo que hubiera diferencia alguna.
Para mí la Semana Santa, no sólo es la semana donde conmemoramos
la crucifixión y muerte de Jesús, ya que durante todo el año la tenemos que
tener presente y vivir con arreglo a ella, ya que el cristiano convencido tiene
que tenerla como referencia de su vida.
Si la muerte es el final de todo, ¿la vida tiene algún sentido?, todos los
esfuerzos que realizamos durante nuestra vida son vanos, ¿para qué seguir
unas normas que, aunque socialmente nos sirven de convivencia cívica, no
tienen recompensa alguna en el más allá?

Si Jesús no hubiera resucitado, sería un muerto a través de la historia,
que no significaría nada, que no representaría nada, ya que sería un ser vivo
más que ha habitado la tierra. Lo más importante es la inmortalidad del alma.
Si la Resurrección no existiera y Jesús se hubiera corrompido, que era lo
normal, todo habría quedado sin terminar, pues se demostraría que lo
importante para un cristiano, que es la Resurrección, no habría tenido lugar y,
por ello, todo quedaría sin hacer. Se diría que todas las buenas obras de una
persona cristiana no le sirven para nada, que todas las atenciones con el
prójimo son innecesarias, que las buenas obras no tienen importancia.
De ahí el interés en intentar suprimir el Domingo de Resurrección, que
en nuestra religión es lo más importante, ya que si Jesús no resucita, es un
hombre más que ha existido, buena persona, pero sin significado en nuestra
historia.
Dios quiere al hombre con un amor infinito y esto se demuestra mediante
la Resurrección de Jesús, ya que esto es el cariño de Dios al hombre y por ello
el cristiano tiene que tener la esperanza de la salvación.
Esta fe es la que tenemos o debíamos tener todos los cristianos. La
muerte es dura y todos los sufrimientos durante nuestra vida son difíciles de
sobrellevar, pero el cristiano tiene una característica muy importante, que es su
ánimo de resistencia, que es capaz de llevarlo hasta la muerte si es preciso y, a
través de la historia, tenemos ejemplos notables de esto y que al mismo tiempo
ha servido de caja de resonancia para los propios cristianos.
Hay momentos difíciles en nuestra vida, ya que el cristiano durante su
vida pasa por momentos desagradables y algunas veces trágicos, como la
muerte de seres queridos, unas veces por enfermedad, otras veces por
accidentes trágicos, pero el cristiano tiene la convicción de que Dios lo hace
por nuestro bien y darle sentido a nuestra vida, en un futuro no muy lejano.
El amor es lo más importante que tiene el cristiano, sin él es imposible
vivir una vida cristiana.
Acompañando al amor, tenemos que tener fe y, al mismo tiempo,
esperanza, ya que sin estas virtudes es imposible vivir en situaciones que, por
desgracia, vivimos los cristianos en ciertos momentos con verdadera
desesperación.
No debemos andar por la vida con tristeza, ni con amargura, ya que la fe
del verdadero cristiano tiene que transmitirse a los demás y precisamente que
al cristiano lo reconozcan por ello.
Pero el ejemplo de los creyentes es necesario para transmitir nuestra fe
a los demás, ya que el ajetreo de la vida, cada vez más complicada, nos hace
muchas veces olvidarnos de nuestras creencias y actuar de forma distinta a

ellas dando malos ejemplos. Hoy yo, desde este altar, doy las gracias a mis
padres por haberme educado en la fe de la Iglesia, por haber sabido
transmitirme esa fe que profesaban y que a ellos también les transmitieron.
Siendo yo estudiante de séptimo de Bachillerato, ya que en aquellas
fechas el Bachillerato eran siete cursos y posteriormente un Examen de Estado
para ingresar en facultades o en politécnicos, nos hacían, en la asignatura de
literatura, leer libros de autores reconocidos, tanto en prosa como en verso.
Entre los varios que leí, llegó a mis manos un poema de José María Gabriel y
Galán, poeta no muy conocido en esta época, titulado “La Pedrada”. Describía
una procesión de Semana Santa en Castilla, donde los pasos de la procesión
no eran imágenes, si no que eran personas físicas. El paso en cuestión era el
de Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario. En esta procesión, detrás
de Jesús, iban los sayones, simulando dar latigazos a Jesús, y las cabezas las
llevaban cubiertas con caperuzas de cartón. Un niño, que iba con su padre en
la procesión, al ver aquello, cogió una piedra del suelo y se la tiró a uno de los
sayones, le dio y la caperuza cayó al suelo. El padre, sorprendido, recriminó a
su hijo y, algunos componentes de la procesión se acercaron al niño a
preguntarle por que había hecho aquello. El niño contesta: porque sí, porque le
pegáis sin haber hecho nada malo. Este niño se hace mayor, vive su vida y
reflexiona:
Hoy, que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?
Feliz Semana Santa y feliz Pascua de Resurrección. Muchas gracias.


Miguel Berenguer Gómez. Año 2014.

PREGÓN SEMANA SANTA 2013

PRESENTACIÓN DE JOSÉ ABELLÁN MARTÍNEZ COMO PREGONERO DE LA SEMANA SANTA 2013

ANTONIO GRAU SÁEZ


Catral, 16 de marzo de 2013

Buenas tardes a todos los que habéis querido acercaros a este Pregón de nuestra querida Semana Santa. También un saludo especial a todos los que, al no poder asistir, lo siguen  por televisión. Gracias porque es una alegría compartir juntos la fe.

Mi agradecimiento a la Junta Mayor de Cofradías por pensar que podía presentar al pregonero de la Semana Santa 2013. Gracias a Pascual Flores y Pedro Calvo por vuestra cercana propuesta.

Hoy tengo el honor de presentar a José Abellán Martínez. Nace en Villena, sus padres José y Pilar lo celebran con la alegría del primer  hijo. Unos años más tarde Dios bendijo esta familia con otro hermano. Trabajo y estudio fueron juntos de la mano hasta sus 16 años, momento en el que abandona los estudios y se queda a trabajar en una fábrica de calzado durante tres años.

Corría  el año 1977, creo recordar, cuando conocí a Pepe Abellán. Él tenía  20 años y dejó todo para  formarse en el Seminario de Orihuela con el objetivo de servir al Señor para toda la vida, fue el inicio de una nueva etapa de su noviazgo y su entrega al Señor. Fueron buenos años, compartimos muchas alegrías y alguna que otra tristeza, pero nada de esto hizo que no surgiera una buena amistad.

Ser compañero, ser amigo es un valor que no está unido a estar siempre juntos. Hay veces que la vida propone una distancia, y así ocurrió. Tras 4 años juntos, cada uno tomamos vocaciones distintas. Y es el mes de julio de 1984 cuando es  ordenado sacerdote.

Y casi sin darnos cuenta fue transcurriendo nuestra vida hasta que  en 1990 apareció por nuestro pueblo como párroco. Fue una alegría cuando nos enteramos de la noticia.

Yo pienso, con  Carlos Díaz, que amigos son aquellos seres que te conocen y sin embargo te quieren, los que te preguntan cómo estás y esperan a oír la respuesta, los que no esperan a que les llames, pues llegan mucho antes para auxiliarte porque desde el primer momento estuvieron atentos a lo que precisabas, los que te abren sus puertas cuando llegas con tus muletas.

En estos momentos, en plena Cuaresma y cerca de la Semana Santa, me quedo con las palabras de San Juan, que allá por el capítulo 15 de su evangelio nos recuerda, hablando del mandamiento por excelencia: “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos”.  Y pensando en esta frase, y pensando en la entrega de Pepe como sacerdote, quiero compartir una historia que algo tiene que ver con todo esto:

Cuentan que una vez un soldado acudió a su superior diciendo:

-“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para salir a buscarlo”.

-“permiso denegado”, replica el oficial, “no quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente habrá muerto”.

El soldado. Haciendo caso omiso de la prohibición, sale; una hora más tarde regresa mortalmente herido transportando el cadáver de su amigo. El oficial le grita furioso:

-“¡Ya le dije yo que había muerto!¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?

-“¡Claro que sí, señor, cuando lo encontré todavía vivía y pudo decirme:

-“Amigo, estaba seguro de que vendrías”

Estoy seguro que tu decisión, tu alegría, empuje, ganas, sueños, iniciativa y sobre todo la pasión con la que haces las cosas y afrontas los retos, que a otros nos haría temblar, fueron las herramientas que pusiste al servicio de la Iglesia desde 1984 cuando apareciste como formador del Seminario durante 6 años hasta 1990 que llegaste a Catral. Desde 1990 hasta 1996 te dedicaste en cuerpo y alma a compartir y animar nuestra vida parroquial y provocar un nuevo hacer dentro de ella. Desde aquí a Villena, como párroco de Nuestra Señora de las Virtudes hasta 2006. Un año en Castalla. Y desde 2007 es el actual párroco de Santa Ana de Elda, compartiendo esta tarea con la de Vicario Episcopal de la zona IV de la diócesis de Orihuela-Alicante.

No quiero dejar pasar por alto su faceta como director de programas de televisión durante 10 años. Desde “Mirador” en Canal Vega Baja a “De par en par”. Muchas imágenes, muchas horas, muchos viajes para buscar formas nuevas de acercarnos  a Cristo.

Y allí, en Elda, sigue sembrando, descubriendo y redescubriendo que hoy, igual que hace unos años, lo importante es sembrar y confiar. Aunque a la semana siguiente de la siembra no veas nada, aunque parezca que el trigo murió debajo de la tierra. Y después de un invierno duro, cuando vuelves unos meses más tarde, con tus asombrados ojos descubres un  espectáculo conmovedor de un inmenso trigal dorado. Así son las cosas de Dios.

¿De dónde viene esta maravilla? De las noches horribles del invierno que tú , Pepe,  y Dios solo conocéis.

Querido Pepe, no pierdas tu alegría, tu pasión. Y si alguna vez, en lugar de adelantar, retrocedes, mantente en pie, sobrevive, persevera como el trigal. Cuando la helada de la aridez te penetren hasta los huesos, persevera con una ardiente paciencia: en tus firmamentos habrá estrellas y en tus campos, que son los de Dios, espigas  doradas.

Que tus palabras nos ayuden a entender mejor este gran misterio de la Semana Santa que estos días celebraremos. Y ahora, os dejo con una persona  que además de ser cura, disfruta siéndolo.

PREGÓN SEMANA SANTA 2013 A CARGO DEL RVDO. D. JOSÉ ABELLÁN MARTÍNEZ


PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL  2013

“EL AMOR HACE NUEVAS LAS COSAS”

La Semana Santa es la solemne celebración del misterio Pascual. He aquí que se acerca la hora en que el amor de Dios manifestado en Cristo llega hasta el fin. He aquí que llega la hora en que el Amor triunfará sobre la muerte. Es la semana grande, la semana del dolor y del amor, la semana de la muerte y de la vida, la semana primera del mundo nuevo. Es la semana del gran PASO de Dios.

Buenas noches. Saludo cordialmente al Sr. Cura Párroco D. Alejandro y a D. José Mª García, al Sr. Alcalde y autoridades locales presentes, al Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral y a su Directiva. Saludo a los Presidentes y miembros de las Cofradías: Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Triunfante; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced; Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Encarnación; Cofradía de la Santa Mujer Verónica; Cofradía de San Juan Evangelista; Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y el Santísimo Cristo de la Misericordia; Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud; Ilustre Cofradía del Santísimo Sepulcro; Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad; Cofradía de El Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Amigos y catralenses todos.

Se me pide por parte de la Junta Mayor de Cofradías que Pregone la Semana Santa de Catral. Fue a primeros de septiembre cuando de un modo oficial recibí en Elda la visita de la Directiva haciéndome tal petición. La verdad es que no tuve que pensarlo dos veces. Por amistad, por deseos y porque se trataba de Catral y de su Parroquia de los Santos Juanes, no pude sino aceptar con gozo la propuesta.

Con vuestro permiso me vais a permitir que os tutée y que mis primeras palabras sean de profundo agradecimiento a quienes han hecho posible que me encuentre esta noche con vosotros. Sin duda que estáis esperando, que por mi boca fluyan las palabras, que escritas con temblores de silencio, y resonando en mi cabeza, quieren llegar hasta el corazón de la audiencia.

Teniendo en cuenta que el Misterio Pascual que celebramos durante la Semana Santa, explícito en la rica liturgia de esos días y que se escenifica plástica, estética y públicamente en las imágenes sagradas que se procesionan por las calles y plazas de pueblos y ciudades, no es, sino la plasmación del amor infinito de Dios a los hombres, explica que mi Pregón tenga por título “El Amor Hace Nuevas las Cosas”.

¿Qué es la Semana Santa, sino la actualización anual del misterio de Dios que es Amor, escondido desde toda la eternidad y revelado en Jesucristo? ¿Qué significado y razón tiene el hecho de ser cristiano hoy, si no es para hacer visible, explícito y creíble al hombre y mujer de hoy, que al egoísmo y a la cultura de muerte que nos envuelve, hay alternativa? ¡Sí!, el mundo puede cambiar, la felicidad es posible, la paz que es don de Dios también es tarea nuestra. Ser nazareno, cofrade o hermano, ser portador o costalero no es sólo cuestión de devoción personal, es en verdad toda una responsabilidad a SER y VIVIR como testigos del asombroso e inaudito amor que representa la imagen que se lleva sobre los hombros.

De no ser así, el cofrade o nazareno sería mero actor, la procesión teatro en la calle y la expresión religiosa una manipulación de la religión. Os ofrezco en éste, mi Pregón de la Semana Santa de Catral, una sencilla reflexión, que si la acogéis con respeto y abiertos al don de Dios podría ayudarnos a mejor entender el Misterio que durante estos días grandes queremos vivir los cristianos.

No están olvidadas las palabras que cantábamos con alegría hace unas semanas en Navidad: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Pero, la misión de Jesucristo acababa de empezar: “Es necesario que el mundo comprenda que amo al Padre, y que lo que el Padre me manda, yo lo hago”. (Jn 14,31).

Con el domingo de Ramos se inicia la Semana Santa, durante la cual, celebramos la culminación de la gran obra de salvación de Dios, que por medio de su Hijo Jesucristo es el inicio de la Nueva Alianza entre Dios y la humanidad.

Este Domingo comienza con una manifestación mesiánica de Jesús, aclamado por discípulos y pueblo como “rey que viene en nombre del Señor. Pero, el que fue aclamado será perseguido. Al que montaba en un borrico lo clavarán en una cruz”.

Ese día recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La Imagen de Ntro. Padre Jesús Triunfante aparece, no como el esperado rey poderoso que se afirma por su fuerza, sino como un humilde “Servidor” que vive de la Palabra de Dios. Lo podemos ver en la calles de Catral acompañado de la Madre de la Soledad, de los Dolores, de la Merced y de la Salud. Unos días más tarde se verá que costó mucho sufrimiento. Es el sufrimiento de las madres que lloran en la soledad de la noche, al ver a sus hijos enganchados a la droga y destruidos por la falta de valores esenciales. Es el Cristo de la Misericordia, máxima expresión del dolor de un hijo ante madre dolorosa.

Viernes Santo y Domingo de Resurrección forman un todo, una sola obra del Señor. No hay Eucaristía sin crucifixión; no hay resurrección sin la pasión y muerte de Jesús. El triduo santo de Jueves, Viernes y Pascua está relacionado entre sí; son aspectos inseparables. Las calles de Catral esperan en silencio que, tras la celebración de la Cena del Señor en el templo parroquial, en la que Jesús ha dejado su herencia a los discípulos, se produzca el momento cumbre: Ha ido Jesús con sus amigos más íntimos al Huerto de los Olivos. Ahora se siente solo, abandonado de todos; hasta los más queridos muestran más recelo que confianza en Él. Es la Procesión del Silencio.

Jueves Santo es un día cargado de fuerza y riqueza espiritual. Es el día del amor por excelencia. En este día de amor y de Eucaristía nos sentimos pobres, mezquinos y sucios. Por eso necesitamos que Dios tenga misericordia de nosotros y que agrande y encienda nuestro corazón.

Jesús quiso lavar los pies de los discípulos por muchas razones: como purificación del alma, para sentarse limpios a la mesa del Pan; como actitud de servicio a los hermanos; como ejemplo sublime de humildad.

La Iglesia vive de la Eucaristía; vive de y en el amor. Por eso el mandamiento del amor es una necesidad de la vida cristiana. Es la última voluntad de Jesús: “que os améis, como yo os he amado”. “Lo que hacéis con uno de estos pequeños, conmigo lo hacéis”.

Cristo sufre como hombre. Cristo Jesús Cautivo gritará: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¡Sí!, con la llegada de la primavera con su equinocio, cuando el día y la noche duran igual y a partir de ahí el día es más largo y las noches más cortas. Cuando las primeras flores ya están abriendo y nos dicen con su color que están preparadas para acompañar a Cristo en su calvario…, los cristianos conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén, la Última Cena de Cristo en la que ofreció pan y vino a sus Apóstoles dando origen a la Eucaristía, la muerte de Cristo en la Cruz, Cristo en el sepulcro, y finalmente, su resurrección.

La Semana Mayor representa en nuestras calles un sentimiento de escenificación del Amor más Grande y de la Misericordia más entrañable. Ntra. Sra. de la Merced nos ayuda a profundizar en el misterio que estamos contemplando: el paso de Dios por la noche del hombre. En verdad que Dios ha bajado mucho, ha descendido hasta las simas más oscuras de la existencia humana, hasta los infiernos de la soledad, la tristeza y el dolor.

Pero, este paso de Dios, realizado en Cristo, Ntro. Padre Jesús Nazareno, ilumina todas las noches humanas. Cuando termine ese paso, cuando todos los rincones oscuros sean iluminados, podremos hablar del paso definitivo de la Pascua.

¿Quién es el que cuelga de la Cruz? Es Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Cuando Jesús anunció que moriría en cruz, Pedro rechazó la idea indignado. ¡No puede ser!. “¡Lejos de ti, Señor!”. “¡De ningún modo te sucederá eso!”. Como en otras ocasiones, Pedro no sabía lo que decía, pero reflejaba el sentir humano y natural. Los pensamientos de Pedro no eran los de Dios, ni los nuestros. El misterio de la cruz siempre ha sido lo más difícil de entender.

¿Quién es el cuelga de la cruz? Para unos era un impostor, un falso mesías; para otros un rey de gracia y misericordia que acoge al ladrón arrepentido; para otros es un gran profeta, como ha habido muchos; para otros, como Marta y María o la mujer samaritana, era el Mesías esperado, el Hijo de Dios.

Por las calles de Catral levantáis en alto la cruz, para que todas las miradas converjan hacia este signo de salvación. Miremos con fe a Cristo crucificado para que nos cure de nuestras enfermedades y nuestras muertes. Con la Santa Mujer Verónica, abajemos el orgullo y las cobardías, que nos cure de nuestro egoísmo y codicia, que nos cure de nuestras rivalidades y resentimientos, que nos cure de nuestras desesperanzas y tristezas.

Dios, ni puede querer el tormento de ningún hijo suyo, ni la muerte de nadie. Dios podía salvar al mundo de otra manera. La muerte de Cristo en la cruz fue querida y preparada por el hombre. La cruz es un invento humano.

Cristo fue condenado injustamente. Todos sabían que era inocente, pero les molestaba su mensaje. No sabían que era Dios, pero de hecho asesinaron a Dios. Por eso hay que tener miedo al hombre, capaz de matar a lo más justo y más santo que hay en la tierra. Y más, cada vez que se condena y se mata a un inocente, se sigue condenando a Cristo. Cristo sigue sufriendo condenas injustas y martirios torturantes. Sabemos hasta dónde llega la maldad y la ceguera humana. Pero el que muere así no está solo, Cristo está con él.

La Pasión de Cristo se extiende a los mártires y a cuantos mueren siendo inocentes, tanto a los que han visto la luz, como los que todavía están en el seno de sus madres. Cristo crucificado es el hombre doliente. Es el hombre de la muerte y el hombre de la Pascua. Es el Redentor. Es el Hombre-Dios. La Procesión del Santo Entierro con la Imagen del Santo Sepulcro es la expresión plástica y estética de este Misterio de Amor.

Viernes Santo ponemos en el centro de nuestra celebración la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. Plantamos la cruz en el centro de nuestros corazones. Queremos que esté también en el centro de nuestra sociedad, porque la Cruz de Cristo es nuestro gran dolor, pero es también nuestro gran amor; es nuestra única salvación. La celebración del Viernes Santo es sobria y austera, porque acompañamos a Cristo en su agonía dolorosa y en su muerte.

Ante Dios reconocemos que no somos nada y que Él lo es todo. Ante Cristo que agoniza, reconocemos nuestra maldad y su Santidad. El sacerdote, en nombre de toda la Comunidad, se postra en tierra o se arrodilla profundamente porque celebramos un misterio que nos sobrepasa por el exceso de dolor y de amor, por el exceso de pecado y de misericordia.

La Señal de la Cruz, es ciertamente nuestra señal o nuestra marca, hoy que las marcas se cotizan tanto. Si quieres conocer quién es un cristiano auténtico y valioso, mira si lleva esta marca. Aunque hay que atender dónde y cómo se lleva, claro. No es lo mismo llevarla al cuello que llevarla en el alma, no es lo mismo llevar la cruz de Isabel la Católica que la cruz de Jesucristo.

Se tardó bastante en usar la cruz, quizá hasta el siglo VI, porque la cultura romana se horrorizaba ante este signo de infamante suplicio. Pero de una manera más espiritual y simbólica ya se aludía a ella desde el principio del cristianismo.

Jesús se aplicó a sí mismo el icono de la serpiente de bronce puesta en un palo y levantada para que cuantos la miraran con fe quedaran curados del veneno de las serpientes del desierto. ¡Oh cruz bendita y salvadora! ¡Oh Cristo Crucificado, que no dudaste en ser levantado para que tu medicina llegara a todas las gentes.

El nombre nuevo de Dios es Cristo, y especialmente Cristo crucificado. Por eso la cruz será la señal nueva del creyente. ¡La cruz!.., pero no por el horror, sino por el amor. Esta marca identifica en verdad a los seguidores de Jesús. Podemos estar orgullosos de ella, como san Pablo: “¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo…!”. Los que por el bautismo lleven esta marca ya no necesitan otros signos de identificación.

Pero, lo mismo que se da la vana-gloria, existe también la vana-cruz. Es una cruz vacía, hecha para el consumo. Son esas cruces bonitas y ricas, que sirven de adorno; las cruces valiosas, que dan prestigio; las cruces pomposas, que dan autoridad. Por no hablar de las cruces de la buena suerte o las cruces amuletos y talismanes. Son signos que nada tienen que ver con el significado real. Se “utilizan”, pero a nada comprometen.

La cruz es señal de identidad: “.. en esto conocerán que sois mis discípulos”. Es otra forma de hablar. La cruz es señal del cristiano porque en ella se manifiesta el amor más grande, capaz de dar la vida. El amor es señal del cristiano porque fue el que llevó a Jesús hasta la cruz. En esto se reconocen los hijos de Dios. Sólo por el amor se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo, dice San Agustín.

¿Qué decir de María? No encontramos testimonios directos en los Evangelios, pero nadie duda del encuentro de Jesús resucitado con su madre. No podía ser de otra manera, porque Jesús era un buen hijo y porque María era una buena madre. Nadie lo duda, por eso entre las estaciones pascuales no falta el encuentro con la Madre.

El Sábado Santo lo vivimos junto a la Virgen de la Soledad y Madre de la Esperanza, pues María vive intensamente la soledad, al sentir el enorme desgarro de la muerte del Hijo. María penetró en el misterio de la soledad, uniéndose así a Jesús cuando experimentaba el abandono del Padre: ¿Por qué me has abandonado? Esta angustia fue para Cristo como un infierno, porque destruía su identidad filial. Algo así sufrió María, destrozada cruelmente su maternidad, que era su verdadera razón de ser.

La Virgen aprendió a estar sola para que ya nadie se sintiera solo. María proyectará su presencia sobre todos los que sufren la herida dolorosa de la soledad. María acompañará especialmente a las madres que han perdido algún hijo; a los hijos que han perdido a su madre; a las esposas que han perdido a sus maridos o que han sido abandonadas por ellos; a los abuelos abandonados por sus hijos; a las personas, quizá solteras, que no se sienten queridas; a las personas consagradas que se sienten vacías y sin fruto.

La madre, representada en la Imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, ha descubierto la presencia de Jesús en el centro de su vida. María, la madre de Jesús, se hallaba triste y traspasada de dolor. Jesús viene a consolarla en gesto de amor largo que aparece como principio de los restantes encuentros.

Con la Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores grabamos en el corazón que:

Jesús está colgado de la cruz por tí, para que te acerques.

Jesús es levantado en alto por ti, para que lo mires.

Jesús crucificado intercede entre el cielo y la tierra, por ti.

Jesús cuelga de la cruz llorando y agonizando por ti, para que vivas.

Jesús extiende sus brazos en cruz por ti, para abrazarte.

Jesús está crucificado para que tu prolongues sus abrazos y siembres la tierra de semillas fraternales y brote la reconciliación y la solidaridad.

Sí, Cristo de la Salud es el rostro visible de Dios invisible. Dios ha abierto de par en par su corazón en el amor sin límites manifestado por Jesucristo. Quien busque a Dios lo hallará en Jesús, el Cristo. “Venid a mi los que estáis cansados y agobiados, pues yo soy vuestro descanso”, dice Jesús. Quien quiera saber de Dios que aprenda de Jesús, Evangelio viviente de Dios, salud y vida para el hombre.

Con San Juan Evangelista, el cristiano escribe con su vida el evangelio del Señor. Nuestra respuesta no es afectiva o sensiblera, sino que es expresión de la fe vivida a diario: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. “Me amó y se entregó por mi”.

HACIA EL ENCUENTRO.-

¡Comunidad cristiana de Catral! Ciudadanos creyentes, indiferentes o ateos que tenéis un corazón bueno y estáis en búsqueda de la Verdad! ¡Todos cuantos tengáis en la garganta como un nudo que aprieta, tantos ¿por qués? Sin respuesta! Tengo una buena noticia que daros: ¡Cristo ha vencido la muerte, ha resucitado!

Con Ntra. Sra. de la Merced, Jesucristo nos desvela que la vida ya no tiene límite. Es la alegría experimentada en la Santa Vigilia de la noche de Pascua y que lleváis a la calle con la Procesión de las Cortesías: Encuentro de Cristo Resucitado con Ntra. Sra. de la Encarnación.

La primera noticia de la resurrección de Jesús, tras la de su Madre María, fue para María Magdalena. Sí, era la que buscaba. En cambio los Apóstoles, ellos, tan varoniles y fuertes, encerrados por miedo a los judíos. ¡No sé que pasa, que casi siempre son las mujeres las más atrevidas en la búsqueda del Señor y en el compromiso dentro de la Iglesia.

Durante la Cuaresma y en los próximos días de Semana Santa intentamos, no sólo meditar, sino comulgar con la pasión de Jesucristo. Estudiamos uno a uno los dolores de su cuerpo y de su alma. A través de las llagas del Señor, reflejadas en la Imagen del Cristo de la Salud, intentamos penetrar en el misterio que no es de dolor, sino de misericordia.

Asomaros estos días al dolor del mundo a través de las ventanas sangrantes y dolientes que son las heridas del cuerpo del Señor. Os invito a enterneceros y a asombraros, a bajar a tantos cristos de carne y hueso, como lo hacéis con vuestro Cristo del Amor en el Descendimiento de la Cruz. Esas llagas siguen abiertas y prolongadas en todas las llagas humanas.

De la fuerza de Cristo resucitado nos llega la capacidad de regeneración y renovación. Todo empieza de nuevo a partir de la resurrección. Todo huele a primavera a partir de la Pascua. Ntra. Sra. de la Merced es una llamada a barrer la levadura vieja para ser una masa nueva. Dejemos la maldad y la corrupción; rechacemos la injusticia e insolidaridad, el cansancio y la desesperanza, la rutina y el conformismo.

Todo lo viejo ya pasó. Ahora toca lo nuevo, el pan de la sinceridad y la verdad, los panes nuevos del amor y la solidaridad, los panes limpios de la vida, regalo de Dios y futuro de esperanza, de la justicia y la libertad, los panes grandes del servicio y la acogida, los panes dulces de la misericordia y la ternura.

Jesucristo está aquí. Sí, el lloró y sufrió, el que bebió hasta el fin el cáliz de la amargura, ahora, resucitado y glorioso, nos invita a beber el cáliz de la salvación. El que lloró está aquí gozoso, y nos dice que sus lágrimas eran las nuestras, que ya las lloró todas, que no lloremos más, que nos abramos a su alegría. Él es nuestra Alegría. Él que tembló de miedo está aquí liberado y nos dice: No temáis. Yo soy vuestra victoria.

El que se cansó hasta la muerte, nos dice: levantaos; yo caí por todo y me levanté para todos: “venid a mí todos los que estáis cansados..”. El que fue tentado por todas las fuerzas de las tinieblas nos asegura: “Tened confianza, aunque caminéis por cañadas oscuras, mi cruz os defiende. El que, vencido por la muerte, ató a la muerte a su carro triunfal nos promete: “Yo soy tu resurrección”.

Confesamos que Jesús ha resucitado y vive. Esta es la gran noticia de mi Pregón. Él está aquí, en medio de nosotros hecho Eucaristía. Cada semana la comunidad cristiana se reúne para sentir su presencia, escuchar su palabra y recibir su aliento vivificante. Es el paso, la Pascua de Dios por nuestra vida. Notamos su presencia. Se nota su perfume en la medida que hagamos realidad su mandato: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. Como Juan Evangelista, hagamos que nuestra vida sea evangelio donde otros lean y vean a Cristo.

Se nota su presencia resucitada en medio de su Iglesia cada vez que nos queremos, cada vez que compartimos con el otro, cada vez que nos superamos, cada vez que damos gracias por la vida, cada vez que perdonamos y damos de lo que tenemos, cada vez que ofrecemos lo que somos, cada vez que nos convertimos en portadores de paz y no de violencia, cada vez que damos y sembramos alegría en tantos corazones dolientes y amargados, cada vez que hacemos comunión entre cuantos habitamos nuestros pueblos y ciudades, cada vez que alejamos rencillas y prejuicios, cada vez que convertimos nuestras casas en hogares y en familia donde cada miembro es querido y respetado.

¡Feliz Semana Santa y Feliz Pascua de Resurrección!

¡Muchas gracias!

José Abellán Martínez

PREGÓN SEMANA SANTA 2012

PRESENTACIÓN DEL PREGÓN SEMANA SANTA 2012

Buenas tardes a todos cuantos están presentes en este templo parroquial y a los que nos siguen a través de la televisión.

Ante todo, quiero agradecer a la Junta Mayor de Cofradías y, en especial, a su Presidente, D. Pascual Flores, el honor de poder presentar a mi hermano Joaquín como pregonero de la Semana Santa 2012.

Joaquín Cecilia Ortuño fue un regalo de Reyes. Mi familia siempre contaba que en la Navidad de 1949, cuando yo apenas tenía dos años y medio, ante la pregunta repetida: “Encarnita, ¿qué te van a traer los Reyes Magos?” Respondía:“Una muñeca y a mi mamá, un Joaquinito”. Y así fue. Amaneciendo el día siete de enero de 1950 nació Joaquín, en el grupo de la Purísima, y fue bautizado el día 22 del mismo mes en esta iglesia por Antonio Cecilia y Encarnación Rocamoca, nuestros abuelos paternos.

Realizó sus estudios primarios con dos grandes maestros: D. José Navarro Lillo y D. José Lucas Illán. Después pasó a ser alumno interno en el Colegio Diocesano de Santo Domingo de Orihuela, para estudiar el Bachillerato.

Murcia fue el lugar escogido para culminar su formación universitaria y donde Joaquín se forjó como futuro profesor, cursando la carrera de Filología Hispánica.

Aún recuerdo el día que le acompañé a la secretaría de la universidad con la finalidad de matricularse de primero de Derecho, sin duda, influido por nuestro padre. Pero he aquí que la providencia no quiso que tal deseo se hiciera realidad. En 1967 se exigía para formalizar la matrícula que el alumno apareciera en la fotografía con corbata. Y como éste no era el caso, no pudo realizarla. La anécdota sirvió para reflexionar en su viaje de vuelta sobre su futuro y su verdadera vocación. Así, regresó a Catral y planteó en casa su decisión de que no quería ser abogado, sino profesor.

Como bien dijo Gregorio Marañón:

“La vocación mueve a la eficacia verdadera de los hombres. Todo lo que se hace sin vocación, por importante que parezca, se marchita como una flor. Todo lo que se hace con vocación, aunque parezca insignificante, fructifica para siempre”.

Lo cierto es que Dios lo iluminó y ha podido desempeñar su labor docente en los institutos de Almoradí, Aspe, Tenerife, Alicante y Catral, conectando de un modo especial con los alumnos a los que les despertó el amor por la Lengua y la Literatura.

Somos fruto de una educación y la familia es la primera escuela. Nuestro padre nos inculcó el interés por el estudio y el deseo de saber y nuestra madre una religiosidad sencilla basada en la bondad y la generosidad. Como ha escrito sabiamente el Catedrático de Psiquiatría Enrique Rojas: “Educar es seducir con los valores. Atraer por encantamiento y ejemplaridad hacia lo mejor”.

Joaquín ha vivido y sentido desde muy joven la Semana Santa de Catral, pertenenciendo a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra.Sra. de la Encarnación y, ligado a la familia Llopis Rocamora, se ha esforzado por dedicarle todos los años el tiempo necesario para que las imágenes saliesen a procesionar con la dignidad que merecían. Tal ha sido su entrega que siempre repetía:“Mis vacaciones empiezan el Domingo de Resurrección, una vez acabada la Procesión de las Cortesías”.

Hace ya algunos años fui la encargada de pronunciar este pregón. Ahora, hermano, está en tus manos esta misión. Que tus vivencias de la Semana Santa nos ayuden a sentir y compartir el verdadero significado de la Pasión y Muerte de Jesús.

Encarnita Cecilia Ortuño

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2012

Reverendos sacerdotes

Señor Presidente de la Junta Mayor de Cofradías

Excelentísimo Señor Alcalde

Presidentes de las Cofradías

Miembros de la Corporación Municipal

Señoras y señores

Durante muchos años, cada vez que asistía a la lectura del Pregón de Semana Santa, había una idea que ocupaba mi pensamiento: esta era una buena ocasión para que aquellos catralenses que por imperativo del destino vivían alejados de su tierra pudieran acercarse a su pueblo y convivir con sus paisanos.

Recuerdo también las palabras de mi querida amiga Marianela en su pregón. Decía exactamente: “Ahora sé que se ofrece esa oportunidad a aquellas personas que quieren a Catral y gozan con sus tradiciones, y, entre esas, sí me encuentro”. Yo también, Marianela.

Por ello, muchísimas gracias a la Junta Mayor de Cofradías y a todos los que han hecho posible que hoy sea yo quien tenga el honor de estar aquí para compartir mis vivencias personales de la Semana Santa con todos los asistentes. Gracias.

Tendría diez años, más o menos, cuando me puse mi primera túnica. Era de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cofradía a la que sigo perteneciendo en la actualidad. La cercanía y la amistad con la familia Llopis-Rocamora me llevaron a ella; la religiosidad de mis padres, que en paz descansen, también.

Aquellas procesiones se teñían de cierta antítesis emocional: alegría infantil con los caramelos y respeto ante los cofrades mayores, muchos de los cuales, por desgracia, ya no están con nosotros.

Pasaron los años y me vi metido de lleno en mi cofradía, en la Semana Santa. Si la memoria no falla, algo frecuente en estas edades, no creo haber faltado a esta liturgia, por muy alejado que estuviese de mi pueblo, aunque no siempre me fue fácil cumplir con el precepto que me había impuesto. Enseguida lo comprenderán.

Transcurría el año 1980 y, tras aprobar las oposiciones, surqué los aires y mares para llegar a Tenerife; necesitaba un cambio.

Y vino la Semana Santa. Mis compañeros pensaban disfrutar de sus vacaciones en otras islas; yo tenía que volver a Catral, pero el problema era encontrar una explicación convincente, pues ninguno entendería mi marcha.

La mente un tanto fantástica de un profesor de Literatura y ciertas imágenes de una película rodada en Andalucía me sacaron del aprieto y así fue como, llegado el momento, a la pregunta de un murciano con el que compartía piso, mi respuesta fue:

“Me voy a mi pueblo porque salgo en una procesión y libro a un preso”.

Claro que luego venía la explicación: “Sí, mira, una vez allí, pregunto por los prisioneros que hay, normalmente tres, y el día del desfile procesional me suben a unas andas y al compás de la música muevo mi mano dirigida a ellos. Al terminar la marcha, aquel a quien señale mi dedo queda libre”.

La noticia se extendió por el instituto: “El Sesilia”, así me llamaba el murciano, se va porque libra a un reo. Es probable que mi imaginación se hubiera desbordado, pero yo tomaba el avión para vivir mi Semana Santa, a la vez que interiormente solicitaba para mí el perdón a Nuestro Padre Jesús Nazareno por esta mentira piadosa.

Y así sigo en la actualidad, llevando la cruz en las procesiones, por ser el más antiguo, pero sin conceder indultos. Sirvan todas estas connotaciones personales para que entiendan que la visión de la Semana Santa que les voy a mostrar está hecha fundamentalmente desde un punto de vista, el mío, oculto bajo mi túnica, unas veces, delante de la imagen de mi Santo, otras, pero no desde la puerta o balcón de mi casa.

Hace ya unos días que empezó la Cuaresma. El mensaje del papa Benedicto XVI nos dice: “La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. Este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la palabra de Dios y de los sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.

Puede ser que, al analizar este mensaje e iniciar nuestra conversión que debe comenzar por el corazón, descubramos las faltas de amor a Dios y a nuestros hermanos. Ante esta realidad, hay tres opciones:

a) La soberbia de pensar que no necesitamos arrepentirnos y cambiar.

b) La desesperanza de creer que no tenemos arreglo.

c) La confianza(basada en la certeza) en que la gracia de Dios no sólo perdona nuestras faltas, sino que también nos da fuerzas para seguir caminando hacia la santidad, o sea, para ser, cada vez más, la mejor versión de uno mismo. Basta que le digamos, como en el Evangelio: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús siempre da la misma respuesta:

“Quiero. Queda limpio”.

Si optamos por la última elección, estaremos preparados para vivir la Semana Santa, que es uno de los momentos litúrgicos más intensos para los católicos pues nos recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Lo importante de este tiempo no es el evocar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

Decía un teólogo dominico, Fray Bartolomé de Carranza:

“Si preguntáis qué es, en sustancia, la Pasión de Cristo, digo que fue una satisfacción llana, cumplida, entera por todas las partes, que hizo Jesucristo a Dios por las ofensas que había recibido de nuestros pecados. Recompensó Cristo y satisfizo, padeciendo y muriendo, la injuria que habíamos hecho los hombres a Dios pecando; y lo que Él pagó ofreciendo su sangre y su vida por nosotros, no solamente igualó, sino que sobró mucho a lo que debíamos por nuestros pecados, aunque la deuda nuestra era muy grande”.

La celebración de la Semana Santa es muy peculiar en los diversos pueblos y ciudades de España. Veamos cómo vive Catral la suya.

VIERNES DE DOLOR

La imagen de este día es Nuestra Señora de la Merced, patrona de los cautivos. Sus cofrades nos invitan a rezar en la calle los siete dolores de la Virgen.

DOMINGO DE RAMOS

Un cielo azul mediterráneo y un sol esplendoroso anuncian el amanecer de este día; así lo imagino siempre.

Los nazarenos, con su hábito hebreo y su palma, portan la imagen de Jesús Triunfante.

Las madres compraron las mejores galas para sus hijos; la alegría reina por todas partes.

A lomos de borrico

venía el Rey Soberano,

así entró en Jerusalén

donde muchos lo aclamaron.

Anónimo

Y Jesús, ¿qué hace? Él, digno de montar el mejor corcel, aparece en un humilde asno, pues prefiere la grandeza interior; la fachada es algo más superficial.

Por la noche, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores desfila acompañada de mujeres que lucen orgullosas la tradicional mantilla. Ellas miran a la Virgen y le intentan decir:

“¡Deja caer tu pañuelo y te secaremos las lágrimas! Así, mitigaremos tus penas”.

Si compartimos el sufrimiento con nuestros hermanos, el dolor será menos intenso para todos.

LUNES SANTO

Es noche cerrada, salgo a la puerta de casa y observo con atención el caminar de la gente hacia la iglesia. Noto que algo distinto flota en el ambiente. Siento la necesidad interior de ir yo también para presenciar la salida de la procesión penitencial de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced.

La plaza está repleta de gente, la oscuridad y el silencio sobrecogen; las puertas del templo, cerradas.

¿Qué está ocurriendo dentro?

Según me cuenta Rafael Torregrosa, vecino, amigo y un miembro más de mi familia, allí, en el interior, se viven momentos de recogimiento, reflexión y oración.

Estos jóvenes buscaban una procesión austera, “de las otras ya había”; de ahí que el cofrade, para aislarse del mundo exterior, se ponga la túnica en la iglesia y mantenga el anonimato.

El intenso silencio, cargado de olor a cera e incienso, preside el preludio del acto religioso.

Y yo, por circunstancias del destino, pueda dar fe de todo ello.

Cierto día logré esconderme en un rincón por si alguna vez tenía que relatar ese momento. Todo sucedía como me había dicho Rafael, hasta que el paso acelerado de algunos y el nerviosismo de otros me indicaban que algo estaba pasando, pero ¿qué?: no había llave para abrir la puerta y poder salir.

Infinidad de ojos ocultos captaron mi presencia no bien disimulada. Quizás la libreta y la pluma, como si fuera un reportero, me libraron de culpa, pero no tuve más remedio que, por la sacristía y el almacén, ir a casa de María la Carrasca para recoger el preciado utensilio.

¡Yo, que quería permanecer también en el anonimato!

Luego… Se ha hecho muy tarde y el trabajo espera para el día siguiente, aunque las calles siguen llenas de público.

¡Enhorabuena, jóvenes! Nos habéis motivado y estamos con vosotros. Lleváis en el corazón el espíritu de la Semana Santa. ¡Seguid así!

MARTES SANTO

Para arreglar a Nuestro Padre Jesús nos encontramos en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús: Nieves Rocamora, José María Cecilia, Tomás Penalva “el Pantorrao”, José María Llopis Rocamora y quien les habla.

Empezamos a desvestir la imagen y Tomás aprovecha la ocasión para pasar por la cabeza de Jesús, desprovista de pelo, el número de lotería y decirle algún chascarrillo. Las palabras de Llopis no se hacen esperar: “¿Chico, qué haces? ¡Baja ya de ahí!”

José inicia su ritual con la vestimenta: que si el pliegue cae más de un lado que de otro; el cíngulo en el centro; en fin, ya lo conocen: la perfección personificada.

Por un momento, me quedo solo delante de mi Santo, le quito la corona de espinas y pienso:

“¡Señor, te libero de los pecados del mundo!”

Yo te dejaría así para siempre. Tú me observas y, por un instante, lo agradeces, pero luego, humilde y cariñoso, me pides que la vuelva a poner y acato tu santa voluntad, pues sé lo que pretendes decir, algo así como:

“¿No sabes que para esto vine al mundo?”

¡Cuánta ingratitud, Señor!

Mi Semana Santa comienza a tener sentido.

JUEVES SANTO

Los catralenses acudimos a misa. Necesitamos estar con Jesús, sentirlo cerca; cumplimos con el precepto.

Ha entrado la noche. Se apagan las luces, llega la hora de la procesión del Silencio con la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud.

En el árbol de la cruz

estaba Cristo pendiente,

el cielo, el mar y la tierra

cada cual su muerte siente.

Fray Pedro de Padilla

Los adornos externos han desaparecido, no hay caramelos, se reza el Vía Crucis y se escuchan las voces del Coro Parroquial Mixto Santos Juanes.

Terminada la procesión, el público vuelve a casa. Yo tengo que ir, con Nieves Rocamora, al Monumento, pues es el turno de vela de nuestra cofradía y para estos quehaceres, a tales horas, faltan voluntarios; pero ella y yo siempre aceptamos.

Llegamos al banco, cojo el misal y comienzo a leer. Luego cierro los ojos y… mi mente retrocede quince o veinte años cuando tenía que ayudar en el arreglo de mi paso.

Mi querido amigo José, “el Joseíco”, es el artífice. Nieves y yo nos dirigimos a la floristería del “Pepe”en la plaza. ¡Qué noche nos espera!

Al abrir el local vivimos la tentación de añadir unas cuantas flores más a las ya encargadas, pero enseguida recordamos que estamos confesados y desistimos del empeño.

Volvemos a la ermita y allí empieza nuestro particular calvario. El maestro adorna, nosotros colaboramos. Pasan las horas y aquello no avanza.

Llegan los componentes del Coro de la Pasión; mi presidente, que en paz descanse, comprende nuestro sufrimiento y se marcha preocupado.

Aquí, un recuerdo especial para un partícipe en ese coro,

D. Pascual Box Culiáñez. Él deseaba escuchar mi pregón y seguro que lo estará haciendo desde arriba donde disfruta ya de una paz eterna.

Es entonces cuando José, apremiado por el tiempo, nos concede la gracia de participar directamente, y, con la ayuda de algunas almas caritativas que han aparecido durante la noche para traernos alguna mona con la que aliviar las penas (Natalia, mi prima Angelita, María Rosa, mi hermana Mª del Carmen…), nos lanzamos manos a la obra.

Faltan escasos minutos para las ocho, damos los últimos retoques; vuelve de nuevo José María, su rostro cambia de expresión; el Santo está preparado para salir: hondos suspiros brotan del corazón.

Y, al abrir los ojos, de nuevo en el Monumento, solo ante Jesús, me atrevo a decir:

¿Por qué, Señor, tanta sangre derramada?

¿Por qué tanta vida frustrada?

¿Por qué tanta familia deshecha?

¿Por qué tantas creencias olvidadas?

¿Por qué tantos valores perdidos?

Entonces Él, al verme envuelto en este mar de dudas, caminando por el sendero de una vida difícil, sin encontrar salida a mis pesares y con la piel trémula ante el sufrimiento, me ofrece su cáliz. Yo acepto complaciente con la certeza de que, al haber bebido Él, ya no estará tan amargo.

VIERNES SANTO

Las tubas de mi cofradía anuncian el amanecer. ¿Quién no se estremece al escuchar sus sonidos?

Llega a la Plaza de España Nuestro Padre Jesús Nazareno:

Reina un hórrido silencio que es tan solo interrumpido

por redobles de tambores y algún lúgubre gemido

que se sube hasta los labios desde un pecho de fe lleno…

Y entre mil encapuchados con mil llamas de mil cirios,

con las carnes desgarradas aún más pálidas que lirios

y la cruz sobre los hombros, cruza, humilde, el Nazareno.

Miguel Hernández

Allí se produce el encuentro con la Verónica y con Nuestra Señora de los Dolores:

Lleno de polvo y sudado,

la Verónica le ha visto

y limpiando el rostro a Cristo,

en el lienzo fue estampado.

Canto de la Pasión (Catral)

El sacerdote pronuncia el Sermón de la Pasión. Al terminar, continúa la procesión.

¡Dios mío! ¡Cuántos niños veo en mi cofradía!

Cogidos de la mano de su madre, un tanto soñolientos, pero alegres, reparten golosinas al son de sus campanillas. Si alguno llora, le doy un caramelo largo, y, mirándolos, creo en un prometedor futuro.

Por la noche, la procesión más solemne: la del Santo Entierro.

El Santísimo Cristo de la Misericordia nos invita a la compasión.

La Cofradía del Santísimo Sepulcro anuncia:

Cielo y tierra previnieron

el triste entierro enlutado:

la tierra, los edificios,

y el cielo, los aires claros.

Lope de Vega

La imagen de San Juan nos recuerda las palabras de Jesús a su madre:

“Mujer, he ahí a tu hijo”;

luego, al discípulo:

“he ahí a tu madre”.

Y cierra el desfile procesional la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

¡Qué satisfacción ver a esas mujeres! No soportan el peso de la Virgen, sino el de sus propias culpas; la Virgen no pesa; las faltas cometidas por ellas, sí, de ahí que esa carga sobre sus hombros les sirva de penitencia.

Si queremos saber cómo se encontraba la Madre de Jesús, miremos la imagen de la Soledad:

Sin esposo, porque estaba

José de la muerte preso;

sin padre, porque se esconde;

sin hijo, porque está muerto;

Sin luz, porque llora el sol;

sin voz, porque muere el verbo;

sin alma, ausente la suya;

sin cuerpo, enterrado el cuerpo;

Sin tierra, que todo es sangre;

sin aire, que todo es fuego;

sin fuego, que todo es agua;

sin agua, que todo es hielo.

Lope de Vega

Termina la procesión. Hay que desvestir al Santo y depositar la imagen en su hornacina. El trabajo ha finalizado a altas horas de la noche. Y, al salir de la capilla, fijo la mirada en el rostro de Nuestro Padre Jesús. Siento, entonces, que me está pidiendo que no tarde otro año en ir a verlo; sé que está muy solo y yo, emocionado, le prometo volver muy pronto.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El domingo de Pascua es la fiesta más importante para todos los cristianos, que conmemoran la Resurrección de Jesús, el hecho que da sentido a toda su religión.

También debe ser el día más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús triunfó sobre la muerte y nos dio la vida, es decir, la oportunidad de salvarnos al abrirnos las puertas del cielo para vivir siempre felices en compañía de Dios.

Quizás una frase pueda resumir todo el proceso litúrgico:

“Pascua es el paso de la muerte a la vida”.

La Virgen de Nuestra Señora de la Encarnación, cotitular de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, sale desde la ermita de la Purísima con dirección al templo parroquial, desde donde parte el Santísimo bajo palio.

A mitad del recorrido, cerca de la puerta de mi casa, realizamos las correspondientes cortesías en el momento glorioso; y digo bien, realizamos, porque tengo el honor de ser partícipe directo en este acto gracias a una petición que hace muchos años me hizo la madre de mi amigo Paco, Conchita Calvo, la esposa del tío Pepe Illán, que en paz descansen, familia a la que me unían y unen estrechos lazos de amistad y cariño. Sus hijos y nietos deben saber que pueden hacer uso de este privilegio cuando lo estimen oportuno; hasta entonces, procuraré llevar la vara de su padre y abuelo con la mayor dignidad posible.

Esta procesión tiene un encanto especial. Me he puesto el traje oscuro, como mandan los cánones, los zapatos más nuevos, dos pañuelos, por si acaso.

Salimos ahora de la ermita, menos mal, porque cuando partíamos de la iglesia para, por la calle San Juan, llegar a Santa Bárbara: ¡No vean la que se armaba con las mujeres acompañantes!

Unas decían: “¡Hijos de mi alma, despacio, que hemos madrugado y queremos disfrutar un poquico!”

Otras: “¡Chicos, id más deprisa que el Señor ya ha llegado a la puerta de las Migaletas!”

¿A quién hacíamos caso?

Terminadas las cortesías, nos dirigimos al templo entre música y aleluyas que sobrevuelan cariñosamente algunas de nuestras cabezas despobladas, sin saber interpretar el significado de unos pasos que desde fuera aumentan todavía más su misterio.

Y, al depositar la imagen y salir de misa, es cuando miro al cielo y respiro profundamente.

Pero, ¿por qué me quejo, Señor? Mi pasión ha durado poco y ha sido leve, la tuya, en cambio, fue más larga e intensa y supiste aceptarla con estoica resignación.

Y, al mirar la imagen de mi Santo, veo un rostro que me invita a la solidaridad, al amor y al perdón, y que me recuerda, como decía un ilustre murciano, que “Nazareno, no es sólo aquel que sale una noche en la procesión; Nazareno se debe ser todos los días del año, porque Nazareno significa seguir a Jesús de Nazaret”.

Finalmente, al hacer un repaso de todas las manifestaciones vividas en este tiempo litúrgico, vienen a mi mente las palabras del reverendo don Sebastián Aguilar:

“La religiosidad popular es la fe del pueblo sencillo, que se hace vida y cultura, con gran esplendor, en la Semana Santa”.

Catralenses y feligreses todos, sólo un deseo: que esa religiosidad popular de la que me siento orgulloso, por haber sido un magnífico legado de mis padres, sea una fuente de educación, transmisión y mantenimiento de la fe.

Sacerdotes y catequistas, maestros y profesores, padres y madres: simplifiquemos nuestra doctrina y enseñanza, adornemos nuestro mensaje con formas y expresiones externas, sencillas y atractivas para nuestros discípulos, a fin de que capten más fácilmente el verdadero sentido de nuestras ideas y creencias y quizás, sólo así, algún día, podamos comprender que:

“La cruz, muerte y resurrección de Cristo son hechos históricos

que sacudieron el mundo de su época y transformaron la historia

de todos los siglos”.

Muchas gracias

– Joaquín Cecilia Ortuño –

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2011

“¡QUE PREGÓN TAN GLORIOSO PARA TI, CIUDAD DE DIOS!” (Sal. 86)

“A TODA LA TIERRA ALCANZA SU PREGÓN” (Sal 18)

1.- Hasta que comencé aquí entre vosotros, a asistir a los pregones de Semana Santa, la única noción que tenía sobre el pregonar se remonta a mi infancia. Mi familia me llevaba consigo a Benijofar, en donde tenían mis padres un trabajo de temporada. El aguacil del pueblo, el tío Piquín, encargado de pregonar los bandos o edictos que la alcaldía hacía saber para los vecinos. Era una figura menudita, con su gorra y una trompetilla de juguete que hacía sonar para convocar a la gente, generalmente poco instruida en la lectura, pero ávida de saber lo que el pregonero les comunicaba en nombre de otro, en este caso el alcalde. Y comenzaba diciendo: “SE HACE SABER…”

También yo he recibido el encargo de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de pregonar a Jesucristo en el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección. Mi pequeña persona se empequeñece aún más ante el encargo recibido. Y, aunque sin trompetilla, lanzo al viento del que me quiera oír, un año más, por la misericordia de Dios, que la comunidad cristiana toda, de la que forman parte las Cofradías y Hermandades se dispone a asombrarse ante el misterio de Dios entregado para nuestra salvación.

Al inicio de la historia de los hombres hay una palabra y una realidad dramática: es el pecado. De consecuencias que podemos llamar cósmicas, que trascienden el espacio y el tiempo, que abarcan al hombre, a toda la comunidad humana y a la creación entera. Si Dios es Creador el pecado es destructor; si Dios es Vida, el pecado es muerte. Dios es Amor, el pecado… ¿Vencerá el odio al Amor? ¿Tendrá la última palabra la muerte?

No. Frente al pecado se levanta Jesucristo, el Hijo de Dios. Restaurador y Redentor del hombre, de la comunidad humana y del mundo. Dios ama inmensamente la Creación y la Vida. Y con amor infinito ama a los hombres, la obra de sus manos, la pupila de sus ojos. No podía resignarse a perder su obra. El hombre se reveló contra Dios, su Creador y Padre. Dios siguió amando al hombre con mayor amor, si cabe. Y ya, desde entonces, con ilusión infinita, le anuncia la Buena Nueva de la venida de Jesús, el cual está no solo dispuesto a entregarse por nosotros, sino que sacrificó realmente su vida por salvarnos: “Él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1, 21)”Muriendo en la Cruz destruyó la muerte”.

El pecado es destructor, disolvente, homicida… y abundante. Pero la gracia de Cristo nos levanta y libera, nos redime y sobreabunda. Realmente hemos salido ganando. Es la obra de Cristo: “Feliz la culpa que nos mereció tal Redentor” (Pregón Pascual).

El pecado es una realidad. El pecado original y nuestro pecado personal. No cerremos los ojos a esta realidad ni la llamemos con otros nombres. Negar la enfermedad no es amar al enfermo. Es dejarlo sin curación. Y así, negar el pecado no es amar al hombre, es desahuciarlo. Dios, que ama al hombre, ve su pecado y lo salva. El hombre sensato reconoce su pecado y se convierte.

La victoria sobre el pecado obtenida por Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó el pecado:”Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20). Y esta victoria se consumó en la cruz, el amor más grande.

Los hombres construyen rascacielos imponentes, ordenadores sofisticados, autopistas interminables… descubrirán (ojalá sea pronto) remedio para el cáncer, el SIDA y otras enfermedades…lograrán quizás someter a su dominio muchas fuerzas de la naturaleza incontroladas…pero… ¿Perdonar?…Solo Dios sabe hacerlo.

Dar…nos cuesta; aunque a veces lo hacemos. “Per-donar” es dar en grado superlativo. Eso solo Dios sabe hacerlo. Perdonar es amar por encima de todo, a pesar de todo. Y eso es propio de Dios.

Jesús en la Cruz perdonó y excusó a sus verdugos. Por eso al querer comunicarnos en los sacramentos su amistad, su Vida, su Gracia, instituyó el Sacramento del Perdón. Él cura las heridas del pecado y devuelve la paz que el pecado nos quita.

Por eso: SE HACE SABER que la comunidad cristiana es convocada al Sacramento de la Reconciliación en donde Dios devuelve la inocencia bautismal a sus hijos el día 14 de abril a las 21 horas: “…dejaos reconciliar con Dios”(2 Cor 5, 20

Se cuenta del pintor Murillo que buscaba entre sus paisanos de Sevilla modelos para sus cuadros. En cierta ocasión le propuso a una jovencita posar para él accediendo ésta a acompañarle a su estudio. El pintor se felicitaba porque había encontrado una verdadera belleza. Cuando la muchacha se vio ante el caballete de pintura en una postura humilde y piadosa, preguntó al pintor:

-Pero usted ¿qué cuadro va a pintar?

-A lo que Murillo contestó:

-La Purísima

-Entonces la joven recapacitó y dijo al pintor:

-Hoy no estoy preparada. Volveré mañana.

-Al día siguiente, en cuanto la joven regresó le dijo el pintor:

-¿Por qué no quisiste que te pintara ayer?

-Ella contestó: No quise posar para la Purísima aportando solo mi belleza estética. Pensé que la belleza exterior no es suficiente para parecerse a la Virgen. Así que fui a confesarme. Ahora que estoy en gracia de Dios puede usted empezar a pintar.

Quizás esta anécdota nos haga recapacitar a muchos. No bastará llevar las sagradas imágenes de la Semana Santa a hombros y de alumbrarlas con nuestras velas, bien vestidos; también importa la actitud con que se va. El cristiano si va en gracia de Dios va más guapo. La Semana Santa ganaría en mucho con ello.

2.- DOMINGO DE RAMOS: PORTICO DE LA SEMANA SANTA

“Los niños hebreos llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor aclamando: Hosanna en el cielo” (cf Mt 21, 8-9)

Muchas veces usamos la palabra”cualquiera” en sentido peyorativo. Ser un cualquiera se puede interpretar como ser “un don nadie”, o ser “un sinvergüenza”; y una “cualquiera” se entiende por una mujer de mala vida. San Pablo dice que el Verbo de Dios se despojó de su rango “actuando como un hombre cualquiera” (Flp 2, 6-11). Ya es una humillación para Dios hacerse hombre. Pero, además, de hecho le trataron como a un criminal, perseguido por sus enemigos, abandonado y renegado por sus amigos. Desde la altura del triunfo del Domingo de Ramos Jesús va rodando durante la semana hasta el abismo del sepulcro, pasando por la humillación, la tortura y la muerte en el patíbulo más infamante: la Cruz.

Entre los hombres se necesita poder para triunfar. Es comprensible. Pero Dios realiza en Jesús “el más difícil todavía” lo imposible: triunfar en el fracaso, vencer en la debilidad, jugando con el hombre al gana-pierde del amor. El hombre perdido fue ganado por Dios y para Dios ganando, venciendo a Dios en una Cruz. Aunque parecía “un cualquiera”, Dios lo levantó sobre todo, y le concedió “el nombre – sobre-todo-nombre de modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble” (Flp 2, 9-10).

La Iglesia y los cristianos no tenemos otro poder que esta debilidad de Dios en Cristo.

Para entender lo que sucedió el Domingo de Ramos en Jerusalén y saber su significado, es importante un detalle: Jesús entra en Jerusalén montado en un asno, el animal de la gente sencilla y común del campo. Y, además, prestado. No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo como los grandes del mundo, sino en un asno que no le pertenece. San Juan evangelista nos dice que, en un primer momento los discípulos no le entendieron. Solo después de la Pascua cayeron en la cuenta de que Jesús, al actuar así, cumplía los anuncios de los profetas, que su actuación derivaba de la Palabra de Dios y la realizaba. Dice San Juan:” Se acordaron que el profeta Zacarías anunció: << No temas, hija de Sión: mira que viene tu Rey montado en un borriquillo >>” (Jn 12, 15) (Za 9, 9)

¿Entendemos la humildad? Jesús, Mesías humilde. Mesías de los humildes a los que llama bienaventurados. Mesías que lejos de buscar su propia gloria se humilla haciendo el oficio de los esclavos lavando los pies a sus discípulos; Él igual a Dios, se anonadará hasta morir en Cruz por amor nuestro.

En su libro “Ilustrísimos Señores”, el Cardenal Luciani patriarca de Venecia y  después papa Juan Pablo I escribe: “¡Cuántas veces he creído asistir a los funerales de mi soberbia, creyendo haberla enterrado a dos metros bajo tierra con muchos <<Requiescat>>”(Gori-gori diríamos nosotros), y cien veces la he visto levantarse de nuevo más viva que antes: me he dado cuenta de que todavía me preocupaba la opinión de los demás sobre mí. Cuando me hacen un cumplido tengo necesidad de compararme con el borrico que llevaba a Cristo el día de Ramos. ¡Cómo se abrían reído del borrico si, al escuchar los aplausos de la muchedumbre se hubiese ensoberbecido y hubiese comenzado a dar las gracias a diestra y siniestra con reverencias de “Prima donna”! Y me digo: ¡No vayas tu a hacer un ridículo semejante!”

“En ese pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras” (Is 66, 2). Humildad es lo que Dios dice y se hace, no la cabeza doblada como ganso en lo que yo quiera. Dios mira a los humildes y se inclina hacia ellos.

El que se humilla en la prueba bajo la omnipotencia del Dios de toda gracia y participa en las humillaciones de Cristo entregado y crucificado, será como Jesús, exaltado por Dios y participará de la gloria del Hijo, contado entre los humildes.

“Para enamorarse Dios del alma no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad” (San Juan de la †) Y humildad es callar cuando me pisan, humildad es reprimir el amor propio, la consideración de mí y de mis obras; humildad es pasar desapercibido, sin ser notado, perderse en Dios, hacerse nada para no quitarle brillo a Él ni a los otros. “Sed humildes unos con otros porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia los humildes” (I Pe 5, 5).

Porque “humilde es quien se esconde en su propia nada y se sabe dejar en Dios “(San Juan de la †).

Humildad siempre, y antes que nada: antes que el apostolado la humildad; antes que la oración, humildad; antes que el sacrificio, humildad.”El cimiento de la vida espiritual va fundado en humildad y mientras más se abaja un alma en la oración más la sube Dios” (Santa Teresa de Jesús). No te subas, que te subirán. Más vale humildad sin oración que oración sin humildad.

Humildad es perfume de santos que notan todos menos el que lo lleva. Aprendamos de la humildad de Jesús, Rey en borriquilla.

SE HACE SABER, pues, que el Domingo de Ramos somos convocados a cantar: “Gloria, alabanza y honor, cantad Hosanna y haceos como los niños hebreos al paso del Redentor. Gloria, alabanza y honor al que viene en el nombre del Señor (Antífona del Domingo de Ramos)

3.-JUEVES SANTO. DÍA DEL AMOR FRATERNO

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo” (Jn 13,1)

Dios ama al ser humano. Lo ama hasta el fin, hasta el extremo. Se desprende de su condición divina y se arrodilla ante nosotros desempeñando el servicio del esclavo; lava nuestros pies sucios para que seamos admitidos a su mesa, algo que por nosotros mismos no podríamos hacer jamás. Dios desciende y se arrodilla. Solo el amor tiene fuerza purificadora y nos eleva a la altura de Dios, nos hace capaces de Él. Su amor es inagotable y no tiene topes ni condiciones. No me ama porque soy bueno, ni solo cuando lo soy. Me ama porque Él es bueno y su amor me hace bueno. El amor del Señor no tiene límites, pero el hombre puede poner un límite al amor. ¿Qué es lo que mancha al hombre? El rechazo del amor, el no querer ser amado, el no amar. Es la soberbia que no quiere admitir que necesitamos de limpieza de corazón.

El Señor hoy nos pone en guardia contra la autosuficiencia que pone límite al amor ilimitado.

EUCARISTIA: La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no solo como un don entre otros muchos, aunque muy valioso, sino el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona. (Juan Pablo II) Aquí está todo el bien de la Iglesia porque la Eucaristía es Jesucristo y Jesucristo es todo el bien de la Iglesia. Jesús se quedó en la Eucaristía por amor a nosotros sobre todo para alimentarnos: “El que me come vivirá por mí”. Y “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” (Jn 6, 58. Mt 28, 20)

Solo por amor puede Dios hacerse pan para que lo partamos e invitarnos a hacernos pan para todos los que andan hambrientos. La participación del Cuerpo y Sangre de Cristo no hace otra cosa sino convertirnos en lo que recibimos. Jesús se da sin medida. Jueves Santo que reluce más que el sol. Presencia permanente del Señor a nuestro lado. Dios que se nos da en comida haciéndose más intimo a ti que tú mismo. Y con ello no lo cambiarás a Él en ti, sino que te convertirás tú en él. Misterio de nuestra fe. Centro de nuestra fe. La Sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor es una presencia con una intensidad única. Es “La fuente y la cumbre de la vida cristiana” (Vat II LG 11). La mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente este día en el Monumento, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor. Del misterio pascual nace la Iglesia. Por eso la Eucaristía, que es el misterio por excelencia, está en el centro de la vida eclesial. Desde los Apóstoles: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a la oración” (Hch 2, 42).

Después de más de 2000 años seguimos reproduciendo aquella imagen primera de la Iglesia. Y mientras lo hacemos, los ojos del alma se dirigen a aquella cena y después de ella. La Eucaristía anticipaba sacramentalmente estos hechos.

En el día del amor fraterno, día de la Eucaristía, SE HACE SABER que “el Señor nos ha dado ejemplo” (cf. Jn 13,15) lavándonos los pies unos a otros. Que cada obra buena a favor del prójimo, de los que sufren, es un servicio como lavar los pies. SE HACE SABER, nuevamente, que el Jueves Santo, Jesucristo mismo partirá para nosotros el pan Eucarístico y lavará los pies a algunos miembros de la comunidad cristiana, símbolo de su amor y de su entrega por nuestra salvación.

4.-VIERNES SANTO. LA PASIÓN Y LA CRUZ

Se cuenta de Ciro, Rey de Persia. Durante una de sus campañas guerreras venció a un príncipe de Libia. El príncipe fue llevado con su esposa e hijos ante Ciro, el cual le preguntó:

-¿Qué me darás a cambio de tu libertad?

-La mitad de mi reino- fue la respuesta del príncipe.

-¿Y por la de tus hijos?, siguió preguntando Ciro.

-La otra mitad.

-¿Qué me darás entonces por la libertad de tu esposa? Volvió a decir el rey Persa.

El príncipe se dio cuenta de que se había precipitado al ofrecer todo lo que tenía olvidándose de su esposa. Meditó un momento y dijo con firmeza:

-Por la libertad de mi esposa me ofrezco a mí mismo.

El Rey Ciro quedó tan sorprendido al oír aquella respuesta que dejó en libertad al príncipe y a toda su familia, sin exigir rescate ni fianza.

Al regreso a casa, el príncipe preguntó a su esposa si se había fijado en la cara serena y altiva del soberano persa. Delicadamente la esposa contestó:

No miré ni vi nada; solo tenía los ojos puestos en aquél que estaba dispuesto a entregarse a sí mismo para conseguir mi libertad.

Jesucristo no solo estaba dispuesto a entregarse por nosotros sino que sacrificó realmente su vida para salvarnos. ¿En quién habremos de fijar nuestros ojos, sólo y siempre?

En el camino de la Cruz el Dios de la creación se reveló como el Dios de la Redención. En todo el universo solamente Cristo ha dado satisfacción al amor eterno del Padre. Dios, que detuvo la mano de Abraham alzada contra su hijo, sacrificó sin embargo a Jesús, el que no tenía pecado, para revelar su verdadero amor a los hombres.

Dios lo puso en el camino del Calvario, cargado con la cruz de todos los pecados de la humanidad, y Cristo cayó una, otra y otra vez bajo la cruz de la Redención. Jesús cayó por nuestras culpas.

En el plan divino las mismas tres cosas que cooperaron en estas caídas lo hicieron también en la Redención. Para un hombre desobediente, Adán, hubo un nuevo Adán, Cristo; para una mujer orgullosa, Eva, hubo una nueva Eva humilde, la Virgen María; para el árbol prohibido del paraíso, hubo también otro árbol, el de la Cruz. Cada uno de nosotros vino a este mundo para vivir. Cristo, al revés: vino para morir. La muerte fue la razón de su venida. La Escritura le llama el cordero sacrificado desde el principio del mundo. “Nadie me quitará la vida, sino que yo la entrego por mí mismo” (Jn 10, 18).

El mundo actual que niega la culpa personal y admite solamente los crímenes sociales, que no tienen lugar para el arrepentimiento personal, sino solo para las reformas públicas, ha divorciado a Cristo de su Cruz. La Cruz sin Cristo es un sacrificio sin amor. Aun ahora, cuando nuestros pecados fuerzan a Jesús a caer bajo la Cruz. Nosotros pretendemos en vano separar a Cristo de su Cruz. Muchos preferiríamos ver al Cristo rey, Cristo del Tabor, y no al Cristo sangrando bajo la Cruz. Querríamos ver una victoria y llegar a la gloria sin lucha ni arrepentimiento. Quisiéramos un Cristo tan tolerante que fuera indiferente a la virtud o al vicio. En esta hora en que muchos sufren con el corazón roto y a solas volvemos nuestros ojos hacia Jesús agotado bajo el peso de la Cruz, que escogió aceptar nuestros pecados y redimirnos con su sangre.

Durante la Semana Santa meditamos la Pasión de Nuestro Señor para seguir al Cristo de las llagas. Lloramos de pena junto con nuestros hermanos los enfermos, los que sufren, los prisioneros, los moribundos y los desamparados; los niños que mueren por falta de pan, los mártires que sufren y mueren por amor de tu reino, por los que en su agonía gritan:

-¿Sabe Dios lo que es sufrir?. –Sí lo sabe.

-¿Fue alguna vez traicionado? – Sí lo fue.

-¿Se sintió abandonado?-Sí se sintió.

-¿Alguna vez se estremeció su cuerpo de dolor?-Sí.

¡Oh Jesús, caído tres veces, mira también nuestras llagas en nuestros cuerpos, llagas del miedo, de la ansiedad y de la amargura, llagas del odio y llagas del amor!

Señor, te abrimos las puertas de nuestra vida, queremos la conversión y la reconciliación contigo y con nuestro prójimo: queremos crecer en fe, oración, ayuno, penitencia, en esperanza y en gracia. Oh, Jesús, aun después de la tercera caída, cerca de la cumbre del Gólgota, tú te levantaste. Así, Señor, hasta el fin de nuestras vidas por duro que sea el camino hacia nuestra redención, por largo que sea, levántanos siempre. Porque el cansancio en el camino de Cristo es de todos. y de siempre. Permítenos ayudarte con tu Cruz en penitencia de nuestros pecados, pues en ti está nuestra vida. Señor de amor y misericordia, crucificado por nuestros pecados, ten piedad.

Veneramos, Cristo, tu Cruz. Es tu Cruz la que ha traído la felicidad a este mundo. Por eso, sin cesar, rezamos y cantamos con tus ángeles y tus santos alabanzas a ti, Cristo Redentor, porque fuiste al suplicio de la Cruz, destruiste la muerte con tu muerte. “Tú eres la resurrección y la vida” (Jn 11, 25)

Lo contaba un misionero. A su choza llegó una niña pidiendo una estampa. No le fue difícil encontrar una. Pero la niña no parecía satisfecha. Y siguió pidiendo: ¿No tendría, Padre, una estampa de Jesús clavado en la Cruz? También la encontró y se la ofreció. ¿Y por qué prefieres esta?, preguntó el misionero. La niña respondió, sin dejar de mirar la figura de Jesús crucificado: No sé, Padre, pero cuando veo a Jesús en la Cruz me dan ganas de ser mejor y no ofenderle más.

SE HACE SABER que el Viernes Santo, es día de ayuno y abstinencia por la Pasión y Muerte del Señor. Estamos convocados a apretarnos alrededor de Cristo para que no le falte nuestra cercanía y nuestro amor, para suplir hoy el abandono de sus discípulos, sus negaciones y su traición. Porque amor con amor se paga.

5.- DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

¡RESUCITÓ, ALELUYA!

Una mujer, María Magdalena, corre de madrugada, cuando todavía estaba oscuro; le mueve el deseo de la persona a la que ama, ve la piedra quitada del sepulcro y, con ella la historia abierta definitivamente hacia la vida. Dos hombres corren también hacia el sepulcro, el anuncio de la mujer lo saca de casa; uno ve pero no entra, el otro entra y al principio no ve. Son torpes los ojos cegados por otras luces, es lenta la mirada que busca un cuerpo conocido que piensa encontrar muerto. Al final de la carrera una tumba vacía y unas vendas por el suelo y un vuelco en el corazón:

“¡No está aquí, ha resucitado¡”. El que se había dejado querer tanto supo reconocer y sintonizar con la vida diciendo “Está aquí”, latiendo aunque no podamos verle. Y, entonces, a casa, a contarlo. Cuando atravesamos circunstancias de “vida sepultada”, cuando no sabemos qué hacer ante el dolor de los seres queridos, cuando estamos cerca de personas que viven realidades de desesperanza, de no ver salida, cuando estamos tentados de decir “no hay nada que hacer”, o “las cosas no van a cambiar”…María Magdalena nos enseña lo que pude llegar a hacer el amor cuando nos toca el corazón.

Es ella la que descubre el primer indicio de algo inesperado “la piedra del sepulcro está quitada” y salió a dar la Buena Noticia. Es ella la que provoca que Pedro y Juan salgan corriendo y que Juan se pueda acordar de que Jesús lo había anunciado. Los primeros en creer fueron los que se sabían amados por Jesús. La fe cristiana no es un esfuerzo por ver lo que nadie ve, por afirmar lo que nadie comprende; la fe en Cristo nace de la certeza y el agradecimiento de sentirse querido por Él. El que mejor cree es siempre el que más amado se sabe y se siente. María y Juan y Pedro son capaces de creer sin pruebas. Porque solo el amor es digno de fe, o mejor, de creer en la Resurrección del Señor amado cuando solo se ve su mortaja. La visión de los días siguientes será el premio a la fe.

Para creer, tanto aquel día como hoy más que ver hace falta saberse querido; El amor es la fe que afirma la existencia del Amor aunque todavía no logre verlo y tocarlo, solo porque lo presiente y lo siente agradecido. Quien se siente amado presiente la presencia de su Amor, la adivina, porque aunque no lo vea, no puede negar sus sentimientos. Hay, pues, una forma de creer, la más segura, la mejor probada, que se basa no en cuanto puede verse sino en lo que se está experimentando. Que no nace de cuanto uno espera, sino que surge de cuanto uno tiene, que no necesita tocar para creer, porque se sabe tocado.

No deja de ser sorprendente que de la tragedia del Viernes Santo se llegue a la luz del Domingo de Resurrección. No deja de ser sorprendente que aquellos hombres y mujeres asustados que abandonan al Maestro y lo ven desde lejos morir ajusticiado y abandonado de todos comiencen con un ardor nuevo a predicar su nombre y el mundo se les quede pequeño para proclamar que Jesucristo vive. No deja de ser sorprendente que aquel hombre a quien siguieron unos pocos, que vivió en la más absoluta pobreza y acabó entre la burla de sus contemporáneos, al cabo de 21 siglos siga siendo piedra de toque para todo el mundo.

Nosotros sabemos que el fundamento de esa extrañeza está en la Resurrección de Cristo; nosotros sabemos que la razón de esa inexplicable expansión y permanencia del cristianismo está en el hecho de que a Cristo no hay que buscarle entre los muertos, sencillamente porque está vivo, es Dios de vivos y, todavía más: es la Vida. Nosotros lo sabemos y por eso la Resurrección fundamenta toda nuestra esperanza y justifica nuestra “rareza”, y explica la forma que tenemos de andar por el mundo.

6.-Queridos hermanos-as, el Misterio Pascual se realiza y actualiza para nosotros en la Sagrada Liturgia de los Sacramentos. Participar de ellos es la mejor forma de celebrar la Semana Santa, sobre todo recibirle en la Sagrada Comunión. Pero su grandeza supera y desborda la capacidad del Templo, saliendo a las calles y haciendo de ellas una ampliación del espacio santo por la presencia de las Sagradas imágenes del Señor, de la Virgen y de algunos santos en las plazas y calles por las que habitualmente circulamos realizando otros menesteres como ciudadanos que somos. Todo Catral un templo y a todas las horas. Los cofrades, hermandades y costaleros-as lo hacen posible al modo como los amigos del novio lo llevan a hombros en su boda y, con otro sentir en su muerte a su amigo joven. Nutrámonos de las celebraciones Litúrgicas y, después, salgamos a la calle como testigos del mayor Amor, tanto en su Muerte como en su Resurrección.

Las procesiones de Semana Santa más que un hermoso espectáculo son catequesis bíblicas, de hondo contenido de la fe que profesamos en el Hijo de Dios.

Este año la Iglesia Diocesana dedica su objetivo pastoral prioritario a la presencia del cristiano en la calle. No encontraremos mejor expresión ni más numerosa y cualificada que los desfiles procesionales de estos santos días. Sin embargo, sigue notándose la ausencia de los creyentes en la vida social. El Papa Pio XI decía ya en su tiempo que “El gran problema de nuestro tiempo no son las fuerzas negativas sino la somnolencia de los buenos”. Tomamos la calle en las procesiones, pero no nos implicamos en la participación ciudadana. Los valores evangélicos están ausentes de la vida social.

Quizás siga siendo verdad que el laicado cristiano es un gigante dormido. Gigante por su número. Dormido por su inhibición. Cuando se legisla contra la vida del hombre no se puede sestear.

Por última vez SE HACE SABER que todo cristiano está llamado a ser testigo de Jesucristo Resucitado en todos los ambientes en los que se desarrolla su vida. El mundo de hoy no necesita tanto testigos de la muerte del Hijo de Dios como Tomás, que para creer pide meter sus dedos en los agujeros de sus clavos como testigos de que está vivo. Y nada como la alegría de vivir da testimonio de nuestra fe en el Resucitado.

Que el Señor me los bendiga a todos; que la Purísima les proteja de todo peligro; que los Santos Juanes les mantenga firmes en sus convicciones de fe; y que Santa Águeda se haga presente junto a los enfermos y a todos los que sufren.

ALABADO SEA JESUCRISTO.

Rvdo. D. José Ruiz Costa (Parroquia de los Santos Juanes, Catral y sábado 2 de abril de 2011).

PREGÓN SEMANA SANTA CATRAL 2010

PRESENTACIÓN por Dª Manoli Mirete Penalva

Buenas tardes a todos:

Con una felicidad inmensa voy a llevar a cabo la presentación de la pregonera de la Semana Santa 2010, MARÍA PENALVA GÓMEZ, mi tía María.

Mi presencia en este preámbulo se debe a que ella misma hizo que me  comprometiese  a presentarla si aceptaba hacer el pregón … y aquí estamos las dos.

Cuentan que el primer sonido que escuchó junto con la voz de su madre, fue el piar de los gorriones anidados en la gran acacia situada en la esquina del  bar del Ibáñez, en la carretera, cuando vino al mundo un nueve de mayo de 1923. Pronto cumplirá 87 años.

Es mi tía María la mayor de los  hijos habidos en el matrimonio de Antonio y de Milagros, y como tal, siempre ha ejercido de hermana mayor de su Milagros, de su Manola y  sobre todo de  su hermano Antonio, al cual le profesaba y profesa, un cariño especial, no sólo por ser el más pequeño sino por su condición de sacerdote, orgullo máximo para una familia cristiana.

Contrajo matrimonio en septiembre de 1952 con Miguel Ferrández Rocamora y fruto de esta unión son mis primos María Dolores y Miguel, los cuales le han dado cinco nietos, que siempre han estado y más hoy, muy orgullosos de su abuela.

Yo tengo muchos recuerdos de ella desde mi niñez, porque iba muy a menudo a su casa.  Me acogía con los brazos abiertos, sonriente, y  además me  daba galletas.

A su puerta nunca había que llamar, estaba siempre abierta, porque si bien es una persona hospitalaria, allí estuvo ubicada, durante más de treinta años, la Oficina de Correos. En cualquier momento del día se podía acudir a comprar un sello, recoger un paquete o bien estaba dispuesta para leer o contestar a la carta  que había recibido del hijo, que se encontraba haciendo el servicio militar o trabajando en el extranjero.

El patio de la casa estaba ocupado por máquinas de coser, en donde enseñó a bordar a muchas jóvenes. Éstas acudían allí para realizar su ajuar y al mismo tiempo, en determinadas fechas,  confeccionaban las cintas para las carreras de bicicletas de las  fiestas de San Juan, el barrio de Los Dolores y San Felipe. He de destacar la rotulación paciente de las letras de los bordados que llevaba a cabo mi tío Miguel.

Mientras que el devenir de la vida se fue llevando estas facetas, su  implicación en determinadas tareas  de la parroquia ha ido aumentando, ya que desde siempre ha colaborado activamente en las cosas de la iglesia. Desde muy joven participa en el coro de mujeres, colabora en la limpieza del templo y hoy, además de ser responsable de la misma, intenta ayudar en lo que se le pida. Además pertenece al grupo de Vida Ascendente.

Su participación en la Semana Santa a lo largo del tiempo ha sido constante. Pertenece desde sus inicios a la cofradía de La Virgen de los Dolores y de La Soledad, a la cual ha acompañado, a veces, vestida de manola. Por todo ello, al ser este pregón  una  parte de la Semana Santa  no ha querido rehuirlo.

Aunque es una mujer que no ha tenido estudios, le ha gustado mucho leer, estar siempre informada  y viajar, sobre todo a lugares sagrados.

Uno de los pilares de su aprendizaje fue su tía Manuela Penalva Zaragoza, madre  del sacerdote D. Jerónimo Márquez. Su tía Manuela tenía una escuela en   ”El Cuartelillo” lugar que ocupa actualmente la farmacia de doña Pilar  y allí, fue  en donde nuestra pregonera aprendió a leer, a escribir, a hacer cuentas, labores y además se  inició en el conocimiento de la Historia Sagrada. Pero principalmente lo que su tía le transmitió fue  su profundo amor por la Purísima.

Poseía aquella mujer una gran sensibilidad y facilidad para la creación literaria, por ello, ante cualquier evento relacionado con la parroquia,  elaboraba una composición y María, desde bien niña, era la encargada de aprendérsela de memoria y de  recitarla debidamente. Aún hoy las recuerda al pie de la letra y podrán comprobar a lo largo del  pregón cómo declama.

Debo decirles que lo que más admiro de mi tía es que siempre ha intentado e intenta llevar una vida en coherencia con los valores y creencias cristianas, y que  siempre nos ha transmitido su fe con una gran convicción. He de reseñar, además, su innegable amor por su pueblo y por España.

Por último, quiero manifestar que tanto para ella como para  sus hermanas, el núcleo fundamental de sus vidas es la familia. Por ello, todos los primos e incluso nuestros hijos, nos identificamos y nos sentimos miembros de una misma familia, la de las Penalvas.

Y ahora tía, te cedo la palabra  como pregonera de esta semana Santa.

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DEL AÑO 2010

por María Penalva Gómez

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Sr. Cura Párroco.

Sr. Presidente y miembros de la directiva de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Catral.

Excelentísimo Señor alcalde

Distinguidas autoridades civiles y religiosas.

Pregoneros que me antecedieron.

Queridos amigos.

Muy buenas tardes  y ante todo, gracias por vuestra presencia en este acto.

Cuando hace unos meses la Junta Mayor de Cofradías me propuso que fuera la pregonera de la Semana Santa 2010,   me situó ante la incertidumbre de aceptar o no esta distinción. Por una parte, no me consideraba la persona más indicada para recibir este gran honor. Y por otro lado, si aceptaba no sabía  si me vería con las  fuerzas suficientes para asumir la gran responsabilidad que conlleva el transmitir a todos los que ahora me escucháis este mensaje: Anunciar la  Semana Mayor de nuestro pueblo, que  celebraremos, Dios mediante, desde el próximo 28 de este mes al 4 de abril.

Fueron noches de inquietud, de invocar ayuda reiteradamente al Sagrado Corazón de Jesús, para salir de este compromiso o en el caso de que aceptara, me auxiliase. Después animada por mis hijos, mis hermanas, nietos y sobrinos… dije: Sí, lo voy a hacer.

Y aquí estoy ante ustedes de buena fe y mejor voluntad.

Me vais a permitir que dedique este PREGÓN:

  • A la memoria de mi marido, Miguel, y mis otros familiares ya fallecidos, con la confianza que desde el cielo me están ayudando.
  • A todas aquellas personas, gracias a las cuales los hechos que evocaré fueron posibles.
  • A la Junta Mayor de Cofradías  y a los cofrades que anteponen su trabajo en la Cofradía a su descanso, con el fin de engrandecer nuestra Semana  Santa. Fruto de ello es el magnífico  Encuentro  Diocesano de Cofradías y Hermandades  que se celebró hace unos meses y que fue todo un éxito.  Mis felicitaciones.
  • Y permitidme recordar a mi tía Dolores Sirvent, ya que gracias a su generosidad, podemos disfrutar hoy de la Capilla de la Resurrección, sede de la Junta Mayor de Cofradías.

Nos disponemos a celebrar con fe y devoción la Semana Santa en nuestro querido pueblo. Días sagrados en los que la Iglesia celebra los misterios de nuestra salvación, realizados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por la entrada en Jerusalén, el Domingo de Ramos, y culminando con su Resurrección gloriosa el Domingo de Pascua.

En esta Semana celebramos “el Triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado”, mientras bellas imágenes,  nuestros “pasos”, salen en procesión por las calles más antiguas y tradicionales. Son los mismos semblantes doloridos que recuerdo desde siempre: Nuestro Padre Jesús, El Cristo de la Salud, La Virgen de los Dolores, la Soledad, el  Sepulcro  y San Juan. Hoy acrecentados con algún rostro  más, como los de Jesús Triunfante, La Verónica, Jesús Cautivo, Nuestra Señora de la Merced y el Cristo de la Misericordia.

Todo ello me lleva a retroceder en el tiempo hasta los años 1943 y 1944. Permitidme que mencione en este instante a Sebastián Sierras, el tío Sebastián como le decíamos. Era una  persona profundamente  apasionada por las tradiciones de nuestro pueblo. Se preocupó con desvelo por fomentar la cultura entre los jóvenes de nuestra época. En el ámbito religioso también fue fundamental, pues los diferentes actos que se realizaban en la parroquia: liturgias, cantos, misas…, fueron engrandecidos por el trabajo  incansable de este  hombre.

Por estos años, un día nos dice:

Señoritas, la Iglesia necesita dinero para su restauración. ¡Hay qué mover!  y como pronto vendrá la Semana Santa, ¡vamos a representar la Pasión!

“La  Pasión y Muerte de Jesús”, era un libreto en verso que él tenía. Mi padre, Antonio Penalva, y Carmelo Serra, clarinetistas de la banda del Teatro, le pusieron música años atrás, cuando se representó en 1923 por vez primera, con el propósito de recaudar fondos para la construcción del teatro Latorre. En aquella ocasión, año de mi nacimiento, interpretó el papel de Jesús el mismo tío Sebastián; la Virgen fue la Manuela “La Lila” y la Verónica “la tía Concha el Huerto”.

En la reposición que llevamos a cabo en el año 1943 participamos un gran número de personas. Todas con gran ilusión y entusiasmo aceptamos este gran reto. Después de cenar quedábamos para los ensayos. Éstos eran al principio en  la casa del tío Sebastián y cuando ya estaban avanzados nos trasladábamos al teatro, lugar en el que se representó. Los decorados y el vestuario fueron encargados a  la empresa Salazar de Alicante. El éxito fue arrollador, tanto que al año siguiente se volvió a representar.

Entre los participantes en la obra recuerdo, entre otros muchos,  a Miguel Sánchez en el papel de Jesús; Aurelia Domenech y Lola Ruiz personificaron, cada año una, a  la Virgen; el tío Modesto fue San Pedro; Juan de Dios de la tía Doloricas “la Toca”, San Juan; D. Arturo y José Llopis  interpretaron a  Anás y Caifás, respectivamente; Anselmo Morante a Judas; Carmen López a la Magdalena; José Mª Alonso hizo de  Poncio Pilato y Lolita “la boticaria”  de la mujer de Pilato; José Mª Guirau dio vida a  Nicodemo; Concha Llopis representó a   una criada … y quien os habla,  escenificó el papel de la Verónica.

¡Nunca pensé que esta obra y principalmente mi  personaje llegaran a impactarme de esta  forma!

Tanto es así, que el hilo conductor de mi pregón, va a centrarse en ir recorriendo la Semana de Pasión recitando fragmentos de este libreto perdido, pero que gracias a Dios, quedó en mi memoria  enteramente grabado.

Eran estos tiempos de escasez y de penuria. Algunos quizás no habíais nacido, otros erais niños o jóvenes como yo, pero para mí, eso está ahí mismo, a la vuelta de la esquina.

La religión era un elemento natural en nuestras vidas. Todo el año estaba acompañado de alguna manifestación religiosa: el mes de las almas, las  conferencias cuaresmales, los  ejercicios espirituales, las  novenas,…  Esto ha ido cambiando al igual que nuestro pueblo.

Era éste bastante diferente al de ahora. Las calles llenas de hoyos, que en  los días de lluvia se convertían en grandes charcos y después en barro. Era la calle una prolongación de nuestras casas. Y como tal, era nuestra responsabilidad barrerla y  rociarla por la mañana temprano. Quitábamos el polvo, la suciedad y   los excrementos de los animales. Éstos  se  recogían como abono para las macetas. Macetas que, posteriormente,  lucirían, con gran esplendor en los altares del Corpus y en el Monumento.   Los rebaños de cabras  pasaban a sus anchas por ellas  para llegar a los barbechos de alguna finca, en donde poder pastar. Los carros tirados por yeguas o las carretas por vacas,  antes de seguir a su destino, debían de parar  para que  sus dueños reparasen fuerzas en el bar “El Vapor”, propiedad del Ibáñez, en algún bochinche,  o en la puerta del tío Mayo, que era el herrador del pueblo.

Por la mañana  los  hombres iban a la plaza a buscar el jornal. Una vez conseguida la faena  acudían a la huerta, andando los más; en bicicleta, otros. Las mujeres también se desplazaban a los bancales a realizar diferentes tareas agrícolas, otras iban andando a las fábricas de tomate en Dolores y Almoradí y todas realizábamos, además,  las tareas de la casa; no  teniendo las comodidades de hoy. Recuerdo que el lunes era el día de ir al azarbe de La Partición a lavar, allí se comentaba lo que había ocurrido durante la semana.

Los niños y niñas iban a la escuela.  La mayor parte de sus juegos, “la coroneja”, “el rogle o corro, los “sosalotes”, la trompa, la pelota… se realizaban en la calle. Otro lugar de juegos habitual era la Acequia Mayor, una parte vital de Catral, pues gracias a dicha Acequia, se regaba, se bebía y hasta se bañaban cuando apretaban los calores.

Los de mi edad, los domingos, paseábamos por la carretera hasta “el puente que cruzaba la Acequia Mayor”, junto a la casa de mis padres. Además, por la tarde, había baile en el teatro Latorre y después sesión de cine. El resto de la semana por las tardes las chicas hacíamos labores.

Cuando el día terminaba,  las luces  situadas  en alguna esquina del pueblo,  guiaban a los últimos transeúntes, que se retiraban  después de haber jugado alguna partida clandestina en el casino. Éste se encontraba situado junto al teatro, con entrada por la calle San Juan.

Pasada la Romería de Santa Águeda, tocaba levantar la hoja del almanaque para comprobar cuándo caía, ese año, la Semana Santa, cuándo el Miércoles de Ceniza y cuándo el Jueves Santo.

Comenzaban los siete domingos de San José, una tradición muy arraigada en aquel tiempo, celebrada con gran esplendor. Por la mañana la misa y por las tardes se exponía el Santísimo cantándose los dolores y gozos a San José.

Así decía el primer dolor:

Con gran disgusto José oía

la profecía de Simeón,

más grato, escucha que tanta pena

al hombre llena de salvación.”

Al llegar el Miércoles de Ceniza,  acudíamos a misa a la imposición de la misma. A partir de ese día  se tapaban todos los santos de los altares con fundas moradas. Durante todos los  viernes de  la Cuaresma, volvíamos a ir a  la  iglesia a  realizar “los pasos” que era un viacrucis. En cada estación entonábamos un canto relacionado con la misma.

“Jesús víctima escogida,

condenado es a morir;

para dar eterna vida,

quiso tal suerte sufrir.”

Como culminación de la Cuaresma y antesala de la Semana Santa, se realizaba el Septenario de Dolores.

Se rezaba el rosario y se recitaba el dolor correspondiente al día junto con sus cantos. Tanto en éstos, como en los Siete Domingos, participaban en el canto Teresa Berenguer, Carmen Alonso, su hija Maravillas y la señora Inocencia, mujer del tío Paco Costa,  organista de la parroquia. La señora Inocencia era la que iba introduciendo en los cantos religiosos a las jóvenes, entre las que me encontraba yo.

El canto del Septenario se conserva actualmente por la actitud y  perseverancia del coro de mujeres. De aquel grupo originario de los años cuarenta solamente quedamos mi hermana Milagros y yo, además del  organista, Luis Rocamora, que  gracias a su buen hacer y memoria, se pueden seguir interpretando las distintas canciones, ya que se carece de las partituras de las mismas.

Así dice el cuarto dolor:

“Duros hierros mortifican

a mi Jesús sin razón.

Mas, ¡ay! También crucifican

sus clavos mi corazón.”

El frío invierno ya  quedaba atrás y entraba una nueva estación.  La  Semana Santa ya está aquí: Es Domingo de Ramos.

En un principio, la procesión de las Palmas, consistía en dar una vuelta a la plaza. Cuando se salía, las puertas del templo se cerraban y al volver, el sacerdote daba tres golpes. Las puertas se volvían a abrir y entrábamos cantando el Hosanna, cántico procedente  precisamente del argumento de  La Pasión. que hasta hoy perdura, y siguen cantando las nuevas generaciones

Con palmas y olivos

alegres cantad,

y pintan las flores,

de lindos colores,

hijas de Judá, llegad, llegad.

Que Jerusalén, anuncio del bien,

al Hijo de Dios,

con gran alegría van a recibir.

Cantad con fervor

¡Hosanna, Hosanna!

al Redentor

Años más tarde, el Padre Alejandro Aranzábal, conocido por todos como, “el Padre Topolinos”, que venía a predicar los Dolores de la Virgen y el resto de actos de Semana Santa, amplió el recorrido por la calle San Juan, pasando por el callejón del Pósito (calle Cervantes) y volviendo a la plaza por la calle Santa Bárbara.

Este día era y es el más especial para los más pequeños. Papel fundamental el de los niños en la semana santa. Ellos son  el germen que hay que cuidar  y el relevo para seguir engrandeciéndola.  Precisamente, la primera vez que sale Jesús a escena, en la representación de La Pasión, es  a los niños a los que dirige sus primeras palabras:

Dejad que los niños se acerquen a mí.

Porque de ellos es el reino de los cielos.

Ángeles, yo extiendo mi mano

sobre vosotros y os bendigo.

Y Triunfante entra Jesús a Jerusalén, al igual que lo hace hoy la Cofradía del mismo nombre cuando llega al templo.

Jesús contemplando la ciudad exclama:

Oh, Jerusalén, ciudad hermosa,

por tu grandeza y gloria celebrada.

Ciudad altiva, bella y poderosa;

del reino de Judá, joya preciada.

Si fuiste un tiempo rica y venturosa,

hoy debieras, humilde y angustiada,

por vil ingratitud que en ti se encierra,

con triste llanto fecundar la tierra.

Te lo dice, mi acento conmovido

que no cabiendo en mí feroz encono,

aunque me mates tú,

Yo, te perdono.

El Lunes Santo, en mi época no se celebraba nada, pero hoy, el empuje y devoción  de un grupo de jóvenes han engrandecido nuestra Semana Mayor con la incorporación de la Cofradía de Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Merced.

El Martes Santo,  se trasladaban las imágenes en andas, desde la iglesia a la ermita por la calle Santa Bárbara exclusivamente, acompañados por la banda de música La  Constancia. El motivo era dejar  la iglesia despejada para  poner el Monumento y realizar las confesiones del Miércoles Santo. De aquí el nombre actual de procesión del Traslado. Aquello era un acto sencillo, sin ningún nazareno, pero que congregaba a un grupo numeroso de personas.

San Juan durante los años de mi niñez no procesionaba, lo hizo años más tarde, cuando se restauró la iglesia; aunque oí contar a mis padres  que la familia Ferrández  tenía en su finca un San Juan,  que solía traerlo los Viernes Santo para la procesión; pero yo eso no lo he conocido.

Cuando en la obra se representaba la Santa Cena, Jesús les dice que uno de sus apóstoles lo va a traicionar. Juan, el discípulo amado,  exclama:

Con humildad infinita

que digáis Señor os pido,

si es que soy yo el fementido,

si cabe en mí esa maldad.

¡Oh, mi divino maestro,

aunque casi soy un niño,

Vos conocéis mi cariño

y santa veneración.

Esta sensación me causa

tal dolor, tanto tormento,

que de angustia y pena siento

desmayar mi corazón.

Y Juan apoyaba la cabeza en el hombro de Jesús

El Miércoles era el día del perdón. Todo el pueblo acudía a confesarse. Recuerdo como Mª  Magdalena, en la Pasión,  arrojándose a los pies del Señor le pide perdón por su mala vida con estas hermosas frases:

“Jesús, tu santa palabra

ha penetrado en mi pecho.

Despertando mi conciencia

en diabólico empeño embargada

nunca vino a turbar mi pensamiento.

Jamás lloraron mis ojos

y ahora ves que llanto vierto.

¡Es tan grande mi amargura

cómo mis pecados fueron!

La luz penetró en mi mente,

¡Adoro a Dios, en Dios creo!

¡Dame el perdón de mis culpas,

a tus plantas te lo ruego!

El vicio manchó mi vida,

la verdad desconociendo,

embriagada en los placeres

que mi ser envilecieron.

¡Y ahora con toda mi alma,

de mis faltas, me arrepiento!

El Jueves Santo era festivo. En este día destaca el Monumento, Su artística rayada y su gran escalinata lo hacían y lo hacen  majestuoso. Al igual que hoy, nos esmerábamos  en embellecerlo y para ello, ya a mitad de la Cuaresma, se sembraban los “mayos”, que junto con las mejores macetas de cada casa, se iban situando en la escalinata.

El tío Juanico, el Llopis, era el encargado de ponerlo y quitarlo, tradición que continuó  su hijo José María y ahora su nieto. ¡Qué recuerdos, cuántas entradas y salida desde mi casa a la iglesia, en este día!. Y después … ¡Cuántas horas, Señor, junto a tí  acompañándote en el Monumento!.

El toque de las campanas de metal era sustituido por las campanas de palo. Los chiquillos no jugaban en la calle y todo el pueblo procuraba guardar silencio hasta que resucitase el Señor. Fue en estos años, con la llegada  del Párroco D. José Martínez Sánchez, cuando se comenzó a realizar la Procesión del Silencio con el Cristo de la Salud. Consistía en un Vía Crucis por las calles del pueblo, acompañado  únicamente por el sonido del tambor.

Cada vez que  entre tinieblas contemplo al Cristo, me resuenan, entre redoble y redoble, las palabras que  un soldado le dirige a Jesús.

Si eres hijo de Dios.

¿Por qué no vienen los ángeles

y te bajan de la cruz?

Jesús únicamente puede susurrar

Tengo sed.

Su madre a los pies de la cruz le dice:

¿Tienes sed Tú, Dios divino?

Tú que diste  a los mares  su afluencia

suspirando por agua.

¡Ay, quién pudiera

con lágrimas que lloro

saciar la sed cruel

que tus labios seca!

Y Jesús solo contesta:

- Tengo Sed.

Antes de la procesión, en la iglesia, se  celebraba el Sermón de la “Bofetá”, llamado así porque en él siempre se nombraba el pasaje donde  un soldado abofetea al Señor delante de Pilato:

Viene a mi memoria,  la escena que al respecto, se recoge en el libreto de La  Pasión.

Pilato le pregunta:

– ¿Con que tú  eres Rey?

Jesús le responde:

- Tú lo has dicho,

Yo para eso nací

.

Un soldado le reprende:

-¿Al pontífice respondes con insolentes palabras…?

¡Toma!

El Viernes por la mañana, tras el Canto de la Pasión, salía la procesión del Encuentro desde la ermita, con los pasos de Nuestro Padre Jesús, la  Virgen de los Dolores y el Cristo de  la  Salud.

Actualmente al producirse el Encuentro en la Plaza  de España, frente a mi casa, me aparecen  los recuerdos de las escenas en  la calle de La Amargura, que yo protagonizaba al representar el papel de la Verónica, al ver a Jesús tan dolorido me arrojaba a sus pies y le decía:

“Señor, las pobres mujeres

no entendemos de justicia,

yo ignoro si la malicia

vuestra sentencia dictó,

pero inocente o culpable,

Jesús, en este momento

vuestro terrible tormento

a mi alma impresionó.

Yo creo en vuestra inocencia

y la piedad me domina.

Admiro vuestra doctrina

y os quisiera consolar.

Si aliviar no puedo el peso

de esa cruz que os han cargado,

al menos, que me sea dado

tan bello rostro enjugar.

Lo baña el sudor, la sangre

que brota de las divinas sienes

con que la espinas

pudieron crueles  herir.

¡Qué miro, Dios Poderoso!

¡Es su rostro aquí estampado!

¡Contempla, pueblo menguado,

a quién llevas a morir!

Este milagro patente,

lo demuestra por si solo.

Aquí no hay farsa ni dolo.

¡Miradlo,!

Y seguir en pos de esa gente

que contra él ejerce sus herejías.

¡Hebreos, éste es el Mesías,

¡Éste es el Hijo de Dios!

Este lienzo guardaré,

en que tu rostro me dejas,

en señal de que tu gracia,

está en la piedad envuelta.

La procesión continúa.  Diviso a la Virgen de los Dolores, caminando al Encuentro de  su Hijo. Lamentos y suspiros de madre se me evocan.

¡Hijo del alma, hijo mío,

hermoso cielo adorado!

¡Cómo sufro al encontrarte,

cargado con esa cruz!.

¡Cruel momento,

y yo lloro tu tormento,

de rodillas y a tus pies!.

Y pensar que a mi Jesús,

tengo en mis amantes brazos

y desharán esos lazos,

los viles con frenesí,

que por siempre perderé,

mi esperanza, mi ventura.

¡Mi hijo, feroz amargura!

¡Horrible pena! ¡Ay de mí!

Me brotan las  palabras de esperanza, de consuelo que  Jesús dirige a la Virgen:

Madre, modera el dolor.

Recuerda amorosa Madre,

que Abraham también fue padre,

y marchó sin vacilar,

porque Dios se lo ordenó,

con el corazón herido,

y a Isaac, su hijo querido,

estuvo presto a inmolar.

Nuestro Padre Jesús inicia, a hombros de sus  pilares, con un suave movimiento  su partida, despegándose lentamente  de su Madre.

La procesión terminará regresando a la  ermita de la Purísima. Aunque antes, no había nazarenos como hoy, solamente Nuestro Padre Jesús, que era acompañado por niños con sus vestas moradas y  haciendo sonar sus campanillas cada vez que dejaban  de tocar las tubas.

Sobre las tres de la tarde, después de comer, nos volvíamos a concentrar en la

ermita y llevábamos los santos de vuelta a la iglesia y se quitaba el Monumento. Por la noche se realizaba la Procesión del Santo Entierro en donde sólo participaban  la Cruz de los Labradores, el Sepulcro y la Soledad. Con una solemnidad extrema era la procesión más concurrida y las mujeres acompañaban a la Virgen ataviadas con la mantilla española.

Contemplando al Cristo yacente revivo el fragmento en  donde se relata el entierro. Nicodemo dice a la Virgen:

Señora, llegó el momento

de darle sepultura

María sollozando pregunta:

-  ¿Y a dónde vais a llevarle?

A lo que Nicodemo contestaba:

-   -Tengo Señora un huerto,

de verde alfombra,

donde alzan las palmeras

erguidas copas.

Donde entre flores

cantan con dulce trino

los ruiseñores.

Cobijado a la sombra

de la enramada,

hay un nuevo sepulcro

de piedra blanca.

Mañana y tarde,

música melodiosa

le dan las aves.

Sepultura que el hombre

no ha profanado.

Ésta, a Jesús tu Hijo

la destinamos.

Danos licencia

para que el santo cuerpo

repose en ella.

Y quedaba, la Virgen, sola. Sola en su amargura. Sola en su Soledad.

Pobre Madre, cielo y tierra,

que en sus quebrantos te imploran.

Llorarán como Tú lloras,

en tu amarga soledad.

Terminando con esta escena  “La Pasión y Muerte de Jesús”.

El Sábado Santo a las diez de la mañana resucitaba el Señor. En ese momento volvían a sonar las campanas a gloria. El pueblo celebraba con gran alegría y estruendo la Resurrección. Los niños colaboraban dando golpes en las puertas con sus mazas, que ya tenían confeccionadas para la ocasión. Iban rompiendo los cacharros que se ponían expresamente para ello en las puertas. Los jóvenes lo festejaban lanzándose cubos de agua.

El Domingo, culminaban los actos de la Semana Santa  con la  Procesión de las Cortesías. Cristo Resucitado, en la Sagrada Custodia, se encuentra con su Madre, Nuestra Señora de la Encarnación.

Con esta celebración y los días de esparcimiento posteriores se cerraba el ciclo de Cuaresma, Pasión, Muerte  y Resurrección de Jesús. Y a esperar el próximo año.

Sólo espero que con este pregón, haya sabido transmitiros mis vivencias y proclamo que sobre todas las cosas creo en Dios, amo a Dios y le agradezco su pasión.

Muchas gracias.

Catral, 13 de marzo de 2.010